NO MUCHOS MAESTROS
NO MUCHOS MAESTROS “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 3:1). “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). Así como el freno en la boca de un caballo controla todo el animal, y como se puede gobernar un barco grande por un timón pequeño, de la misma manera, un maestro puede influenciar a muchas personas (Santiago 3:3 y 4). El Espíritu Santo ha dado el don de maestro a algunos creyentes, pero no a todos. Los que “presumen” enseñar necesitan entender que serán juzgados por Dios con más severidad. Cada hijo de Dios es precioso y cuando los ciegos guían a los ciegos, ambos caerán en el hoyo. ¡Dios está triste cuando un maestro engaña a Sus hijos! Cuando el pueblo de Dios salió de la cautividad de Babilonia, Esdras leyó del libro de la ley desde el alba hasta el mediodía. Además, los maestros hicieron entender claramente la ley (Nehemías 8:1-8). La mayoría pudo leer del libro de la ley, pero no todos pudieron explicar correctamente su significado. Pablo dijo a Timoteo que debe “ocuparse en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Siempre podemos confiar en las Escrituras, pero tenemos que tener cuidado cuando explicamos el significado de ellas. ¡Siempre es provechoso escuchar o leer las Escrituras! ¡No solamente es provechoso, sino es esencial! ¡Recuerde! “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Aunque no entendamos todo lo que hay en la Biblia, siempre podemos confiar en ella al leerla y compartirla con otros. Podemos hablar con denuedo y confianza cuando hablamos las mismas palabras de Dios NO SE MOVERÁ EL MUNDO “Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá” (Salmo 93:1). “Él fundó la tierra sobre sus cimientos; No será jamás removida” (Salmo 104:5). “Temed en su presencia toda la tierra; El mundo será aún establecido, para que no se conmueva” (1 Crónicas 16:30). La iglesia primitiva, basada en su entendimiento de las Escrituras que dicen que no se moverá el mundo, enseño que el mundo era inmóvil y que el sol y los planetas giraban alrededor de él. Esta enseñanza comenzó con Claudio Ptolomeo en el segundo siglo. 500 años atrás, parecía estar de acuerdo con la ciencia y la Biblia. No es así hoy en día. Hoy, casi todos los educados creen que el mundo gira alrededor del sol. La Biblia no ha cambiado, pero la interpretación de ella sí ha cambiado. Cuando Copérnico propuso que el mundo giraba alrededor del sol, fue censurado por casi todos los que creían en la Biblia. La oposición de los Protestantes
fue conducida por hombres eruditos como Lutero, Calvino y Melanchthon. Cuando Galileo concluyó que el mundo giraba alrededor del sol, la Inquisición lo condenó como “vehementemente sospechoso de herejía”. Él fue sentenciado a arresto domiciliario en el año 1633 y quedó detenido hasta su muerte en el año 1642. Como ya hemos dicho, ¡los que leen la Biblia hoy en día, leen las mismas Escrituras que Lutero, Calvino, y Melanchthon leían, pero las interpretan de otra manera! ¡Siempre podemos leer las Escrituras con confianza, pero explicar lo que significan requiere mucho cuidado! Sin embargo, no nos equivocaremos si citamos las mismas palabras de Dios. HERMENÉUTICA Hermenéutica es la ciencia de la interpretación. El nombre se deriva del griego Hermes quien se cree era el mensajero de los dioses. Su varilla mágica tenía el poder para cerrar los ojos de mortales, causar sueños, y despertar a los dormidos. Ahora se aplica la palabra a la manera en que leemos y entendemos la Biblia. Este tema es ciertamente relevante, porque nuestra hermenéutica podría determinar nuestro estilo de vida y nuestro destino eterno. La importancia de la hermenéutica se ilustra con la historia de una pareja estadounidense, publicada por una revista estadounidense en el año 1995. Se casaron en el año 1971 y estaban en el proceso de vivir el llamado “sueño americano”. Vivieron en una casa lujosa y eran dueños de tres automóviles de lujo. No obstante, llegaron a avergonzarse de su estilo de vida hedonista y se mudaron a un lugar despoblado al norte del estado de Idaho. La razón por este cambio abrupto era su hermenéutica. Se llamaban “legalistas” porque creían que la Biblia era la verdadera Palabra de Dios. Basado en su entendimiento de las Escrituras, concluyeron que las fuerzas arnadas de la Unión Soviética, el gobierno de los EUA, y los banqueros judíos estaban listos para atacar al pueblo de los EUA. Estaban influenciados por unos versículos del libro de Ezequiel: “Hijo de hombre (cristianos estadounidenses) pon tu rostro contra Gog (el gran complot)”. . . “Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice Jehová, el Señor. . .”. Basado en su interpretación de las Escrituras, el esposo tenía un gran arsenal de armas y dormía con una pistola armada debajo de su almohada. Al acercarse las tropas federales a su casa, hubo una confrontación en la cual murió su esposa e hijo Samuel y un oficial de la guardia federal. Esa confrontación mortal resultó en algunos cambios en el Buró Federal de Investigaciones de los EUA y una indemnización de 3.1 millones de dólares para el esposo y sus 3 hijos sobrevivientes. El pueblo de Dios siempre ha tenido su propia hermenéutica. No obstante, frecuentemente ha sido equivocada. Por eso, Santiago tenía razón cuando dijo: “¡No os hagáis maestros muchos de vosotros!” No obstante, no nos equivocaremos si citamos las mismas palabras de Dios.
