por Boyce Mouton
“LA ECCLESIA”
por Boyce Mouton
La palabra española “iglesia” viene de la palabra griega “ecclesia”. “Ecclesia” está compuesta de dos palabras, una que significa “de” y la otra “llamado”.
Originalmente, la palabra se refería a una asamblea de personas y por lo tanto fue traducida “congregación” en inglés hasta la era de Enrique VIII. La palabra “iglesia” fue sustituida por los revisores de Ginebra. Quedó así en la Biblia de los Obispos y más tarde fue incorporada en otras versiones.
El diccionario define “iglesia” como “un edificio para el público, especialmente para la adoración cristiana”. Por supuesto, esto no es un concepto bíblico. La palabra “ecclesia” siempre se usa en la Biblia para referirse a una congregación de personas, nunca a un edificio. Debido a este mal entendimiento común, estamos usando la palabra “ecclesia” en este artículo. Se espera que esto nos ayude a rechazar conceptos tradicionales en vez de lo que enseña la Biblia. Se encuentra la palabra “ecclesia” 115 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento. Se traduce como “iglesia” 112 veces y 3 veces como “asamblea” (véase Hechos 19:32, 39, 41).
EL SEÑOR JESÚS Y LA “ECCLESIA”
Hay solamente tres ocasiones en las Escrituras cuando el Señor Jesús usó la palabra “ecclesia”. Son:
- Mateo 16:18
- Mateo 18:17 (2 veces) También la palabra “ecclesia” aparece solamente tres veces en los cuatro Evangelios. Por supuesto, estas referencias no fueron hechas sin razón. Juan el Bautista, el Señor Jesús, y sus discípulos habían predicado que el reino del cielo estaba cerca. Ahora, el Señor Jesús está presentando la palabra “ecclesia” en asociación con el reino. No obstante, hay que recordar que la palabra ya tenía un sentido propio para los judíos cuando el Señor Jesús la usó. Las Escrituras del Antiguo Testamento originalmente fueron escritas en hebreo, pero después de las conquistas de Alejandro el Grande, fueron traducidas al griego. (Eso fue la primera vez que las Escrituras judías fueron traducidas a otro idioma.) Esta traducción al griego se llama la “Septuaginta”. Esta palabra significa “setenta” y así fue nombrado porque supuestamente fue hecho por 70 traductores.
Porque Cristo y sus apóstoles vivían en una cultura que hablaba el griego, usaban la Septuaginta. Para probar esto, considere, por favor, esta cita de la página 2722 de la “International Standard Bible Encyclopedia” (Enciclopedia estándar internacional de la Biblia):
“Ella (la Septuaginta) era la Biblia de la mayoría de los escritores del Nuevo Testamento. No sólo están tomadas de ella la mayoría de sus citas explícitas de las Escrituras, sino sus escritos contienen numerosos recuerdos de su lenguaje. Sus palabras eran muy comunes para ellos. Puso para ellos los fundamentos de una nueva terminología religiosa. Fue un arma potente para la obra misionera, y cuando versiones de las Escrituras en otros idiomas llegaron a ser necesarias, fueron tomadas, en la mayoría de los casos, de la Septuaginta, no del hebreo.”
La palabra “ecclesia” se encuentra unas 100 veces en la Septuaginta. 22 de estas citas están en los libros apócrifos. Representa exclusivamente la palabra hebrea “qahal” que quiere decir “llamar a una asamblea”. En muchas ocasiones, el pueblo hebreo fue llamado a una asamblea o “qahal” por Moisés. Eran el pueblo de Dios. Eran la “asamblea” de Dios. Esteban usó “ecclesia” de esta manera en Hechos 7:38 cuando se refirió a Israel como la “iglesia” o “asamblea” en el desierto. Sin duda, eso fue la manera en que los apóstoles también pensaban en la “ecclesia”.
No obstante, cuando el Señor Jesús usó la palabra, le dio un nuevo significado. Escogió hacerlo en Cesarea de Filipo (Mateo 16:18). En su comentario sobre Mateo, William Barclay señala el significado especial de esa área. Era bien conocida por varias razones:
- Había muchos y variados grupos religiosos en el área.
- Había unos 14 templos de Baal en el área.
- Había cerca una cueva que se dice que era el lugar de nacimiento de Pan, el dios de la naturaleza. Cesarea de Filipo originalmente fue llamado “Panias”. Se dice que este dios pagano tocó la flauta para advertir de una maldición inminente. Se dice que los que oyeron ese sonido sufrieron un “pánico”.
- Se dice que el manantial que salía de esa cueva era la fuente del río Jordán.
- Había allá también un gran templo de mármol blanco construido por Herodes el Grande para la adoración a los emperadores. El hijo de Herodes, Felipe, más tarde enriqueció y embelleció el templo y cambió el nombre de la ciudad a “Cesarea” o la “ciudad de César”. Entonces añadió su nombre “Felipe” para distinguir esta Cesarea de la otra en la costa del mar Mediterráneo. La “ecclesia” del Señor Jesús triunfaría sobre el Hades y haría que todos los otros sistemas religiosos aparecieran anticuados e insignificantes en comparación. La “ecclesia” del Señor Jesús también trascendería el límite del tiempo y abarcaría gente de todas las generaciones. Trascendería el límite de raza, sexo, y cultura. Destruiría todas las distinciones humanas y uniría toda la humanidad en una. Empequeñecería a todas las demás asambleas en alcance y magnitud y duraría para siempre.
