Boyce Mouton
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POR DENTRO O POR FUERA

Boyce Mouton · 6 pages · 2,282 words

POR DENTRO O POR FUERA

“Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le puede contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre” (Marcos 7:15).

¿Tiene usted un problema con el pecado? ¿Su conciencia le molesta porque está haciendo cosas que le hacen sentir inmundo? ¡Si es así, entonces oiga al Señor Jesús! Él le puede ayudar resolver los problemas. Sus problemas no están “fuera” de usted, sino están “dentro” de usted.

¡El problema es su corazón! El Señor Jesús continuó: “Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:20-23).

¡Adán y Eva no pecaron por casualidad! ¡Judas Iscariote no pecó por casualidad! ¡Ud. y yo no pecamos por casualidad! El problema está dentro de nosotros. ¡El problema es nuestro corazón! “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).

Siglos antes del nacimiento de Cristo, Ezequiel prometió que Dios nos daría un nuevo corazón. Dios quiere que seamos lavados de todas nuestras impurezas. Él prometió: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27).

No obstante, tenemos que abrir la puerta para que el Señor Jesús pueda “entrar”. Él dijo: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19 y 20).

No obstante, abrir la puerta a nuestro corazón nos hace vulnerables. C. S Lewis ofrece esta perspectiva: Amar en absoluto es hacerse vulnerable. Ame a cualquier cosa y su corazón será destrozado y posiblemente quebrantado. Si Ud. quiere mantenerlo intacto, no se lo dé a nadie, ni a un animal. Involúcrelo con pasatiempos y pequeños lujos, evite todos los enredos. Enciérrelo de forma seguro en el ataúd de su egoísmo.

Pero en ese ataúd, seguro, oscuro, estático, sin aire, cambiará. No será quebrado; llegará a ser irrompible, impenetrable, e irredimible. Amar es hacerse vulnerable.

¡Cuando Cristo está “afuera”, nosotros estamos en control! ¡Podemos hacer o decir cualquier cosa que queremos! Cuando abrimos la puerta y dejamos entrar a Cristo, las cosas cambian. ¡Jesús será el Señor de todo, o no será Señor de nada! Cuando Cristo está “dentro” de nosotros, “todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17). Cristo “dentro” de nosotros es una buena noticia porque “Cristo en vosotros, (es) la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).

PREPARANDO UN LUGAR

Por tres años, el Señor Jesús estaba con sus discípulos dándoles dirección. En ese tiempo el Señor Jesús dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20). Según el autor W. E. Vine, en su Diccionario Expiatorio de Palabras del Nuevo Testamento, el mandato “sígame”, con referencia a Cristo, se encuentra 77 veces en los cuatro Evangelios y solamente una vez para otro. En Marcos 14:13 el Señor Jesús mandó a dos de sus discípulos que fueran a Jerusalén y que “sigan” a un hombre que llevaba un cántaro de agua. Durante estos tres años el Señor Jesús estaba con sus discípulos guiándolos, pero aún estaba “fuera” de ellos. No obstante, eso iba a cambiar pronto.

En la noche antes de su crucifixión, el Señor Jesús dijo: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora, mas me seguirás después” (Juan 13:36).

Una razón que el Señor Jesús iba a partir fue para preparar un “lugar” para ellos. No los estaba dejando huérfanos, sino les prometió regresar a ellos en la persona del Espíritu Santo. El Señor Jesús insistió: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:1 y 2).

La palabra griega traducida como “moradas” es mone. Se encuentra solamente dos veces en la Biblia. La primera vez se encuentra en Juan 14:2. También se encuentra en Juan 14:23, el único otro lugar. En la primera ocasión se traduce como “moradas” y en la segunda ocasión como “morada” “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). ¡En la primera ocasión, el Señor Jesús prometió preparar “moradas” para ellos, y en la segunda ocasión el Señor Jesús prometió que si le amaran y guardaran su palabra, entonces él y su Padre los amarían y harían su “morada” “dentro” de ellos!

¡Esta misma promesa es para nosotros también! El Señor Jesús está preparando un lugar para nosotros en el cielo. ¡Preparemos un lugar en nuestros corazones para él!

¿CONFORMACIÓN O TRANSFORMACIÓN?

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1 y 2).

La “conformación” es presión por “fuera” mientras la “transformación” es presión por “dentro”. La ley trajo presión por fuera, pero no cambió los corazones de los hombres. El Señor Jesús lamentó: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8). No obstante, lo que la ley no pudo hacer por “fuera”, Dios hizo por medio del Señor Jesús por “dentro” (Romanos 8:1-4). “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17). Como “una nueva criatura”, ¡también tenemos un “nuevo corazón”!