HERMENÉUTICA Y EL SEÑOR JESÚS Cuando el Señor Jesús fue juzgado, Pilato, el pagano gobernante romano, estaba por soltarle. Trajo al Señor Jesús delante del pueblo y declaró: “¡Ningún delito hallo en este hombre!” Sin embargo, los judíos habían estudiado las Escrituras y contestaron: “Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir. . .” (Juan 19:7). Por favor, cuidadosamente enfoque en esta situación extraordinaria. El Señor Jesús era “Dios manifestado en carne”. Fue su Espíritu Santo el que inspiró las Sagradas Escrituras. El pueblo judío ya tenía las Sagradas Escrituras. A ellos pertenecía “la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). Ellos no solo estudiaban las Escrituras, sino aprendían de memoria largas porciones de ellas. Las escribían en los postes de la puerta de sus casas y las ponían en sus frentes. Contaban las “jotas” y las “tildes” de la ley y afirmaban reverenciar a Dios en todo lo que hacían. No obstante, interpretaron las Escrituras de tal manera que crucificaron al autor de ellas. El Señor Jesús advirtió a Sus discípulos que el tiempo vendría cuando cualquiera que los mate, pensará que le está prestando un servicio a Dios (Juan 16:2). ¡Tenía razón! Santiago también tenía razón cuando urgió cuidado en explicar el significado de las Escrituras. No obstante, siempre podemos tener confianza cuando citamos las mismas palabras de Dios. LA ORACIÓN DEL SEÑOR JESÚS POR LA UNIDAD En la noche antes de Su crucifixión, el Señor Jesús oró Su famoso oración como Sumo Sacerdote (Juan 17:1-26). Primero, oró por sí mismo, despúes oró por Sus discípulos, y finalmente, por todos los creyentes. El punto focal de Su oración fue la unidad de todos los creyentes. Quería que seamos “uno” así como Él y Su Padre son “uno”. Por favor, considere estas palabras: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, y también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20 y 21). Note que la unidad de los creyentes se asocia con el evangelismo mundial. Debemos ser “uno” para que “el mundo crea”. Desafortunadamente, no somos “uno”. Los estadísticos han descubierto que hay entre 33,000 y 41,000 denominaciones “cristianas”. Detrás de cada nueva denominación hay un
maestro. Por lo tanto, la advertencia de Santiago acerca de presumir ser maestros es relevante a la unidad cristiana y la evangelización del mundo. Por favor, considere de nuevo la advertencia de Pablo para los ancianos en Éfeso: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, el cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hechos 20:28-30). Note que esos maestros divisivos no se preocuparon por el rebaño, sino trataban de atraer discípulos a sí mismos. Juan el Bautista era el profeta más grande nacido de mujer y no tuvo la audacia de exaltarse ni de organizar su propia denominación. Su único propósito era exaltar al Señor Jesús. Juan estaba contento menguar mientras que el Señor crecía (Juan 3:30). Tristemente, las denominaciones son establecidas por los que se preocupan más por sí mismos que por el rebaño. Aunque a primera vista parece poco probable, Pablo explicó que las herejías podrían ser beneficiosas al cuerpo de Cristo. Escribió: “Porque es preciso que entre vosotros hay disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (1 Corintios 11:19). Así como el cuerpo humano elimina veneno para sobrevivir, así también lo hace el cuerpo de Cristo. Los aprobados se aferran al Señor Jesús y de esta manera se hacen manifiestos. Los herejes se aferran a algún otro y así son expulsados del cuerpo como veneno. Los herejes invariablemente enseñan sus propias palabras y no las mismas palabras de Dios. EL SEÑOR JESÚS ES EL FUNDAMENTO PARA LA UNIDAD “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). La iglesia de Corinto estaba dividida con respecto a los líderes humanos como Pablo, Apolos, y Cefas. ¡Esto era erróneo! Pablo escribió: “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:13). Por lo tanto, con referencia a la unidad entre los creyentes, Pablo escribió: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11).