El Señor Jesús dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Pedro ya había afirmado que el Señor Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. El nombre Pedro significa “piedra”. No obstante, el Señor Jesús no iba a edificar su “ecclesia” sobre Pedro, sino sobre la roca de su propia
deidad. El contraste es similar a lo que el Señor Jesús dijo a la mujer samaritana en el pozo de Jacob. En esa ocasión comparó el agua física y la sed perpetua con el agua que Él podía proveer. La persona que bebe esa “agua viva” no tendrá sed jamás (Juan 4:14).
Se piensa que la palabra “Hades” significa “invisible”. Corresponde a “Seol” en las Escrituras del Antiguo Testamento. Los hebreos creían que los muertos seguían existiendo, simplemente no podían ser vistos. Consecuentemente, se consideraba que el Hades era un lugar para los espíritus difuntos.
Es significativo recordar que allá en Cesarea de Filipo el Señor Jesús comenzó a enseñar a sus discípulos que tenía que padecer y ser muerto (Mateo 16:21). No obstante, resucitaría al tercer día. La “puertas” o “el poder” del Hades no prevalecería sobre su “ecclesia”.
Parece que los apóstoles del Señor Jesús no entendieron inmediatamente el significado total de esa enseñanza sobre la muerte, o el alcance global de la “ecclesia”. Por ejemplo, cuando el Señor Jesús ascendió al cielo, preguntaron: “¿Señor, restaurarás el reino a Israel en ese tiempo?” (Hechos 1:6). Tenían un entendimiento inadecuado de la “ecclesia”. La asociaban solamente con Israel. Aun años después continuaban predicando solamente a los judíos (Hechos 11:19). Sabían que la “ecclesia” de Dios involucraba a Israel, pero fueron lentos para entender que también incluía a los gentiles. No entender esto es sorprendente en luz del hecho que el Señor Jesús específicamente mandó a los apóstoles que vayan a “todas las naciones” para predicar el Evangelio a “toda criatura”.
Las dos otras referencias a la “ecclesia” por el Señor Jesús se encuentran en Mateo 18:17: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”. La manera en que el Señor Jesús usó la palabra “ecclesia” ciertamente fue distinta de la manera en que los apóstoles estaban acostumbrados a escucharla.
Ocho días después de decirles de su padecimiento y muerte en Cesarea de Filipo, el Señor Jesús llevó a Pedro, Jacobo, y Juan al monte para orar. Mientras el Señor Jesús oraba, aparecieron Moisés y Elías y le hablaron acerca de su muerte en Jerusalén (Marcos 9:30-32). Esto demostraría a estos discípulos que la muerte del Señor Jesús estaba en armonía con las enseñanzas de la ley y las de los profetas. Sin embargo, Pedro erró y quería poner a Moisés y a Elías en la misma categoría con el Señor Jesús. En ese instante Dios mismo interrumpió desde la nube y dijo: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, a él oíd”(Mateo 17:5).
Luego hubo una controversia acerca de cuál de los discípulos sería el mayor. El reino de David tuvo “valientes” (véase 2 Samuel 23) y se asumió que el Señor Jesús los tuviera también. En ese momento, el Señor Jesús tomó a un niño y lo puso en medio de ellos. Advirtió a sus discípulos que “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” y mucho menos serían grandes (Mateo 18:1-5).
Fue en ese momento que el Señor Jesús cambió la terminología y se refirió a su reino como la “ecclesia”. Note que no asoció la “ecclesia” con el poder político ni el
poder militar, sino con relaciones personales y el comportamiento. Fue en la “ecclesia” donde esas relaciones debían ser resueltas.
En ese contexto, el Señor Jesús también prometió su presencia y poder aun si solamente habiera dos o tres congregados en su nombre (Mateo 18:18-20).
LA “ECCLESIA” Y EL REINO DE LOS CIELOS
Como ya hemos señalado, el Señor Jesús usaba “ecclesia” y “reino de los cielos” intercambiablemente. Prometió edificar su “ecclesia” y que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella. Entonces prometió dar a Pedro las llaves del reino de los cielos (Mateo 16:19). Pedro estaba bastante familiarizado con la terminología del reino. Juan el Bautista había predicado que el reino de los cielos se había acercado. El Señor Jesús también inició su ministerio al predicar que el reino de Dios se había acercado (Marcos 1:15). Los discípulos estaban familiarizados con ese mensaje. El Señor Jesús aun predijo que algunos de los que le escucharon hablar, no gustarían la muerte hasta que hubieran visto el reino de Dios venido con poder (Marcos 9:1). El apóstol Pablo enseñaba que los que han recibido a Jesús como Señor, han sido librados de la potestad de las tinieblas, y trasladados al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13). Parece que la “ecclesia” representa la manifestación visible del reino de Cristo en la tierra, pero no su totalidad. El reino total del Señor Jesús incluye realidades que son a la vez visibles e invisibles. La adoración cristiana se asocia con el monte Sión, la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios vivo, miles y miles de ángeles, la “ecclesia” de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo, Dios el Juez de todos, los espíritus de hombres justos hechos perfectos, el Señor Jesús, el Mediador de un nuevo pacto, y su sangre rociada que habla mejor que la de Abel (Hebreos 12:22-24). Por supuesto, la última expresión de su poder soberano incluye el universo entero.
