Boyce Mouton
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TESTIGOS

Boyce Mouton · 6 pages · 2,405 words

TESTIGOS

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).

  • La vida no es un paseo en el parque, sino es una carrera.
  • Estamos corriendo esta carrera delante del público y estamos rodeados por una

gran nube de testigos.

  • Tenemos que despojarnos del “peso del pecado” que nos estorba para poder

ganar esta carrera.

  • Jesucristo es nuestro ejemplo y debemos poner nuestros ojos en él.
  • El Señor Jesús sufrió el oprobrio de su crucifixión, pero aún ganó la carrera de la

vida.

  • Debemos considerar su ejemplo para que no nos desanimemos ni nos cansemos

hasta desmayar.

  • Por favor, recuerde que la carrera que estamos corriendo está observada por una

gran nube de testigos.

¿QUIÉNES SON ESTOS TESTIGOS?

DIOS

El primer y más importante testigo de nuestra carrera es Dios mismo. Se comete muchos crímenes violentos durante la noche para evitar ser visto por testigos. Esto es ridículo, porque Dios ve en la noche tan claramente como de día. David era un testigo de esto: ”¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el dia; lo mismo te son las tinieblals que la luz” (Salmo 139:7-12).

Dios no sólo ve todo lo que hacemos, sino siempre sabe qué estamos pensando cuando lo hacemos. “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tu la sabes toda.” (Salmo 139:2-4).

LOS ESPÍRITUS DE HOMBRES PIADOSOS HECHOS PERFECTOS

Nuestra carrera también está siendo observada por hombres piadosos que han muerto. El libro de Apocalipsis revela que los muertos piadosos saben lo que sucede en la tierra: “Vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:9 y 10).

Hebreos, capítulo 11, nombra a los grandes patriarcas de la fe. Ellos “experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:36-40).

EL SIGUIENTE VERSÍCULO AFIRMA: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia . . .”. Las palabras “por tanto” unen estos versículos. Los grandes patriarcas de la fe, nombrados en el capítulo 11, son la gran nube de testigos que nos están observando mientras corremos la carrera de la vida.

Algunos versículos más adelante, al describir la adoración cristiana, el autor del libro de Hebreos describe la naturaleza espiritual de ella. Al congregarnos como la iglesia, llegamos al “monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:22- 24).

¡Es obvio que los del mundo espiritual son testigos de lo que hacemos!

LOS ÁNGELES

Por lo tanto, también es obvio que los ángeles son testigos de lo que hacemos.

  • Los ángeles son espíritus ministradores enviados a servir a los herederos de la

salvación (Hebreos 1:14). Tienen que velar por nosotros para que nos puedan ayudar cuando haya una necesidad.

  • Los niños tienen ángeles en los cielos que ven siempre el rostro del Padre que

está en los cielos (Mateo 18:10).

  • Hay gozo delante de los ángeles por un pecador que se arrepiente (Lucas 15:10).
  • Los apóstoles llegaron a ser espectáculo al mundo, a los ángeles, y a los hombres

(1 Corintios 4:9).

  • La mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza “por causa de los

ángeles” (1 Corintios 11:10).

  • Pablo instó a Timoteo en la presencia de Dios, de Jesucristo, y de los ángeles

escogidos (1 Timoteo 5:21).

  • No debemos olvidarnos de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo,

hospedaron ángeles (Hebreos 13:2).

  • Cuando morimos, los ángeles nos llevarán al seno de Abraham (Lucas 16:22).
  • ¡Ciertamente, los ángeles están “observando” lo que hacemos!

PRINCIPADOS, POTESTADES, Y GOBERNADORES

  • No tenemos lucha contra “sangre y carne”, sino “contra principados, contra

potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Estos “huestes espirituales de maldad” también están mirándonos.

  • Estos huestes espirituales ahora ven el “misterio” que estaba escondido en las

eras pasadas “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:10 y 11).

  • No sólo somos “observados” por Dios, por espíritus piadosos, y por ángeles

piadosos, sino también somos “observados” por huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

NUESTRA FAMILIA

Nadie observa nuestras acciones más cuidosamente que los miembros de nuestra propia familia. Por eso, los líderes de la iglesia debemos tener el respeto de nuestra familia. Podríamos engañar a nuestros vecinos pero no podemos engañar a nuestra familia. Así que un líder de la iglesia “gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:4 y 5).

