NO TENEMOS LUCHA CONTRA SANGRE Y CARNE
NO TENEMOS LUCHA CONTRA SANGRE Y CARNE
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
¡Nuestra lucha no es contra sangre y carne! Los seres humanos no son nuestros enemigos. Demetrio era platero en Éfeso que hacía templecillos de la diosa Diana. Él se opuso a Pablo y creó un disturbio grande en Éfeso acerca del Camino (Hechos 19:23-41). Esto puede ser a lo que Pablo se refería cuando escribió que batallaba contra fieras en Éfeso (1 Corintios 15:32). ¡No obstante, Demetrio en realidad no era el enemigo! Él era meramente un medio que el diablo usaba en contra del Evangelio. El enemigo real eran los huestes espirituales de maldad que dirigía a Demetrio para hacer sus malas acciones.
Note que estas fuerzas espirituales de maldad están en las “lugares celestes”. Esta frase se encuentra cinco veces en Efesios:
- Dios nos bendijo con toda bendición en los lugares celestiales en Cristo (Efesios
1:3).
- Dios resucitó al Señor Jesús de los muertos y se sienta a su diestra en los lugares
celestiales (Efesios 1:20).
- Dios ha resucitado a Cristo y se sienta con él en los lugares celestiales (Efesios
2:6).
- Dios ha revelado su sabiduría multiforme a los principados y potestades en los
lugares celestiales por medio de la iglesia (Efesios 3:10).
- Nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra huestes espirituales de
maldad en los lugares celestiales (Efesios 6:12).
- NUESTRAS BATALLAS EN EL MUNDO INVARIABLEMENTE ESTÁN
RELACIONADAS CON LO QUE SUCEDE EN LOS LUGARES CELESTIALES!
EL EJEMPLO DE JOB
¡Job tuvo algunas luchas serias!
- Los sabeos tomaron sus asnas y bueyes y mataron a sus criados (Job 1:13-15).
- Fuego de Dios cayó del cielo y quemó sus ovejas (Job 1:16).
- Los caldeos llevaron sus camelos y también mataron a sus criados (Job 1:17).
- Un gran viento vino del desierto y mató a sus hijos e hijas (Job 1:18 y 19).
- También una sarna maligna hirió a Job desde la planta de su pie hasta la
coronilla de su cabeza (Job 2:7).
- NO OBSTANTE, EN CADA INSTANCIA, LO QUE SUCEDIÓ EN LA TIERRA
CON JOB FUE EL RESULTADO DE LO QUE SUCEDÍA EN LOS LUGARES CELESTIALES (Job 1:6-12; 2:1-6).
EL EJEMPLO DE DANIEL
En el tercer año del reino de Ciro, rey de Persia, Daniel recibió una visión. Eso causó que Daniel estuviera afligido por tres semanas y no entró carne ni vino en su boca, y no se ungió con ungüento. El día veinticuatro del primer mes, fue dado una visión especial que nadie con él pudo ver. Aunque no vieron la visión, se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Daniel no tuvo fuerza, y no tuvo vigor; cayó sobre su rostro en un profundo sueño, con su rostro en tierra (Daniel 10:1-9).
Entonces Daniel escribió: “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días” (Daniel 10:10-14)
¡POR FAVOR, NOTE QUE LO QUE SUCEDIÓ A DANIEL EN LA TIERRA, FUE DETERMINADO POR LO QUE SUCEDÍA EN LOS LUGARES CELESTIALES!
EL MINISTERIO DE PABLO EN ÉFESO
No obstante, en su segundo viaje misionero, Pablo quería predicar la palabra en la provincia de Asia. Como sabemos, Éfeso era la ciudad principal de Asia. No obstante, el Espíritu Santo lo prohibió a predicar en Asia en ese tiempo (Hechos 16:6).
No obstante, en su tercer viaje misionero, Pablo tomó el camino por el interior de Asia y llegó a Éfeso (Hechos 19:1). Éfeso era la sede principal de la adoración pagana de la diosa Diana. El templo de Diana en Éfeso era uno de los siete milagros del mundo antiguo. Pablo sabía que una gran batalla espiritual estaba por comenzar. Entonces
cuando encontró a algunos discípulos en Éfeso, les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? (Hechos 19:2). ¡Pablo sabía que esos discípulos no podían prevalecer contra Satanás sin el Espíritu Santo! Continuemos leyendo.
“Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo” (Hechos 19:2).
“Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo: y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres” (Hechos 19:4-7).
Note, por favor, que el Espíritu Santo fue dado de una manera especial cuando los apóstoles les impusieron las manos (Hechos 8:18).
Por medio del Espíritu Santo, “hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (Hechos 19:11 y 12).
En sólo dos años, todos los de Asia, judíos y griegos, oyeron la Palabra del Señor (Hechos 19:10).
¡Recuerde! “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
EL BAUSTISMO DE JUAN VERSUS EL BAUTISMO CRISTIANO
El bautismo de Juan es distinto al bautismo cristiano en por lo menos cuatro maneras.
- 1 – El bautismo de Juan fue para los judíos. No hay registro de ningún gentil que fuera bautizado por Juan, mientras el bautismo cristiano es para “todas las naciones” (Mateo 28:18-20).
- 2 – El bautismo de Juan era temporal. Cuando Pablo llegó a Éfeso, ya no era válido. Pero el bautismo cristiano se practicará hasta “el fin del mundo” (Mateo 28:20).
- 3 – El bautismo de Juan fue por la autoridad de Dios, preparando a los judíos para la venida del Señor Jesús. El bautismo cristiano tiene la autoridad de Cristo. Ahora que Cristo ha venido, toda autoridad le ha sido dada (Mateo 28:18).
- 4 – El bautismo de Juan era un “bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (Marcos 1:4). No contenía ninguna promesa acerca del Espíritu Santo. Pero el bautismo cristiano promete no sólo el perdón de los pecados, sino promete también el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
EL PODER DEL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS
“Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús. Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor” (Hechos 19:13-20).
Cuando Pedro y Juan fueron arrestados por sanar a un hombre cojo desde nacimiento, aparecieron ante los gobernantes, los ancianos y los escribas en Jerusalén. Esto incluía Anás, el sumo sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro, y otros hombres de la familia del sumo sacerdote. Entonces, preguntaron a Pedro y Juan:
“¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” (Hechos 4:7).
“Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos nosotros y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:8-12)”.
LA LUCHA CONTRA LOS ENEMIGOS DEL REINO DE DIOS REQUIERE
ARMAS ESPIRITUALES
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta” (2 Corintios 10:3-6).
Inmediatamente después del bautismo del Señor Jesús, el Espíritu lo envió al desierto donde fue tentado por Satanás por cuarenta días: “Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras, y los ángeles le servían (Marcos 1:12 y 13). Ya que el Señor Jesús fue tentado en todo al igual que nosotros (Hebreos 4:15), ¡nosotros también tenemos ángeles que nos sirven! De hecho, una de las funciones principales de los ángeles es servir a los que heredamos salvación (Hebreos 1:14).
Después de la advertencia acerca de “los huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, Pablo escribió: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar” (Efesios 6:10-20).
Estas armas espirituales son poderosas. Cuando no tenemos temor, nuestros enemigos están asustados: “En nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios” (Filipenses 1:28).
La Palabra de Dios es nuestra arma principal. ¡Recuerde! “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:12 y 13).
Cuando el Señor Jesús fue tentado, ganó la victoria al citar las Escrituras al diablo. El Señor Jesús dijo: “Escrito está . . .” (Mateo 4:4; 4:6 y 7; 4:10, etc.).
¡El Señor Jesús nos dejó un ejemplo, que debemos seguir sus pasos!
EL DIABLO ES IMPLACABLE
Cuando el Señor Jesús se defendió con éxito y venció al diablo después de cuarenta días de tentación, las Escrituras registran: “Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo” (Lucas 4:13).
¡El diablo nunca se rinde!
¡Tampoco nosotros debemos rendirnos! Cuando somos fieles hasta la muerte, recibiremos la corona de vida (Apocalipsis 2:10).
Una parte importante de nuestra victoria involucra el identificar a nuestro enemigo!
Con respecto a eso, por favor, recuerde: “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”