¿QUÉ ES LA IGLESIA?
¿QUÉ ES LA IGLESIA?
Hay “iglesias” en todo el mundo. Sin duda, hay “iglesias” donde vive Ud. La definición primaria en el diccionario es: “un edificio que se utiliza para adoración cristiana pública”. En este artículo breve, intentaremos mostrar que esta definición es incorrecta y que no viene de la Biblia. La iglesia es la novia de Cristo (Efesios 5:22-33), es la columna y baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15), es el cuerpo de Cristo del cual Cristo es la cabeza (Colosenses 1:18), pero no es un edificio utilizado para adoración cristiana pública.
En este breve estudio, intentaremos enfocar nuestra atención en cómo se usa la palabra “iglesia” en la Biblia. Intentaremos describir las ideas de Dios al emplear las mismas palabras de Dios. Pedro dijo: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). ¡Pedro tenía razón! Debemos ser diligentes en usar palabras de la Biblia correctamente porque las palabras representan ideas. Si usamos una palabra incorrectamente, esto podría indicar que tenemos una idea incorrecta. Recuerde, la esencia misma del cristianismo es someternos totalmente a Dios. Nuestro objetivo debe ser que su mente sea nuestra mente. Por eso, nosotros debemos esforzarnos a pensar como Dios piensa, y usar las palabras en la manera que él las usa. Entender qué es la iglesia es importante porque Cristo está edificando su iglesia para que dure eternamente (Mateo 16:18).
Otra razón para identificar correctamente a la iglesia involucra la unidad cristiana. No entendernos los unos a los otros crea división como lo hizo en la torre de Babel (Génesis 11:1-9). La unidad de los creyentes es de suma importancia porque es el fundamento para la evangelización del mundo. En la noche antes de su crucifixión, el Señor Jesús oró por sus apóstoles, y después por todos los creyentes. Mientras los creyentes necesitamos muchas cosas, la preocupación primaria del Señor Jesús es que los creyentes seamos unidos. Él dijo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20 y 21). El “mensaje” de los apóstoles es inspirado. Lo que dijeron acerca de la iglesia es verdad porque fueron guiados por el Espíritu Santo (Juan 16:13). ¡Recuerde! “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16 y 17).
Por lo tanto, enfoquemos nuestra atención en cómo se usa la palabra “iglesia” en la Biblia.
LA PALABRA “IGLESIA” EN LA BIBLIA
Como Ud. probablemente sabe, las Escrituras del Nuevo Testamento originalmente fueron escritas en el idioma griego. La palabra griega para “iglesia” es ekklesia. Se deriva de la palabra ek que quiere decir “fuera de” y kaleo que quiere decir “llamar”. Por lo tanto, la palabra ekklesia o “iglesia” se refiere a una asamblea de personas “llamadas fuera”. Ya que en la época de los antiguos griegos no existían radios ni teléfonos ni otros medios de comunicación masiva, “llamaron fuera” a las personas a una asamblea para recibir algún mensaje importante. La asamblea de personas fue llamada una ekklesia o “iglesia”. En la Biblia nunca se refiere a un edificio, sino solamente a una “asamblea” de personas.
La palabra ekklesia se encuentra 115 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento. Mientras usualmente se traduce esta palabra “iglesia”, se refiere siempre a una asamblea de personas, nunca a un edificio.
Esta Escritura es un ejemplo: “Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la con- gregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí. . .” (Hechos 7:37 y 38). La palabra traducida “congregación” en este versículo es ekklesia. Como sabemos, no había ningún edificio en el desierto de tamaño suficiente para acomodar a la nación entera de Israel. Entonces, aunque se juntaron los israelitas sin un edificio, fueron llamados correctamente una congregación o ekklesia.
Originalmente, la palabra ekklesia no era una palabra asociada con religión. Meramente se refería a una “asamblea” de personas. Por ejemplo, en el libro de los Hechos se usa dos veces para una multitud desenfrenada de paganos en Éfeso. Tantas personas abandonaban la idolatría que los plateros que hacían los ídolos temían perder sus clientes. Entonces hicieron un alboroto y la ciudad entera se lanzaron al teatro. Las Escrituras llaman a esa asamblea de paganos una ekklesia que es nuestra palabra para “iglesia” (véase Hechos 19:23-41).
- “Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra, porque la concurrencia
(ekklesia) estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido” (Hechos 19:32).
- El escribano los advirtió; “Porque peligro hay de que seamos acusados de
sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso. Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea” (Hechos 19:40 y 41).
- Se hizo esta advertencia porque su “asamblea” no era legal. No obstante, el
escribano les dijo que podían hacer una demanda en una “legítima asamblea” (ekklesia) (Hechos 19:39).
- Note otra vez que la palabra ekklesia se refiere a una asamblea de personas y no a
un edificio.
