UN VARÓN CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS
UN VARÓN CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS
“Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:13 y 14).
Sabemos la historia:
- Dios no quería que su pueblo tuviera un rey; no obstante, ellos de todos modos
querían uno (1 Samuel 8:6).
- Jehová dijo a Samuel: “Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan;
porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7).
- Samuel los advirtió de los muchos problemas que un rey traería sobre ellos (1
Samuel 8:10-18).
- El pueblo rehusó escucharle y quería un rey “como las demás naciones” (1 Samuel
8:18 y 19).
- Samuel ungió a Saúl para ser el rey (1 Samuel 10:1)
- Saúl tenía 300,000 hombres de Israel y 30,000 hombres de Judá y rescató a
Jabes de Galaad de los amonitas (1 Samuel 11:1-11).
- El pueblo fue a Gilgal y confirmaron a Saúl como su rey en la presencia de Jehová
(1 Samuel 11:14 y 15).
- Samuel advirtió al pueblo: “Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y
vuestro rey pereceréis” (1 Samuel 12:25).
SAÚL TENÍA UN CORAZÓN MALVADO
- “Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta
mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén” (1 Samuel 13:5).
- “Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de
Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando” (1 Samuel 13:7).
- “Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho;
pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto” (1 Samuel 13:8 y 9).
- “Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que
venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto” (1 Samuel 13:10-12).
- En ese momento Samuel declaró que el corazón de Saúl era malvado.
“Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:13 y 14).
- Dios no juzgó a Saúl porque se equivocó, sino porque tenía un corazón malvado.
¡Este hecho es evidente cuando se examina cuidadosamente lo que Saúl hizo durante toda su vida!
JEHOVÁ MIRA EL CORAZÓN
Cuando Samuel fue a Belén para ungir a uno de los hijos de Isaí, él asumió que sería Abinadab. Pero Jehová dijo a Samuel: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
Isaí hizo pasar frente a Samuel a siete de sus hijos y cada uno de ellos fue rechazado. Entonces, enviaron por David. Él era el hijo menor y estaba ocupado cuidando a las ovejas. Samuel dijo a Isaí: “Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí” (1 Samuel 16:11). Como sabemos, David fue ungido para ser el próximo rey en la presencia de sus hermanos.
Las Escrituras registran varias veces que David era un varón conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14; Hechos 13:22).
A primera vista, parece que Saúl hizo solamente un error menor al ofrecer un holocausto a Jehová después de esperar 7 días para Samuel. “Parece” que Saúl quería honrar a Jehová al vencer a los filisteos y ofreció el holocausto de mala gana para evitar la dispersión de sus hombres. No obstante, Jehová no ve las cosas como el hombre las ve. Un poco antes, Saúl había vencido a los amalecitas, pero en vez de dar la gloria a Jehová, erigió un monumento en su propio honor (1 Samuel 15:12). Dios miró dentro de Saúl y vio su corazón egoísta. Jehová sabía que Saúl tenía un concepto más alto de sí mismo que el que debía tener (Romanos 12:3). ¡Dios sabía que tenía un corazón malvado! Entonces Jehová no rechazó a Saúl como el rey porque cometió un error, sino porque tenía un corazón malvado. Note, por favor, algunas cosas que Saúl hizo que revelan su corazón malvado:
- Como ya hemos dicho, cuando Saúl regresó de haber vencido a los amalecitas, no
dio la gloria a Jehová, sino construyó un monumento en honor de sí mismo (1 Samuel 15:12).
- Cuando Saúl desobedeció a Jehová, culpó a sus hombres y no a sí mismo (1
Samuel 15:15).
- Cuando David mató a Goliat, Saúl se puso celoso, y trató de matar a David (1
Samuel 18:6-11).
- Cuando Samuel le dijo a Saúl que Jehová le había rechazado como el rey, aún
Saúl quería que Samuel le honrara ante los ancianos de su pueblo y ante Israel (1 Samuel 15:30).
