NO OS SORPRENDÁIS
NO OS SORPRENDÁIS
“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:12 y 13).
Pedro y los demás apóstoles habían estado con el Señor Jesús por más de dos años antes de que él claramente les dijera que iba a sufrir en las manos de los líderes judíos y ser crucificado. Pero antes de revelar estas noticias a ellos, fue importante que ellos entendieran su deidad. Cuando Pedro confesó que “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16), el Señor Jesús le felicitó por entender correctamente quién era. Entonces el Señor Jesús prometió edificar a la iglesia sobre la roca de su deidad, y además prometió que las puertas de Hades no prevalecerían contra ella.
La palabra “puertas” se refiere a fuerza. Como la cadena no es más fuerte que su eslabón más débil, una ciudad no es más fuerte que sus puertas. Se piensa que la palabra “Hades” se deriva de a–negativo, y eido-ver, queriendo decir “invisible”. Otros piensan que se deriva de hado – “recibir a todos”, refiriéndose al lugar donde los espíritus de los muertos son “todos recibidos”. Quizás se derive de ambos, porque todos morimos y nuestros espíritus “invisibles” son “recibidos” en el “Hades. Así parece que el Señor Jesús estaba asegurando a sus discípulos que aunque iba a morir, el poder de la muerte nunca triunfaría sobre su iglesia.
“Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; de ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres!” (Mateo 16:21-23).
Aparentemente, Pedro pensaba que el Señor Jesús iba a establecer un reino terrenal como el de David. Consecuentemente, ¡pensaba que sufrir era malo y no quería que el Señor Jesús sufriera! Por supuesto, ¡Pedro estaba equivocado! Antes de la fundación de la tierra, estaba determinado que el Señor Jesús sufriría y que seríamos redimidos por su sangre preciosa (1 Peter 1:18-20). Toda la ley y el sistema sacrificial fueron diseñados para llevarnos a Cristo para que seamos justificados por fe (Gálatas 3:24). Por medio de un solo sacrificio, el Señor Jesús nos hizo perfectos para siempre (Hebreos 10:14). Los profetas también predijeron que el Señor Jesús sería guiado como un cordero al matadero y que el Señor pondría sobre él la iniquidad de todos nosotros (Isaías 53:1-12).
Entonces, 6 días más tarde, el Señor Jesús llevó a Pedro, Jacobo, y Juan a un monte alto donde él habló con Moisés y Elías (Se encuentra esta historia en Mateo 17:1- 13; Marcos 9:2-13, y Lucas 9:28-36). Para enfocar su atención en la importancia de esto, el Señor Jesús fue transfigurado ante ellos y su rostro brillaba como el sol. Entonces, Lucas escribió: “Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su
partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén” (Lucas 9:30 y 31). Por supuesto, ¡esta “partida” se refiere a su muerte!
Esta conversación con Moisés y Elías ayudó a convencer a esos hombres que la muerte del Señor Jesús era esencial para nuestra salvación. Además, estaba en armonía completa con la ley y los profetas. Cuando Pedro quería edificar tres ramadas para Moisés, Elías y el Señor Jesús, en ese momento Dios interrumpió desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo amado, a él oíd” (Lucas 9:35). La lección es que debemos prestar más atención al Señor Jesús que a Moisés y a Elías. El Señor Jesús explicó precisamente lo que está escrito en la ley y los profetas.
Aún, Pedro no quería que el Señor Jesús sufriera y muriera; entonces cuando los soldados vinieron a arrestarlo: “Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? (Juan 18:10 y 11). El Señor Jesús podría inmediatamente haber llamado a más de doce legiones de ángeles para rescatarle, pero Dios tenía un propósito para su padecimiento (Mateo 26:53 y 54). El Señor Jesús fue paciente con Pedro y más tarde él llegó a ver cl padecer de un punto de vista correcto.
¡Es obvio que Cristo Jesús tuvo que padecer! Después de su resurrección, el Señor Jesús se apareció a dos de sus discípulos en el camino a Emaús: “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:25-27).
EL SEÑOR JESÚS ADVIRTIÓ A SUS DISCÍPULOS QUE
ELLOS TAMBIÉN TENDRÍAN QUE PADECER
En el aposento alto la noche antes de su crucifixión, el Señor Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os ha dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado” (Juan 15:18- 22).
Aún los apóstoles querían evitar el padecer, y cuando el Señor Jesús fue arrestado, “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Marcos 14:50).
Aún después de la resurrección del Señor Jesús, “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en
el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos” (Juan 20:19).
Las Escrituras enseñan que Dios hizo perfecto al Señor Jesús por medio del padecimiento (Hebreos 2:10). Era también el plan de Dios para ayudar al crecimiento espiritual de sus discípulos por medio del padecimiento: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:4 y 5).
