UN PECADO ETERNO
UN PECADO ETERNO
“. . . pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juico eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo (Marcos 3:29 y 30).
A blasfemia contra el Espíritu Santo se le llama el pecado que “no tiene jamás perdón”. Es mencionado por el Señor Jesús en Mateo 12:22-37; Marcos 3:20-30; y Lucas 12:8-10. El Señor enseñó sobre este tema porque la gente había dicho: “Tiene espíritu inmundo”. La importancia de este tema no puede ser enfatizado demasiado. El Señor Jesús dijo: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonado” (Mateo 12:31).
Por eso, la blasfemia contra el Espíritu Santo es única. Está en una categoría distinta de cualquier otra blasfemia. ¡Todo pecado y blasfemia será perdonado, pero no la blasfemia contra el Espíritu Santo! En las palabras del Señor Jesús es “un pecado eterno”. Como ya hemos dicho, el Señor Jesús habló de ella “porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo”.
Tratemos de entender este “pecado eterno” para que podamos evitarlo.
LO QUE SABEMOS
Al tratar de resolver cualquier problema, es sabio comenzar con lo que sabemos y entonces tratar de entender lo que no sabemos. Una vez que hemos anotado lo que sabemos, estaremos mejor preparados para entender lo desconocido. Por eso, comencemos con lo obvio.
Sabemos que Dios ama a todo el mundo y que ha dado a su Hijo unigénito para
que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16). Sabemos que Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino
para que el mundo sea salvo por él (Juan 3:17). Sabemos que Dios es paciente no queriendo que ninguno perezca. Dios quiere
que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). ¡SABEMOS QUE DIOS NO CAMBIA! (Malaquías 3:6; Santiago 1:17; Hebreos
13:8; etc.). POR LO TANTO, SABEMOS QUE ¡CUALQUIERA QUE SE ARREPIENTE DE
CUALQUIER PECADO SERÁ PERDONADO! AL QUE VIENE AL SEÑOR JESÚS NO SERÁ ECHADO FUERA (Mateo 11:28-30; Juan 6:37; Apocalipsis 22:17; etc.). ¡DIOS NO CAMBIA!
POR LO TANTO, ¡EL PECADO ETERNO DEBE INVOLUCRAR A PERSONAS
QUE NO PUEDEN ARREPENTIRSE Y QUE NO ENTREGAN SUS VIDAS AL SEÑOR JESÚS! ¡LA IMPORTANCIA DE ESTA VERDAD ES CRÍTICA! ¡CUANDO CUALQUIERA
SE ARREPIENTE, DIOS LO PERDONA! DIOS AUN PERDONÓ A UN HOMBRE BLASFEMO Y VIOLENTO COMO SAULO DE TARSO (1 Timoteo 1:13). DE HECHO, DIOS PERDONÓ A SAULO PARA MOSTRAR SU PACIENCIA ILIMITADA CON LOS PEORES PECADORES (1 Timoteo 1:15 y 16). PERO SAULO SE ARREPINTIÓ, ¡MAS ALGUNOS TIENEN CORAZONES TAN ENDURECIDOS QUE NO PUEDEN ARREPENTIRSE! ¡ESTOS SON EL TIPO DE PERSONAS QUE COMETEN PECADO ETERNO!
El libro de Hebreos trata de esta misma situación. Note: “Porque es
imposible que los que fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepen- timiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Hebreos 6:4-6).
NUESTRA CONSCIENCIA
La palabra “conciencia” es compuesta de dos palabras: “con” y “ciencia”.
“Ciencia” quiere decir “saber”. Adán y Eva tuvieron conciencias. Fueron criados en la imagen de Dios (Génesis
1:27). Como Dios, intuitivamente ellos sabían el bien del mal. Note que cuando ellos pecaron, sus conciencias les causaron estar avergonzados y se escondieron de Jehová entre los árboles del huerto (Génesis 3:8). ¡Personas sin conciencia no se esconden cuando pecan! NO OBSTANTE, ¡DIOS NO CAMBIA, MAS NOSOTROS SÍ CAMBIAMOS! Todos comenzamos con una “buena conciencia” (1 Timoteo 1:19), pero podemos
cambiar. Con negligencia y abuso, nuestra buena conciencia puede contaminarse y destruirse. Por favor, considere estas Escrituras:
Nuestra buena conciencia puede debilitarse y contaminarse (1 Corintios 8:7). Nuestra buena conciencia puede estar cauterizada (1 Timoteo 4:2). Nuestra buena conciencia puede llegar a ser tan endurecida que perdemos
toda sensibilidad (Efesios 4:19). Por lo tanto, no debemos nunca hacer algo que destruya la buena conciencia
de alguien (1 Corintios 8:9-13). Ni debemos hacer algo que destruya nuestra propia buena conciencia. Por
ejemplo, todo lo que no proviene de la fe, es pecado (Romanos 14:23). ¡Esto
quiere decir que cuando deliberadamente hacemos algo que creemos es malo, pecamos y dañamos nuestra propia conciencia! Por el contrario, cuando sabemos hacer lo bueno, y no lo hacemos, también
nos es pecado (Santiago 4:17). Consecuentemente, ¡cuando sabemos que debemos hacer bien y no lo hacemos, también pecamos y hacemos daño a nuestra conciencia! Por lo tanto, debemos orar, según las palabras de las Escrituras, que todos
nosotros tengamos conciencias buenas y el deseo de conducirnos bien en todo (Hebreos 13:18). Debemos ser imitadores de Pablo quien dijo: “. . . procuro tener siempre
una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16). Por favor considere que ¡para cometer el pecado eterno, primeramente tendría-
mos que destruir nuestras conciencias! ¡Esto sucede por repetidamente hacer cosas que nuestra conciencia nos dice que
son malas! Esto actualmente sucedió con los descendentes de Adán y Eva. Por eso, Dios
destruyó la tierra con un diluvio. Los animales y peces que viven en la oscuridad de cuevas son ciegos porque
nunca usan sus ojos. Los que nunca usan sus conciencias, de la misma manera, podrían llegar a ser
ciegos espiritualmente. El salmista lo dijo así: “La iniquidad del impío me dice al corazón: No
hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida” (Salmo 36: 1 y 2).
