Boyce Mouton
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UN AMIGO VERDADERO

Boyce Mouton · 7 pages · 2,314 words

UN AMIGO VERDADERO

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17).

Consideremos con oración qué quiere decir este versículo.

“En todo el tiempo ama el amigo.” El amor de un amigo verdadero es constante y es verdadero todos los días del año. No depende de la riqueza ni de la popularidad. El amor de un amigo verdadero es constante aunque uno esté en una posición de poder o esté en una prisión. Un amigo verdadero será fiel hasta la muerte.

“Como un hermano en tiempo de angustia” Obviamente, esta es una referencia a un hermano en el Señor y no a un hermano físico. Nuestros hermanos físicos no siempre están dispuestos a ayudarnos. Por ejemplo, Caín mató a su hermano (Génesis 4:8). Los hermanos de José lo vendieron como esclavo (Génesis 37:23-38). El Señor Jesús advirtió que nuestros enemigos serán los de nuestra propia casa (Mateo 10:36). No obstante, los hermanos en Cristo son hermanos espirituales. No nos abandonarán en tiempo de angustia. El Señor Jesús se refirió a este tipo de hermano cuando dijo: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:50).

Jonatán y David eran amigos verdaderos: “Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (1 Samuel 18:1). También eran hermanos verdaderos en un sentido espiritual. Cuando Jonatán murió, David compuso un cántico para lamentar su muerte. En ese cántico identificó a Jonatán como un hermano espiritual: “Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres” (2 Samuel 1:26). Su amor y lealtad del uno al otro como amigos y hermanos, nunca falló. La adversidad no los separó. Al contrario, los hizo más estrechamente unidos. ¡Hermanos verdaderos nacen para la adversidad!

David era el menor de la familia de Isaí. Jonatán era el mayor de la familia de Saúl. Los dos esperaban llegar a ser el rey. David esperaba ser el rey porque fue ungido por Samuel (1 Samuel 16:13). Jonatán esperaba ser el rey porque era el hijo mayor y heredero del trono de su padre. ¡Debieron haber sido rivales y enemigos, pero no lo eran! David y Jonatán amaban al Señor más que amaban a sí mismos o a sus familias terrenales. ¡Esto es el tipo de amor que todos nosotros debemos tener!

Ambos hombres eran guerreros valientes. David se distinguió por haber matado a Goliat (1 Samuel 17). Jonatán se distinguió por haber atacado a los filisteos de Micmas sin ayuda (1 Samuel 13).

El primer encuentro entre esos dos hombres, registrado en las Sagradas Escrituras, se encuentra en 1 Samuel 18:1: “Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo”. Esa “unión instantánea” fue fortalecida por tres pactos distintos que resultaron de su amistad.

(1) “E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte” (1 Samuel 18:3 y 4).

(2) Más tarde, Jonatán prometió proteger a David de su padre y dijo: “Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera, y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre. Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David. Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David. Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, pues le amaba como a sí mismo” (1 Samuel 20:14-17).

(3) ¡En todo tiempo ama el amigo! David y Jonatán eran amigos cuando todo iba bien. También eran amigos cuando no todo iba bien. Como dicen las Escrituras: “es como un hermano en tiempo de angustia” De hecho, fue durante los tiempos difíciles que su amistad era más importante. David una vez dijo a Jonatán: “Vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte” (1 Samuel 20:3). No obstante, irónicamente, Jonatán fue el primero en morir. Como ya hemos dicho, cuando David oyó que Jonatán había muerto, compuso una “lamentación” y ordenó que fuera enseñado a los hombres de Judá (véase 2 Samuel 1:17-27). Y otra vez como ya hemos dicho, ese cántico triste contiene este tributo hermoso a un amigo y hermano fallecido: “Angustia tengo por ti. hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres” (2 Samuel 1:26).

DEJAR A PADRE Y A MADRE

  • ¡Dios estableció a la familia! ¡Es el fundamento clave de una nación fuerte! El mandamiento
  • 5 de los diez mandamientos dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12). Pablo nota que este es el “primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:2 y 3). ¡Honrar a los padres es importante y básico para la larga vida de una nación! Cuando los hijos fallan dejan de honrar a sus padres, una nación es solamente una generación de desastre. “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; más cuando domina el impío, el pueblo gime” (Proverbios 29:2). El niño es “impío” cuando

no honra a sus padres, y “gobernantes impíos” causaron que los israelitas fueran llevados a la cautividad.

Mientras los hijos deben honrar a sus padres siempre, hay un tiempo cuando el hombre debe dejar “a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer” (Génesis 2:24). ¡Sí! El hombre casado aún debe honrar a su padre y a su madre, pero cuando se casa, su lealtad primaria es a su mujer.

La persona que decide seguir al Señor Jesús, tiene que enfrentar una situación similar. ¡Sí! El cristiano aún debe honrar a su familia terrenal, pero su lealtad primaria es a Cristo. El Señor Jesús dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:37-39).

No obstante, el hombre que obedece al Señor Jesús nunca abandonará o maltratará a su familia. Las Escrituras son claras: “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

¿Ve Ud. este principio? ¡Cuando ponemos nuestros seres queridos en las manos del Señor Jesús, los tratamos mejor que nunca antes! Nuestra lealtad al Señor Jesús nos causa a amar aun a nuestros enemigos (Lucas 6:27-36). Ciertamente el Señor Jesús quiere que amemos a nuestras familias. De hecho: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).