Por favor, considere que como la raza humana comenzó con Adán, el Señor Jesús iniciaría una raza espiritual. Como la naturaleza de Adán ha sido transmitida a sus descendientes por medio de una semilla física, la naturaleza espiritual del Señor Jesús sería transmitida a sus descendientes por medio de una semilla espiritual. Pablo trata este tema en 1 Corintios 15. Señala que así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Nuestro ADN físico nos relaciona con Adán, mientras nuestro ADN espiritual nos relaciona con el Señor Jesús. No es por casualidad que la conversión es llamada “un nuevo nacimiento”. Ni es por casualidad que esta nueva creación es distinguida por un nuevo pacto o código. Este nuevo pacto no está escrito en piedra ni en nuestros cuerpos físicos, sino está escrito en nuestros corazones y mentes (Hebreos 8:6-13). Así que tenemos dos Adanes. El primero trajo vida física y el último Adán trae vida espiritual (1 Corintios 15:45). Los cristianos somos nuevas creaciones con un nuevo código y un nuevo comportamiento. Ya no seguimos pecando porque la simiente de Dios permanece en nosotros (1 Juan 3:6-9).
Enseñanzas adicionales ayudarían a los apóstoles ampliar su entendimiento de la “ecclesia”. Llegarían a entender que era el plan de Dios que se había mantenido oculto desde tiempos eternos (Romanos 16:25). Era tan revolucionario que tenía que ser revelado al hombre por medio de una revelación especial (1 Corintios 2:7-10). Transformaría el pueblo de la tierra para que la sabiduría multiforme de Dios sea visto por los principados y potestades en los lugares celestiales (Efesios 3:10).
Esta “ecclesia” aún sería Israel, pero en un sentido nuevo. La circuncisión verdadera no se hace en la carne exterior, sino en el interior del corazón. Por lo tanto, el “judío verdadero” no es alguien con una relación física con Abraham, sino una persona con una relación espiritual con el Señor Jesús. Llegamos a ser un “judío verdadero” cuando el Señor Jesús mora en nuestros corazones por la fe (Romanos 2:25-29). Llegamos a ser los hijos de Dios por la fe en el Señor Jesucristo y si pertenecemos a Cristo, entonces también somos simiente de Abraham y herederos según la promesa (Gálatas 3:26-29).
LOS APÓSTOLES Y LA “ECCLESIA”
Como un grano de mostaza, los apóstoles del Señor Jesús formaron un pequeño núcleo que algún día crecería a tales proporciones que llenaría la tierra. Daniel se refirió a esto como una piedra cortada de una montaña, no con mano, que destruiría reinos mundanales, llenaría la tierra, y que duraría para siempre (Daniel 2:31-45). El Señor Jesús edificaría su “ecclesia” sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Él mismo sería la principal piedra del ángulo (Efesios 2:20).
La palabra “discípulo” quiere decir “aprendiz” y la palabra “apóstol” quiere decir “uno que está enviado”. Por eso, la palabra “apóstol” se usa escasamente en los Evangelios. Durante esos tres años con el Señor Jesús, su papel principal era el de aprendices. La comisión de ir y hacer discípulos a todas las naciones fue dada un poco antes de la ascensión del Señor Jesús al cielo.
Mientras todos los doce discípulos originales eran judíos, vinieron de una variedad de orígenes. Algunos de sus variadas raíces normalmente las habrían hecho hostiles entre sí; por ejemplo, Mateo el publicano y Simón el Zelote. Simón era un zelote que odiaba a cualquier persona que cooperaba con Roma, y Mateo era un “publicano” que cobraba impuestos para el mismo gobierno que Simón odiaba. Estos dos hombres no congregaban juntos porque estaban de acuerdo con respecto a la política, ni aun, con respecto a la Biblia. Llegaron a formar parte de la “ecclesia” porque ambos eran seguidores del Señor Jesús.
La unidad experimentada por los apóstoles era como un microcosmo que algún día abarcará la totalidad de los cielos y la tierra (Efesios 1:10). Es importante notar que esos hombres no sólo estaban juntos mientras el Señor Jesús estaba en la tierra, sino aun después de su muerte y resurrección se reunían juntos en un aposento alto. Esa
“ecclesia” embrionaria incluía a María, la madre del Señor Jesús, sus hermanos, y además, otros discípulos. Eran como 120 en número (Hechos 1:15).
Esa “ecclesia” pequeña en el aposento alto aún vive hoy. Está creciendo silenciosamente como la levadura y está en el proceso de llenar la tierra.