Cuando la iglesia comenzó en el día de Pentecostés, estaban de visita en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones bajo el cielo (Hechos 2:5). Estaban divididos al principio no sólo por sus diferencias étnicas, sino también por su lealtad a varias sectas como los fariseos, los saduceos, los herodianos, etc. Cuando vino el Espíritu Santo, estas personas divididas experimentaron la misma unidad por la cual Cristo oró. Llegaron a ser “uno” hasta el punto que nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones. Compartían todo y no había ningún necesitado en la comunidad (Hechos 4:32-35). Sin embargo, ¡no estaban unidos por la Biblia, sino por el Señor Jesús! Como Ud. ya sabe, no había ni una palabra escrita de las Escrituras cristianas en aquella época. Sería más de 10 años hasta que el primer libro de las Escrituras cristianas fuera escrito y el último libro fue escrito más de 60 años después de aquel acontecimiento de Hechos, capítulo 4. No obstante, aunque no tenían la Biblia completa, serían “uno” porque su unidad estaba en Cristo. La lista de los 27 libros canónicos no fue oficialmente reconocida hasta el cuarto siglo. ¡Afortunadamente, el fundamento de su unidad no fue la Biblia, sino el Señor Jesús! Johannes Gutenberg perfeccionó la prensa que empleaba tipos móviles en 1439 pero hasta hoy, millones de creyentes no tienen una Biblia y millones de otros no tienen ni un lenguaje escrito. La Biblia es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, pero no es el fundamento de nuestra unidad (2 Timoteo 3:16). Como ya hemos dicho, necesitamos leer y estudiar la Biblia entera porque no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). No obstante, el hecho de que uno no tiene la Biblia entera, no le impide estar unido en Cristo. Repetimos, ¡siempre se puede confiar en las Sagradas Escrituras al escucharlas o leerlas! Es cuando comenzamos a explicarlas a otros que debemos tener mucho cuidado. Por favor, considere estas palabras inspiradas de Pablo: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17 y 18). ¡Tenga cuidado de los maestros que no están sirviendo al Señor Jesús, sino a sus propios vientres! EL SEÑOR JESÚS Y EL PUEBLO “Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana” (Marcos 12:37).
Después de orar toda la noche, el Señor Jesús escogió a 12 hombres para ser Sus apóstoles (Lucas 6:12-16). No había entre ellos ni un hombre bien educado. Los judíos eruditos los consideraban “hombres sin letras y del vulgo” (Hechos 4:13). No obstante, recuerde que el reino de los cielos fue construido sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). Escoger tales hombres sin letras no fue por casualidad. El Señor Jesús oró toda la noche antes de escogerlos. ¡El secreto de su éxito fue sobrenatural! Cuando esos hombres hablaban, usaban palabras enseñadas a ellos por el Espíritu Santo (1 Corintios 2:13). Cuando fueron entregados a los tribunales, Dios intervino y les dio las palabras que Él quería que ellos hablaran (Mateo 10:20). El pueblo común no inspirado podía predicar el Evangelio pero era incapaz de interpretar temas teológicos o de debatir el significado técnico de palabras hebreas. Ellos simplemente predicaban al Señor Jesús y siguieron a Él según su aptitud. La palabra teología literalmente significa “palabra de Dios”. La teología de la gente sin letras era la palabra de Dios. Tenemos que tener cuidado para que nuestras mentes no sean desviadas de nuestro compromiso puro y sincero con Cristo (2 Corintios 11:3). Los líderes y eruditos religiosos estaban orgullosos de su conocimiento pero cegados por la sencillez de las enseñanzas del Señor Jesús. De hecho, ¡los publicanos y las rameras reconocieron la verdad antes de los eruditos! (Mateo 21:31). Para entrar en el reino de los cielos, tenemos que ser convertidos y hacernos como niños (Mateo 18:3). Dios no necesita la sabiduría humana para lograr Su propósito y el Señor Jesús dio gracias a Dios que había escondido Su verdad de los sabios e instruidos y la había revelado a los que son como niños (Mateo 11:25). Pablo, quien más tarde se convirtió en apóstol, fue la excepción. Él sí tuvo una buena educación. No obstante, él reconoció que no muchos de los discípulos eran sabios según criterios meramente humanos (1 Corintios 1:26). Así es que la predicación de Pablo no incluyó sabiduría humana. Él limitó su mensaje a “Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:2). Los creyentes comunes no dividen el cuerpo de Cristo ni establecen nuevas denominaciones. Las divisiones invariablemente son causadas por los eruditos que se consideran superiores y presumen ser maestros. Pablo reveló su hipocresía cuando escribió: “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros. Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión?” (Romanos 2:17-26).
