OPCIONES
OPCIONES
“No imites la maldad de las mayorías” (Éxodo 23:2, NVI).
Obviamente, tenemos la capacidad de tomar decisiones. De otra manera, los mandamientos inspirados de la Biblia serían inútiles. ¡Tenemos una opción! No tenemos que seguir a la mayoría y hacer mal.
Para ayudarnos a entender nuestra capacidad de tomar decisiones, volvamos al principio. Dios creó a Adán con la capacidad de tomar decisiones. Él era distinto a las demás criaturas. Dios puso a Adán en el huerto de Edén “para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15). Afortunadamente, Adán eligió obedecer. El huerto estaba bien organizado porque Dios no es autor de confusión. Por lo tanto, la Biblia explica: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:8 y 9).
Como ya hemos dicho, Dios puso a Adán en el huerto para labrarlo y guardarlo. Hasta este mismo día, nosotros también podemos elegir colaborar con Dios (1 Corintios 3:9). Como también ya hemos dicho, Adán era único en su capacidad de elegir, dado que solamente el hombre fue creado en la imagen de Dios (Génesis 1:26 y 27). Los cielos cuentan la “gloria” de Dios, pero no su “imagen”. Y el firmamento anuncia la obra de sus manos, pero no su “imagen” (Salmo 19:1). Solamente el hombre fue creado a la imagen de Dios. Dios está libre para elegir y el hombre también. Las estrellas no pueden elegir. Los árboles no pueden elegir. Aun los animales, las aves, y los peces no pueden elegir a desobedecer a Dios. Solamente el hombre puede decir “no” a Dios y tomar decisiones que involucran la eternidad. De toda la creación, solamente el hombre fue creado a la imagen de Dios.
Así que Dios plantó dos árboles especiales en el huerto para hacer claro qué tipo de hombre era Adán: “el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:9). Dios plantó esos dos árboles especiales en medio del huerto para que Adán los viera todos los días. “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:15-17). Todos los días Adán tendría que elegir si obedeciera a Dios o no!
¡QUÉ SENCILLO! ¡QUÉ PROFUNDO!
Así que, todos los días Adán tuvo que elegir obedecer a Dios o no. ¡Así es con nosotros! Todos los días tenemos que enfrentar las mismas opciones que Adán enfrentó. Dios diseñó al huerto de Edén para enseñarnos algo: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Tristemente, como sabemos, ¡Adán eligió desobedecer a Dios! No solamente murió Adán como Dios había prometido, sino por medio de él, la muerte pasó a todos los hombres: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).
Mientras la humanidad se multiplicaba en la tierra, tanta gente eligió hacer lo malo que “vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:5-8).
La humanidad no tenía que imitar a las mayorías para hacer mal y Noé lo confirmó. Noé halló gracia ante los ojos de Jehová y nosotros también podemos (Génesis 6:8).
Josué también halló gracia ante los ojos de Jehová. Eligió seguir al Dios verdadero en vez de a dioses falsos. Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem y dijo: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
¡Nosotros también podemos elegir servir al Señor como lo hizo Josué!
IMITANDO A LAS MAYORÍAS
Nuestro texto: “No imites la maldad de las mayorías” (Éxodo 23:2, NVI) fue escrito 1,500 años antes de Cristo. Los Diez Mandamientos fueron dados en esa época. Esas palabras inspiradas aún son relevantes hoy. Puede haber disturbios alrededor de nosotros, pero no tenemos que imitar a las multitudes para hacer mal.
- Considere esta cronología:
- Los Diez Mandamientos se encuentran en Éxodo 20:1-17.
- La advertencia de no imitar a las multitudes para hacer mal se encuentra en
Éxodo 23:2.
- En Éxodo capítulo 33, 3000 personas murieron porque eligieron imitar a las
multitudes para hacer mal.
Esta advertencia fue dada en una ocasión cuando 3000 personas murieron por haber imitado a una multitud para hacer mal. ¡Recuerde! Su rebelión sucedió cuando Moisés estaba en el monte cuarenta días y cuarenta noches recibiendo los diez mandamientos de Dios (Éxodo 24:18). “Viendo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (Éxodo 32:1).
Los israelitas habían salido de Egipto solamente unas pocas semanas antes. Ellos estaban “fuera de Egipto” pero Egipto no estaba “fuera de ellos”. Como se sabe, el sexo ilícito era una parte integral de la sociedad egipcia. Era una parte integral de su adoración. La adoración de sus dioses y diosas tales como Bes, Hathor, Isis, Neftis, Meskhenet y Heqet involucraba orgías sexuales. Prostitutas religiosas aun estaban en posiciones prominentes de la sociedad y fueron tratadas con cortesía y respeto. Los hebreos sabían que no debían adorar a esos dioses paganos. Específicamente, Moisés pidió permiso del Faraón para ir camino de tres días por el desierto para alejar a los israelitas de la maldad de los egipcios y para adorar al único Dios verdadero (Éxodo 5:1- 3). El Faraón negó esa petición hasta que la décima plaga tomara la vida de su hijo primogénito. Ahora que fueron liberados de Egipto, 3000 hebreos aprovecharon la demora de Moisés como una excusa para cometer fornicación como los egipcios hacían. Aun Aarón estaba involucrado en esa idolatría (Éxodo 32:1-6). ¡Recuerde! “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Consecuentemente, esas 3000 personas rebeldes murieron como resultado de su pecado (Éxodo 32:27-29). El Señor estaba suficientemente enojado con Aarón como para matarle a él también, pero lo perdonó ya que Moisés oró por él (Deuteronomio 9:20).
