Boyce Mouton
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TIBIO

Boyce Mouton · 10 pages · 3,400 words

TIBIO

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:15 y 16).

El libro de Apocalipsis empieza con estas palabras: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (Apocalipsis 1:1). Mientras leemos estas palabras inspiradas por Dios, no debemos olvidar que Jesús está involucrado en todo lo que se describe en este libro. Por ejemplo, Jesús estaba caminando en medio de las siete iglesias mencionadas en los capítulos dos y tres y sabía todo lo que sucedía en ellas. ¡Esto nos hace creer que Jesús también está involucrado en nuestras iglesias. Es significativo que Jesús mandó a cinco de estas iglesias que se arrepientan.

  • A la iglesia en Éfeso: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y

arrepiéntete y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5).

  • A la iglesia en Pérgamo: “Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti

pronto, y pelearé contra ellos, con la espada de mi boca” (Apocalipsis 2:16).

  • A la iglesia en Tiatira: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras

que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella” (Apocalipsis 2:20-22).

  • A la iglesia en Sardis: “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y

guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Apocalipsis 3:3).

  • A la iglesia en Laodicea; “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé,

pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19 y 20).

  • A primera vista, estas cinco iglesias tenían mucho que admirar. Éfeso había

sufrido pruebas y no estaba cansado. Pérgamo no había renunciado su fe aun en

tiempos de persecución. Tiatira hacía buenas obras y tenía amor y fe. Sardis era conocida como una iglesia viva. En Laodicea pensaban que eran ricas con una abundancia de bienes y que no necesitaban nada. Como ya hemos dicho, a pesar de esto, Jesús que andaba en medio de estas iglesias. ¡mandó que las cinco iglesias se arrepientan!

  • Las dos iglesias que no necesitaban arrepentirse, estaban en Esmirna y en

Filadelfia. A los ojos humanos, no aparecían ser impresionantes. Pero como sabemos que: “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira al corazón” (1 Samuel 16:7). Pero, ¡evidentemente esas dos iglesias fueron más impresionantes para Dios que las demás!

  • A la iglesia en Esmirna: “El primero y el postrero, el que estuvo muerto y

vivió, dice esto: Yo conozco tus obras, y la tribulación, y tu pobreza, (pero tú eres rico)” (Apocalipsis 2:8 y 9).

  • A la iglesia en Filadelfia: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto

delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Apocalipsis 3:8).

  • Jesús cuidadosamente examinó a estas dos iglesias y vio que no había ninguna

necesidad de arrepentirse.

  • Note, por favor, que en estas siete cartas, no hay ninguna referencia al número de

personas que hay en sus reuniones. En los ojos de Dios, no se determina si una iglesia es buena o mala por su asistencia.

LA IGLESIA EN LAODICEA

En este breve estudio nos enfocaremos en la tibieza de la iglesia en Laodicea. Hacemos esto porque la tibieza también es un problema en muchas iglesias de hoy. Por favor, considere esta carta a la iglesia en Laodicea: “He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojala fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; se, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta,

entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me ha sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:14-22).

Note, por favor:

  • En sus propios ojos, esta iglesia era rica y no necesitaba nada.
  • Pero en los ojos de Jesús, era desdichado, miserable, pobre, ciego, y desnudo.
  • Su problema principal era que estaba “tibio”, y ni “frío ni caliente”.
  • C. S. Lewis era un famoso autor cristiano de Inglaterra. Él dijo: Si el cristianismo

es falso, no es importante; y si es verdadero, es de importancia infinita. ¡La única cosa que no puede ser es “moderadamente” importante!”

  • “Moderadamente importante” quiere decir “tibio”.
  • Pero había esperanza para esos cristianos tibios. Jesús los reprendió y corrigió.
  • Jesús quería que sean salvos y dijo: “Yo reprendo y castigo a todos los que

amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:19-22).

EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE

Los maestros judíos han contado 613 mandamientos en la ley dada a Moisés. Los judíos estaban divididos en varias denominaciones, basado en qué mandamientos consideraban más importantes. Los fariseos, los saduceos, los esenios, los zelotes, y los herodianos, eran algunas de esas denominaciones. Los maestros judíos estaban ansiosos de dividir a los seguidores de Jesús. “Entonces los fariseos, oyendo que (Jesús) había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:34-40).

El amor es una fuerza poderosa que nunca falla. El amor es el más excelente de todos los dones espirituales: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la justicia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:4-8).

Quizás Juan 3:16 sea el versículo de la Biblia más conocido. Explica que Dios por su amor, envió a Jesús desde el cielo para salvar al mundo. Por favor, considere: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).

1 Juan 3:16 explica: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).

¡Esto es el tipo de amor que nunca falla!