Santiago tenía razón cuando dijo que los hombres orgullosos como aquellos no deben presumir ser maestros. Es mejor enterrar nuestro orgullo y erudición, y como un niño, permitir que Dios exprese Sus propios pensamientos con Sus propias palabras. AMÁN Y MARDOQUEO Un querido amigo me confesó con lágrimas que acabó de estudiar el libro de Ester ¡y llegó a la conclusión de que era Amán! Este hermano es un excelente estudiante de las Escrituras y fácilmente podría demostrar que la gente que discrepa con él, está equivocada. La pureza de su doctrina creó en él un cierto sentimiento de orgullo que lo convenció que él sería salvo y otros perdidos. Eso fue el tiempo cuando estudió de nuevo el libro de Ester y llegó a ser convencido de la semejanza que existía entre él y Amán. Amán, el agaguero, odiaba a Mardoqueo, el judío. Una parte de esa amargura tuvo su principio en una batalla que el rey Saúl tuvo con los amalecitas. Saúl y Mardoqueo eran de la misma tribu de Benjamín. Además, Amán el agaguero, era descendente del rey Agag quien fue derrotado por Saúl y luego descuartizado por Samuel (1 Samuel 15:7, 33). No obstante, hace poco el rey Asuero había ascendido a Amán a una posición de honor por encima de los otros nobles. Uno de los beneficios de esa nueva posición fue que el rey ordenó a todos que se arrodillaran y que se humillaran delante de Amán. No obstante, ¡Mardoqueo rehusó hacerlo! “Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira” (Ester 3:5). Eso fue cuando el perverso Amán tramó su plan de venganza. No sólo quería matar a Mardoqueo, sino a todos los judíos en todas las 127 provincias desde India hasta Cus. Para hacer eso una realidad, Amán puso diez mil talentos de plata en la tesorería real. Entonces el rey quitó el anillo de su mano y lo dio a Amán. Luego Amán escribió un edicto de muerte para todos los judíos y lo selló con el anillo del rey. Ese decreto oficial ordenó la exterminación de todos los judíos, jóvenes y ancianos, mujeres y niños, en el día 13 del mes 12 que fue el mes de Adar (Ester 3:13). El destino de los judíos ahora era cierto en la mente de Amán porque “un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado” (Ester 8:8). Para hacer corta una historia larga, ¡Amán estaba equivocado! Cuando el rey le preguntó que se debe hacer al hombre que el rey quería honrar, Amán asumió que el rey iba a honrar a él (Ester 6:6). ¡Estaba totalmente equivocado! De alguna manera milagrosa, el amor del rey por su esposa judía triunfó sobre el edicto que demandó su muerte. Consecuentemente, Mardoqueo fue honrado y Amán fue ahorcado en la horca que él había preparado para Mardoqueo (Ester 7:10). Esta historia nos hace recordar que el “orgullo precede a una caída”. El Señor Jesús enseñó lo mismo y usó una parábola para enseñar que es mejor orar por misericordia como un pecador que ser orgulloso de su propia justicia (Lucas 18:9-14). De hecho, toda nuestra justicia es como trapo de inmundicia (Isaías 64:6).
