NOMBRES
NOMBRES
El salmista escribió esto acerca de Dios: “Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (Salmo 147:4 y 5).
Todo lo que está escrito en la Biblia tiene un propósito. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Por ejemplo, cuando la ley dijo: “No pondrás bozal al buey cuando trillare” (Deuteronomio 25:4), no fue escrito para el beneficio de los bueyes, sino para enseñarnos que los obreros cristianos merecen un sueldo (1 Corintios 9:7-12). Entonces necesitamos preguntar por qué las Escrituras nos informan que Dios cuenta el número de las estrellas y a todas ellas llama por sus nombres.
Mientras Pablo recordó a los corintios que Dios se preocupa más por las personas que por los bueyes, podríamos decir con certeza que Dios se preocupa más por las personas que por las estrellas. La tierra es solamente una pequeña partícula en el vasto universo; no obstante Dios creó el sol, la luna, y las estrellas para dar luz sobre ella (Génesis 1:14-19). Mientras los cielos cuentan “la gloria de Dios” (Salmo 19:1), solamente el hombre fue creado en “la imagen de Dios” (Génesis 1:27). Obviamente, el hombre es más importante para Dios que las estrellas, y parece que Dios enumeró y nombró las estrellas para nuestro beneficio. ¡Los cielos pasarán (2 Pedro 3:10), pero el hombre vivirá para siempre!
Aunque a simple vista se ve aproximadamente 5,000 estrellas, con los telescopios modernos los astrónomos ahora piensan que hay 400 mil millones de estrellas en la Vía Láctea y aproximadamente dos millones de galaxias en el universo. Por supuesto, esto es solamente una conjetura. Solamente Dios sabe el número exacto de las estrellas y él ha dado a cada una un nombre. Obviamente, Dios trata a cada estrella individuamente. ¡Obviamente, nos trata a nosotros también como individuos! ¡Sí! ¡Dios sabe nuestros nombres y algún día todos nosotros apareceremos ante el trono de Cristo para dar cuenta de lo que hemos hecho personalmente como seres humanos (2 Corintios 5:10). No seremos juzgados como “grupos”, sino como “individuos”.
Tal como cada estrella es diferente de otra (1 Corintios 15:41), cada persona también es diferente de otra. Por ejemplo, cada persona tiene sus propias huellas digitales. En el año 1901, Scotland Yard estableció su primer Departamento de Huellas Digitales. Al siguiente año, huellas digitales fueron presentadas como evidencia por primera vez en las cortes de Inglaterra. El hecho de que cada persona tiene sus propias huellas digitales, ha ayudado a resolver muchos crímenes. En el año 2013, el iPhone SS usó huellas digitales de “touch ID” para “abrir” el teléfono. En el año 2017, la firma Apple presentó el iPhone X que tiene el sistema de reconocimiento que se llama Face ID para “abrir” el teléfono. Nuestros rostros también son
diferentes uno del otro, tal como nuestras huellas digitales. ¡Dios tuvo mucho cuidado en hacernos!
Por siglos, los filósofos han considerado que la sociedad está formada por “grupos” o “clases” en vez de individuos. Filósofos como Tucídides, Aristóteles, Sócrates, y Plutarco clasificaban a los hombres como ricos o pobres, opresores u oprimidos, clase alta o clase baja, etc. En la época del Señor Jesús, la clase alta se llamaban “patricios” y la clase baja se llamaba “plebeyos”. Al contrario, el Señor Jesús consideró a todos como individuos. Él podía llamar a extraños por sus nombres. El Señor Jesús también prohibió a sus discípulos que clasificaran a la gente. Por ejemplo, él dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de Juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno” (Mateo 5:21 y 22). Cuando se ponga un nombre a un hermano según su parecer o su comportamiento, en un sentido, esto es deshumanizarlo.
Los soldados son entrenados para ver a los “enemigos” como un “grupo” en vez de “individuos”. Se ve a los enemigos como un “grupo” de personas que debe ser destruido. Es más fácil matar a un “enemigo” que a una “persona” cuyo nombre es conocido. Si el nombre de nuestro enemigo es conocido, podría ser más difícil apretar el gatillo.
¡TODOS SOMOS IMPORTANTES AL SEÑOR JESÚS!
- Los judíos consideraban a los samaritanos como un grupo de personas y no se asociaban
con ellos. Pero el Señor Jesús habló con una samaritana junto al pozo de Jacob y le ofreció “agua viva”. ¡Él sabía todo acerca de ella! Sabía que ella se había casado 5 veces y que en ese entonces estaba viviendo con un hombre que no era su marido. A pesar de su vida pecaminosa, todavía era valiosa al Señor Jesús. Esa mujer afligida trajo una ciudad entera para oír al Señor Jesús, diciendo “Me ha dicho todo cuanto he hecho” (Juan 4:29). El Señor Jesús se quedó allí por 2 días, y por lo que dijo, muchos samaritanos creyeron en él (Juan 4:40 y 41).
