Boyce Mouton
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VESTÍOS DEL SEÑOR JESUCRISTO

Boyce Mouton · 6 pages · 2,361 words

VESTÍOS DEL SEÑOR JESUCRISTO

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos la carne” (Romanos 13:11-14).

Cuando nos despertábamos como niños, alguien tenía que cambiar nuestro pañal y vestirnos. Aun el Señor Jesús no podía vestirse y fue envuelto en pañales por su madre (Lucas 2:7). No obstante, los padres deben instruir a sus hijos (Proverbios 22:6). Por eso, el Señor Jesús fue instruido por sus padres a cuidar a sí mismo. No era solamente el “hijo del carpintero” (Mateo 13:55), sino el Señor Jesús era también carpintero (Marcos 6:3). Ya que el Señor Jesús obedecía a sus padres, “crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

Hay algún problema muy serio cuando un niño no crece y nunca puede cuidarse a sí mismo. Considere, por favor, la historia de Brooke Greenberg. Ella nació el día 8 de enero del año 1993, hija de Howard y Melanie Greenberg, en el hospital Sinaí en Baltimore, MD, EUA. Nació por parto cesáreo un mes antes de la fecha esperada. Pesó solamente 1.8 kilos. Ella murió en el año 2013 a la edad de 20 años en el mismo hospital donde nació. Aunque tenía 20 años, había quedado como una niña toda su vida. Cuando murió, pesaba solamente 7 kilos y tenía la habilidad mental de un infante de 9 a 12 meses de edad. Los eruditos dicen que Brooke fue víctima de un síndrome genético o una anomalía cromosómica. Los doctores llamaron la condición Síndrome X. ¡Hay también un problema serio cuando un cristiano no crece!

En Cristo, debemos crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Pedro dijo a todos “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:1-3). El libro de Hebreos trata acerca de este problema con estas palabras duras de advertencia: “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño;

pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:11-14). ¡Note, por favor, que las personas maduras pueden distinguir entre el bien y el mal debido a su formación!

Entonces Pablo escribió a los romanos que ya era tiempo de que crezcan y que se portaran como adultos. La noche estaba por terminar y el día por comenzar. El mandamiento de vestirnos del Señor Jesucristo es un imperativo. Es algo que Dios espera que lo hagamos. Cuando “nos despertamos”, debemos vestirnos a nosotros mismos. Mientras Dios nos puede ayudar a vestirnos de las “armas de luz”, necesitamos tomar la iniciativa y comenzar a vestirnos a nosotros mismos. Sabemos cómo ser rectos. Sabemos que no debemos emborracharnos. Sabemos que no debemos involucrarnos en inmoralidades sexuales y lascivias. Sabemos que no debemos involucrarnos en contiendas y envidias. Sabemos cómo portarnos y debemos dejar que Dios nos ayude solamente cuando estamos demasiado débiles o enfermos para ayudarnos a nosotros mismos.

¡La pereza no es una virtud! El campo de un hombre perezoso está cubierto de mala hierba y la cerca de piedras está en ruinas (Proverbios 24:30-32). Algunas personas son tan flojas que no pueden vestirse del Señor Jesucristo. En la parábola de los talentos, el hombre con cinco talentos invirtió el dinero y ganó cinco más. El hombre con dos talentos invirtió el dinero y ganó dos más. El hombre con un talento lo enterró y no hizo nada. El dueño condenó a ese hombre porque era perezoso y sin valor (Mateo 25:14-30). ¡La lección es, podemos vestirnos del Señor Jesucristo si queremos!

Dios espera que crezcamos y que trabajemos. Dios dio apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, y maestros para la tarea específica de enseñar a su pueblo para que haga obras de servicio. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:11-16).

SOMOS COLABORADORES DE DIOS

(1 Corintios 3:9)

La idea del hombre y Dios trabajando juntos empezó en el huerto de Edén. Dios puso a Adán en el huerto “para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15), pero obviamente Dios trabajaba con él y le enseñó cómo hacerlo. La taxonomía es una rama de ciencia que nombra y clasifica a los organismos. Adán llegó a ser el primer “taxonomista” del mundo ya que Dios le permitió nombrar a todas las bestias del campo y las aves del cielo (Génesis 2:19 y 20). Adán podía sembrar la semilla, pero solamente Dios pudo hacerla crecer. Pablo aplicó este principio a los obreros cristianos y señaló que “somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9). Pablo sembró la semilla, Apolos la regó, pero solamente Dios pudo hacerla crecer. El hecho de que debemos vestirnos del Señor Jesucristo no quiere decir que Dios no esté involucrado. ¡Trabajamos juntos con Dios! El hecho de que Pablo y Apolos trabajaron duramente no significa que no necesitaban a Dios. Como un Padre amoroso, Dios vigilaba sus labores y usó su poder sobrenatural para darles éxito.