NUESTRA MENTE
Todos empezamos no sólo con una buena conciencia, sino también con una buena mente. No obstante, nuestra mente también podría llegar a estar contaminada, así como nuestra conciencia podría ser contaminada. Por lo tanto, hay un sentido que “quien somos” es más importante que “lo que hacemos”. Por favor considere: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidos” (Tito 1:15). Personas con una mente corrompida y una conciencia corrompida no pueden hacer nada para agradar a Dios. ¡Un árbol malo no produce fruto bueno! Las personas que están muy corrompidas son las que están en peligro de cometer un pecado eterno.
Las Cataratas de Victoria es una de las más famosas cataratas en el mundo. Está ubicada en el río Zambeze de Zimbabue, África. Tiene unos 1700 metros de ancho y cae un poco más de 100 metros a una quebrada profunda. El gran volumen de agua cae con tanta fuerza que rocía niebla unos 30 metros más alto que la parta superior de las cataratas. No obstante, río arriba, el río es tranquilo y pacífico. Los niños pueden nadar y los pescadores pueden navegar en él con seguridad y sin miedo. No obstante, esto es posible solamente río arriba. Río abajo hay un punto de no poder volver. Si se va más allá de ese punto, la corriente del río es tan rápida que no se puede evitar ser arrastrado por las cataratas. Esto ilustra lo que podría suceder en nuestras mentes. Hay momentos en nuestras vidas cuando podemos dirigir nuestros pensamientos a cualquier sujeto que escogemos. No obstante, si vamos a la deriva río abajo y descuidadamente permitimos que nuestras mentes piensen solamente en pensamientos perversos, nuestras mentes también podrían ir más allá del punto de no volver. Eso es lo que sucedió en los días de Noé. Esa generación malvada llegó a ser tan adicto al mal “que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Pedro describió a hombres como esos que “hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición” (2 Pedro 2:12). Un animal irracional no puede oír la Palabra de Dios y arrepentirse. Por eso, el Señor Jesús dijo no den lo sagrado a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos (Mateo 7:6). La gente de la generación de Noé había vivido como animales por tanto tiempo que era imposible que se arrepientan. Salomón dijo: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Consecuentemente, Noé predicaba a personas cuyos pensamientos eran de continuo solamente el mal y cuyas vidas también eran solamente malvadas. Entonces Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen (Romanos 1:28). Así que después de predicar por 120 años, Noé solamente pudo convertir a siete miembros de su propia familia. El resto de la gente del mundo vivió y murió como animales. Pablo advirtió “que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Efesios 4:17 y 18). ¡Repetimos! La forma en que pensamos es la forma en que somos. Adán y Eva pensaron mal y ellos hicieron mal. No pecaron por casualidad. Los escribas y los
fariseos no pecaron por casualidad. Judas Iscariote no pecó por casualidad. Invariablemente, ¡actuamos como pensamos! Así que si queremos cambiar nuestras acciones, tenemos que cambiar nuestra manera de pensar. Por eso, la conversión involucra el arrepentimiento. Como Ud. ya sabe, la palabra bíblica para arrepenti- miento es metanoia que literalmente quiere decir “cambiar de opinión”. La renovación de nuestro entendimiento resulta en la renovación de nuestra vida. Podemos ser literalmente transformados por la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). La conversión involucra a Dios poniendo “sus leyes en la mente” (Hebreos 8:10). Los designios de la carne son enemistad contra Dios (Romanos 8:7); por eso tenemos que ser renovados en el espíritu de nuestra mente (Efesios 4:23). Como ya hemos dicho, tristemente, así como nuestra conciencia puede ser contaminada haciendo imposible la redención, también lo mismo puede suceder con nuestras mentes. Cuando nuestras mentes están corrompidas al extremo que llamamos a lo malo bueno y a lo bueno malo (Isaías 5:20), entonces somos candidatos para cometer un pecado eterno.
GENERACIONES SATÁNICAS
Satanás ha sido homicida desde el principio y también es el padre de mentira
(Juan 8:44). Satanás es la personificación del mal. No tiene conciencia. Su mente está corrompida. Se deleita en hacer lo malo. Nunca siente una punzada de conciencia cuando comete un pecado porque no tiene conciencia. Satanás personifica rebelión completa y total contra Dios. Ninguna cantidad de evidencia convencerá a Satanás que debe cambiar. De hecho, no puede cambiar. Está más allá del punto de redención y por eso, es culpable de cometer el pecado eterno. Es tan depravado que no solamente no se arrepentirá, sino que no puede arrepentirse. Dado que este tipo de pecado últimamente resulta en muerte, ¡no hay razón porqué orar por él! (1 Juan 5:16 y 17). Tristemente, a veces Satanás es tan exitoso que generaciones enteras piensan y se comportan como él. Como ya hemos dicho, Noé vivía durante una generación satánica. “Y vio
Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Noé era pregonero de justicia (2 Pedro 2:5). Basado en Génesis 6:3 se piensa que
predicó por 120 años. Durante todo ese tiempo nunca convirtió a nadie excepto los de su propia familia. Era una generación satánica. ¡Sus mentes estaban tan corrompidas que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal! ¡Satanás puede escuchar la Palabra de Dios y no arrepentirse, igual que esa generación malvada! El Señor Jesús también vivía en una generación malvada.
