NINGÚN ARMA FORJADA CONTRA TI PROSPERARÁ
NINGÚN ARMA FORJADA CONTRA TI PROSPERARÁ
“He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir. Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová” (Isaías 54:16 y 17).
Los inconversos están convencidos que el ejército mejor equipado ganará la guerra y que la persona mejor educada ganará el debate. Hay una dimensión espiritual en todo. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Jóvenes guerreros como David pueden derrotar a un gigante bien armado si Dios quiere que lo hagan. Los pescadores sin educación pueden ganar el debate, no importa quién sea su oponente. “Esta es la herencia de los siervos de Jehová.” El Señor Jesús prometió a sus discípulos que eran hombres sin estudios ni preparación: “Yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se oponen” (Lucas 21:15).
¡Recuerde! “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Véase, por ejemplo, lo que la Biblia nos enseña acerca de los filisteos. Obviamente, eran un pueblo avanzado con gran habilidad para producir armas militares. Por ejemplo, en su guerra contra Saúl, “se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar” (1 Samuel 13:5). Tristemente, los hebreos no tenían ni un carro. El armamento usado por los soldados filisteos se revela en la descripción bíblica de su campeón, Goliat: “Tenía una estatura de casi tres metros. Llevaba en la cabeza un casco de bronce, y su coraza, que pesaba cincuenta y cinco kilos, también era de bronce, como lo eran las polainas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro. El asta de su lanza se parecía al rodillo de un telar, y tenía una punta de hierro que pesaba casi siete kilos. Delante de él machaba un escudero” (1 Samuel 17:4-7, NVI). Como sabemos, David no tenía ninguna armadura (1 Samuel 17:38-40).
Tampoco tenían los guerreros hebreos armas militares. “Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz . . . Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que les tenían” (1 Samuel 13:19- 22). No obstante, esto no aseguró una victoria para los filisteos porque “no es difícil
para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:6). Así se nos dice: “Así salvó Jehová a Israel aquel día” (1 Samuel 14:23). El Señor tiene la habilidad para “rescatar” a su pueblo y “asolar” a nuestros enemigos para que ninguna arma forjada contra nosotros prevaleciera.
Ya es bastante desalentador ver a su campeón bien armado derrotado por un joven con una honda, o su gran ejército destruido por campesinos con horquillas y palas, pero era mucho más vergonzoso para los filisteos lo que aconteció más de cien años antes durante el período de los jueces. Fue en aquel época que un millar de soldados filisteos fueron matados por un hombre. Notablemente, no tenía ningun arma militar. Su única arma era una quijada de asno (Jueces 15:15). Como sabemos, aquel hombre era Sansón.
Este acontecimiento comenzó cuando Sansón atrapó 300 zorras y las ató en pares cola a cola. Entonces colocó una tea en cada par y las soltó en los sembrados de los filisteos, sus viñas, y sus olivares (Jueces 15:3-5). La devastación provocada por el incendio trajo una respuesta inmediata. Un millar de soldados filisteos bien armados fueron enviados con la simple tarea de arrestar a solamente un hombre. Sansón estaba rodeado por 3000 hombres de Judá, pero ellos fueron intimidados a rendirse por sus amos filisteos. Ellos mansamente le ataron a Sansón con dos cuerdas nuevas y como cobardes, le entregaron a los filisteos (Jueces 15:9-13).
Entonces el Espíritu del Señor vino sobre Sansón con poder, las cuerdas y las ataduras cayeron de sus manos, y hallando una quijada de asno fresca, mató con ella a un millar de soldados filisteos (Jueces 15:14-20).
Se puede imaginar la vergüenza experimentada por el hombre que informó al oficial al mando de esa derrota. Perdone la “especulación” que sigue acerca de la manera en que ese informe se pudo haber realizado.
- Oficial: ¿Dónde está Sansón?
- No está aquí.
- ¿Dónde está?
- Está en Judá donde lo encontramos.
- ¿Por qué no lo trajeron?
- No pudimos.
- ¿Qué quiere decir con “no pudimos”?. ¿Por qué no?
- ¡Era demasiado fuerte para nosotros!
- ¿Cómo es posible eso? ¿Dónde están todos mis hombres?
- ¡Ellos están muertos!
- ¿Qué quiere decir con que “están muertos”?
- Es verdad lo que le dije. ¡Todos están muertos!
- Tenemos el ejército mejor equipado de todo el mundo. ¿Qué tipo de super arma
usó Sansón para matarlos?
- No quiere Ud. saber.
- Ciertamente quiero saber. ¿Qué fue?
- Señor, ¡era la quijada fresca de un asno!
- ¡No insulte mi inteligencia! ¡Haré que le ejecuten por insubordinación!
- Señor, le he dicho la verdad. ¡La única arma que tenía Sansón era la quijada
fresca de un asno!
Perdone esta “especulación”, pero creo que Ud. entenderá la lección. Quizás esta “especulación” nos ayude a comprender esta “herencia de los siervos de Jehová”.
“He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir. Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová” (Isaías 54:16 y 17).