SED IMITADORES DE DIOS
SED IMITADORES DE DIOS
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1 y 2).
La palabra griega traducida como “imitadores” es mimetes. Quiere decir “copiar” o “hacer mímica”. La mayoría de lo que aprendemos como niños aprendemos al “imitar” a los que están alrededor de nosotros. Por supuesto, imitar a Dios debe ser la meta de todos sus hijos. Como se sabe, le amamos a él porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). La palabra mimetes se usa seis veces en las Escrituras del Nuevo Testamento. Además de Efesios 5:1, he aquí los otros cinco textos:
- “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos
padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias” (1 Corintios 4:15-17).
- “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).
- “No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la
paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:12).
- “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor,
recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 1:6).
- “Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias
de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos” (1 Tesalonicenses 2:14).
Pablo advirtió que: “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). Ciertamente, no queremos que nuestros hijos “imiten” a gente mala. Padres buenos son cuidadosos en proteger a sus hijos de la influencia de gente mala. Jesús también advirtió que cuando los ciegos guían a los ciegos, ambos caerán en el hoyo (Mateo 15:14).
Como ya hemos dicho, ¡la meta final de todos los hijos de Dios es imitar a Dios!
JESÚS ES DIOS
Como se sabe: “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). Consecuentemente, “A Dios nadie le vio jamás” (Juan 1:18). Ya que no podemos “imitar” a alguien que no podemos ver, Dios se hizo carne en la persona de Jesucristo. Las Escrituras son claras que Jesús es Dios manifestado en la carne (1 Timoteo 3:16). “Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:23). Ya que Jesús se hizo hombre, nos dejó un ejemplo que podemos seguir sus pisadas (1 Pedro 2:21).
Así que para “imitar” a Dios, tenemos que estar dispuestos a “poner los ojos en Jesús” (Hebreos 12:2). Tal como los hebreos fueron salvos al enfocar en la serpiente en el desierto (Números 21:9), nosotros también podemos ser salvaos al mantener nuestros ojos en Jesús (Juan 3:13-18). Como sabemos, mientras Pedro se enfocaba en Jesús, podía caminar sobre el agua. Pero cuando dejó de mirar a Jesús, comenzó a hundirse (Mateo 14:29-31). Lo mismo es cierto con nosotros. ¡Tenemos que mantener nuestros ojos en Jesús para tener éxito!
¡Todos podemos hacer esto! Aunque Jesús ahora está en el cielo a la diestra de Dios, en un sentido podemos “verlo” por medio de la fe: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Por la fe Abraham vio el día de Jesús y se gozó siglos antes del nacimiento de Jesús (Juan 8:56). Por la fe nosotros también podemos ver a Jesús siglos después de que fue al cielo (Hebreos 2:9). ¡Por la fe podemos “poner los ojos en Jesús” e imitarlo tal como lo hacía Pablo!
Cuando Pablo escribió a los Efesios, una de cada cuatro personas del imperio romano era esclavo. Según la ley romana, los esclavos no tenían ningún derecho personal y fueron considerados como propiedad de sus amos. No podían ser dueños de propiedad y podían ser comprados y vendidos como animales. ¡Pero aún los esclavos podían imitar a Jesús! Dios ama a los esclavos tal como ama a sus amos. Ya que Pablo quería que los esclavos fueran al cielo, escribió “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de
Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor, y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre” (Efesios 6:5-8).
Pedro también quería que los esclavos fueran al cielo y escribió: “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:18-21).
Imitar a Jesús en todo aspecto de la vida es la responsabilidad de todos los creyentes. Pablo escribió a los colosenses: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17). Si no podemos hacerlo en el nombre de Jesús, no debemos hacerlo.
PABLO PRATICABA LO QUE PREDICABA
¡Sí! ¡Pablo imitaba a Jesús! Escribió a los corintios: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Pablo quería que todos lo “imitaran” en la misma manera que él “imitaba” a Cristo. Esto quiere decir que nuestro enfoque debe estar en Jesús más que en Pedro.
Como sabemos, Jesús siempre hizo lo que agradaba a su Padre (Juan 8:29). Esto es precisamente lo que Pablo quería hacer. ¡Esto también es precisamente lo que todos nosotros debemos hacer! Nuestra meta final no es ser como Pablo, sino ser como Jesús. Pablo explicó: “Pero cuantos cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:7-9).