PODEMOS SER AMIGOS DE DIOS

¡Recuerde! El que es amigo del mundo es enemigo de Dios (Santiago 4:4). Abraham escogió ser amigo de Dios (2 Crónicas 20:7; Isaías 41:8; Santiago 2:23). Nosotros también podemos ser amigos de Dios. El Señor Jesús explicó la diferencia entre un amigo y un siervo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:13-15). “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). Dios revela cosas a sus amigos que no revela a otros.

Recuerde, por ejemplo, la destrucción de Sodoma y Gomorra. Eran tantos los pecados de esas ciudades perversas que Dios determinó destruirlas. El Señor preguntó: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?” (Génesis 18:17). ¡La respuesta fue “no”! ¡Abraham era amigo de Dios! Tal como confiamos en un amigo, Dios confió en Abraham. Así que Dios contó a su amigo Abraham lo que planeaba hacer a Sodoma y Gomorra. ¡Lo que sucedió después es asombroso! Abraham, el amigo de Dios, se le acercó y negociaba con él en un esfuerzo de salvar a las ciudades perversas de la destrucción (véase Génesis 18:22-33). Abraham hablaba con Dios como un amigo con otro. Finalmente, Abraham recibió una promesa de Dios que si hubiera solamente diez personas piadosas en Sodoma, no la destruiría (Génesis 18:32). ¡Tristemente, no había ni diez personas piadosas en Sodoma!

Enoc también era amigo de Dios. ¡Pasó mucho tiempo caminando con él! Enoc era tan buen amigo de Dios que él lo llevó al cielo antes de que experimentara la muerte (Génesis 5:21-24). El libro de Hebreos revela que su amistad estaba basada en la fe: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5).

¡Obviamente, Enoc pasó mucho tiempo con Dios! ¡Si queremos ser amigos de Dios, entonces tendríamos que pasar bastante tiempo con él!

¡OH, QUÉ AMIGO NOS ES CRISTO!

El Sr. Joseph Scriven es el autor de este hermoso himno. Quizás el himno sea aún más significativo cuando sabemos algo de la vida de su autor. No sólo era una vida de devoción, sino una vida de gran tristeza y dificultades. El Sr. Scriven nació en Irlanda en el año 1819. Graduó de Trinity College de Dublín en el año 1842. Planeaba casarse en el año 1843, pero su prometida se ahogó la noche antes de su matrimonio. Es difícil imaginar tal pérdida, pero esa era solamente una de muchas tristezas.

En el año 1844 a la edad de 25 años, Joseph sintió la llamada de Dios para ser misionero en Canadá. Como tal, se dedicó a la causa de los pobres y los necesitados. En el año 1857 se enamoró otra vez. 14 años después del fallecimiento de su primera amada. Joseph y su prometida, Eliza Roche, planeaban casarse en el año 1860. Tristemente, en agosto del año 1860, antes de su matrimonio, ella se enfermó con neumonía, y también murió.

A pesar de todas esas tragedias y dificultades, el Sr. Scriven se mantuvo dedicado al Señor Jesús. Pasó el resto de su vida predicando, enseñando, y ayudando a otros. Intentó vivir según el sermón del monte al dar o prestar a cualquiera que le pidiera. Se compadeció de quienes estaban más pobres que él. Él cortó leña para las estufas de los

físicamente discapacitados y consoló a los pobres y a los mentalmente angustiados. En el año 1869 publicó una colección de 115 himnos.

En el año 1886 cuando estaba por morir, tuvo una fiebre muy elevada. Fue llevado a la casa de un amigo para recuperarse. Su amigo se quedó con él hasta la medianoche; entonces se fue a una habitación contigua para orar. Hacía mucho calor esa noche, y Joseph se levantó y salió para refrescarse en una manantial. ¡Nunca regresó! Murió ahogado y su cuerpo fue descubierto alrededor del mediodía al día siguiente. Tenía 66 años. Fue sepultado al lado de su segunda prometida en el cementerio de la familia de ella, cerca de Bewley. En reconocimiento de su servicio cristiano, se erigió un monumento en su honor en Port Hope, Ontario, Canadá.

Durante su vida de miseria y servicio sacrificial, Joseph encontró a un amigo que permaneció más cerca de él que un hermano. ¡Ese amigo era el Señor Jesús! A Joseph le gustó la promesa escrita que el Señor Jesús nunca lo desampararía ni lo dejaría (Hebreos 13:5). Como resultado de su experiencia personal, Joseph escribió las siguientes palabras que ahora constituyan uno de los himnos más hermosos y famosos de todos los tiempos. Escribió estas palabras en el año 1855 para consolar a su madre que aún vivía en Irlanda. No obstante, no buscó ser reconocido, y solamente por casualidad se descubrió un poco antes de su muerte que él era el autor de esas palabras. El Sr. Ira Sankey compuso la música para estas palabras famosas.

¡Oh, qué amigo nos es Cristo! Nuestras culpas él llevó,

Y nos manda que llevemos Todo a Dios en oración.

¿Somos tristes, agobiados, Y cargados de aflicción?

Esto es porque no llevamos Todo a Dios en oración.

¿Te hallas débil y oprimido De cuidados y temor?

A Jesús, refugio eterno,

Dile todo en oración.

¿Te desprecian tus amigos? Cuéntale en oración;

En sus brazos de amor tierno Paz tendrá tu corazón.

Jesucristo es nuestro amigo, De esto pruebas nos mostró;

Pues para llevar consigo Al culpable, se humanó. El castigo de su pueblo En su muerte él sufrió; Cristo es el amigo eterno, Sólo en él confío yo.

-- Tomado del himnario que se titula Lleguemos a Dios con Alabanza.

“Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano” (Proverbios 18:24, NVI).

¡GLORIA A DIOS!

¡ESE AMIGO FIEL ES EL SEÑOR JESÚS!