En Mateo 12 cuando enseñaba acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo,
el Señor Jesús hizo 5 referencias a la naturaleza satánica de su propia generación.
Mateo 12:34 – eran una generación de víboras, incapaces de decir algo
bueno. Mateo 12:39 – eran una generación mala y adúltera. Mateo 12:41 – Los hombres de Nínive se levantarían en el juicio con esa
generación y la condenarían. Nínive se arrepintió, pero ellos no. Mateo 12:42 – La reina del Sur se levantaría en el juicio y condenaría a esa
generación. Ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, pero el Señor Jesús era más grande que Salomón y esa generación perversa no escucharía a ël. Mateo 12:45 – Esa generación era como un espíritu malvado encontrando
a 7 otros espíritus peores que él, y trayéndolos a todos para morar juntos. Aparentemente, nadie puede cometer un pecado eterno por casualidad. Es
una decisión deliberada. Esa generación mala y adúltera en la cual vivía el Señor Jesús, demandó una
señal (Mateo 12:39). El Señor Jesús les prometió la señal del profeta Jonás. Esa fue la señal de su resurrección. El tiempo que Jonás pasó dentro del pez sería como el tiempo que el Señor Jesús pasó en el sepulcro. Así como ninguna señal puede cambiar la opinión de Satanás, ninguna señal cambiaría la opinión de los líderes judíos. Recuerde lo que el Señor Jesús dijo al hombre rico en el infierno. Ese pecador condenado quería que alguien testificara a sus 5 hermanos inconversos. Él estaba convencido que si alguno fuere levantado de los muertos, ellos creerían. El Señor Jesús dijo: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31). ¡El Señor Jesús tenía razón! Él fue levantado de los muertos y aún sus hermanos no creyeron. Por favor, considere qué dura e inmutable era esa generación: Al mismo tiempo cuando esos hipócritas pidieron una señal, el Señor Jesús
había sanado a un hombre que era ciego y mudo. No obstante, en vez de creer en el Señor Jesús, lo acusaron de echar demonios por medio del poder de Beelzebú, príncipe de los demonios (Mateo 12:24). Como Ud. sabe, ¡es por eso que el Señor Jesús enseñó acerca del cometer un pecado eterno! Cuando el Señor Jesús resucitó a Lázaro, aún no creyeron. Además, sus
corazones estaban tan endurecidos que aún hicieron planes para matar a Lázaro (Juan 12:10).
Como evidencia adicional de su depravación, “los principales sacerdotes
y los ancianos, y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte” (Mateo 26:59). Esa generación estaba tan saturada de maldad que sobre ellos vino “toda la
sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:35 y 36). Fue también durante esa generación cuando el templo fue tan completamente
destruido que no quedó ninguna piedra sobre piedra que no fue derribada (Mateo 24:2). Recuerde que cuando el Señor Jesús fue resucitado de los muertos aún no
creyeron. En vez de creer en la “señal” de su resurrección, pagaron a los soldados que guardaban su tumba para mentir y decir que sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron mientras ellos dormían (Mateo 28:12 y 13). Esos pecadores endurecidos además demostraron su falta de conciencia al
prometer que si la noticia llegara al gobernador, le pagarían a él también (Mateo 28:14). ¡Esos hombres perversos no creerían, a pesar de tantas señales que vieron! El
Señor Jesús preguntó: ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (Juan 5:44). Judas describió a tales hombres así: “Pero éstos blasfeman de cuantas
cosas no conocen, y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales” (Judas 1:10). Esos hombres perversos no pecaron por casualidad. Sus acciones perversas
vinieron directamente de sus corazones corrompidos. “El hombre bueno, del tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mateo 12:35). El libro de los Hechos relata la curación por Pedro y Juan del hombre cojo
(Hechos 3:1-10). El pobre hombre nació cojo y tenía más de 40 años de edad. Todos los días fue llevado a la puerta que se llamaba la Hermosa y por eso era bien conocido en Jerusalén. Cuando los del concilio vieron al hombre parado con Pedro y Juan, sabían que fue hecho un milagro que no podían negar. ¡Aún, no creyeron! En lugar de creer, demandaron que Pedro y Juan dejaran de predicar y enseñar en el nombre del Señor Jesús (Hechos 4:16-22). ¡Esos hombres perversos estaban totalmente corrompidos! No es de extrañar que Pedro exhortó al pueblo con muchas palabras
rogándoles: “Sed salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:40). Así como un árbol malo no puede producir fruto bueno, esos hombres
perversos fueron incapaces de hacer algo bueno. El Señor Jesús dijo: “O
haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). Eran tan perversos y faltos de conciencia que producían solamente fruto malo. Todo vestigio de bien ya no existía en sus vidas. Eran totalmente perversos. Como ya hemos enfatizado varias veces, fue cuando el Señor Jesús estaba lidiando con hombres como ellos que dio la advertencia con respecto al pecado eterno. El Señor Jesús fue correcto con respecto a esos hombres porque sabía lo que
había en el hombre (Juan 2:25). Por eso, el Señor Jesús les dijo: “¡Serpientes, generación de víboras!
“¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mateo 23:33). ¡Recuerde! Dios no quiere que nadie perezca (2 Pedro 3:9). Si esos hombres
se hubieran arrepentido, ellos podrían haber sido perdonados. No obstante, esos hombres perversos aparentemente habían destruido sus mentes y sus conciencias tan completamente que era imposible para ellos arrepentirse (Hebreos 6:4-6). El libro de Apocalipsis habla de hombres perversos tan endurecidos y
corrompidos que no había nada que podía hacerles arrepentirse. Aun cuando estaban siendo quemados por tan intenso calor que mordían sus lenguas de dolor, aún blasfemaron a Dios y se negaron a arrepentirse (Apocalipsis 16:8- 11). Esos eran el tipo de hombres que vieron al Señor Jesús haciendo milagros y
atribuyeron su poder al diablo (Marcos 3:30). Eran culpables de un pecado eterno porque sabían quién era el Señor Jesús pero aún lo rechazaban. Podían morder sus lenguas en agonía y aún no arrepentirse.
¿QUIÉN ES EL SENOR JESÚS?
Moisés enseñaba que Dios es “uno” (Deuteronomio 5:4). La palabra hebrea para “uno” en este versículo es echad que quiere decir “unificado” o “juntado”. Se usa la palabra en la Biblia para describir a “más que uno” que están tan unidos que son considerados como “uno”. Por ejemplo:
Se usa en Génesis 2:24 para describir la manera en que Adán y Eva llegaron a ser
“uno”. Se usa en Génesis 11:6 para describir a “muchas” personas que llegaron a ser
“uno” y empezaron a edificar la torre de Babel. Se usa en Exequiel 37:17 para describir “dos palos” que serán “uno” Etc. El punto es que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo están tan unidos que son “uno”. Esta verdad se enseña muchas veces en la Biblia. Desde el principio mismo, la
naturaleza plural de Dios es obvia. Por ejemplo, cuando Dios decidió crear al hombre dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). Hacer al hombre en “nuestra” imagen y semejanza deja claro que hay más de una persona en la Deidad. La palabra hebrea que quiere decir absolutamente “uno” es yachid. Se encuentra 12 veces en las Escrituras y ni una vez es usada para Dios. Dios no es yachid, sino es echad. Las Escrituras son claras que el Señor Jesús es Dios.
Su nombre era “Emanuel” que quiere decir “Dios con nosotros” (Mateo 1:23). El Señor Jesús vino para dar a conocer a Dios.. El Señor Jesús es Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16). En el Señor Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses
2:9). El Señor Jesús es el Verbo de Dios y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios
(Juan 1:1). Cristo es “Dios sobre todas las cosas” (Romanos 9:5). Etc. Entonces ¿cómo es posible ser perdonado por hablar una palabra en contra del “Hijo del Hombre” pero no ser perdonado por hablar una palabra en contra del Espíritu Santo? (Mateo 12:32; Lucas 12:10). Esta es una pregunta profunda. Mientras los pensamientos que siguen probablemente no proveerán una respuesta completa, quizás el estudio de estas Escrituras sea provechoso. Primero, note que el Señor Jesús se describe en Mateo 12:32 como el Hijo del Hombre. La palabra traducida aquí como “hombre” es anthropos. No es masculino, sino se refiere a la humanidad. Un antropólogo estudia toda la humanidad, no solamente a los hombres. La palabra para “hombre” a diferencia de “mujer” es aner. Nunca se usa esta palabra en referencia a una mujer. Hablar contra el “Hijo del Hombre” puede ser perdonado porque ¡es difícil ver a un “hombre” como Dios! Los judíos entendieron que el Señor Jesús estaba reclamando igualdad con Dios y esa es una de las razones que estaban tan ansiosos por matarlo (Juan 5:18).
¡Recuerde! Dios es un Dios justo y hace una distinción entre los que pecan “involuntariamente” y los que pecan “deliberadamente” (Números 15:23-34, NVI). Así que hay una diferencia entre los que “involuntariamente” hablan en contra del Señor Jesús debido a su ignorancia y los que saben quién es el Señor Jesús y hablan “deliberadamente” en contra de él. La palabra “blasfemar” involucra hablar. Viene de las palabras blapto (lesionar) y pheme (discurso).
En la cruz el Señor Jesús oró por los soldados que lo crucificaron diciendo:
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). No obstante, ¡no oró de esta manera por los escribas y los fariseos porque ellos
sabían lo que hacían! Sabían que lo que hacían era mal y aun buscaron a testigos falsos para cubrir su maldad. ¡Así que había una diferencia! Los soldados pecaban “involuntariamente”
mientras los escribas y los fariseos pecaban “deliberadamente”. Como ya hemos dicho, es difícil comprender el milagro de la encarnación. La encarnación involucra nuestro Dios, que es tan vasto que los cielos de los cielos no le pueden contener (1 Reyes 8:27), llegando a ser una forma de vida microscópica en el vientre de la virgen María. ¡El Señor Jesús es misericordioso cuando no entendemos esto inmediatamente! Él se compadece de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Él sabe que no es fácil entender la magnitud de tal milagro. Notablemente, el ladrón en la cruz entendía más acerca del Señor Jesús en unas pocas horas de agonía que los discípulos después de tres años de enseñanza. Los discípulos creían que el Señor Jesús estaba muerto, pero el ladrón que estaba muriendo, reconoció que el Señor Jesús iba a triunfar sobre la muerte y venir a su reino (Lucas 23:39-43). Aún, ¡no es fácil creer que el Señor Jesús es Dios!