JESUS Y PABLO

Jesús no estaba “tibio” en su amor para con nosotros y entonces Pablo razonó que él no debía estar “tibio” en su amor por Jesús. Por favor, considere estos dos pasajes del libro de Filipenses.

Así nos amaba Jesús: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).

Así es como Pablo amaba como Jesús: “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por

amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:4-11).

EL CRISTIANISMO ES SEMEJANTE AL MATRIMONIO

Pablo escribió a los corintios: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:2 y 3).

La iglesia es la novia de Cristo y ninguna novia debe ser “tibia” en su amor por su marido. Cuando Pablo escribió a los efesios sobre los maridos y sus mujeres, concluyó su enseñanza al afirmar: “Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer espete a su marido” (Efesios 5:32 y 3).

Nosotros los cristianos tenemos que hacer el mismo compromiso con Jesús que una novia hace con su marido. Si la novia está “tibia” en su amor por su marido, entonces el matrimonio no durará.

EL CRISTIANISMO ES COMO LLEGAR A SER UN SOLDADO

Pablo dijo a Timoteo: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:3 y 4).

Nuestra palabra “diezmar” se deriva de la costumbre del ejército romano de matar uno de cada diez soldados cuando sus regimientos llegaron a ser “tibios” y “flojos”. Si los cristianos lleguemos a ser “tibios” y “flojos”, nosotros también seremos castigados. ¡La tibieza no es una virtud! ¡Recuerde! ¡El amo condenó al siervo quien enterró su talento, como “malo y negligente”! (Mateo 25:26). Y Jesús continuó: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 25:30).

¡Así como el ejército no tolera a soldados tibios y flojos, Jesús también vomitará de su boca a los cristianos tibios!

SER CRISTIANO ES SEMEJANTE A SER DEPORTISTA

Tampoco los deportistas deben estar “tibios”. Pablo escribió a los corintios: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:24-27).

El autor del libro de Hebreos lo dijo así: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, y puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).

El cristianismo no es como un paseo en el parque, sino es como un deportista que está participando en una carrera. Los deportistas que están tibios y flojos no ganan el premio.

JESÚS QUIERE QUE CONTEMOS EL COSTO

“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después de que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro esté todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:25-33).

Jesús también dijo: “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” (Mateo 13:44-46).

NOSOTROS PODEMOS CAUSAR ALEGRÍA EN EL CIELO

Cuando los fariseos criticaron a Jesús por dar la bienvenida a pecadores y por comer con ellos, les contó las parábolas que siguen: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:4-7).

“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Asi os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:8-10).

Entonces Jesús contó la parábola del hijo pródigo. Quizás esta sea la parábola mejor conocida de la Biblia. Se trata de un joven que se rebeló contra vivir una vida santa, y desperdició todo su dinero en un país lejano; “Y volviendo en sí dijo: ¡Cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15:17-24).

JESÚS ESTÁ A LA PUERTA

Jesús dijo: “He aquí, estoy a la puerto y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:20-22).

Como el profeta Oseas buscó a su mujer descarriada, Jesús nos ama y está a la puerta. Realmente, él quiere entrar y compartir con nosotros una cena. Marian Philips Platig escribió en la revista El Heraldo Cristiano de Agosto, 1965: Seguramente ningún hombre pueda dar a una mujer un complemento mayor que pedirla que sea su compañera por vida. Y esto es el complemento que Dios en Cristo otorga a cada una de sus criaturas. De todas las criaturas que él creó, o que crearía, él ha elegido a nosotros. De todos los ángeles magníficos que hubiera tenido como compañeros, él ha escogido el dar y recibir del matrimonio con esta criatura que se llama “hombre”, éste pequeño que piensa que él puede construir una computadora, orbitar este planeta, y componer una sinfonía y burlarse del Dios Todopoderoso. Este hombre que con su compañera, pierde tiempo en vez de usarlo, mientras a menos de 25 kilómetros de su morada, hay niños en camas miserables, sin un beso de buenas noches, excepto la posibilidad de una mordedura de rata. Este hombre que cerrará sus oídos a los gritos de niños judíos y que no hace nada hasta que las instalaciones de su propia nación son atacadas. Somos flojos, aburridos, insignificantes, egoístas, y triviales. ¿Por qué debe el Creador de la inimaginable inmensidad del universo, el autor de la complejidad de una molécula del origen de todo lo que es perfecto y hermoso, mirar a esta criatura vana y ofrecerle su nombre, su honor, y su apoyo para siempre? Yo no sé por qué. Este es el misterio de la fe cristiana.

POR FAVOR, ¡NO SEA TIBIO CON SU AMOR A JESUS!