Pablo se dio cuenta que no podía servir a dos amos. No podía agradar a los hombres y agradar a Dios al mismo tiempo. Así que eligió servir a Jesús y tratar siempre de agradar a su Padre Celestial. Explicó a los gálatas: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).
En los días de Jeremías, el pueblo de Dios imitaba a maestros humanos y se olvidó de Dios. El Señor los reprendió al decir: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13).
El agua más pura es la que sale de la roca. A más distancia de la fuente del agua, más contaminada será. ¡Lo mismo es cierto con respecto a la enseñanza! Por eso es mejor imitar a Jesús que imitar a Pablo. Pablo hizo lo mejor que pudo, pero aún era “el peor de los pecadores” (1 Timoteo 1:16, NVI). Aun como judío servía a Dios con buena conciencia (Hechos 23:1). Después de su conversión Pablo trataba de imitar a Jesús lo mejor que pudo, pero aún necesitaba ser salvo por gracia (Efesios 2:8 y 9). Por eso, Pablo dedicó su vida a “imitar” a Jesús en vez de imitar a un maestro humano. Pablo comenzó su carta a los gálatas enfatizando esta verdad: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” (Gálatas 1:1).
Después de su conversión, Pablo no consultó a ningún hombre ni subió a Jerusalén para recibir instrucciones. Inmediatamente, se fue a Arabia: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén” (Gálatas 1:15-18). Es interesante notar que el monte Sinaí estaba en Arabia (Gálatas 4:25). Es posible que como Jesús pasó tres años enseñando a los doce apóstoles originales, también pasó tres años enseñando a Pablo. De todos modos, fue después de tres años que Pablo subió a Jerusalén y afirmó claramente que: “Los de reputación nada nuevo me comunicaron” (Gálatas 2:6). Nadie en Jerusalén dijo a Pablo qué debía predicar ni como debía actuar. ¡Pablo recibió sus instrucciones directamente de Jesús! ¡Pablo imitaba a Jesús, no a los hombres! Esto también debe ser nuestra meta.
Entonces los corintios no debían enfocarse en Pablo, sino en Jesús. Debían imitar a Pablo tal como Pablo imitaba a Cristo. En otras palabras, ¡Jesús era su ejemplo final! Él es la fuente de agua viva y esta agua es pura porque la recibimos directamente de él (Juan 4:13 y 14).
¡Sí! Jesús es nuestro ejemplo final y la fuente de la verdad. Después de lavar los pies a sus discípulos, él dijo: “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis, De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hicieres” (Juan 13:13-17).
Los que creemos en Jesús no solamente somos observados por nuestros amigos terrenales, sino también por los ángeles y los espíritus de hombres justos hechos perfectos (Hebreos 12:22-24). Entonces se nos dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).
LOS BUENOS EJEMPLOS DE MARTÍN LUTERO
Martín Lutero es famoso por haber descubierto justificación por fe y por atreverse a exponer la corrupción en la Iglesia Católica. Era líder de la Reformación y tiene millones de seguidores en todo el mundo. Como la mayoría de los líderes humanos, Lutero hizo muchas cosas correctas que todos nosotros debemos imitar. He aquí algunos ejemplos:
- El día 31 del mes de octubre del año 1517, Lutero comenzó la Reformación al
clavar en la puerta de la Iglesia del Castillo en Witenberg, un documento con sus 95 desacuerdos con respecto a las enseñanzas corruptas de la Iglesia Católica.
- Pronto otros reformadores se unieron con Lutero, rechazando los errores
doctrinales de la Iglesia Católica.
- En el año 1521, Lutero fue oficialmente excomulgado de la Iglesia Católica.
- Lutero comenzó a traducir la Biblia al Alemán en el año 1523 y completó la Biblia
entera en el año 1534.
- El día trece de junio del año 1524, Lutero se casó con una ex-monja que se
llamaba Katarina de Bora.
- Arriesgando persecución y muerte, Lutero desafió al Papa y dijo: “!Aquí estoy, y
ayúdame Dios, no puedo hacer otra cosa!”.