LA DIFERENCIA ENTRE EL JUDAÍSMO Y EL CRISTIANISMO
El cristianismo difiere dramáticamente del judaísmo. No pueden ser combinados. El Señor Jesús dio una advertencia acerca de eso al decir: “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” (Marcos 2:21 y 22). El cristianismo es el “paño nuevo” y el “vino nuevo”. Como ya hemos dicho, el cristianismo se difiere dramáticamente del judaísmo y no pueden ser combinados.
El Señor Jesús señaló una diferencia mayor a la mujer samaritana al pozo de Jacob. Ella dijo al Señor Jesús: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (Juan 4:20). ¡Note que ella estaba pensando en “lugares” para adorar!
Por favor, preste atención especial a la respuesta del Señor Jesús; “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:21-24).
LOS JUDÍOS ENFATIZARON UN LUGAR SANTO
La ley de Moisés requería que la gente adore en un “lugar” santo que fue designado por Dios. En el desierto, ese “lugar” santo era el tabernáculo. “Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Este es lo que ha mandado Jehová; Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o cabra, en el campamento o fuera de él, y no lo trajere a la puerta
del tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado el tal varón de entre su pueblo, a fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, para que los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paz a Jehová” (Levítico 17:2-5).
Note que los israelitas solamente pudieron adorar en el tabernáculo. Cualquiera que adoraba en otro lugar sería “cortado de entre su pueblo”.
Cuando los israelitas entraron a la tierra prometida, encontraron que los paganos también tenían “lugares” de adoración. Así que Dios los mandó que destruyeran todos los altares y todos sus “lugares” paganos de adoración (Deuteronomio 12:1-3). Pronto los israelitas estarían adorando a Jehová en el templo en vez del tabernáculo.
Como ya hemos dicho, había solamente un “lugar” donde los israelitas podían adorar y ese lugar era Jerusalén. Ese era el “lugar” que Dios escogió para poner su nombre. Jerusalén fue el “lugar” en el cual Dios mandó a Salomón que edificara el templo. Así que las Escrituras continúan: “No haréis así a Jehová vuestro Dios, sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas, y comeréis allí delante de Jehová nuestro Dios y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido” (Deuteronomio 12:4-7).
Los cuatro versículos que siguen repiten y destacan otra vez que el pueblo de Dios solamente puede adorarle en el único lugar que escogió para poner su nombre. Entonces para enfatizar más esto, Moisés repite otra vez: “Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Deuteronomio 12:13 y 14).
Esto es la razón que cuando la iglesia fue establecida en Jerusalén, había allí judíos devotos de todo el mundo porque los judíos fueron prohibidos de adorar en ningún lugar excepto Jerusalén. Las Escrituras afirman: “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo” (Hechos 2:5). Como ya hemos dicho, judíos de todo el mundo habían venido a Jerusalén porque esto era el “único lugar” bajo el cielo donde se les permitía adorar.
Algunas 16 nacionalidades son mencionadas en los versículos 7-11 del capítulo 2 de los Hechos, y toda la gente de esas naciones vino al “único lugar” para adorar. Algunos de estos judíos devotos vinieron desde lugares tan lejos como África, Roma, y Mesopotamia. El “único lugar” era una parte integral de la adoración judía.
EL CRISTIANISMO ENFATIZA A PERSONAS PIADOSAS
Mientras los judíos enfatizaron un lugar santo, el cristianismo enfatiza a un pueblo santo. El templo de hoy no es un edificio físico construido de material físico, sino es una casa espiritual compuesta de personas espirituales. Nosotros “tambén, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5). Donde y cuando el pueblo de Dios se reúne, compone la ekklesia y esto es el templo donde vive Dios. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16 y 17)
Como acabamos de mencionar en los versículos anteriores, la asamblea de creyentes es designada como templo donde vive Dios. Más tarde, Pablo señaló a los corintios que nuestros “cuerpos” también son templos del Espíritu Santo. Él escribió: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:18-20).
En la dispensación cristiana, Dios no mora en “edificios” santos, sino mora en “personas” santas. Dios no sólo mora en nosotros como individuos, sino en alguna manera misteriosa, también mora en una asamblea. El Señor Jesús dijo: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Es importante recordar que Dios eligió morar en una “asamblea” de personas y no en un “edificio”.
EL CONTRASTE ENTRE EL JUDAÍSMO Y EL CRISTIANISMO
La epístola a los hebreos clarifica el contraste entre el judaísmo y el cristianismo. A los cristianos se les dijo: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando” (Hebreos 12:18-21).
El monte Sinaí es un “lugar”. Es un monte físico que se puede tocar. El fuego en el monte fue visible, se podía sentir el terremoto, se podía oír la trompeta. Fue una experiencia física que fue sombría y aterradora que resultó en la muerte de 3000 personas (Éxodo 32:28). La adoración en el monte Sinaí involucró la realidad física.