Todos nosotros somos pecadores salvos por gracia. No tenemos nada de qué jactarnos sino el Señor Jesús. ¡Recuerde! Justo después de advertirnos de la responsabilidad de ser un maestro, Santiago también nos advierte que “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). EL ANTIGUO PACTO Y EL NUEVO PACTO “Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra” (Deuteronomio 4:13). Cualquier cosa que se escribe tiene que ser interpretada. Así que el sentido de cada uno de los diez mandamientos era sujeto a debate. Quizás el mandamiento más controvertido sea “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Los judíos devotos han discutido sobre lo que se puede hacer en el día de reposo por más de 3000 años y hasta hoy día, no están de acuerdo. “No matarás” no parece ser controversial ¡pero sí es! Por ejemplo, si el hierro de un hacha se desprende y mata sin premeditación a su prójimo, aquel hombre no merece la muerte (Deuteronomio 19:4-7). No obstante, ¿cómo se sabe con certeza que fue un accidente? El hombre finito no puede discernir las intenciones con certeza porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu que está en él? (1 Corintios 2:11). En el mundo actual, el homicidio premeditado podría aparecer no intencional y viceversa. ¿Qué del hurtar? Según la ley, un hombre podía ir por los sembrados de su vecino y comer el grano sin ser culpable de hurtar. El Señor Jesús y Sus discípulos lo hicieron (Mateo 12:1). Pero la controversia es inevitable porque el dueño de los sembrados quería saber: ¿Cuántas personas pueden ir por el sembrado? y ¿cuántas veces? Además, la ley no especifica el ancho de la senda. El mandamiento “No tomarás el nombre de Jehová en vano” era tan controversial que los judíos devotos tenían miedo de aún pronunciarlo. Debido a que estos diez mandamientos se estaban debatiendo constantemente, Pablo los comparó a Agar e Ismael (Gálatas 4:21-31). ¡Recuerde! Ismael era “hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará” (Génesis 16:12). Donde sea que Ismael fue, hubo controversia y donde sea que se enseñó la ley, también había controversia. También es importante recordar que el pacto grabado en piedra trajo la muerte (2 Corintios 3:7). Los judíos confían en Moisés como su libertador cuando en realidad sería su acusador (Juan 5:45). Por supuesto, Dios tenía un propósito cuando escribió los diez mandamientos. Los escribió para que se calle la boca de todo el mundo y que quede convicto delante de Él (Romanos 3:19). Dios quería que fueran nuestro guía, encargado de conducirnos a Cristo para que fuéramos justificados por la fe (Gálatas 3:24). Desgraciadamente, muchos de los que trataban de enseñar la ley, no sabían de qué hablaban. Tales hombres ignorantes estaban causando problemas y no deberían haber sido maestros.
El nuevo pacto evitó controversia al estar escrito donde nadie podía leerlo. Note esta promesa de Jeremías que se repite en la epístola a los Hebreos. “Porque si aquel primero (pacto) hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo se envejece, está próximo a desaparecer (Hebreos 8:7-13). Nada podría ser más claro. El nuevo pacto no está escrito con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo. El nuevo pacto no está escrito en tablas de piedra sino en el corazón humano (2 Corintios 3:1-3). Cuando nació un niño de una familia judía, tuvo que ser enseñado la ley de Dios. No obstante, ¡nadie recibe el nuevo pacto sin ser enseñado primero! ¡Recuerde que el nuevo pacto se ilustra por Isaac cuyo nombre significa risa! Mientras Ismael nació de una manera natural, el nacimiento de Isaac fue sobrenatural. Los que “nacen de nuevo” son como Isaac. Nuestro nuevo nacimiento también es sobrenatural. Al darse cuenta de esto, su rostro triste cambiará y mostrará una sonrisa. EL NUEVO PACTO Y EL NUEVO NACIMIENTO Nicodemo era un maestro de Israel pero el Señor Jesús estaba asombrado de que no entendía ni los fundamentos básicos de la reproducción (Juan 3:10). Desde el tercer día cuando Dios creó la vida, todas las cosas vivas se reproducen según su especie (Génesis 1:11). Por eso, el Señor Jesús hizo recordar a Nicodemo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Si Nicodemo quería vida espiritual, tenía que venir de simiente espiritual. No, él no tenía que entrar en el vientre de su madre otra vez, pero si quería vida espiritual, no podía proceder de simiente terrenal. Tenía que venir de lo alto. La primera referencia específica en la Biblia al Señor Jesús se encuentra en Génesis 3:15 donde se refiere a Él como la simiente de mujer. Nacimos la primera vez de una simiente terrenal, pero nacemos de nuevo al recibir al Señor Jesús. Pedro lo dijo así: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Cada simiente tiene un código genético que se reproduce en su prole. Los que son nacidos de la simiente de Adán heredan el código genético de Adán. Consecuentemente, la raza humana entera trae la “imagen” de Adán. Así como Adán comenzó una raza física con simiente física, el Señor Jesús comenzó una raza espiritual con una simiente espiritual. Por eso, el Señor Jesús es llamado “el postrer Adán”. Así como hemos traído la imagen de lo terrenal, también