La carta de Pablo a Tito añade que el anciano “fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía” (Tito 1:6).

Una vez el Señor Jesús contó la historia de un hombre rico que murió y fue a un lugar de tormento. Aparentemente, por primera vez, el hombre rico se dio cuenta de la mala influencia que había sido a su familia. El hombre rico tuvo éxito en ganar dinero, pero no en adorar a Dios. Se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Tristemente, no había hecho ninguna preparación para la eternidad. Ahora, quizás por primera vez, quería que su familia tuviera un buen testimonio espiritual. Dijo a su padre Abraham: “Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Lucas 16:27 y 28).

¡Su petición fue rechazada! ¡Después de morir, ya es tarde para tener una influencia positiva en los que “observan” nuestras vidas! Tenemos que obrar “entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

Alguien ha dicho que nadie va al cielo solo, y nadie va al infierno solo. Invariablemente, influenciamos a otros o para bien o para mal. ¡Es horrible ir al infierno, pero aun más horrible sería ir al infierno y darnos cuenta que hemos llevado con nosotros a otros miembros de nuestra familia!

EL MUNDO

Pablo dijo que los apóstoles llegaron a ser espectáculo al “mundo”, a los “ángeles” y a los “hombres” (1 Corintios 4:9). ¡Nosotros también! El mundo está observando cómo corremos la carrera de la vida.

El Señor Jesús dijo a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13). La sal es un conservante. Si hubiera habido 10 personas piadosas en Sodoma, Dios no la hubiera destruido. (Génesis 18:32). La manera en que corremos la carrera sí hace una diferencia.

El Señor Jesús continuó: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16). ¡Ciertamente, el mundo nos está observando!

Cuando la iglesia en Jerusalén dejó alumbrar su luz, ellos tenían “favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).

Cuando Pedro y Juan dejaron alumbrar su luz al sanar a un cojo en la puerta del templo, todos los de Jerusalén sabían del milagro (Hechos 4:17).

“Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hechos 4:36 y 37). ¡La generosidad de ese hombre piadoso alumbraba como una luz brillante y alentó tanto a todos que los apóstoles le dieron por sobrenombre “Hijo de consolación”!

Cuando Pedro resucitó a Dorcas de entre los muertos, “Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor” (Hechos 9:42).

El primer cristiano gentil era un centurión que se llamaba Cornelio. ¡Él también dejó alumbrar su luz! Era “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2). Aun los ángeles vieron su luz ya que un ángel apareció a Cornelio y dijo: “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” (Hechos 10:4). Pablo escribió a los tesalonicenses: “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, y con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y como os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:6-10). Pablo estaba en Tesalónica por sólo tres sábados (Hechos 17:2), ¡pero aún esa joven iglesia dejó alumbrar su luz, no solamente en Macedonia y Acaya, sino “en todo lugar”!

Cuando la iglesia funcione como debe, nuestro testimonio cristiano causará que los que no son creyentes o que son indoctos, se postren sobre su rostro y que adoren a Dios (1 Corintios 14:24 y 25).

Pedro también animaba a los creyentes que dejaran alumbrar sus luces. Les escribió diciéndoles que debían mantener “buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Pedro 2:12).

¡ES OBVIO QUE CUANDO CORRAMOS LA CARRERA DE LA VIDA, EL MUNDO NOS ESTÁ OBSERVANDO!

ALGO QUE NECESITAMOS CREER

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Note que este versículo menciona dos cosas que “necesitamos creer”: (1) Necesitamos creer que Dios existe. (2) Necesitamos creer que Dios galardona a los que le buscan.

No obstante, se debe buscar y hallar a Dios con sinceridad. Jeremías dijo: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

¡Creer que Dios galardonará a los que le buscan, no es una opción! ¡Es algo que “necesitamos creer”!

He aquí el consejo inspirado de Pablo para Timoteo: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeron” (1 Timoteo 4:15 y 16).

Por supuesto, Pablo practicaba lo que predicaba. Al darse cuenta de que estaba a punto de morir por su fe, escribió: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6-8).

TODOS LOS “TESTIGOS” EN EL CIELO Y EN LA TIERRA SABÍAN QUE PABLÓ DECÍA LA VERDAD. ¡ÉL FUE FIEL HASTA LA MUERTE! ¡ACABÓ LA CARRERA Y GUARDÓ LA FE! ¡HAGAMOS LO MISMO!