LA “ECCLESIA” EN EL LIBRO DE LOS HECHOS
Los mejores manuscritos no tienen la palabra “ecclesia” en el libro de los Hechos hasta 5:11 donde dice: “vino gran temor sobre toda la iglesia”. No obstante, la realidad de la “ecclesia” es inconfundible desde el primer capítulo.
- En Hechos 1:14 se nos dice que los apóstoles perseveraban unánimes en oración con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
- En Hechos 1:15 se nos dice que los reunidos eran como 120 en número.
- En esos días fueron guiados en oración y al echar suertes, la suerte cayó sobre Matías y fue contado con los once apóstoles (Hechos 1:26).
- En Hechos 2:41 vemos que se añadieron aquel día como tres mil personas.
- En Hechos 2:44 se nos dice que los que habían creído estaban “juntos”.
- En Hechos 2:47 encontramos que el Señor añadía cada día a la iglesia.
- En Hechos 4:4 se nos dice que el número de los varones era como cinco mil.
- Cuando Pedro y Juan fueron amenizados por predicar a Jesús, puestos en libertad, “vinieron a los suyos” (Hechos 4:23).
- Se nos dice en Hechos 4:32 que la multitud de los que habían creído en el Señor Jesús era de un corazón y un alma.
- En Hechos 5:11 se nos dice que gran temor vino sobre toda la “ecclesia”.
- En Hechos 5:14 se nos dice que los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres.
- En Hechos 6:1 se nos dice que crecía el número de los discípulos.
- En Hechos 6:2-6 siete varones fueron elegidos por la “ecclesia” para servir a los necesitados. Estos hombres fueron apartados públicamente para esta función por los apóstoles quienes oraron y les impusieron las manos.
- En Hechos 6:7 se nos dice que muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
- Etc. El proceso de nacer de nuevo y ser “añadido” a la “ecclesia” por la obra del Espíritu Santo y el bautismo se resume en 1 Corintos 12:13: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, . . .”
EL ESPARCIMIENTO DE LA “ECCLESIA”
Después de la muerte de Esteban, hubo una gran persecución contra la “ecclesia” y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria salvo los apóstoles (Hechos 8:1). Con respecto a Saulo, asolaba a la “ecclesia”, y entrando casa por casa,
arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel (Hechos 8:3). Cuando Saulo llegó a ser cristiano, entonces las “ecclesias” tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria (Hechos 9:31). Se nos dice que durante ese tiempo, eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo. En ese entonces existía solamente una “ecclesia” pero ahora fue esparcida. Como ya hemos señalado, fueron esparcidas a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban y predicaban sólo a los judíos (Hechos 11:19).
OTRA “ECCLESIA”
Sabemos que había una “ecclesia” en Jerusalén, y que fue esparcida por la persecución. Felipe, uno de los siete, bajó a una ciudad en Samaria y proclamó a Cristo. Muchos fueron bautizados y Pedro y Juan fueron enviados allí para orar por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo (Hechos 8:15). Aunque es claro que esos judíos mestizos llegaron a formar parte del único cuerpo, en esa época, no se usaba la palabra “ecclesia” con relación a los creyentes en Samaria.
Entonces se nos dice que Felipe bautizó a un eunuco, funcionario de Candace, reina de los etíopes (Hechos 8:26-40). Ese etíope había ido a Jerusalén para adorar y presumiblemente era un converso al judaísmo. Pero otra vez, mientras que podemos asumir que ahora había una “ecclesia” en Etiopía, las Escrituras no lo dicen específicamente.
No obstante, Hechos 11:26 nos informa de otra “ecclesia” en Antioquía. Esta es la primera mención de otra “ecclesia” que no estaba en Jerusalén. Bernabé había ido a Tarso y volvió a Antioquía con Saulo. Las Escrituras nos dicen que en esa época, se reunieron con la “ecclesia” por un año y enseñaron a muchas personas. También nos dicen que por primera vez allí en Antioquía los discípulos fueron llamados “cristianos”.
Los que fueron dispersados después de la muerte de Esteban, viajaron hacia el norte, hablando sólo a judíos. Cuando llegaron a Antioquía, algunos de ellos comenzaron a hablar a los griegos. Aunque haya algunas variaciones entre los textos, los mejores manuscritos dicen “griegos” no “helenistas”. Los judíos que hablaban el griego fueron designados “helenistas”, mientras los paganos fueron designados “griegos”. Parece que por primera vez una “ecclesia” estuviera evangelizando a los gentiles. Quizás esta sea la razón que los discípulos fueron llamados “cristianos” por primera vez en Antioquía.
Recuerde que el Señor Jesús había específicamente comisionado a sus apóstoles que prediquen a todas las naciones (Mateo 28:18-20). La palabra griega traducida como “naciones” es “ethnos”. Esta es la palabra bíblica para “gentil” y se traduce así unas 90 veces en la versión de la Biblia de Reina y Valera, revisión de 1960.