traeremos la imagen de lo celestial (1 Corintios 15:45-54). Cuando nacemos de nuevo, llegamos a ser nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Así como Adán produjo una familia física, el Señor Jesús produce una familia espiritual. Cuando nacimos a una familia física, éramos infantes que necesitaban leche. Cuando nacemos de nuevo a la familia de Dios, también somos como infantes y necesitamos leche espiritual (1 Pedro 2:1-3). En nuestra familia física, debemos obedecer a nuestros padres. Este es el primer mandamiento con una promesa. La promesa fue que por obedecer a nuestros padres, estableceríamos una estable sociedad y disfrutaríamos de una larga vida en la tierra (Efesios 6:1- 3). En nuestra familia espiritual, también debemos obedecer a nuestros pastores: “sujetaos a ellos; porque velan por vuestras almas, como quienes que han de dar cuenta” (Hebreos 13:17). En nuestra familia física, hay una gran variedad de inteligencia, habilidad, y madurez. Los infantes y los ancianos necesitan cuidado especial. Entre ellos, hay diferencias tan dramáticas como las que habían entre Esaú y Jacob. Aunque eran gemelos, no eran idénticos (Génesis 25:24-27). Tampoco somos nosotros idénticos a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Membresía en la familia no se determina por nuestra inteligencia ni por nuestra apariencia, sino por nuestro ADN. Si dos hermanos tienen el ADN del mismo padre, son hermanos a pesar de las diferencias que muestren. Lo mismo es cierto en la familia de Dios. Cuando nacemos de nuevo, tenemos el mismo Padre que tiene el Señor Jesús. Por eso, el Señor Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11). Por supuesto, con el nuevo nacimiento viene un cambio de conducta. La nueva criatura ya no practica el pecado porque la simiente de Dios permanece en nosotros (1 Juan 3:9). Cuando Miguel, el arcángel, disputaba con el diablo sobre el cuerpo de Moisés, no tuvo que hacer acusaciones calumniosas, sino simplemente dijo: “El Señor te reprenda” (Judas 9). ¡Podemos tener la misma confianza cuando nos enfocamos en el Señor Jesús y usamos las mismas palabras de Dios para anunciar Su enseñanza! Tenemos confianza porque sabemos que Dios es capaz de “librar de la tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9). DESCUBRIR Y DAR El difunto profesor Seth Wilson pasó toda su vida estudiando y enseñando la Biblia. Una vez dijo: “Todos tenemos el derecho de ‘descubrir’ el sentido de las Escrituras, pero nadie tiene el derecho de ‘dar’ sentido a las Escrituras”. Al principio, esto puede parecer injurioso. ¿Cómo puede ser dejado a individuos la autoridad de la Biblia? ¿Cómo puede haber unidad del cuerpo si todos no se subscriben a la misma declaración de doctrina? No obstante, después de reflexionar sobre ello, ofrece una valiosa visión de las muchas divisiones que enfrentamos en el mundo cristiano.
En el año 1870 la Iglesia Católica Romana trató de frenar la división al oficialmente declarar la infalibilidad del papa. Cuando el papa habló “ex-cátedra” todos los católicos tuvieron que “apagar” sus mentes y creerlo. Los que el papa determinó ser herejes fueron torturados hasta que dieran la confesión “correcta” o fueron ejecutados. Miles que se atrevieron a estar en desacuerdo con el papa murieron. Martín Lutero rechazó la autoridad del papa. No obstante, sobrevivió debido a sus poderosos amigos alemanes y además, el ejército papal estaba en guerra con los musulmanes. Bajo otras circunstancias, Lutero hubiera sido ejecutado como hereje. El lema famoso de Lutero era “sólo las escrituras”. Quería que su vida fuera guiada por la Biblia y no por el papa. No obstante, cuando sus seguidores se atrevieron a estar en desacuerdo con su interpretación de la Biblia, escribió la “Confesión de fe de Augsburgo”. Desde aquel día, todos los luteranos son requeridos a no sólo creer en la Biblia, sino en la “interpretación” de la Biblia de Lutero. Ese deseo de controlar las creencias del hombre culminó en un alud de divisiones confesionales. Es cierto que había algunas divisiones durante la época de los apóstoles. También es cierto que hubo una división entre el este y el oeste en el año 1054. No obstante, las divisiones asociadas