La palabra “transformación” viene de la palabra griega metamorfo de la cual viene la palabra “metamorfosis”. Esta palabra describe la “transformación” de una oruga a una mariposa. Se encuentra solamente cuatro veces en la Biblia. Dos veces se refiere al Señor Jesús, y dos veces se refiere a los cristianos. ¡Siempre se refiere a la transformación de por “dentro”!

  • En Mateo 17:2 y Marcos 9:2 se nos dice que el Señor Jesús fue “transfigurado” en

un monte alto y que resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Obviamente, algo había pasado por “fuera” del Señor Jesús que hizo suceder eso.

  • En Romanos 12:2 se nos dice que los cristianos somos “transformados” por la

renovación de nuestras mentes. En 2 Corintios 3:18 se nos dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” La conversión es instantáneo. ¡Cuando llegamos a ser cristianos, nuestros pecados son perdonados inmediatamente! No obstante, la transformación es un proceso que toma tiempo. La gloria de esta transformación sucede “dentro” de nosotros poco a poco.

LA ORUGA Y LA MARIPOSA

La vida de una mariposa monarca empieza con un huevo puesto en un algodoncillo en un lugar como el norte de México. Los huevos incuban en 3 a 8 días y

llegan a ser orugas pequeñas. Esas orugas comen el cascarón del huevo y entonces comienzan a comer el algodoncillo. Comen bastante, y crecen rápidamente. Algunas orugas pueden consumir 27,0oo veces el peso de su cuerpo en solamente unas pocas semanas. Sus cuerpos pequeños pueden aumentar en tamaño por mil veces. Las orugas pueden destruir las plantas de un huerto. Una oruga se mueve lentamente y no se mueve más de 10 metros del lugar donde nació.

Entonces la oruga pasa por un período de transformación. Se envuelve en un capullo colgado de una rama de un árbol, cabeza abajo. En alrededor de dos semanas, la oruga fea y destructiva, está transformada en una mariposa hermosa. La mariposa es una nueva criatura. Es totalmente distinta a la oruga que era. Ahora no destruye huertos, sino meramente se alimenta de néctar de las flores. Mientras la oruga puede moverse por una distancia de solamente unos pocos metros, la mariposa puede volar hasta 5,00o kilómetros.

Ninguna cantidad de dinero o educación puede enseñar a una oruga a volar. Ninguna cantidad de instrucción o amenazas puede cambiar su naturaleza destructiva. No obstante, cuando sale del capullo, será una nueva criatura. Tiene nuevas habilidades y nuevos deseos. Esta es una ilustración hermosa de lo que significa llegar a ser cristiano.

Por ejemplo, el apóstol Pablo era odioso y destructivo antes de ser cristiano. Le dijo al rey Agripa: “Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobre manera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hechos 26:10 y 11).

Cuando Pablo se convirtió al Señor, testificó: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:1-5).

¡Pablo no fue “conformado” al mundo, sino “transformado” por la renovación de su mente!

POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

El Señor Jesús dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-20).

¡La naturaleza de un maestro verdadero no se determina por lo que “dice”, sino por lo que “produce”! Pedro vio muchos milagros hechos por el Señor Jesús, pero la “transfiguración” de Cristo en el monte era la razón principal de su fe. Pedro escribió: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo” (2 Pedro 1:16-18).

¡La “transformación” de un pecador a un santo es evidencia poderosa! Cuando se ve a alguien que es “transformado”, hace al mensaje de los profetas aún más cierto: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).

  • Ser testigo de una vida transformada hace al mensaje de los profetas

completamente confiable

  • Empezamos nuestro estudio de las Escrituras como una luz alumbrando en un

lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y vemos claramente las verdades de Dios.

  • Sobre todo, es claro que los profetas escribieron mientras estaban dirigidos por el

Espíritu Santo!

LA ZARZA ARDIENTE

Mientras Moisés apacentaba a las ovejas para su suegro, sacerdote de Madián, estaba fascinado por un zarza que ardía en fuego, pero no se consumía. Moisés dijo: “Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema” (Éxodo 3:3). ¡La zarza no se consumió porque Dios estaba dentro de ella! ¡Cuando Moisés se enfocó en esa zarza, Dios le habló! ¡Cuando nos enfocamos en ser nacidos de nuevo, Dios también hablará con nosotros!

Cuando Dios está “dentro” de nosotros, somos también indestructibles! El Señor Jesús dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25 y 26).

La pregunta es, ¿creemos esto? ¡Si lo creemos, Cristo es nuestra esperanza de gloria!

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:20 y 21).