Boyce Mouton
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(Una lección aprendida por los hermanos estadounidenses)

Boyce Mouton · 6 pages · 2,730 words

“FE” Y “REPOSO” (Una lección aprendida por los hermanos estadounidenses)

“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Hebreos 4:2 y 3).

Note que se usa “nosotros” y “ellos” en el texto. “Nosotros” que creemos, hemos entrado al reposo, pero “ellos” que no creyeron no entraron en el reposo. También, por favor, note la relación entre “fe” y “reposo”. Los que creyeron entraron en el reposo de Dios, pero los “incrédulos” no entraron en él.

La primera mención específica de guardar el día de reposo, se encuentra en Éxodo 16:23. En este versículo el Señor mandó al pueblo de Israel que recogiera maná 6 días de la semana, pero que descansara el séptimo día. Como se sabe, el maná cayó del cielo solamente seis días de la semana. Cinco días de la semana, no pudieron guardarla para el día siguiente, porque se malograba. Pero en el sexto día, podían recoger suficiente maná para el sexto día y el séptimo día, y milagrosamente, fue preservado. Como ya hemos mencionado, ¡el maná no cayó en el séptimo día! Pero algunos no creyeron a Dios, y salieron en el séptimo día para recoger el maná. Su desobediencia no agradó a Dios y dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:28). Es importante recordar que el día de reposo involucraba creer a Dios (Éxodo 16:21-30).

Parece que el día de reposo fue una señal especial entre Dios y los israelitas. Note: “Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó” (Éxodo 31:16 y 17).

EL AÑO DE REPOSO

No solamente los israelitas debían descansar en el día de reposo, sino también se les mandó a observar un año de reposo. Cada siete años debían dejar descansar su tierra por un año entero y disfrutar de un reposo.

“Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, y a tu siervo, a tu sierva, a tu

criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer” (Levítico 25:1-7).

Como ya hemos mencionado, se necesita bastante fe para dejar de sembrar por un año entero. Si uno creyera a Dios, podría descansar por este año. Si no creyera a Dios, no descansaría, sino continuaría trabajando como siempre. Desgraciadamente, los israelitas no creyeron a Dios y no dejaron descansar su tierra durante el año de reposo.

Dios advirtió a los hijos de Israel que si rechazaran observar el año de reposo, estarían dispersados entre las naciones y la tierra sería dejado asolada: “Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella” (Levítico 26:34 y 35).

Aparentemente, esta incredulidad y desobediencia duró por 490 años. Consecuentemente, no celebraron 70 años de reposo. Por esto Dios permitió que su pueblo sea llevado como cautivos a Babilonia por setenta años. Así que se nos dice que: “para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos” (2 Crónicas 36:21).

Repetimos, hay una conexión directa entre “creer” y “reposar”. El hecho de que los israelitas no reposaron como Dios les había mandado, es una prueba que ellos no creyeron que Dios les cuidaría.

EL AÑO DE JUBILEO

Cada quincuagésimo año debía ser un año de jubileo (véase Levítico 25:1-55). Esto también era un año de reposo. Las muchas cosas que Dios mandó durante ese año incluyeron no sembrar ni cosechar. ¡Recuerde! El cuadragésimo noveno año era un año de reposo normal en lo cual la tierra debía descansar. En el tercer año, podían sembrar, pero tendrían que esperar por la cosecha. Esto quería decir que en el cuadragésimo octavo año, tenían que cosechar suficiente para tres años. Por supuesto, Dios sabía esto y dijo: “entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años. Y sembraréis el año octavo, y comeréis de fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo” (Levítico 25:21 y 22).

Si uno “creía” a Dios, descansaría por dos años de reposo consecutivos. Si “no creía” a Dios, no descansaría.

Se piensa que la primera etapa de la cautividad babilónica comenzó alrededor del año 606 a. de C. Si es correcto que los años de reposo habían sido descuidados por 490 años, entonces esa incredulidad y desobediencia remontaría un medio milenio al reino del rey Saúl (490 + 606 = 1096 a. de C.).