- Jonatán, el hijo mayor de Saúl, era un buen amigo de David. Pero en vez de
anhelar ser el rey, Jonatán aceptó el hecho de que Samuel había ungido a David para ser el rey en lugar de su padre (1 Samuel 23:17).
- Cuando Jonatán preguntó a Saúl por qué quería matar a David, Saúl arrojó una
lanza hacia su propio hijo en un intento de matarle (1 Samuel 20:33).
- Debido a un juramento tonto, Saúl otra vez trató de matar a su propio hijo
Jonatán (1 Samuel 14:44).
- Afortunadamente, los soldados compañeros de Jonatán lo rescataron de las
manos de su padre perverso (1 Samuel 14:45).
- Saúl nunca aceptó la voluntad de Jehová con respecto a David. Saúl quería hacer
su propia voluntad, no la de Jehová. David quedó como enemigo de Saúl “y fue Saúl enemigo de David todos los días” (1 Samuel 18:29).
- Al contrario, David tuvo respecto por Saúl como el ungido de Jehová. Más de una
vez, David tuvo la oportunidad de matar a Saúl, pero rehusó a hacerlo (1 Samuel 24:1-22; 26:1-25). Hay algo intrínsecamente perverso acerca de alguien que vez
tras vez deliberadamente busca su propia voluntad en vez de la voluntad de Dios. Por eso, Satanás fue echado del cielo (Isaías 14:12-15).
- Cuando el Señor no contestó a Saúl por medio de sueños, Urim, o los profetas,
buscó la ayuda de una adivina (1 Samuel 28:6-24) ¡David nunca haría tal cosa!
- Estas son solamente algunas de las muchas cosas que Saúl hizo que demuestran
que tenía un corazón malvado.
- El Señor Jesús dijo: “Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:20-23).
- Saúl tenía un corazón malvado y Jehová lo sabía. ¡Por eso, fue rechazado como
el rey!
GLORIÁNDOSE EN LAS APARENCIAS
Las Escrituras son claras que David tenía un buen “corazón” y Saúl no. Por eso es importante estudiar la diferencia entre estos dos hombres. Esta diferencia nos ayuda a entender quiénes serán salvos y quiénes se perderán.
Como sabemos, está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Hebreos 9:27). Pablo explicó: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón” (2 Corintios 5:10-12).
Note, por favor:
- Todos nosotros apareceremos ante el tribunal de Cristo.
- Todos nosotros daremos cuenta por lo que hemos hecho en el cuerpo, sea bueno
o sea malo.
- ¡Recuerde! Lo que hemos hecho en el cuerpo está determinado por nuestros
corazones (Marcos 7:20-23).
- Conociendo el temor del Señor, Pablo trataba de persuadir a los hombres que se
prepararan para el juicio.
- Pablo sabía que son manifiestos a Dios nuestros corazones y esperamos que sean
manifiestos también a las conciencias de otros.
- ¡Los enemigos de Pablo se gloriaban en las apariencias y no en el corazón!
- Saúl también se gloriaba en cómo aparecía a los hombres.
- La apariencia de Pablo era débil, pero su relación con Dios era fuerte (2 Corintios
10:10).
- Pablo no se preocupaba por su apariencia y escribió: “Porque nuestra
exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1 Tesalonicenses 2:3 y 4).
La diferencia entre Pablo y sus enemigos nos ayuda a comprender mejor la diferencia entre Saúl y David. Saúl se preocupaba por “apariencias” y David no. Pablo afirmó sus prioridades claramente en Gálatas 1:10: “Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.
El Señor Jesús advirtió que “cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:14).
¡Tristemente, parece que Saúl estaba más interesado en agradar a los hombres que en agradar a Dios!
- Por eso, él levantó un monumento en Carmel en su propio honor (1 Samuel
15:12).
- En la batalla con los amalecitas, desobedeció a Dios porque temía al pueblo (2
Samuel 15:24).