¡Recuerde! Los que oyen la Palabra de Dios y no la hacen, son como un hombre insensato que edifica su casa sobre la arena. Cuando descienden las lluvias y soplan los vientos, esa casa se caerá (Mateo 7:24-27). No podemos llamar a Jesús “Señor” si no hacemos lo que él nos manda hacer (Lucas 6:46). Ya que Dios nos manda a vestirnos del Señor Jesucristo, ¡por supuesto podemos hacerlo!

Constantemente, Dios ha mandado que nosotros los hombres trabajemos con él. Por ejemplo, Dios no construyó el arca para salvar a la familia de Noé, sino Noé lo hizo. Las Escrituras son claras: “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase” (Hebreos 11:7). Por supuesto, Noé no estaba solo en el proyecto porque Dios le dio instrucciones cómo construirlo. Dios también instruyó a Noé que tomara a sus hijos y sus mujeres en el arca, juntos con las aves y las bestias, y los alimentos, “y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó” (Génesis 6:22). ¡Nosotros también debemos hacer todo lo que Dios nos manda!

La primera vez que la palabra “adorar” aparece en la Biblia, está en Génesis 22:5. Se refiere a lo que Abraham e Isaac hicieron en un monte de Moriah. Note, por favor, que Abraham obedeció a Dios, y se levantó temprano en la mañana, cortó leña para un holocausto, y viajó por tres días al monte que Dios le había señalado. Abraham hizo todo lo que Dios le mandó y estaba por sacrificar a su hijo. En ese momento, un ángel del Señor intervino e Isaac se salvó. Santiago se refirió a esto cuando escribió: “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?” (Santiago 2:21).

Elías también hizo todo lo que Dios le mandó hacer, pero aún dependía de Dios para enviar fuego del cielo. Elías no era flojo. He aquí algunas cosas que hizo:

  • Arregló el altar de Jehová que estaba arruinado (1 Reyes 18:30).
  • Edificó un altar en el nombre de Jehová empleando 12 piedras conforme a las 12

tribus de Israel (1 Reyes 18:31).

  • Hizo una zanja alrededor del altar (1 Reyes 18:32).
  • Preparó la leña y cortó el buey en pedazos y lo puso sobre la leña (1 Reyes 18:33).
  • Tres veces ordenó que agua fuera derramada sobre el holocausto (1 Reyes 18:34 y

35).

  • “Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta

Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea ahora manifiesto que tú eres Dios de Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja” (1 Reyes 18:36-38).

  • Es importante reconocer que no somos salvos por nuestras obras, porque

después de hacer todo lo que se nos ordena, aún tenemos que decir: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10).

  • La distancia del monte Carmelo a Beerseba es casi 200 kilómetros. Fue un viaje

largo y cuando Elías llegó a Beerseba, estaba tan cansado y desanimado que quería morir. Dios no lo condenó por estar cansado y desanimado, sino envió a un ángel para ayudarle. El ángel lo alimentó con comida sobrenatural que dio a Elías fuerza para viajar 40 días y 40 noches hasta Horeb, el monte de Dios (1 Reyes 19:3-9).

  • Dios sabe cuando somos perezosos, y Dios también sabe cuando estamos

cansados. Entiende nuestras debilidades y nunca nos tentará más que lo que podamos soportar (1 Corintios 10:13).

DIOS OBRA EN NOSOTROS

Cristo en nosotros es la esperanza de gloria (Colosenses 1:27). Considere, por favor, lo que Pablo escribió a la iglesia en Filipos: “Por tanto, hermanos míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12 y 13).

Cuando Pablo mandó “vestíos del Señor Jesucristo”, sabía que Cristo siempre estará con nosotros y no nos desamparará, ni nos dejará (Hebreos 13:5). De hecho, como escribió a los filipenses, es Dios que produce el “querer” y el “hacer” en nosotros por su buena voluntad. Primero, Dios nos da el deseo de hacer su voluntad, y después nos da la habilidad. El hecho de que Ud. está leyendo este artículo es una indicación de que le gustaría ser mejor. Por favor, recuerde que este deseo viene de Dios. Puede que no sea fácil para Ud. vencer a los pecados que le están deprimiendo, pero con la ayuda de Dios, todo es posible! Si usted está buscando a Dios de todo corazón, él le ayudará a ganar la batalla.

Pablo lo expresó así a los gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Como una parte de “vestirnos del Señor Jesucristo”, tenemos que estar involucrados en un estudio serio de la Biblia. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Se menciona al Señor Jesús en todos los libros de la Biblia, pero los cuatro Evangelios están especialmente dedicados a él. Los cuatro Evangelios constituyen aproximadamente 44% de las Escrituras del Nuevo Testamento. Obviamente, hay una razón por qué Dios dijo tanto acerca de nuestro Señor Jesús. Estudiar la Biblia, y especialmente los Evangelios, nos ayudará a entender lo que el Señor Jesús haría, y el Espíritu Santo nos ayudará a seguir en sus pasos.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con el poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:16-21).

¡Sí! “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”