- La mayoría de la gente odiaba a publicanos, pero el Señor Jesús los amaba. Aun escogió
a un publicano que se llamaba Mateo para ser uno de sus apóstoles (Mateo 9:9).
- Zaqueo era jefe de los publicanos y aún el Señor Jesús lo llamó por su nombre y se invitó
a sí mismo y sus apóstoles a la casa de Zaqueo y él también llegó a ser un discípulo de Cristo (Lucas 19:1-10).
- He aquí algunas “clases” de personas que fueron rechazadas por la sociedad, ¡pero el
Señor Jesús los amaba!
- Leprosos (Mateo 8:1-4).
- Centuriones romanos (Mateo 8:5-13).
- Mujeres pecadores (Lucas 7:36-50).
- Personas endemoniadas (Lucas 8:26-39).
- Principales entre los judíos (Juan 3:1-21).
- Personas ricas (Marcos 10:21).
- Los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (Lucas 14:12-14).
- Los bebés y los niños (Lucas 18:15-17).
- Los ancianos (Lucas 2:25-28).
- En realidad, “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierde, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16 y 17).
- Antes de ascender al cielo, el Señor Jesús envió a sus apóstoles para hacer discípulos de “todas las naciones” (Mateo 28:18-20), y de “toda criatura” (Marcos 16:15 y 16). ¡Todos son importantes al Señor Jesús!
- ¡Esto quiere decir que nosotros también somos importantes al Señor Jesús! Él no sólo sabe nuestros nombres, sino aun nuestros cabellos están todos contados: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:29-31).
SE PROHIBE LA DISCRIMINACIÓN EN LA IGLESIA
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:12 y 13).
“Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si
vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).
“En aquel tiempo, estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca, porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:12-22).
“No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:9-11).
Onésimo era un esclavo que huyó de su señor a Roma. Pablo estaba prisionero en Roma en aquel entonces y él guió a Onésimo a Cristo. Pablo escribió al señor de Onésimo, Filemón: “el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario. Porque quizá para eso se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta” (Filemón 1:12-18).
El Señor Jesús nos trata a todos nosotros como individuos.
Cuando llegamos a ser seguidores del Señor Jesús, nuestros nombres están escritos en el libro de la vida (Lucas 10:20).
Los que no adoran al Señor Jesús, no tendrán sus nombres escritos en el libro de la vida (Apocalipsis 13:8).
LOS NOMBRES SON IMPORTANTES PARA DIOS
- Dios dijo a Adán que pusiera nombres a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado
del campo (Génesis 2:20).
- Adán aun puso nombre a su mujer (Génesis 3:20).
- Aun los ríos tenían nombres (Génesis 2:10-14).
- Las ciudades también tenían nombres (Génesis 4:17).
- Todos los niños son individuos y Dios los hizo en el vientre de su madre (Salmo 139:13).
Cada niño es único y como todas las estrellas, tiene su propio nombre.
- El nombre “Abraham” significa “padre de multitudes”. Dios le dio ese nombre antes de
que tuviera un hijo (Génesis 17:5).
- El nombre “Juan” significa “Dios es bondadoso”. Dios dio ese nombre a Juan el Bautista
antes de su nacimiento (Lucas 1:13).
- El nombre “Jesús” significa “Dios es salvación”. También Dios dio ese nombre a Jesús
antes de su nacimiento (Mateo 1:21).
- El nombre “Pedro” significa “piedra”. Dios dio a Pedro ese nombre cuando todavía era
un hombre vacilante e inestable que se llamaba Simón (Juan 1:42).
- Dios dará un nombre nuevo a los que vencieran los tropiezos (Apocalipsis 2:17).
- ¡Los nombres son importantes a Dios!
- ¡Dios sabe nuestros nombres y somos importantes a él!
LAS POSESIONES
1 Reyes, capítulo 21 registra la historia de un rey que se llamaba Acab y un labrador que se llamaba Nabot. Ambos eran importantes para Dios. Nabot tenía una viña que Acab quería. Cuando Nabot se negó a vender la viña, Jezabel, la mujer impía de Acab, ordenó que Nabot fuera asesinado. Cuando Acab se fue para poseer la viña, Elías lo encontró y dijo: “Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre” (1 Reyes 21:19).
Las posesiones eran tan importantes que aun el rey Acab no pudo confiscar los bienes de algún otro. He aquí cómo la posesión de bienes fue establecida por Dios.
- Cuando los israelitas vivían en Egipto, eran esclavos y no poseían nada.
- Cuando tomaron posesión de la tierra de Canaán, cada tribu y cada familia fue dado su
propio territorio.
- La tierra fue repartida por sorteo (Números 34:13).
- A los levitas, Dios les dio ciudades en que vivir (Números 35:1-5), pero no recibieron
ningún terreno como sucedió con las demás tribus. Ya que se dedicaron a la obra del tabernáculo, Dios les dio los diezmos de los israelitas como su herencia (Números 18:20 y21).