Aunque el Señor Jesús mandó a los doce apóstoles originales a que prediquen a “todas las naciones”, o a todos los gentiles, no lo hicieron inmediatamente. Eran hombres buenos y honestos, pero quizás sus viajes limitados y contacto con otros lo
hiciera difícil tener una visión correcta de la “ecclesia”. De todos modos, Dios llamó a Saulo de Tarso que sea un apóstol a los gentiles. Saulo tenía un pasado distinto de los doce apóstoles originales. Nació fuera de la tierra prometida en Tarso de Cilicia. Vino a Jerusalén y estudió bajo Gamaliel (Hechos 22:3). Era un estudiante superior entre sus contemporáneos y más tarde llegó a creer que fue apartado desde el vientre de su madre para predicar a los gentiles (Gálatas 1:14-16). La historia de su conversión notable se registra tres veces en el libro de los Hechos y cada vez nos cuenta del llamado especial en su vida para predicar a los gentiles (Hechos 9:15; 22:21; 26:16-18).
Mientras los judíos pensaban en la “ecclesia” en asociación con la nación de Israel, los gentiles vieron la misma palabra en un contexto totalmente distinto. La palabra “ecclesia” puede ser trazado a la literatura griega desde 5 siglos antes de Cristo. En aquel contexto, se refería a una asamblea popular de ciudadanos competentes quienes gobernaban la ciudad. La “ecclesia” comenzó con oraciones y sacrificios a los dioses de la ciudad. Cada ciudadano tenía el derecho de hablar, proposiciones podían ser hechas por el testimonio de testigos expertos, y las decisiones fueron hechas por voto. Aunque los judíos y los gentiles recibieron la palabra “ecclesia” en situaciones históricas distintas, estaban yendo por un curso convergente en Cristo. Como paredes convergiendo en la piedra del ángulo, o las ovejas acercándose al pastor, cuanto más se acercaran a Cristo, más cerca estarían el uno del otro.
Permítame señalar entre paréntesis que mientras Pedro fue el primero en predicar el Evangelio a los gentiles (Hechos 10), no se consideró como un apóstol a los gentiles. En Gálatas 2:7-9 nos dice que Dios estaba obrando en Pedro como un apóstol de la circuncisión y en Pablo como un apóstol a los incircuncisos. Es interesante que nuestro Dios soberano no piensa como hombres. Pablo tenía credenciales impecables entre los judíos pero Dios lo envió a los gentiles. Pedro no tenía credenciales entre los judíos y llegó a ser el apóstol de Dios a la circuncisión. Recuerde que su manera de hablar lo identificó como galileo (Mateo 26:73) y que los judíos de Jerusalén lo consideraron como hombre “sin letras y del vulgo” (Hechos 4:13).
No obstante, con referencia a la “ecclesia”, ahora tenemos dos de ellas. La primera estaba en Jerusalén y fue compuesta exclusivamente de conversos judíos. La segunda estaba en Antioquía e incluía también conversos gentiles.
DESACUERDO EN LA “ECCLESIA”
La tensión entre esas dos “ecclesias” es representativo de una lucha importante entre los creyentes del primer siglo. Algunos pensaban que el Evangelio era para los judíos solamente, como en la iglesia de Jerusalén. Otros pensaban que era posible que los gentiles pudieran seguir al Señor Jesús sin ser judíos primeramente, como en la iglesia de Antioquía. Las ramificaciones de ese desacuerdo son fundamentales a nuestro entendimiento de la “ecclesia”. ¿Somos salvos por obras de la ley y una asociación con el judaísmo o somos salvos por gracia sin los ritos y rituales judíos? Esa puede ser la
controversia más significativa en la historia de la “ecclesia”. Entenderla nos revela no solamente las luchas de los apóstoles, sino da luz a un gran número de pasajes de las Escrituras.
La controversia puede ser trazada desde Isaac e Ismael. Esos dos hombres, con sus madres, son alegorías de dos pactos distintos y dos maneras distintas de acercase a Dios (Gálatas 4:21-31). Pablo experimentó personalmente ambos pactos. Había sido un perseguidor y luego llegó a ser un perseguido. Era un judío celoso de la ley. Más tarde, rechazó la ley como un medio de salvación y se regocijaba en la gracia de Dios.
Pablo fue bautizado en Damasco y fue allí que por primera vez sufrió por la causa de Cristo. Las Escrituras registran que después de muchos días, los judíos de Damasco resolvieron matarle (Hechos 9:23). Escapó al ser bajado por el muro en una canasta. Pablo más tarde observó que los que son nacidos según la carne persiguen a los que son nacidos según el Espíritu (Gálatas 4:29). Cuando Pablo volvió a Jerusalén, los judíos griegos también procuraban matarlo (Hechos 9:29). Este no fue un conflicto momentáneo, sino fue algo con que Pablo tendría que contender por el resto de su vida. Fueron los judíos los que lo perseguían en Antioquía, Iconio, Listra, Tesalónica, Berea, Corinto, etc.
Años después en Jerusalén, una multitud de judíos trató de matarlo. Protegido por soldados romanos, contó a sus perseguidores la historia de su conversión. He aquí lo que dijo acerca de su primer viaje a Jerusalén como cristiano: “Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis. Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí. Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban, tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban. Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles. Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva. Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas, y lanzaban polvo al aire, . . .” (Hechos 22:17-23).