El Señor Jesús preguntó al joven rico: “Por qué me llamas bueno? Ninguno
hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Como ya hemos dicho, es más fácil creer que el Señor Jesús es “bueno” que creer que el Señor Jesús es “Dios”. Pedro confesó que el Señor Jesús era “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”
(Mateo 16:16). No obstante, obviamente, no tenía un entendimiento completo de quién era el Señor Jesús. Eso llegó a ser claro unos pocos días más tarde en el monte de la transfiguración cuando Pedro puso al Señor Jesús en la misma categoría con Moisés y Elías (Marcos 9:5-7). Pedro hizo eso porque no sabía lo que estaba diciendo (Marcos 9:6). ¡Moisés y Elías no están en la misma categoría con Dios! Entonces Dios interrumpió desde el cielo y dijo: “Éste es mi hijo amado; a él oíd” (Marcos 9:7). El entendimiento deficiente de Pedro acerca del Señor Jesús fue revelado otra vez
en el huerto cuando sacó su espada para defenderlo (Mateo 26:50-54; Juan 18:10
y 11). El Dios omnipotente que creó el universo no tiene que ser defendido por un pescador con una espada. Como Ud. sabe, Pedro también negó al Señor Jesús tres veces (Mateo 26:69-75;
Marcos 15:66-72; Lucas 22:54-62; Juan 18:15-27). Pedro fue perdonado por negar al Señor Jesús, porque lo hizo por ignorancia de la identidad verdadera del Señor Jesús. Un blasfemo como Saulo de Tarso también fue perdonado porque pecó por ignorancia, en incredulidad (1 Timoteo 1:13). El hecho de que Pedro y los otros apóstoles faltaban un entendimiento claro de la
deidad del Señor Jesús, se refleja otra vez cuando rehusaron creer que el Señor Jesús fue resucitado. Cuando María Magdalena, Juana, María madre de Jacobo, y las demás dijeron a los apóstoles que el Señor Jesús fue levantado de entre los muertos, “a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían” (Lucas 24:10 y 11). Por supuesto, más tarde todos los apóstoles reconocieron que el Señor Jesús era
verdaderamente el Dios omnipotente que creó todas las cosas. Qué diferencia hizo esto en la manera en que vieron todo. Con un entendimiento correcto con respecto al Señor Jesús, Pedro y Juan pudieron reírse del poder de los gobiernos humanos. Basado en el hecho de que el Señor Jesús es Dios, la impotencia de gobiernos humanos les recordó el segundo Salmo (véase Hechos 4:23-31). Correctamente, este Salmo señala que cuando los reyes y príncipes de la tierra se levantan contra Jehová, él que mora en los cielos se reirá y se burlará de ellos. ¿Ve Ud. la diferencia? Sí, Pedro habló una palabra en contra del “hombre” Jesús
porque su entendimiento estaba incompleto. Pero ¡no!, cometería suicidio espiritual al negar la identidad verdadera del Señor Jesús después de que fue resucitado de entre los muertos. Las palabras finales de Pablo en su primera carta a los corintios nos proveen una idea de
la manera en que los pecadores endurecidos piensan acerca del Señor Jesús. Pablo escribió: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene” (1 Corintios 16:22). Este versículo enseña que ¡cualquiera que no “ama” al Señor Jesús es condenado! No obstante, tenemos que examinar cuidadosamente la palabra traducida “amar”. La palabra principal en la Biblia para “amar” es agapao. No obstante, la palabra griega
traducida como “amar” es phileo. Significa “gustar” no “amar”. Según W. F. Vine en su Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento: “Nunca se usa la palabra phileo en un mandamiento a los hombres para que amen a Dios”. Phileo significa “tener tierna compasión” y “gustar” a alguien. Dios nos manda a “amar” a nuestros enemigos pero no nos manda “gustar” a nadie. ¡O nos gusta alguien o no! El Señor Jesús es amable, amoroso, confiable, compasivo, fiel, perdonador, servicial, y generoso. ¡Si no nos “gusta” al Señor Jesús, estamos tan moral e intelectualmente corrompidos que nuestra condena por Dios está asegurada!
Por supuesto, a Satanás no le “gustó” el Señor Jesús. Por eso, lo hizo crucificar. Según
Hebreos 6:4-6, a los para quienes es imposible ser renovados para arrepentimiento, tampoco les “gusta” el Señor Jesús. Por eso, crucifican “de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios” y le exponen a vituperio.
PEDRO Y JUDAS
Quizás comparando Pedro con Judas ayude a clarificar qué significa blasfemar al Espíritu Santo.
Ambos fueron elegidos por el Señor Jesús para ser discípulos (Lucas 6:12-16). Ambos oyeron las mismas enseñanzas directamente del Señor Jesús. Ambos tenían poder para sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, y
echar fuera demonios (Mateo 10:8). Ambos predicaban que el reino de los cielos se había acercado (Mateo 10:7). Ambos fueron advertidos que negarían al Señor Jesús.