¿Es esto posible? ¡Sí! Hay evidencia que otros mandamientos específicos de Dios también fueron descuidados por largos períodos de tiempo. Por ejemplo, vea las instrucciones de Dios con respecto a la fiesta de tabernáculos. Las Escrituras son claras que durante esa fiesta “todo natural de Israel habitará en tabernáculos”. No obstante, por 1,000 años no lo hicieron. Esto es claro en Nehemías 8:17: “Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande”. Nehemías reedificó los muros de Jerusalén alrededor del año 444 a. de C. Josué hijo de Nun murió alrededor del año 1,444 a. de C. a la edad de 110 años. Así que los israelitas no vivieron en tabernáculos durante la fiesta de tabernáculos por unos mil años. Aparentemente, celebraron la fiesta a su propia manera, pero sin la inconveniencia de vivir en tabernáculos.

Por supuesto, observar el jubileo era mucho más exigente que vivir en tabernáculos por solamente una semana. Esto plantea la posibilidad de que el año de jubileo nunca haya sido celebrado completa y correctamente por los israelitas.

Si Israel correctamente observara el año de jubileo, se necesitaría mucha fe. Involucraba dejar descansar la tierra por dos años completos consecutivos, librar a todos los esclavos, y devolver toda la tierra a sus dueños originales. Otra vez, los que “creían” lo harían y los “incrédulos” no lo harían.

REPOSO PARA NUESTRAS ALMAS

El Señor Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

El “descanso” que el Señor Jesús prometió es precedido por tres mandamientos: “Venid”, “llevad mi yugo”, y “aprended de mí”. Los que “creen” en el Señor Jesús obedecerán a estos mandamientos y así hallarán descanso para sus almas. Los incrédulos que no obedecen no hallarán este descanso.

En el año 1959, la revista estadounidense Fortune nombró a J. Paul Getty como el hombre más rico en los EUA. En el año 1966 el libro Guiness Book of Records lo nombró el “ciudadano privado más rico del mundo”. Pero el Sr. Getty tuvo dificultad en descansar. En el año 1973 su nieto de 16 años fue secuestrado y le pidieron un rescate de 17 millones de dólares. Cuando no respondió inmediatamente, los secuestradores le cortaron una oreja al muchacho y la enviaron a su abuelo. Prometieron más mutilación si el rescate no fuera pagado. Últimamente, el rescate fue reducido a 3 millones de dólares. Fue pagado y el muchacho fue soltado. Pero esto aumentó el temor del Sr. Getty por su propia vida. La seguridad adicional de su mansión incluyó perros guardianes feroces y vigilantes afuera, y un guardia especial con su perro a la puerta de su dormitorio. Se instalaron barras de acero en las 500 ventanas de su mansión y la puerta a su dormitorio fue reforzado con acero. Una mesa al lado de su cama tenía varias armas. Quizás el hecho de que no podía descansar habría resultado de su falta de

fe. Isaías advirtió que: “los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (Isaías 57:20 y 21).

¡Note el contraste! Isaías dijo: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado (Isaías 26:3). Esta “completa paz” se ilustra hermosamente en la vida del apóstol Pedro. Esta historia se encuentra en Hechos 12. Herodes acabó de matar a Jacobo el hermano de Juan con la espada y prendió a Pedro con la intensión de juzgarle después de la Pascua. En la noche antes del juicio, Pedro fue encadenado y estaba durmiendo entre dos soldados. Dormía tan profundamente que un ángel del Señor tuvo que golpearlo para despertarlo (Hechos 12:7). Tal paz no hubiera sido posible sin fe. Como se sabe, Pedro milagrosamente no fue matado en esa ocasión. El Señor Jesús prometió darle la paz que el mundo no podía dar, y Pedro le creyó (Juan 14:27). El Señor Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). El hecho de que Pedro creía en el Señor Jesús es la razón que podía descansar aunque estaba encadenado entre dos soldados.

Una palabra griega para “guardia” es phroureo. Es un término militar que se usa para describir cómo personas importantes fueron protegidas por “guardias” durante las guerras. Es interesante notar que esta es la misma palabra que Pablo usó para describir la paz que está disponible para todos los creyentes. Él dijo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6 y 7). Esta paz comienza al confiar en Dios tan completamente que no hay razón de preocuparse por nada. Además, requiere que cuando oremos y hagamos peticiones a Dios, nosotros siempre descubriremos algo para estar agradecidos. Cuando hagamos estas cosas, algo milagroso sucede. No tenemos que contratar a un guardia ni reforzar con acero la puerta a nuestro dormitorio. Cuando creemos a Dios, de repente “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús”.