No sólo los judíos que no creían estaban en desacuerdo con Pablo, sino también los judíos que sí creían en el Señor Jesús. Cuando Pablo y Bernabé regresaron de su primera gira evangelística, una controversia seria estalló en Antioquía. Ciertos hombres vinieron de Judea y enseñaban que los que no habían sido circuncidados, según la costumbre de Moisés, no podrían ser salvos. Pablo y Bernabé tuvieron una gran discusión con ellos sobre este tema. Se describe en Gálatas 2 un problema similar con respecto a Pedro. Comió con gentiles hasta que ciertos hombres vinieron de parte de Jacobo. Entonces rehusó hacerlo. En esa ocasión, Pablo públicamente lo reprendió por su error (Gálatas 2:11-17).
No es necesario citar más Escrituras porque ya se puede ver claramente la polarización entre esas dos “ecclesias”. La iglesia de Jerusalén estaba feliz de predicar
el Evangelio a los gentiles, siempre que se convirtieran primero al judaísmo. No obstante, la iglesia de Antioquía pensaba diferente. Creían que los gentiles podían venir directamente a Cristo sin circuncisión o cualquier otro ritual judío.
La importancia de la unidad en la “ecclesia” no puede ser enfatizado demasiado. El mismo propósito del ministerio del Señor Jesús era reunir todos las cosas en sí mismo, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra (Efesios 1:10). La misma esencia de su vida era el amor y el amor también era el énfasis mayor de sus discípulos. La noche antes de su muerte, el Señor Jesús enseñó a sus discípulos: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). Un poco después oró que todos los creyentes “. . . sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:21-23).
Por favor, note la asociación directa entre la unidad de los creyentes y la evangelización del mundo.
LA CONFERENCIA EN JERUSALÉN
La conferencia en Jerusalén de los cristianos con los apóstoles y los ancianos es significativa más allá de las palabras. De esta conferencia vino una estrategia notable que trajo la unidad entre la “ecclesia” en Jerusalén, y la “ecclesia” en Antioquía. La unidad que ellos lograron ha hecho posible la unidad que nosotros experimentamos hoy entre los judíos y los gentiles. El hecho de que esto no sea un problema hoy, da testimonio a su éxito.
Se convocó la conferencia aproximadamente veinte años después del nacimiento de la “ecclesia”. Fueron años formativos cuando la “ecclesia” se estaba enfrentando a la realidad de un mundo fragmentado. En Gálatas 2, Pablo escribió que fue a esa conferencia por revelación. El hecho de que se reunió en privado con Jacobo, Cefas, y Juan (hombres considerados como columnas) indica una cautelosa incertidumbre con respecto al pensar de esos hombres. Pablo fue bien claro con respecto al Evangelio que predicaba, pero su ardiente encuentro con Pedro en Antioquía puede haberlo hecho dudar en cuanto al Evangelio predicaba en Jerusalén.
El peligro de causar división sobre la circuncisión parece tan remoto a nosotros que lo encontraríamos difícil de entender el trauma y la tensión que ellos experimentaron. Los descendientes de Abraham habían practicado la circuncisión por 1900 años. Fue un aspecto definitorio de su relación exclusive con Dios y ellos no iban a abandonarlo sin luchar.
Después de mucha discusión, Pedro se levantó y les recordó a todos ellos cómo los gentiles habían oído el Evangelio de él. Además, habían recibido el Espíritu Santo como los judíos lo recibieron. Entonces Bernabé y Pablo hablaron de las grandes maravillas que Dios había forjado entre los gentiles por medio de ellos. Seguramente esas señales milagrosas, por lo menos debían ser consideradas como una indicación de la aprobación de Dios. Finalmente, Jacobo, el hermano del Señor Jesús, se levantó y les recordó las palabras de los profetas de que un día los gentiles vendrían a Dios.
La conclusión a la cual llegaron complació a los judíos y a los gentiles. Dado que todos somos descendientes de Noé, todos deberíamos obedecer las instrucciones que Dios dio a Noé cuando salió del arca. Eso es, abstenerse de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Mientras todas esas prohibiciones no se encuentran específicamente en Génesis 9, aún los judíos las consideran parte del pacto que Dios hizo con Noé. Ya que los judíos eran descendientes físicos, nacidos de Abraham y Noé, tuvieron un compromiso comprensible con ambos pactos.
Sin embargo, los gentiles eran descendientes solamente de Noé y no de Abraham. Por lo tanto, concluyeron que todos los hombres estaban obligados a guardar el pacto que Dios hizo con Noé, pero no todos los hombres eran obligados a guardar el pacto que Dios hizo con Abraham. Por contraste, los judíos podían libremente practicar la circuncisión, pero fueron obligados a observar las mismas cuatro prohibiciones básicas como los gentiles. Además, los descendientes de Abraham también tuvieron la libertad de observar todos los otros aspectos de la fe judía. Si bien los rituales judíos no eran necesarios para la salvación, fueron necesarios para que muchos judíos no violaran sus consciencias.