- Como ya hemos dicho, cuando Samuel dijo a Saúl que el Señor lo había rechazado
como el rey de Israel, Saúl respondió: “Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios” (1 Samuel 15:30).
- Cuando David mató a Goliat, Saúl estaba celoso y enojado y dijo: “A David
dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David” (1 Samuel 18:8 y 9).
- Saúl pensaba hacer caer a David en manos de los filisteos al pedirle cien
prepucios de filisteos como dote por su hija (1 Samuel 18:25).
- Saúl mismo trató de matar a David, pero falló (1 Samuel 19:9 y 10).
- Entonces Saúl envió hombres a la casa de David para matarlo (1 Samuel 19:11).
- Saúl mató a 85 sacerdotes que se vestían un efod de lino porque pensaba que
habían ayudado a David (1 Samuel 22:18).
- Saúl tomó 3,000 hombres escogidos en busca de David para matarlo (1 Samuel
24:2). Cuando Saúl entró en una cueva para hacer sus necesidades, David y sus hombres estaban en los rincones de la cueva y tuvieron la oportunidad de matar a Saúl. En cambio, David meramente cortó la orilla del manto de Saúl y rechazó extender su mano en contra del ungido de Jehová (1 Samuel 24:3-7).
- Cuando David mostró a Saúl la pieza de su manto, Saúl reconoció que “tú has
de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable” (1 Samuel 24:20).
- Aunque Saúl sabía que Jehová haría a David el rey de Israel, aún trataba a
matarlo. Más tarde “Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto? Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif” (1 Samuel 26:1 y 2).
- En esa ocasión, David y Abisai fueron de noche al ejército de Saúl. El Señor los
había puesto en un sueño profundo para que David pudiera tomar la lanza y la vasija de agua de Saúl sin ser descubierto. Entonces David se fue a la cumbre de un monte a lo lejos y dio voces para despertar a Saúl y a su ejército. David devolvió la lanza y vasija de Saúl pero aún negó levantar la mano en contra del ungido del Señor (1 Samuel 26:7-25).
- Hay mucha más evidencia en la Biblia que David era un varón conforme al
corazón de Jehová, pero esto debería ser suficiente. ¡El hecho de que Saúl constantemente puso su propia voluntad antes de la voluntad de Jehová, prueba que tenía un corazón malvado!
- ¡Mientras Saúl se gloriaba en apariencias, David no lo hizo! Por ejemplo cuando
David llevó el arca del pacto de la casa de Obed-edom, “David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino” (2 Samuel 6:14).
- A Mical, la mujer de David que era hija de Saúl, no le gustaba la “apariencia” de
David. Ella lo reprendió por aparecer en público sin vestirse de su túnica real. “Volvió luego David para bendecir su casa; y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera! Entonces David respondió a Mical: Fue delante de Jehová, quien me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Por tanto, danzaré delante de Jehová. Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado” (2 Samuel 6:20 -22).
- Verdaderamente, “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el
hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
DIOS PUEDE DARNOS UN NUEVO CORAZÓN
Como dijo el Señor Jesús: “Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:20-23).
El perverso rey Saúl era semejante a los judíos que crucificaron al Señor Jesús, el Hijo de Dios. Él también era el ungido de Dios y los judíos querían matar al Señor Jesús tal como Saúl quería matar a David. El problema de los dos era sus corazones. El Señor Jesús dijo: “Con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13; Mateo 15:8).
La “buena noticia” es que Dios nos puede dar un nuevo corazón. Siglos antes del nacimiento del Señor Jesús en Belén, Ezequiel enumeró estas promesas de Jehová: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27).