- ¡Hay muchas cosas buenas que Lutero hizo que todos nosotros podemos imitar con seguridad!
LOS MALOS EJEMPLOS DE MARTÍN LUTERO
Mientras que podría parecer injusto criticar a Lutero cuando no está presente para defenderse, pero aún él provee un ejemplo excelente por qué siempre debemos imitar a Jesús y no a los hombres. He aquí solamente tres ejemplos de actos de Lutero que son vergonzosos para los luteranos:
- Durante de la Guerra de los Campesinos (1524-1525), Lutero recomendó que los
campesinos sean “cortados, ahorcados, apuñalados secreta y públicamente, por los que pueden, como se mata a un perro rabioso”. Obviamente, esto no es algo que Cristo haría, ni es algo que nosotros deberíamos imitar. Esa guerra resultó en la muerte de unos 100,000 campesinos.
- En año 1520, Lutero escribió la Confesión de Fe de Augsburg. Esto es un documento largo de 28 artículos que todas las iglesias luteranas del mundo tienen que aceptar. Tristemente, esto no parece ser consistente con el lema de Lutero “Sola Scritura” que inició la Reformación. ¡Sí! Es bueno que hombres piadosos escriban comentarios sobre la Biblia. ¡No! No es bueno exigir que sus seguidores crean todo que ha sido escrito. La Biblia es inspirada por Dios. Por ejemplo, este artículo no es inspirado por Dios. Hay que creer lo que está escrito en la Biblia, pero no tenemos que creer las interpretaciones de la Biblia por los hombres.
- En el año 1543, Martín Lutero publicó un libro titulado “Los Judíos y sus Vidas”. Quizás esto fuera su error más vergonzoso. Tan increíble que parezca, Lutero declaró que para honrar a Dios, debemos:
- Encender fuego a las sinagogas y a las escuelas judías.
- También debemos quemar y destruir las casas de los judíos.
- Los libros de oración judíos y las escrituras del Talmud deben ser confiscadas.
- Se debe prohibir enseñar a los rabís judíos.
- El dinero y los tesoros judíos deben ser confiscados.
- Para estar protegidos de los judíos, ellos tenían que ser expulsados de Alemania siguiendo el ejemplo de Francia, España, Bohemia, y otros países.
- Tristemente, las escrituras de Lutero acerca de los judíos fueron circuladas por Hitler para ayudar a crear el holocausto.
- ¡NADIE PUEDE SER SALVO SIN LA GRACÍA! ESTO ES CIERTO CON RESPECTO A NOSOTROS TAMBIÉN.
- EL PROPÓSITO DE MENCIONAR A LUTERO AQUÍ ES PARA ILUSTRAR LA IMPORTANCIA DE IMITAR A JESÚA Y NO A LOS HOMBRES.
EL EJEMPLO DE LUTERO ES VERGONSOSO
- Obviamente, las escrituras de Lutero acerca de los judíos son vergonzosas y desde la década 1980, muchas iglesias luteranas las han denunciado formalmente.
- En el año 1982, la Federación Mundial Luterana declaró: “Nosotros los cristianos debemos purgarnos de todo odio a los judíos y cualquier enseñanza de desprecio por el judaísmo”.
- En el año 1983, la Iglesia Luterana, Sínodo de Misuri, denunció la actitud hostil de Lutero hacia los judíos.
- La Iglesia Luterana Evangélica en América publicó un ensayo lamentándose que a lo largo de los años, las escrituras anti-judías de Lutero han sido reproducidos por los neonazis y otros grupos antisemíticas tal como el Ku Klux Klan de los EUA.
- En el año 1987, el Dr. Johannes Wallmann, escribiendo en “The Lutheran Quarterly”, se unió con otros luteranos al denunciar las escrituras de Lutero acerca de los judíos.
- En el año 1994, el Concilio de la Iglesia Luterana Evangélica en América también pidió perdón por las escrituras de Lutero acerca de los judíos.
- Entonces en el año 1995, la Iglesia Luterana Evangélica de Canadá pidió perdón.
- Entonces en el año 2003, la Comisión Luterana de Europa pidió perdón.
- Entonces en el año 2004, la Iglesia Luterana Evangélica en América también pidió perdón.