- Para asegurar que la propiedad se quedaba en la familia, en el año de jubileo, cada terreno
que había sido vendido durante los últimos 50 años fue devuelto a la familia a que originalmente pertenecía (Levítico 25:10).
- También para asegurar que la propiedad no podía ser transferida por matrimonio, las
mujeres también fueron permitidas a ser dueñas de propiedades (Números 36:1-13).
- Según la ley mosaica, Nabot no pudo vender su propiedad a Acab: “Para que la heredad
de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres” (Números 36:7).
- Nabot dijo a Acab: “Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres”
(1 Reyes 21:3).
- ¡Todas las personas en la tierra han sido creadas en la imagen de Dios y tienen derechos
divinos dados a ellas por Dios mismo!
- En el cielo, todos tendremos nuestra propia mansión (Juan 14:1-4).
EL SEÑOR JESÚS LLAMA A SUS OVEJAS POR NOMBRE
El Señor Jesús es el buen pastor que “a sus ovejas llama por nombre” (Juan 10:3). Hay en la Biblia ciertos mandamientos dados para todos. Por ejemplo, Pablo dijo a los hombres de Atenas: “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:29-31).
No obstante, cuando el Señor Jesús da a individuos algo que hacer, llama a sus ovejas por nombre. Por ejemplo, el Señor Jesús envió a Pedro solo para pescar (Mateo 17:24-27). A veces el Señor habla en una voz audible. Por ejemplo, cuando el Señor llamó el nombre Samuel, él pensó que el sacerdote Elí le estaba llamando (1 Samuel 3:4-14). Evidentemente, ésta era la manera en que Dios llamó a varias personas famosas en la Biblia.
- “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de
violencia a causa de ellos” (Génesis 6:13).
- Dios llamó: “!Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí” (Éxodo 3:4).
- “Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado
y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?” (Jueces 6:12-14).
- El ángel Gabriel apareció a María y dijo: “María, no temas, porque has hallado gracia
delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús” (Lucas 1:30 y 31).
- Saulo de Tarso oyó una voz diciendo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos
9:4).
- Etc.
A VECES, NADIE PUEDE OÍR LA VOZ DE DIOS, SINO USTED
Cuando Elías llegó al monte de Dios, entró en una cueva para pasar la noche. El día siguiente el Señor le dijo: “Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no
estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?” (1 Reyes 19-11-13).
Cuando el Señor susurra suavemente en su oído, nadie más puede oírlo.
Pablo escribió a los corintios: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie” (1 Corintios 2:14 y 15).
¡ Los versículos que siguen serán una prueba! Si Ud. no está dispuesto a tomar el tiempo para considerar cuidadosamente cómo Dios lo guía con su Espíritu, esto podría ser una indicación de que no tenga su Espíritu. Por favor, considere con oración las siguientes palabras: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros el que levantó de los muertos a Cristo Jesús, vivificará también nuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos; ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:5-17).
¡Es peligroso tomar parte en la guerra espiritual si no tememos al Espíritu del Señor Jesús! Considere, por favor: “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?. Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos” (Hechos 19:13-16).
EL NOMBRE DE JESÚS
- “Y dar a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de
sus pecados” (Mateo 1:21).
- “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre
todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).
- “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en
tu nombre” (Lucas 10:17).
- “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:13 y 14).
- “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de
Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
- “Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre del
Señor Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6).
- “Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su
nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros (Hechos 3:16)
- “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a
los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
- “Mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios
mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (Hechos 4:30).
- “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el
nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres (Hechos 8:12).
- “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados,
invocando su nombre” (Hechos 22:16).
- “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del
Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).
- “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los
que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19).
- “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os
apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros” (2 Tesalonicenses 3:6).
- “Porque todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13).
- “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa a su voluntad,
él nos oye” (1 Juan 5:14).
- ¡Las Escrituras son claras que hay poder en el nombre del Señor Jesús!
HOY, “SI CONFESARES CON TU BOCA QUE JESÚS ES EL SEÑOR, Y CREYERES EN TU CORAZÓN QUE DIOS LE LEVANTÓ DE LOS MUERTOS, SERÁS SALVO. PORQUE CON EL CORAZÓN SE CREE PARA JUSTICIA, PERO CON LA BOCA SE CONFIESA PARA SALVACION” (ROMANOS 10:9 y 10).
ALGÚN DÍA, “EN EL NOMBRE DE JESÚS SE DOBLE TODA RODILLA DE LOS QUE ESTÁN EN LOS CIELOS, Y EN LA TIERRA, Y DEBAJO DE LA TIERRA; Y TODA LENGUA CONFIESE QUE JESCUCRISTO ES EL SEÑOR, PARA GLORIA DE DIOS PADRE” (FILIPENSES 2:10-11).
POR ESO, ¡SE NECESCITA CONFESAR A JESUCRISTO COMO EL SEÑOR! “EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN; PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS” (HECHOS 4:12).