con la Reformación no tienen precedentes. Como ya hemos mencionado, los estadísticos ahora cuentan entre 33,000 and 41,000 denominaciones cristianas. La mayoría de estas denominaciones creen que están obedeciendo a la Biblia, sin embargo, como los luteranos, tienen su propio credo o su propia confesión de fe. Obviamente, algo está mal con lo que creemos si no podemos expresarlo con las mismas palabras de Dios. CONCENTRÉMONOS EN LOS QUE ESTÁN EN CRISTO Mientras tratamos de entender esas divisiones malignas en el cuerpo de Cristo, vamos a reducir nuestro enfoque a los que “han nacido de nuevo”. No se puede “nacer de nuevo” con un entendimiento erróneo del Señor Jesús. Tenemos que creer con nuestro corazón y confesar con nuestra boca que Jesús es el Señor para la gloria del Dios Padre. Es Dios mismo que examina nuestra fe antes de añadirnos a Su familia. Como Ud. ya sabe, ¡nadie puede engañar a Dios! Teniendo en cuenta eso, presentemos a los hijos de Dios el mandamiento bíblico de “absteneos de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22). ¿Qué significa esto? Algunos considerarían el contexto y aplicarían esta enseñanza a las proclamaciones proféticas. No obstante, las interpretaciones posibles de este mandamiento son interminables. ¿No es obvio que un niño de 5 años tendría una idea distinta en cuanto a la maldad que su hermano de 15 años? ¿Podría Ud. ver que un alcohólico pensara de manera distinta con respecto a este versículo que un hombre adicto a la pornografía? ¿Pero quién está autorizado a dar la palabra final y el verdadero sentido a este mandamiento? Afortunadamente, la Palabra de Dios está viva y poderosa y más cortante que cualquier espada de dos filas. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. ¿Por qué no apegarnos a lo que dicen las Escrituras y dejar que el Espíritu Santo convenza a los hijos de Dios para que eviten cualquier maldad que parezca pertinente? Dejemos que cada hijo de Dios “encuentre” un significado en estas palabras, ¡pero evitemos “darles” significado para los demás!
Un amado amigo, profesor de un instituto bíblico, escribió un libro sobre los dones espirituales y concluyó que las palabras “lo perfecto” de 1 Corintios 13:10 se refieren al canon completo de las Escritures. El hecho de que era profesor de griego hizo improbable que una persona cualquiera pudiera estar en desacuerdo con él. No obstante, más tarde cambió su opinión con respecto a esas palabras. Se sintió tan mal por su interpretación original en el libro ya impreso que propuso al editor insertar una página de correcciones en cada libro antes de venderlo. ¡Obviamente, tenemos que tener mucho cuidado cuando nos atrevemos a “interpretar” la Palabra de Dios! No obstante, ¡podemos ser audaces y seguros cuando expresamos los pensamientos de Dios con Sus propias palabras! LAS OVEJAS DE DIOS OYEN SU VOZ Como ya hemos señalado, la Biblia es sobrenatural. Es distinto a los libros humanos. Está viva y activa. Cuando permitimos que la Palabra de Dios tenga “curso libre” en nuestras vidas, Dios será glorificado (2 Tesalonicenses 3:1). También es importante reconocer el aspecto sobrenatural de los hijos de Dios. Los inconversos tienen corazones engañosos y perversos (Jeremías 17:9). No obstante, el hijo de Dios tiene un nuevo corazón y el Espíritu de Dios le causará caminar en el camino correcto (Ezequiel 36:26 y 27). Cuando Moisés ordenó que el libro de la ley se colocara junto al arca del pacto, predijo que después de su muerte, el pueblo de Dios sería aún más rebelde de lo que era cuando él estaba vivo (Deuteronomio 31:26 y 27). Por contraste, Pablo estaba convencido que Dios seguiría perfeccionando a Su pueblo hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6). ¡Los que son nacidos de nuevo son diferentes a los que no lo son! Por supuesto, el Señor Jesús sabía eso y enseño que Sus ovejas eran distintas a las otras. Algo sobrenatural las transformaría de las obras de la carne al fruto del Espíritu. El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). Al mismo tiempo, el Señor Jesús dijo que aunque sus ovejas reconocieran Su voz y lo siguieran, no seguirían a un extraño (Juan 10:4 y 5). Hay ocasiones cuando un hijo de Dios podría cometer un grave error y tiene que ser arrebatado del fuego (Judas 23). No obstante, bajo circunstancias normales, Sus ovejas crecerán en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesús y estarán más cerca de Él cada día! Qué hermoso! Cuando las ovejas de Dios se reúnen con el Pastor, cuanto más nos acercamos al Señor Jesús, más nos acercamos el uno al otro. Nuestra meta es la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13). El hecho de que las ovejas reconocen la voz del pastor es otra razón de usar las mismas Palabras de Dios. El Señor Jesús es el Pastor y Sus ovejas reconocerán Sus palabras