- Etc.
- ¡LA LECCIÓN ES QUE ¡NADIE TIENE QUE TENER VERGÜENZA DE JESÚS!
JESÚS Y LOS JUDÍOS
No hay duda de que Jesús amaba a los judíos y quería que sean salvos. Cuando llegó a Jerusalén unos pocos días antes de su crucifixión, las Escrituras declaran: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:41 y 42). La palabra griega traducida como “lloró” es klaio. Se encuentra en las Escrituras del Nuevo Testamento 39 veces y siempre se refiere a una fuerte expresión de dolor. Cuando alguien había muerto, era la costumbre de los judíos de “llorar en voz alta” por el muerto. Esto es lo que Jesús hizo sobre Jerusalén. Él sabía que pronto los romanos destruirían a Jerusalén y que arrojarían a la tierra a los judíos y a sus hijos. Mateo dice que Jesús lamentó: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).
¡Sí! Jesús ama a todas las personas del mundo y ciertamente esto incluye a los judíos.
PABLO Y LOS JUDÍOS
Aunque Pablo había sido azotado y torturado por los judíos, aún los amaba (2 Corintios 11:24-28). De hecho, para “imitar” a Jesús, Pablo estaba dispuesto a ser maldecido y separado de Cristo si ellos serían salvos. Por favor, considere: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:1-5).
Verdaderamente, ¡Pablo estaba tratando de imitar a Cristo!
AFORTUNADAMENTE, DIOS NOS JUZGA COMO INDIVIDUOS
Ezequiel explicó que Dios juzga a cada uno de nosotros como individuos: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ezequiel 18:20).
Este principio también se aplica a las iglesias. Dios nos juzgará basado en lo que creemos, no en lo que nuestra iglesia cree. En Apocalipsis 18:4, una voz del cielo ordenó al pueblo de Dios a salir de Babilonia para que no fueran participantes de sus pecados. Pero tal mandato no fue dado a los que fueron miembros de esa iglesia corrupta en Tiatira.
Por favor, considere lo que Dios escribió al ángel de la iglesia en Tiatira (véase Apocalipsis 2:18-29).
- Jesús conocía precisamente lo que sucedía en esa iglesia: “Yo conozco tus
obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras” (Apocalipsis 2:19).
- Jesús también conocía sus problemas: “Pero tengo unas pocas cosas contra
ti: toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos” (Apocalipsis 2:20).
- Esa mujer y sus seguidores iban a ser castigos: “Yo le ha dado tiempo para
que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán yo soy el que escudriña la mente y el corazón, y os daré a cada uno según vuestras obras” (Apocalipsis 2:21- 23).
- Los que no estaban de acuerdo con sus enseñanzas pecaminosas iban a ser
inocentes: “Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga” (Apocalipsis 2:24 y 25).
SEAMOS COMO LOS NOBLES DE BEREA
Nadie puede ser demasiado cuidadoso en seguir a las enseñanzas y al ejemplo de Jesús. Los nobles de Berea dejaron un buen ejemplo para todos. Querían imitar a Dios y no a los hombres. ¡Note!: “Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosa eran así” (Hechos 17:10 y 11).
¡ES IMPORTANTE QUE VERIFIQUEMOS TODAS LAS ENSEÑANZAS CON LAS ESCRITURAS! ¡AÚN LAS ENSEÑANZAS DEL APÓSTOL PABLO DEBÍAN SER CHEQUEADAS! TODOS NOSOTROS NECESITAMOS ENTENDER LAS ESCRITURAS CORRECTAMENTE (2 Timoteo 2:15). TODOS NECESITAMOS EVITAR TORCER LAS ESCRITURAS PARA NUESTRA PROPIA PERDICIÓN (2 Pedro 3:16). ¡ENTENDERLAS CORRECTAMENTE ES LA MANEERA PRINCIPAL DE QUE CONOZCAMOS LO QUE JESÚS HIZO PARA QUE PODAMOS SEGUIR SU EJEMPLO!