El Señor Jesús también advirtió al apóstol Pablo acerca del padecimiento. Cuando el Señor envió a Ananías para sanar a Saulo, le dijo: “Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuanto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:15-17).
La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas realmente transforma el padecimiento en algo que nos causa crecer espiritualmente. Pablo escribió: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. (Romanos 5:3-5). Si una semilla tiene vida dentro de sí, el suelo, el sol, la lluvia, y aun el estiércol la causaría crecer. Si una semilla no tiene vida dentro de sí, esas cosas la destruirán.
Ya que los apóstoles necesitarían ayuda divina para soportar el padecimiento, el Señor Jesús les prometió: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
“Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios” (1 Pedr0 4:1 y 2).
EL ESPÍRITU SANTO DA VALOR PARA SOPORTAR EL PADECIMIENTO
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada
uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:1-4).
- Note, por favor, que los apóstoles ya no estaban escondiéndose en un cuarto
cerrado, sino que con denuedo, predicaban a Cristo en público. Ya que el Espíritu les dio el valor, 3,000 se arrepintieron y fueron bautizados (Hechos 2:41).
- Pedro y Juan sanaron a un hombre a la puerta que se llamaba la Hermosa, y
cuando mucha gente se había reunido, Pedro predicó otro sermón. Entonces llegó a ser el número de conversos aproximadamente 5,000 hombres (Hechos 4:4).
- Cuando Pedro y Juan fueron arrestados y llevados ante los judíos principales,
Lucas observó: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).
- Cuando Pedro y Juan fueron mandados a no hablar ni enseñar en el nombre del
Señor Jesús, respondieron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19 y 20).
- Cuando regresaron a su propio pueblo, oraron: “Y ahora, Señor, mira sus
amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29).
- “Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos que estaban con él,
esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. Más un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida” (Hechos 5:17-20).
- Cuando los apóstoles fueron arrestados otra vez y llevados ante el Sanedrín, les
dijeron: “¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:28 y 29).
- Después de que Gamaliel les persuadió no matar a los apóstoles: “convinieron
con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:40-42).
- “SIN DUDA, EL ESPÍRITU SANTO NOS DA VALOR!
PEDRO Y EL PADECIMIENTO
- A Pedro, se le llamaba “Simón”, pero el Señor Jesús dijo: “Tú eres Simón, hijo
de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:42).
- “Cefas” es la palabra aramea para “roca” y Pedro es la palabra griega para “roca”.
Pedro, el vacilante, iba a ser transformado en alguien tan “sólido” y “confiable” como una “roca”.
- Cada vez que se enumera a los doce apóstoles, Pedro es el primero.
- Una parte de la transformación de Pedro involucraba su concepto del
padecimiento. Mientras en el pasado vio el padecimiento como algo malo, más tarde lo vería como una manera en que Dios puede ser honrado en nuestras vidas.
- ¡Recuerde! Después de que Pedro negó al Señor Jesús tres veces, el Señor Jesús
le permitió confesarle tres veces (Juan 21:15-17). Fue entonces que el Señor Jesús le advirtió de su martirio al decir: “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías e ibas a donde querías; más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme” (Juan 21:18 y 19).
- Cuando Herodes Agripa degolló a Jacobo, el hermano de Juan con una espada,
vio que esto agradó a los judíos; así que arrestó a Pedro con la intención de juzgarlo en público (Hechos 12:1-4).
- En ese tiempo, milagrosamente, un ángel libró a Pedro de la cárcel y la muerte
(Hechos 12:5-19).
- La Biblia no nos dice cómo murió Pedro. Pero los historiadores afirman que
murió crucificado con la cabeza hacia abajo en Roma, según las órdenes del emperador Nero, alrededor del año 64 d. de C.
- Pedro, inspirado por Dios, escribió dos libros de la Biblia. Sabemos que la
primera carta fue escrita con la ayuda de Silas (1 Pedro 5:12). Fue enviada a los elegidos desconocidos de Dios, expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 Peter 1:1).
- Note, por favor, estas referencias al padecimiento en 1 Pedro:
- Estarían afligidos en diversas pruebas (1 Pedro 1:6).
- Las Escrituras anunciaron de antemano los padecimientos de Cristo (1 Pedro 1:11).
- Fueron redimidos por la sangre preciosa del Señor Jesús (1 Pedro 1:19).
- Eran semejantes a extranjeros y peregrinos en el mundo, y serían acusados de hacer lo malo (1 Pedro 2:11 y 12).
- “Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:19-23).
- “¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Más también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena confianza, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal” (1 Pedro 3:13-17).
- “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado” (1 Peter 4:1).
- “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pedro 4:12-16).
- “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:19).
- “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar; al cual
resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 5:8-11).