Este decreto de Jerusalén fue enviado a la “ecclesia” en Antioquía por Bernabé y Saulo, que fueron acompañados por Judas y Silas. La entrega de esta epístola causó regocijo y consolación en Antioquía (Hechos 15:23-33).
Durante aproximadamente 40 años, los judíos cristianos devotos practicaban ambas religiones. En el año 70 a. de C., el templo judío fue destruido y la adherencia estricta a la ley de Moisés ya no era posible. Por ejemplo, las fiestas judías podrían ser celebradas correctamente solamente en Jerusalén que Jehová había escogido poner su nombre (Deuteronomio 12:5-14).
Pablo tenía un deseo intenso de promover la paz con esos hermanos e hizo todo lo posible para convencerlos que él no había abandonado sus raíces judías.
- Si había una sinagoga en el pueblo, siempre predicó a los judíos primero.
- Se rapó la cabeza en Cencrea porque “tenía hecho voto” (Hechos 18:18).
- Él apresuró su viaje para guardar la fiesta en Jerusalén (Hechos 18:21).
- Cuando llegó a Jerusalén, le dijeron que miles de judíos habían creído y todos eran celosos por la ley.
- Esos creyentes judíos tenían la idea equivocada que Pablo estaba enseñando a los judíos a abandonar a Moisés y que no debían circuncidar a sus hijos, ni observar las costumbres mosaicas (Hechos 21:21).
- Para probar que eso no era cierto, Pablo se purificó en el templo, y pagó los gastos de cuatro hombres judíos que tenían obligación de cumplir voto (Hechos 21:23 y 24).
- Respetar esas leyes judías era solamente para los creyentes judíos. Como ya hemos dicho, los gentiles fueron requeridos a guardar solamente cuatro prohibiciones del pacto de Noé (Hechos 21:25).
- Los que estaban débiles en la fe tenían que ser recibidos, pero no para contender sobre opiniones (Romanos 14:1ss).
- Etc.
GRAN HAMBRE EN JERUSALÉN
Después de informarnos que los discípulos fueron llamados “cristianos” por primera vez en Antioquía, se nos dice que los profetas vinieron a Antioquía desde Jerusalén. Uno de esos hombres, Agabo, indicó por el Espíritu que habría una gran hambre en toda la tierra, y esa gran hambre llegó a ser realidad en los días de Claudio César. El emperador Claudio era el hijo de Druso y Antonia, y sobrino de Tiberio. Reinó desde 41 d. de C. hasta 54 d. de C. y es mencionado dos veces en las Escrituras (Hechos 11:28 y 18:2). Esa hambruna fue usada por Dios para promover la unidad entre los judíos y los gentiles.
Aunque el decreto de Jerusalén involucraba el Espíritu Santo (Hechos 15:28), no fue aceptado fácilmente por los creyentes judíos. Así como había una pared en el templo que separaba los judíos y los gentiles, había también una gran pared de separación en la sociedad entera y aun en la “ecclesia”. En casi todas las cartas de las Escrituras del Nuevo Testamento, encontramos referencias al problema entre los judíos y los gentiles. He aquí algunas de estas referencias para su consideración: Romanos 14:1–15:12; 1 Corintios 8:1–9:27; 2 Corintios 11:1-33; Gálatas 1:1–6:18; Efesios 1:1–4:15; Colosenses 1:20–3:15, etc. Los judíos orgullosos se vieron como personas decentes y morales, mientras vieron a los gentiles como personas indecentes e inmorales. Además, la separación original de los judíos y los gentiles había sido ordenada por Dios. Fue una parte integral de lo que Dios mandó a Moisés con respecto a los hijos de Israel y esas prohibiciones divinas estaban vigentes durante 1500 años. Por ejemplo, cuando el Señor Jesús dijo a la mujer cananea que no era bueno tomar el pan de los niños y echarlo a los perros (Mateo 15:26), usaba terminología aceptada en esa época. Ella demostró la profundidad de su fe cuando no fue ofendida, más bien ella reconoció que aun los perros comen las migajas de la mesa de sus amos.
Es un hecho que había gran hambre y parece que nuestro amado Padre Celestial lo usaba para ayudar en traer la unidad entre los judíos y los gentiles. La hambruna era tan severa y los hermanos judíos llegaron a estar tan desesperados que finalmente tragaron su orgullo y aceptaron ayuda de los mismos gentiles que antes habían odiado.
La generosidad benevolente de los creyentes gentiles se menciona por primera vez en Hechos 11:29 cuando la “ecclesia” en Antioquía envió ayuda a Judea por medio de Bernabé y Saulo. Más tarde, Jacobo, Cefas, y Juan darían la diestra a Pablo y Bernabé cuando salieron para evangelizar a los gentiles. No obstante, se les pidieron específicamente que se acordaran de los pobres, algo que Pablo ya estaba ansioso de hacer (Gálatas 2:9 y 10).