Es obvio que Jesús conocía las Escrituras y las usó para vencer al diablo. Como se sabe, después de su bautismo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. La historia de ese tiempo de tentación se encuentra en Mateo 4:1- 11, Marcos 1:12 y 13 y Lucas 4:1-13. ¡Recuerde! Cada vez que Jesús fue tentado, derrotó al diablo citando las Escrituras. Como Jesús dijo al diablo “Escrito está”, nosotros también necesitamos citar las Escrituras al diablo. En otras palabras, ¡necesitamos imitar a Jesús! La Biblia es “la espada del Espíritu” y está diseñada por Dios especialmente para vencer al diablo (Efesios 6:17). ¡Recuerde! “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:3-5).
¡Es ridículo creer que podríamos mejorar la Biblia! Después de enumerar los diez mandamientos, el libro de Éxodo nos advierte a no usar la sabiduría humana para edificar altares. “Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería, porque si alzares herramienta sobre él, lo profanarás” (Éxodo 20:25). El esfuerzo del hombre para ser inteligente y creativo aparentemente quita nuestro enfoque en la adoración a Dios. Por supuesto, esto también se aplica a la Biblia. Moisés específicamente dijo: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Deuteronomio 4:2). Los versículos finales de la Biblia contienen una advertencia similar: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18 y 19).
Note, por favor, que es el diablo que añade a y quita de la Palabra de Dios. Por ejemplo, Dios dijo a Adán: “más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). El diablo citó esto a Eva, pero añadió una palabra que cambió completamente lo que Dios había dicho. La versión del diablo era: “No moriréis” (Génesis 3:4). ¡Recuerde! El diablo es mentiroso y padre de mentiras (Juan 8:44).
Cuando el diablo tentó a Jesús a echarse del punto más alto del templo, Jesús citó Salmo 91:11 y 12. El diablo dijo: “Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti” (Mateo 4:6). Al citar este pasaje, el diablo a propósito omitió las siguientes palabras subrayadas: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti. Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra” (Salmo 91:11 y 12).
¡Así que la Biblia elogia a los nobles de Berea por recibir el mensaje de Dios con gran afán y también por escudriñar las Escrituras “todos los días” para ver si lo que Pablo había dicho era cierto! ¡Esto no era fácil! La prensa no fue inventada por más de mil años después y los nobles de Berea no tenían ejemplares de la Biblia en sus hogares. Asumimos que las Escrituras estaban en la sinagoga. Esto quiere decir que tuvieron que salir de sus casas y quizás formar cola para que pudieran estudiar las Escrituras. Además, la Biblia no estaba dividida en capítulos y versículos hasta muchos siglos después. Pero aún esos nobles creyentes escudriñaban las Escrituras todos los días para ver si lo que Pablo decía era cierto.
TRANSFORMACIÓN, NO CONFORMACIÓN
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1 y 2).
Como sabemos, la palabra “transformaos” ha sido tomada de la palabra griega metamorfoo, de la cual se deriva la palabra en español “metamorfosis”. Metamorfosis es lo que sucede cuando una oruga está transformado en una mariposa. No se puede hacer una mariposa de una oruga poniéndolo en un molde. No se puede enseñar a una oruga cómo volar, ni se puede enseñarle a no comer las hojas de plantas por medio de amenazas de castigo. Pero cuando la oruga está transformada, es natural que vuele y que inofensivamente tome néctar de las flores. Antes de ser cristianos, estábamos como orugas, y que tuvimos que estar confinados bajo la ley para que no pequemos (Gálatas 3:23).
¡Pero ser nacido de nuevo nos da un nuevo corazón y una nueva mente y cambia nuestros deseos! Cuando nacemos de nuevo, llegamos a ser “una nueva criatura” (2 Corintios 5:17). Dios prometió por medio de Ezequiel: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27). Dios no nos “conforma” por presión exterior, sino no “transforma” por presión interior.
Cuando nace un bebé, no parece ni actúa como su padre. Pero cuando el bebé crece, progresivamente aparecerá y actuará como su padre. Esto es lo que sucede cuando nacemos de nuevo. Entonces: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). ¡Cada día que vivimos y que crecemos, seremos un poco más como Jesús!
Nuestra “transformación” no viene de presión exterior ni de esfuerzos humanos, sino viene del poder de Dios operando en nosotros: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:16-19).
¡NO COMETAREMOS UN ERROR AL IMITAR A JESÚS!