Pedro fue advertido que negaría al Señor Jesús tres veces (Juan 13:38). Durante la última cena, el Señor Jesús advirtió a Judas y dijo: “El que mete
la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho” (Mateo 26:23-25). Pedro se arrepintió de sus pecados y llegó a ser un apóstol famoso que es el
primero en cada lista de los doce apóstoles que se encuentra en la Biblia (Mateo 10:2-4; Marcos 3:14-19; Lucas 6:12-16). Judas no se arrepintió, mas salió y se ahorcó. Su nombre aparece al final de las
listas de los apóstoles. Mateo menciona que Judas, lleno de remordimiento, devolvió las 30 piezas de
plata a los principales sacerdotes, confesó que había pecado, y salió y se ahorcó (Mateo 27:3-5). ¡Note que no regresó al aposento alto como lo hizo Pedro! La palabra traducida “remordimiento” en este pasaje es metamelomai que quiere decir “lamentar”. No obstante, como ya hemos señalado, la palabra bíblica para “arrepentirse” es maetanoeo que significa literalmente “cambiar de opinión”. Tristemente, Judas “lamentó” lo que pasó, pero no “cambió su opinión”. Por eso,
hubiera sido mejor para Judas no haber nacido (Mateo 26:24). El Señor Jesús dijo que Judas se perdió (Juan 17:12). La Biblia dice que después de dejar el ministerio apostólico, Judas se fue a “su propio lugar” (Hechos 1:25). “Su lugar” obviamente no era el cielo. Por favor, considere que Judas había dañado tanto su conciencia que fue
imposible que se arrepintiera.
Asumimos que Judas tenía una buena conciencia cuando fue llamado a ser un
apóstol por el Señor Jesús. Recuerde, el Señor Jesús oró toda la noche antes de escoger a sus apóstoles (Lucas 6:12). La reputación de Judas era buena dado que había sido escogido por los
apóstoles tener a su cargo la bolsa del dinero. No obstante, en algún momento, Judas comenzó a robar dinero de la bolsa
(Juan 12:6). Su codicia comenzó a formar una barrera entre él y el Señor Jesús y los otros
apóstoles. Cada vez que él robó dinero y mintió al respecto, estaba aislándose un poco más del Señor Jesús y los otros apóstoles. Obviamente, estaba escondiendo el dinero robado porque gastarlo habría
expuesto su crimen a los otros. Su duplicidad llegó a ser una manera de vivir porque tenía que ser engañoso todo el tiempo para evitar el descubrimiento. Somos criaturas de hábito. Al principio no pudimos caminar y ahora
podemos caminar dormidos. Al principio, no pudimos hablar y ahora podemos hablar dormidos. La primera vez que Judas robó dinero, debe haber sido difícil. No obstante, cuanto más lo hacía, más fácil se volvía. Últimamente, llegó a ser una manera de vivir que lo definió. Como dijo Juan: “Era ladrón” (Juan 12:6). Lo que hizo Judas, cumplió una profecía: “Aun el hombre de mi paz, en
quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar” (Salmo 41:9; Juan 13:18). Con un “amigo” como Judas, ¿quién necesita un “enemigo”? Como ya hemos dicho, junto con el robo venían mentiras y engaños
constantes para cubrir sus crímenes. Cuando Pedro pecó, nunca se separó del Señor Jesús y los otros apóstoles.
Regresó al aposento alto donde “pertenecía”. En esa hermandad bendita, Pedro fue perdonado y restaurado. Cuando Judas pecó, ya estuvo separado del Señor Jesús y los otros apóstoles.
Había estado entre ellos pero aún estaba aislado espiritualmente por su codicia y decepción. Por eso, no regresó al aposento alto como lo hizo Pedro. En su propia mente sabía que no pertenecía allí. ¡Recuerde! Satanás había entrado en Judas (Lucas 22:3). Consecuentemente, en realidad no se arrepintió, sino salió y se ahorcó (Mateo 27:3-10). Si Judas se hubiera arrepentido, habría sido perdonado. ¡Recuerde! Dios
quiere que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). El hecho de que no se arrepintió nos hace concluir que su mente y su conciencia estaban tan contaminadas que no podía. Su codicia arraigada está clara. Recuerde que cuando María ungió al Señor
Jesús con una libra de nardo puro, Judas criticó el “desgaste” y dijo que el perfume podría haberse vendido por el salario de un año y el dinero entregado a los pobres. Juan explicó: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12:6).
Es interesante notar que María sabía que el Señor Jesús iba a morir. Por seis
meses el Señor Jesús estaba tratando de hacer entender eso a sus discípulos. Después de la “buena confesión” de Pedro en Cesarea de Filipo, Mateo explicó: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, y de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21). Por alguna razón inexplicable, los apóstoles no entendieron. Pero María, sí, entendió. El Señor Jesús defendió a María por su generosidad y dijo que lo había ungido
para el día de su sepultura (Juan 12:7). Dado que sería crucificado en unos pocos días, es probable que el Señor Jesús aún olía la fragancia de su perfume durante su oración en Getsemaní, en la noche larga de su juicio, y en la agonía de Gólgota. ¡Qué hermoso era su regalo! María ungió al Señor Jesús porque lo amaba. Judas la criticó a María porque
él se amaba a sí mismo. Como engañador, Judas era bueno. Sus meses de decepción habían per-
feccionado su duplicidad. Por supuesto, el Señor Jesús vio su hipocresía, pero nadie más la reconoció. De hecho, cuando Judas salió del aposento alto para entregar al Señor Jesús, nadie lo sospechó. Juan escribió: “Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres” (Juan 13:29). El hecho de que nadie le sospechó a Judas es significativo. Pone de
manifiesto su falta total de conciencia. Había robado y mentido tanto que lo definió quién era. Aparentemente, eso no le preocupó en absoluto. El doctor Josef Mengele era conocido como “el ángel de la muerte”. En el año
1943 llegó a ser el jefe del campo de los médicos en Auschwitz. Él habitualmente hizo operaciones sin anestesia que resultaron en la muerte de sus pacientes. Aún colectó los ojos de sus víctimas para investigación. Los dos, Judas y Mengele pecaron tanto que su perversidad definió su naturaleza. Como el Señor Jesús dijo, ¡un árbol malo no da fruto bueno! El Señor Jesús oró por Pedro para que no fallara su fe y cuando hubiera vuelto
arrepentido, fortalecería a sus hermanos (Lucas 22:32). El Señor Jesús, en su sabiduría infinita, sabía que ya era tarde y no oró por
Judas. En menos de 3 años había llegado a ser tan endurecido y desafiante que no tenía ninguna fe y era imposible que se arrepintiera. “Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte” (1 Juan 5:16 y 17).
¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?
Como ya hemos señalado, ¡el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son Dios! Los tres estuvieron presentes en la creación. Todo lo que hay en la tierra y los
cielos fue creado por el Señor Jesús (Juan 1:3; Colosenses 1:16). Nada fue creado
hasta que Dios habló (Génesis 1:3. 6, 8-10, etc.). Y el Espíritu de Dios movía sobre la faz de las aguas (Génesis 1:2). Isaías vio al Señor y los serafines cuando daban voces diciendo: “Santo, santo,
santo Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:1-3). Los tres estuvieron presentes cuando el Señor Jesús se bautizó. El Señor Jesús
estaba en el agua, el Padre habló desde el cielo, y el Espíritu Santo descendió como una paloma (Mateo 3: 13-17). El bautismo cristiano debe ser hecho en el nombre del Padre, del Hijo, y del
Espíritu Santo (Mateo 28:18-20). ¡Note que dice “nombre” y no “nombres”! Una bendición típica de la Biblia es: “La gracia del Señor Jesucristo, el
amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén. (2 Corintios 13:14). Una bendición similar es: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre
nuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 1:20 y 21). Por medio del Espíritu de santidad, el Señor Jesús fue declarado Hijo de Dios con
poder por la resurrección de entre los muertos (Romanos 1:4). “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y
gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres” (Romanos 14: 17 y 18). Habiendo creído en Cristo, somos sellados por el Espíritu Santo y así llegamos a
pertenecer al pueblo adquirido por Dios (Efesios 1:13 y 14 NVI). Hay un Espíritu, un Señor, y un Dios (Efesios 4:4-6). Hemos sido elegidos según la presciencia de Dios Padre y santificados por el
Espíritu para obedecer y ser rociados por la sangre de Jesucristo (1 Pedro 1:2). Mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios (Hechos 5:3 y 4). “Porque el Señor es el Espíritu” (2 Corintios 3:17). Etc.
El Señor Jesús explicó la venida del Espíritu Santo con estas palabras: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si yo no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado por cuanto no creen en mí; de justicia por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:7-11).
DÉ LA BIENVENIDA AL ESPÍRITU SANTO
Por tres años el Señor Jesús había sido un maestro, ayudador y guía para los apóstoles. Cuando murió y fue al cielo, prometió no dejarlos huérfanos (Juan 14:18). No iba a abandonarlos, sino les prometió continuar ser su maestro, ayudador, y guía por medio del Espíritu Santo. El Señor Jesús explicó: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7).
Por supuesto, este Consolador es el Espíritu Santo. ¡Es obvio que cualquiera que verdaderamente ama al Señor Jesús, dará la bienvenida al Espíritu Santo! No obstante, una gran diferencia es que durante su ministerio terrenal, el Señor Jesús guió a sus apóstoles desde afuera. Fue delante de ellos y le siguieron. W. E. Vine dice que la palabra akoloutheo (ser un seguidor) “se usa 77 veces en los Evangelios con referencia a seguir a Cristo, y sólo una vez de otra manera en Marcos 14:13”. Como el Espíritu Santo, el Señor Jesús continuaría enseñando, guiando, y ayudándoles, pero lo haría desde adentro.
Cuando el Señor Jesús tenía un cuerpo humano, podía estar en sólo un lugar a la vez. No obstante, cuando regresó como el Espíritu Santo, puede estar en todas partes a la vez. La palabra griega mone se refiere a una “morada” o “vivienda”. Se encuentra solamente dos veces en la Biblia. Mientras varias versiones de la Biblia traducen la palabra mone de otra manera, el sentido de estos dos versículos está claro. En el primer versículo, el Señor Jesús prometió preparar un lugar en el cielo para sus discípulos (Juan 14:2). En el segundo versículo, el Señor Jesús pidió que preparemos para él una “morada” en nuestros corazones (Juan 14:23). ¡Qué hermoso! Cuando recibimos al Espíritu Santo, nuestros cuerpos actualmente llegan a ser templos del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16).
Repetimos. Por ejemplo, cuando el Señor Jesús tenía un cuerpo humano en el monte de la transfiguración, podría estar solamente “con” Pedro, Jacobo, y Juan (Mateo 17:1). Mientras estaba en el monte con los tres, no podía estar “con” los otros apóstoles abajo en el valle. No obstante, cuando volvió como el Espíritu Santo, puede estar “dentro” de cada creyente verdadero en la tierra a la vez.
Invitar al Señor Jesús a su corazón es lo mismo que invitar al Espíritu a su corazón. El Señor Jesús dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Qué cosa más maravillosa es dar la bienvenida al Señor Jesús a nuestro corazón en la persona del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo nos da poder. El Señor Jesús específicamente mandó a sus apóstoles a no salir de Jerusalén hasta que hubieran recibido al Espíritu Santo. Él dijo: “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Este “poder” puede hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros (Efesios 3:20).