MAESTROS Y PADRES Pablo recordó a los corintios: “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis mucho padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4:15). El rol del maestro, de que Santiago nos advierte, es mucho más insignificante que el de un padre. Un padre cuidará mejor a su hijos sin cobrar que un empleado pagado. Pablo usó una analogía similar cuando escribió a los tesalonicenses: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios, también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tesalonicenses 2:5-12). Mientras que Santiago nos advirtió con respecto del uso equivocado de la lengua, también sabía que una palabra apropiadamente hablada podría ser como manzana de oro con figuras de plata (Proverbios 25:11). Santiago escribió: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:17 y 18). ¿QUÉ DICE USTED? El hermano Esteban Saint trabajaba con la tribu huarorani en Ecuador durante muchos años. Al enseñarles la Palabra de Dios les proclamaba: “Esto es lo que el Hacedor de Hombres dice; ¿qué dicen ustedes?” He aquí la razón porqué se dirigió a ellos así: la tribu huarorani ha sido violenta. Ellos ganaron fama internacional cuando mataron a cinco misioneros estadounidenses el día 8 de enero del 1956. En esa época se llamaban “aucas” que es un título derogatorio que significa “desnudo” o “salvaje”. La revista Time los describió como “la peor gente de la tierra”. Juan W. Cowart describió su brutalidad en detalle vivo. Relató que el homicidio era la razón de la muerte más común en la tribu y que 74% de sus hombres murieron en violentas guerras tribales. Relata que un indio mató con jabalina a la esposa y madre de un “amigo” como broma. Los ancianos enfermos fueron enterrados vivos y frecuentemente las bebés femeninas fueron estranguladas al nacer. Niños de 6 años de edad acompañaban a los hombres en las matanzas y fueron permitidos rematar a los heridos incapaces de defenderse. Las buenas noticias son que muchos de estos salvajes de la Edad de Piedra han sido convertidos a Cristo. Tuve el privilegio de dormir en la selva al lado de ellos sin miedo. Dado
que Esteban vivía mucho tiempo con ellos, entendía los pensamientos de ellos. Durante los últimos 350 años nunca han tenido un jefe, ni concilio, ni ninguna otra forma de gobierno. Cada hombre hizo lo que a él le parecía correcto. Si alguien intenta ordenarle a un huarorani que haga algo, es muy probable que lo mate en el acto. Es por eso que es aconsejable decirles lo que Dios les dice, pero dejándoles decidir si quieren hacerlo o no. Esto es un buen consejo no sólo para testificar a los salvajes de la Edad de Piedra, sino es una manera sabio para testificar a cualquier persona. Como ya hemos dicho varias veces, siempre podemos ser audaces y tener confianza cuando citamos las mismas palabras de Dios. No obstante, ¡no podemos estar seguros cuando demos nuestra opinión con respecto a lo que Dios quiere decir! Sin embargo, aún es apropiado rogar a los hombres que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20). ORAR POR VALOR Cuando Pedro y Juan fueron amenizados por los líderes judíos, regresaron a sus colaboradores y oraron por denuedo (Hechos 4:29). Aquella misma oración es válida hoy en día. Podemos siempre ser audaces y seguros citando la Biblia a los inconversos. Alguien preguntó a un nuevo creyente si estaba preocupado por todos los versículos de las Escrituras que no entendía. Respondió que lo que realmente le preocupaba eran los versículos que sí entendía. Si leemos la Palabra de Dios todos los días, habrá muchos versículos que podemos entender y obedecer. Un área en la cual podemos ser especialmente audaces involucra nuestro testimonio personal. Nosotros somos la autoridad más grande en cuanto a lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Seamos cómo el hombre ciego de nacimiento que el Señor Jesús sanó en Jerusalén. Cuando los judíos trataban de confundirle sobre la teología, no sabía cómo contestarles. No obstante, tuvo confianza y dijo: “habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25). La iglesia primitiva venció al diablo por medio de la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte (Apocalipsis 12:11). No tenemos que ser maestros para ganar almas perdidas para Cristo, ¡pero sí tenemos que explicar el Evangelio usando las mismas palabras de Dios! ______________
Este estudio breve fue escrito por Boyce Mouton. Los derechos no son reservados. Se le anima a utilizar este estudio, en todo o en parte, sin alteración, para la gloria de Cristo y el avance de Su reino.