Por favor, ¡no siga a una multitud para hacer mal!
CRISTO PROVEE ESPERANZA PARA LOS QUE IMITAN A LAS MULTITUDES
Si Ud. ha imitado a las multitudes para hace mal, no se desespere. Si Ud. se rinde a Cristo, lo perdonará. 1500 años después de la advertencia de Moisés de no imitar a las multitudes, Cristo estaba siendo juzgado por su vida ante Poncio Pilato. Pilato sabía que el Señor Jesús era inocente y quería soltarle. La esposa de Pilato aun rogaba a él que no condenara al Señor Jesús. Ella también sabía que él era inocente (Mateo 27:19). Ya que era una costumbre soltar a un prisionero durante la Pascua, Pilato dio a la
muchedumbre la opción de soltar a un homicida y ladrón culpable llamado Barrabás, o a un hombre inocente llamado Jesucristo. Como sabemos, el Señor Jesús nunca mató a nadie ni robó nada.
“Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto” (Mateo 27:20).
Note, por favor, que esa decisión equivocada de la muchedumbre no fue espontánea. Fue orquestada por los sacerdotes principales y los ancianos. Lo mismo sucede muy a menudo hoy. Aun hoy, hombres malvados están persuadiendo a las multitudes a que hagan mal. Antes de tomar parte en un alboroto, sería sabio conocer los motivos de las personas que han creado el alboroto. Por ejemplo, en Éfeso algunos idólatras instigaron un alboroto con el propósito específico de matar al apóstol Pablo (Hechos 19:23-28). Pronto la ciudad entera estaba turbado pero “la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido” (Hechos 19:32). Tristemente, muchos hoy están involucrados en alborotos y disturbios sin saber por qué están participando en ellos.
En el juicio del Señor Jesús, los sacerdotes principales y los ancianos tuvieron éxito en manipular a las multitudes ignorantes. Neciamente, la multitud gritó por la liberación de Barrabás y la crucifixión de Cristo. Aun la gente se atrevió a decir del Señor Jesús: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27:25).
Cincuenta días después, Pedro predicó a esa gente en el día de Pentecostés. Él enfrentó a la multitud por su necedad y dijo: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:36- 41).
AUN LOS QUE FUERON INVOLUCADOS EN LA CRUCIFIXIÓN DE CRISTO PODÍAN SER PERDONADOS SI ESTABAN DISPUESTOS A ARREPENTIRSE Y BAUTIZARSE.
¡LO MISMO ES CIERTO HOY! EL SEÑOR NO QUIERE QUE NINGUNO PEREZCA, SINO QUE TODOS PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO (2 PEDRO 3:9).
¿UN ÁRBOL O UNA OLA DEL MAR?
¡Tenemos una opción!
- Podemos ser como un árbol plantado junto a corrientes de agua (Salmo 1:3)
- O podemos ser semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y
echada de una parte a otra (Santiago 1:6).
- Un árbol plantado junto a corrientes de agua no queda durmiente. Produce fruto.
Sus hojas no se marchitan, sino crecen.
- Al contrario, el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el
viento y echada de una parte a otra.
La lección es que no tenemos que imitar a las multitudes para hacer mal. ¡Tenemos una opción! Juan el Bautista no imitó a las multitudes. Fue semejante a un árbol plantado junto a las corrientes de agua en vez de una caña sacudida por el viento (Mateo 11:7). Podemos escoger ser como Juan el Bautista o ser como Judas Iscariote. El Señor Jesús no imitó a las multitudes para hacer mal. Siempre hizo lo que su Padre quería que haga. Nadie oyó su voz en las calles (Mateo 12:19). Cuando las multitudes trataron de hacerle su rey por fuerza, se retiró a un monte (Juan 6:15). Podemos elegir ser como el Señor Jesús. ¡Recuerde! El “fruto del Espíritu” es “templanza” (Gálatas 5:23). Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos vencer a cualquier adicción y elegir hacer bien aun cuando estamos solos. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos decir “no” a los que quieren que imitemos a las multitudes para hacer mal. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos ser “pronto para oir, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19 y 20).
Haga lo que haga, pero “¡no imites la maldad de las mayorías!”