Nuestro viejo corazón era engañoso y perverso (Jeremías 17:9). ¡Por eso, necesitamos un nuevo corazón! El hombre con un corazón malvado no puede vivir una vida piadosa, tal como una oruga no puede volar. No obstante, Dios puede transformar la oruga a una mariposa, y también Dios puede darnos un nuevo corazón. Es fácil y natural que vuele una mariposa. Entonces cuando Dios nos dé un nuevo corazón, llegaríamos a ser una “nueva criatura”. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). ¡En Cristo, nuestra vieja naturaleza pasa y todo es nuevo!
En el año 1967, el Sr. Luis Washkansky, 53, recibió el primer trasplante de corazón humano en la Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Él estaba muriendo con una enfermedad crónica del corazón. Recibió el corazón de una mujer de 25 años que había muerto en un accidente de tránsito. El cirujano era el Dr. Christiaan Barnard. La cirugía fue muy complicada y difícil y el Sr. Washkansky murió después de solamente 18 días. El segundo paciente que recibió un trasplante de corazón era Felipe Blaiberg. Él recibió un nuevo corazón en el año 1968 y vivió por 18 meses. Hoy, los que reciben un trasplante de corazón viven un promedio de 9.16 años.
¡Recibir un nuevo corazón de Dios es mucho más fácil! Porque “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9 y 10).
¡Aun más emocionante es darnos cuenta de que cuando recibimos un nuevo corazón de Dios, viviremos para siempre!
Lo más difícil de recibir un nuevo corazón de Dios involucra la muerte de nuestro viejo manera de vivir. Confesar a Jesucristo como “Señor” requiere que dejemos nuestra propia voluntad y que tomemos nuestra cruz. El Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). Pablo lo dijo así: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
EL EJEMPLO DEL APÓSTOL PABLO
La conversión del apóstol Pablo es significativa, ya que prueba que nadie es demasiado pecador para ser salvo. Pablo explicó a Timoteo: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Timoteo 1:15 y 16).
- Originalmente, Pablo era conocido como Saulo de Tarso. Cuando Esteban fue
apedreado a muerte, Saulo de Tarso estuvo allí y consentía en su muerte (Hechos 8:1).
- Además, “Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba
a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel” (Hechos 8:3).
- Como sabemos, Saulo se convirtió al cristianismo y escribió más libros inspirados
de la Biblia que cualquier otro. En su primer viaje misionero, su nombre fue cambiado de “Saulo” a “Pablo” (Hechos 13:9). Su conversión asombrosa ayudó en inspirar esta “palabra fiel” que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. Por lo tanto, nuestro texto se refiere a él como Pablo.
- Pablo explicó su conversión a Cristo al rey Agripa de esta manera: “Yo
ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes, y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hechos 26:9-11).
- Pablo continuó: “Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en
comisión de los principales sacerdotes; cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y
decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tu persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:12-18).
- “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino
que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles” (Hechos 26:19-23).
- Festo, el gobernador, escuchaba a Pablo predicar a Agripa: “Diciendo él estas
cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco” (Hechos 26:24).
- “Más él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo
palabras de verdad y de cordura. Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees” (Hechos 26:25-27).
- “Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano”
(Hechos 26:28).
- “Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente
tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Hechos 26:29).
- Agripa fue casi convencido a ser cristiano. Tristemente, no hay evidencia de que
recibió a Cristo como su Señor. ¡Estar casi salvo es estar perdido!
EL NUEVO CORAZÓN DE PABLO
Antes de recibir a Cristo como su Señor, el corazón de Pablo era “engañoso más que todas las cosas y perverso” (Jeremías 17:9).
Cuando Pablo “nació de nuevo” llegó a ser “una nueva criatura” y recibió un nuevo corazón (2 Corintios 5:17).
Su “nuevo corazón” estaba constantemente lleno de “gran tristeza y continuo dolor” deseando que otros también sean salvos.
Considere, por favor: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:1-5).
Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Señor, también recibiremos un “nuevo corazón” y un “nuevo espíritu”. He aquí la promesa de Dios: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27).
¡POR FAVOR, NO RECHACE LA SALVACIÓN QUE ES UN DON DE DIOS!