¿CREE QUE DIOS CUIDARÁ DE USTED?

En un sentido, la fe y las obras van juntas. Santiago escribió: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

Pero, habrá también un tiempo cuando ha hecho todo lo que sabe hacer y tiene que “estar quieto”” y confiar en Dios. Por ejemplo, cuando Israel estaba atrapado entre el ejército egipcio y el Mar Rojo, el esfuerzo humano fue inútil. Esto es cuando Israel confió en Dios y no en carros y caballos (Salmo 20:7). Moisés dijo al pueblo: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis” (Éxodo 14:13). ¡Su confianza en Dios hizo la diferencia! El Mar Rojo partió para ellos pero el ejército egipcio se ahogó. ¡Confiaban en Dios y él los cuidó!

El famoso comerciante estadounidense, J. C. Penney, se declaró en quiebra en el año 1929 durante la caída del mercado de valores. Tenía una deuda de siete millones de dólares y no tenía ninguna posibilidad de pagar a sus acreedores. En ese tiempo el doctor Elmer Eggleston le puso en un sanatorio y ordenó a las enfermeras a cuidarle día y noche. Sin dinero para pagar por su tratamiento, el Señor Penney se resignó a que iba a morir y escribió cartas de despedida a su mujer e hijos. Se despertó temprano la mañana siguiente, sorprendido que aún estaba vivo.

He aquí su testimonio: Pero en la mañana estaba aún con vida. Despertarme otra vez fue una sorpresa extraña. En alguna manera vaga sabía que debía haber una razón. No sabía qué fuera esa razón ni hubiera ninguna razón de descifrarla. Me sentía inquieto y aprensivo. Era muy temprano para que llegara la enfermera de día. Para hacer algo, me levanté y me vestí, y bajé las gradas al primer piso. Yo sentía que una inmensa soledad me rodeaba. Paré, incierto en un vacío que me parecía que no tenía horizonte. Yendo silenciosamente por un corredor, escuché un himno viejo, bien conocido: “Dios Cuidará de Ti”. Parecía venir de la capilla del edificio. Sin voluntad propia, lentamente fui hacía el sonido. La música se hizo más fuerte y las palabras más claras. “Dios cuidará de ti y por doquier contigo ira, y nada te faltará, Dios cuidará de ti”. Entré a la capilla y me senté en una silla cerca a la entrada. En voz baja, alguien leía un pasaje de las Escrituras: “Venid a mí todos que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. De pronto, alguien oró. Dentro de mí, espontáneamente gemí: Señor, no puedo hacer nada; ¿cuidarás de mí? En los siguientes momentos algo sucedió conmigo. Yo nunca he podido explicarlo claramente en palabras y no puedo ahora. Yo creo que fue un milagro. Sentí ser levantado de un lugar muy oscuro a un espacio de cálido y brillante luz del sol. El pensamiento entró a mi mente cansada si hubiera tomado la responsabilidad por el éxito que había alcanzado, también yo era responsable por todos los problemas que tenía. Pero la cosa más importante era que ahora conocía a Dios, y su amor paciente sin igual estaba disponible para ayudarme. Dios me había contestado cuando declaré: Señor, no puedo hacer nada. ¿Cuidarás de mí? Esto fue su respuesta: Un peso fue levantado de mi espíritu. Salí de ese cuarto como un hombre cambiado, renovado. Había entrado con un espíritu quebrantado. Salí con un sentido de liberación de una esclavitud a la muerte inminente a una vida de esperanza. Tuve un vistazo de Dios.

Todo esto sucedió en los años 1930. El Sr. Penney se recuperó totalmente, espiritual, física, emocional, y económicamente. Vivió 40 años más y murió como un hombre muy rico en el año 1971 a la edad de 96 años.

Nadie puede sobrevivir sin descansar. La persona promedia requiere aproximadamente 8 horas de sueño cada día. Esto quiere decir que descansamos un tercio de nuestras vidas. Lo que creemos afecta nuestra habilidad de descansar. Si verdaderamente creemos que Dios cuidará de nosotros, entonces podemos descansar diferentemente que los incrédulos.

¡Recuerde! ¡Son los que “creemos” que entrarán en el “descanso”. __________

Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. Los derechos no son reservados. Se puede reproducir todo este material o partes para la honra y la gloria de Cristo, y para el avance de su reino.