Acordándose de los santos pobres en Judea llegó a ser una parte integral del ministerio de Pablo. Dio instrucciones a las iglesias gentiles que en el primer día de la semana, deberían poner aparte una porción de sus ingresos para que Pablo la llevara a Jerusalén (1 Corintios 16:1-3). Dos capítulos enteros de 2 Corintios están dedicados a esa ofrenda (capítulos 8 y 9). Se refirió a la participación en esa ofrenda como “la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo” (2 Corintos 9:13).
Sin embargo, aun después de meses y años de juntar esas ofrendas, Pablo no estaba seguro que serían aceptadas por los hermanos judíos en Judea. Cuando Pablo había completado sus visitas a las iglesias gentiles y se preparaba para regresar a Jerusalén, dictó estas palabras de preocupación a los hermanos en Roma: “Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales. Así que cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España. Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta” (Romanos 15:25-31).
Note, por favor, las palabras finales de esta cita: Pablo estaba preocupado que después de tanto trabajo, los judíos de Judea serían tan orgullosos que no aceptaran ayuda de los gentiles. La carta de Pablo a Roma fue escrita alrededor de 58 d. de C.
SOLAMENTE UNA “ECCLESIA”
La carta a los efesios fue escrita en Roma alrededor de 62 a 63 d. de C. Pablo estaba encarcelado en ese tiempo, pero se consideró “preso en el Señor” en vez de ser un preso de Roma (Efesios 4:1). Como ya hemos señalado, cuando dictó la carta a los romanos en el año 58 d. de C., estuvo tentativo e inseguro con respecto a la unidad entre los judíos y los gentiles. Ni fue seguro que sería aceptada su ofenda de ayuda para los santos pobres en Judea. No obstante, 4 ó 5 años después, escribió con gran claridad y confianza que hay “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados
en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-6).
Su viaje a Jerusalén con ofrendas de amor del mundo de los gentiles había sido exitoso. Los hermanos judíos no sólo aceptaron el dinero de los gentiles, sino aceptaron a los creyentes gentiles también. Pablo escribe enfáticamente que los gentiles, que antes estaban lejos, habían sido hechos cercanos. La pared de separación entre los judíos y los gentiles ha sido destruida y Dios ha unificado a los judíos y los gentiles en un cuerpo. La hostilidad anterior entre ellos ha sido reemplazada por la paz (Efesios 2:11-22).
LA “ECCLESIA” HOY
El Señor Jesús prometió edificar su “ecclesia”, y está cumpliendo esa promesa. De toda nación, tribu, lengua y pueblo, creyentes son nacidos de nuevo y sus nombres están siendo escritos en el libro de vida del Cordero. La decisión de ser parte de la “ecclesia” es la decisión más importante de la vida. No obstante, es importante recordar que Dios es el Soberano del universo y no podemos asumir que podemos entrar en una relación con Él según nuestros propios términos. Después de hacer todo lo que sabemos que debemos hacer, aún somos siervos inútiles (Lucas 17:10). Es solamente por su gracia que somos aceptados. En Jeremías 29:13 vemos la promesa de Dios que si le buscaremos de todo nuestro corazón, lo hallaremos. 2 Crónicas 16:9 promete que los ojos de Jehová contemplan toda la tierra para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Cuando Dios encuentre este tipo de persona, sería añadida a su cuerpo (1 Corintio 12:13). Como un sabio maestro constructor, toma a los que son salvos y los coloca como piedras vivas en una casa espiritual para su Espíritu Santo (Efesios 2:22; 1 Pedro 2:5).
También es importante recordar que llegamos a ser parte de la “ecclesia” como individuos. No somos salvos en familias, ni grupos, sino por medio de una relación espiritual y personal con el Señor Jesús. Por ejemplo, la “ecclesia” en Tiatira tenía algunos problemas serios. Habían permitido a la mujer Jezabel enseñar y seducir a los siervos de Dios para que cometieran fornicación y comieran cosas sacrificadas a ídolos. No obstante, había en Tiatira algunos que no siguieron sus enseñanzas ni conocieron las cosas profundas de Satanás (Apocalipsis 2:18- 29). Esos individuos serían salvos aun en el malvado ambiente en el cual adoraban.
Cuando los fariseos preguntaron al Señor Jesús cuándo vendría el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia (Lucas 17:20). El reino está por dentro. Los ciudadanos del reino no están fácilmente reconocidos por ojos humanos. No obstante, como Pablo hizo recordar a Timoteo, conoce el Señor a los que son suyos (2 Timoteo 2:19). Él es el Buen Pastor y ni uno de sus ovejas será olvidada. Nos conocía antes de nuestro nacimiento (Salmo 139:13-16). Aun nuestros cabellos
están todos contados (Mateo 10:30). Por lo tanto, podemos tener confianza que donde sea y cuando sea que alguien nazca de nuevo, asume su lugar en la “ecclesia” de Dios.
Juan escribió que “todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al Padre, ama también a sus hijos (1 Juan 5:1 NVI). Este amor trasciende todas las barreras. Une en un cuerpo a personas de todas las naciones, lenguajes, y culturas. Si Ud. pertenece a la “ecclesia” de Dios, amará a todas las demás personas de la “ecclesia”. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).