¡Recuerde! “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).
Por favor, dé la bienvenida al Espíritu Santo a su corazón porque él es la clave de su salvación. Le puede proveer el poder para cumplir la voluntad de Dios en su vida. Pablo aun dijo a los creyentes: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9).
Las Escrituras mencionan por lo menos tres maneras en que podemos recibir al Espíritu Santo. No son exclusivas ni son tres maneras distintas. Son meramente tres partes distintas del mismo proceso.
Primero, podemos pedir a Dios que nos dé el Espíritu Santo. Lucas 11:1-13
registra las enseñanzas del Señor Jesús con respecto a la oración. En los versículos 2-4 les enseñó una oración modelo. En los versículos 5-10 les enseño perseverar en oración y que no se rindan. En los versículos 11-13 les recordó que los padres terrenales son amorosos con sus hijos y les preguntó: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre celestial DARÁ EL ESPÍRITU SANTO A LOS QUE SE LO PIDAN? (Lucas 11:11-13). Segundo, debemos arrepentirnos y bautizarnos. Pedro lo dijo así: “Arrepentíos
y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; Y RECIBIRÉIS EL DON DEL ESPÍRITU SANTO” (Hechos 2:38). Tercero, debemos obedecer a Dios. Cuando Pedro y los otros apóstoles estaban
en juicio ante el Sanedrín dijeron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arre- pentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas y TAMBIÉN EL ESPÍRITU SANTO, EL CUAL HA DADO DIOS A LOS QUE LE OBEDECEN” (Hechos 5:29-32).
He aquí, algunas razones que nosotros debemos dar la bienvenida al Espíritu Santo en nuestras vidas:
Nadie puede ser salvo sin el Espíritu Santo porque es él quién convence al mundo
de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7 y 8). No somos salvos por cosas piadosas que hubiéramos hecho, sino somos salvos
por misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3:5). Cuando nosotros somos salvos, es el Espíritu que nos añade al cuerpo de Cristo:
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Es el Espíritu que nos permite purificar nuestras almas por la obediencia a la
verdad (1 Pedro 1:22). Es el Espíritu que actúa como un sello comprobando que pertenecemos a Dios
(Efesios 1:13). Es el Espíritu que nos guía: “Porque todos los que son guiados por el
Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Es el Espíritu que nos fortaleza (Hechos 9:31). Es el Espíritu que nos permite evitar el pecado, entonces “Andad en el
Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).
Es el Espíritu que reparte los dones espirituales para el bien de todos. (1 Corintios
12:7-11). Es el Espíritu que produce dentro de nosotros su fruto que es: “amor, gozo,
paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5:22). Es el Espíritu que nos transforma en la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18). Es el Espíritu que nos da poder para experimentar gozo, paz, fe, y esperanza
(Romanos 15:13). Es el Espíritu que nos ayuda a predicar la Palabra de Dios con denuedo (Hechos
4:31). Es el Espíritu que nos da poder en nuestro interior (Efesios 3:16). Es el Espíritu que confirme la verdad en nuestras conciencias (Romanos 9:1). Es el Espíritu que trae libertad (2 Corintios 3:17). Es el Espíritu que intercede por nosotros con gemidos indecibles cuando no
sabemos cómo orar (Romanos 8:26 y 27). Es el Espíritu que dará vida a nuestros cuerpos mortales cuando el Señor Jesús
venga otra vez (Romanos 8:10 y 11). ¡ESTAS SON ALGUNAS DE LAS COSAS QUE EL ESPÍRITU SANTO PUEDE
HACER PARA NOSOTROS! ¡NOTE QUE EL ESPÍRITU SANTO SÓLO HACE COSAS BUENAS! SOLAMENTE LAS PERSONAS CONFUNDIDAS Y CORRUPTAS LLAMAN A LO
MALO BUENO Y A LO BUENO MALO (ISAÍAS 5:20). ¡CUALQUIERA QUE LLAME A LO MALO BUENO Y A LO BUENO MALO
PODRÍA ESTAR EN PELIGRO DE COMETER UN PECADO ETERNO! EN CUANTO A LOS QUE HABLAN CONTRA EL ESPÍRITU SANTO, EL SEÑOR
JESÚS DICE: “DEJADLOS; SON CIEGOS GUÍAS DE CIEGOS; Y SI EL CIEGO GUIARE AL CIEGO, AMBOS CAERÁN EN EL HOYO” (MATEO 15:14). POR FAVOR, NO CONTINUE YENDO RÍO ABAJO ¡PORQUE HAY UN PUNTO
DE LO CUAL NO SE PUEDE VOLVER! SI AÚN NO HA DADO SU VIDA A CRISTO Y NO LO HA RECIBIDO EN SU
CORAZÓN, ¡HÁGALO AHORA MISMO ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE! CUANDO ENTREGUE SU VIDA A CRISTO, “EL ESPÍRTU MISMO DA
TESTIMONIO A NUESTRO ESPÍRITU, DE QUE SOMOS HIJOS DE DIOS. Y SI HIJOS, TAMBIÉN HEREDEROS DE DIOS Y COHERE- DEROS CON CRISTO, SI ES QUE PADECEMOS JUNTAMENTE CON ÉL, PARA QUE JUNTAMENTE CON ÉL SEAMOS GLORIFICADOS” (ROMANOS 8:16 Y 17). ___________ (Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. ¡Los derechos no son reservados! Le animamos a usar todo este material o partes, sin alteraciones, para la honra y la gloria de Cristo y el avance de su reino.)