En cambio, el cristianismo no enfatiza un “lugar”, sino enfatiza la “realidad espiritual”. Los cristianos primitivos no adoraron en hermosos templos ni lujosos edificios adornados con oro y plata. Adoraron en casas o cualquier otro lugar que proporcionara protección contra el clima. El “lugar” donde adoraron no fue importante. En los tiempos de persecución, los cristianos en Roma aun adoraron en las catacumbas debajo de la ciudad. Las catacumbas eran un cementerio subterráneo donde enterraron a los muertos. Entonces la epístola hebrea continua con este contraste entre la adoración judía y la adoración cristiana.
“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, y a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:22-24).
Mientras el monte Sion es un “lugar” que se ve con ojos físicos, el monte Sion y la Jerusalén celestial no eran “lugares” físicos. Los cristianos solamente pudieron ver esas realidades espirituales por medio de la fe. La presencia de Dios, el Señor Jesucristo, millares de ángeles y los espíritus de los justos, también eran invisibles a los inconversos. Mientras la introducción de la adoración judía era una experiencia espantosa que resultó en la muerte de 3000 personas, la introducción de la adoración cristiana fue una experiencia gozosa que resultó en 3000 mil nuevos creyentes. (Hechos 2:41).
¡No importa el lugar donde nos reunamos como iglesia para adorar a Dios, estas realidades espirituales están presentes!
¿POR QUÉ NOS REUNIMOS PARA ADORAR?
Si somos templos individuos del Espíritu Santo y si podemos adorar a Dios en cualquier lugar y en cualquier momento, ¿por qué necesitamos reunirnos como una iglesia?
La respuesta más corta y la mejor es que Dios nos manda hacerlo. Guiados por el Espíritu Santo, la iglesia en Jerusalén se reunía y: “Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42). Debemos hacer lo mismo. No obstante, no nos reunimos solamente para nuestro propio beneficio, sino nos reunimos en obediencia a Cristo para ministrar a otros. Se dijo a los hebreos que debían reunirse debido a su preocupación por los demás.
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24 y 25).
¡Sí! Se puede adorar a Dios estando solo, pero obviamente no se puede animar a otros si está solo. Necesitamos reunirnos para “estimularnos al amor y a las buenas obras”. Necesitamos reunirnos para exhortarnos a ser fieles porque aquel día de la venida de Cristo se acerca. Salomón dijo: “Si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:10). Cuando nos reunimos cada semana, podemos ayudarnos los unos a los otros. De hecho, las palabras “los unos a los otros” son como un hilo que une todas las Escrituras haciéndonos un solo cuerpo. Es Dios obrando en nosotros que nos permite ayudarnos “los unos a los otros”.
Como sabemos, cada creyente es un miembro del cuerpo de Cristo “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos, y necesitamos “unos a otros” para funcionar correctamente. “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (1 Corintios 12:21 y 22). Cuando un miembro del cuerpo no aparece en la asamblea, o no funciona como Cristo quiere, entonces el cuerpo de Cristo está parcialmente discapacitado. Por favor, ¡no abandone la asamblea!
Todo cosa viva necesita un ambiente para sobrevivir. No importa si es un pez o una flor, un animal o un árbol, un ave o una mariposa, se necesita un ambiente adecuado para sobrevivir. Si se saca a un pez del agua, morirá. Si se saca una flor de la tierra, morirá. Los nacidos de nuevo también necesitamos un ambiente para sobrevivir y ese ambiente es la iglesia. Un carbón ardiendo retirado del fuego pronto enfriará. Lo mismo es cierto cuando los cristianos no se reúnen los unos con los otros.
EL CRISTIANISMO ES BUENAS NOTICIAS
Imagínese cuan inconveniente y costoso que era para un judío adorar a Dios. La distancia de Roma a Jerusalén es más de 2300 kilómetros. Adorar a Dios en Jerusalén no fue conveniente. Requirió un viaje de muchos días y la pérdida de ingresos de su trabajo, además de otros gastos.
Debido a la naturaleza revolucionaria del cristianismo, los creyentes en Roma podían adorar a Dios del mismo lugar donde se encontraban. De hecho, lo hizo con tanto éxito que su fe se divulgaba por todo el mundo (Romanos 1:8). Nosotros también podemos ser como los creyentes en Roma. Nosotros también podemos adorar a Dios “en espíritu y en verdad” desde el lugar donde nos encontramos. ¿Quién sabe? Quizás nuestra fe sea reportada por todo el mundo.
No importa dónde nos reunimos. Podemos reunirnos debajo de un árbol, en una casa, o en el edificio de una iglesia. No obstante, es importante recordar que “personas” componen la iglesia y no el “lugar” donde nos reunimos.
“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos” (Judas, versículos 24 y 25).