PABLO Y EL PADECIMIENTO
Cuando Dios envió a Ananías para sanar a Saulo de la ceguera, y para bautizarle, le dijo: “Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:15 y 16).
He aquí un breve ejemplo de lo que Pablo dijo a sus críticos acerca del padecimiento: “Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno? Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos” (2 Corintios 11:21-33).
UN DESAFÍO PROFUNDO
“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quizo dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:24-27).
Un poco antes de que el Señor Jesús murió, dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). La palabra griega traducida “consumado” es tetelestai. Este es un término de la contabilidad que quiere decir “pagado en su totalidad”. Se usa solamente en dos ocasiones en la Biblia y ambas se encuentran en este pasaje: “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Juan 19:28-30).
“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). La muerte del Señor Jesús era un rescate que libró a la gente de todos los pecados que habían cometido bajo el primer pacto (Hebreos 9:15).
CON REFERENCIA A COLOSENSES 1:24, NO HAY DUDA QUE CUANDO EL SEÑOR JESÚS MURIÓ, LA DEUDA POR NUESTROS PECADOS FUE “PAGADO EN SU TOTALIDAD”.
- Ya que es “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses
1:27), en una manera misteriosa, Pablo tuvo el privilegio de la “participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10).
- Los padecimientos del Señor Jesús pagaron la deuda por nuestros pecados, pero
él ha reservado para nosotros el privilegio de predicar el Evangelio a todo el mundo. ¡En este respecto, los padecimientos del Señor Jesús no llevaron el Evangelio a los gentiles, sino los padecimientos de Pablo hicieron esto! Así que podemos tener el privilegio de participar en sus padecimientos.
- Otra vez Pablo escribió a los corintios acerca del sufrimiento “Estamos
atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Corintios 4:8-10).
- En realidad, el Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:23- 25).
- No solamente debemos participar en los padecimientos de Cristo, sino también
debemos padecer los unos con los otros. Porque si un miembro del cuerpo padece, todas los miembros padecen (1 Corintios 12:26).
- También “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos
juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (Hebreos 13:3).
- Pablo escribió a los corintios acerca de consolar a los compañeros que están en
tribulación: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación” (2 Corintios 1:3-7).
- “Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con
él; Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2:11-13).
PUERTAS HECHAS DE PERLAS
Cuando Juan vio la nueva Jerusalén bajando del cielo como una novia bellamente preparada para su marido, las doce puertas de esa ciudad fueron nombradas por las doce tribus de Israel (Apocalipsis 21:12). Además: “Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla” (Apocalipsis 21:21).
Como se sabe, las perlas son formadas por una irritación. Cuando un grano de arena u otra cosa extraña entre a la concha de una ostra, entonces lentamente la ostra secreta capas de aragonito y conquiolina para cubrir el irritante y así quitar la irritación. Así se forman las perlas. Las perlas son preciosas porque son raras. Los expertos nos dicen que solamente 1 de cada 10,000 ostras producirá una perla.
He aquí la manera en que murieron los seguidores de Cristo ¡sin negar su resurrección!:
- Mateo fue un mártir en Etiopia, matado por una espada.
- Marcos murió en Alejandría, Egipto al ser arrastrado por las calles por caballos.
- Lucas fue ahorcado en Grecia.
- Juan fue echado en una tina de aceite hirviendo, pero milagrosamente fue
rescatado. Entonces fue encarcelado en la isla de Patmos donde recibió visiones que son registradas en el libro de Apocalipsis.
- Pedro fue crucificado cabeza abajo porque se sintió indigno de morir en la misma
manera en que murió el Señor Jesús.
- Jacobo, el hermano del Señor Jesús y un líder de la iglesia en Jerusalén fue
echado de un pináculo del templo, y aún vivo, fue azotado a muerte con un palo.
- Jacobo el hijo de Zebedeo fue degollado en Jerusalén.
- Bartolomé, también conocido como Nataniel, fue azotado a muerte con un látigo
en Armenia.
- Andrés fue crucificado en una cruz de forma de X en Patrás, Grecia. Él continuó
predicando a sus atormentadores por dos días, antes de morir.
- Tomás fue matado con una lanza en la India.
- Judas fue matado con flechas.
- Matías, quien fue elegido para reemplazar a Judas Iscariote, fue apedreado y
después degollado.
- Pablo fue torturado y degollado por el emperador Nero en Roma en el año 67 d.
de C.
ES NECESARIO NUESTRA CRUZ PERSONAL
El Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles” (Lucas 9:23-26).
¡Dios no nos permite buscar a una cruz que sea fácil y cómoda! ¡No hay tal cosa! ¡El propósito de una cruz es producir padecimiento y muerte! Pero, paradójicamente, es por llevar nuestra cruz que encontraremos gran gozo!
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).