Boyce Mouton
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NI SIQUIERA SUS HERMANOS CREÍAN EN ÉL

Boyce Mouton · 9 pages · 3,864 words

NI SIQUIERA SUS HERMANOS CREÍAN EN ÉL

“Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7:5).

Fue menos de seis meses antes de la crucifixión del Señor Jesús. Ya que el Señor Jesús no quería morir antes de su hora, se alejó de Judea porque los judíos allí querían quitarle la vida. La fecha de la fiesta de los tabernáculos se acercaba. Esta fiesta ocurría en el día 15 del mes 7 (Levítico 23:34). La pascua, cuando el Señor Jesús sería crucificado, ocurrió en el día 15 del primer mes del año entrante (Levítico 23:4-8).

Fue en ese momento que los hermanos del Señor Jesús se burlaron de él: “Y le dijeron sus discípulos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7:3-5).

Después de decir esto, los hermanos del Señor Jesús salieron a la fiesta. El Señor Jesús también fue, pero no públicamente, sino en secreto (Juan 7:10). Es interesante que los hermanos del Señor Jesús quienes fueron criados con él y vivían con él, “no creían en él”.

Consideremos lo que las Escrituras quieren decir cuando dicen que “ni aun sus hermanos creían en él”.

PRIMERO, ¿QUIÉNES ERAN LOS HERMANOS DEL SEÑOR JESÚS?

Los hermanos del Señor Jesús se mencionan en varios pasajes de la Biblia.

  • “Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos

estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, te quieren hablar” (Mateo 12:46 y 47).

  • “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y

sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?” (Mateo 13:55 y 56).

  • “Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera,

enviaron a llamarle” (Marcos 3:31).

  • Cuando el Señor Jesús enseñaba en la sinagoga de Nazaret, su pueblo natal, las

Escrituras afirman: “Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?” (Marcos 6:2 y 3).

  • “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían

llegar hasta él por causa de la multitud” (Lucas 8:19).

  • Etc.

La Iglesia Católica Romana afirma que sus “hermanos” eran realmente sus “primos”. Tiene intereses creados para tratar de probar que María era una virgen perpetua. No obstante, la manera más obvia de entender estas Escrituras es reconocer que cuando nació el Señor Jesús, la “virgen María” dio a luz a su hijo “primogénito”, pero no a su hijo “unigénito”. Después del nacimiento del Señor Jesús, aparentemente María tuvo relaciones normales con su marido y dio a luz a cuatro hijos más y por lo menos a dos hijas (Marcos 6:3).

Después del nacimiento del Señor Jesús, las Escrituras ya no se refieren a María como “una virgen”, sino se le llama “la madre de Jesús” (Hechos 1:14).

¿QUÉ QUIERE DECIR “NI AUN SUS HERMANOS CREÍAN EN ÉL”?

Para contestar esta pregunta, consideremos varios niveles de creencia.

I

Hay algunos que niegan que Jesucristo era una persona verdadera de la historia. Afortunadamente, la evidencia histórica está reduciendo el número de ellos. El hecho de que casi todo nuestro mundo moderno divide la historia entre a. de C (antes de Cristo) y d. de C. (después de Cristo) indica lo obvio: Ciertamente, el Señor Jesús era una persona verdadera de la historia. El inconverso H. G. Wells lo dijo así: Jesús de Nazaret . . . fácilmente es la figura dominante de la historia. Estoy hablando de él, por supuesto, como un hombre, porque yo concibo que el historiador debe tratarle como un hombre tal como el artista debe pintarle como un hombre . . . asumir que nunca vivió, que las historias de su vida son invenciones, es más difícil y plantea más problemas en el camino del historiador que aceptar los elementos esenciales de la historia del Evangelio como hechos . . . así que el historiador quien ignora el significado teológico de su vida, escribe el nombre de Jesús de Nazaret al principio de la lista de los personajes más grandes del mundo (Revista Americana, Julio, 1922).

Obviamente, los hermanos del Señor Jesús “creían” que él era una verdadera persona histórica.

II

“¿Creían” los hermanos del Señor Jesús que él nació de una virgen? Mientras las Escrituras no contestan esta pregunta específicamente, es probable que sus hermanos no creían que él nació de una virgen. José mismo no creyó a María hasta que un ángel del Señor confirmó su historia (Mateo 1:20 y 21).

También es dudoso que alguien en Nazaret creyó su historia. Quizás por eso María fue de prisa a la montaña de Judea para hablar con Elisabet (Lucas 1:39-56). Ya que Elisabet también había experimentado un embarazo milagroso, sería más probable que creyera a María que los demás. De hecho, cuando Elisabet oyó la salutación de María, la criatura saltó en su vientre y Elisabet fue llena del Espíritu Santo. “Y exclamó a gran voz y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor

venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:42-45).

Entonces, aunque Elizabet creyó a María, asumimos que la gente de Nazaret no le creyó. Aparentemente, ellos concluyeron que María era inmoral y que Jesús era ilegítimo. Después de más de 30 años, ese rumor feo aún persistía. Cuando el Señor Jesús estuvo en Jerusalén, los judíos dijeron: “Nosotros no somos nacidos de fornicación” (Juan 8:41). Por supuesto, la implicación es que el Señor Jesús era un niño ilegítimo.

Aunque el Señor Jesús definitivamente nació de una virgen, aparentemente sus hermanos no lo creía.

III

¿Creían los hermanos del Señor Jesús que él podía hacer milagros? ¡La respuesta obvia es “sí”! Todos sabían que el Señor Jesús hacía milagros. Mateo reportó: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, lunáticos y paralíticos; y los sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán” (Mateo 4:23-25). Por supuesto, ¡hay muchas otras Escrituras que dicen esencialmente lo mismo! Todos sabían que el Señor Jesús estaba haciendo milagros. Aun el perverso rey Herodes lo sabía (Lucas 23:8).

Por supuesto, la gente de Nazaret donde el Señor Jesús fue criado, sabía que él hacía milagros (Marcos 6:2).

Los hermanos del Señor Jesús también sabían que él hacía milagros. De hecho le dijeron que fuera a Judea para que “también tus discípulos vean las obras que haces” (Juan 7:3).

Así que los hermanos del Señor Jesús sabían que él era una persona histórica verdadera y que hacía milagros, pero aún no creían en él. ¡Esta expresión “creían en él” obviamente se refiere a algo más profundo y más significativo!

IV

Para entender mejor la frase “creer en el Señor Jesús”, consideremos la historia del joven rico. Ese joven rico vino al Señor Jesús e hincando la rodilla delante de él, preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”

El Señor Jesús respondió: “Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:17 y 18).

Ahora estamos llegando a lo esencial de la pregunta ¿qué quiere decir “creer en el Señor Jesús”? Hay muchas personas que son personas históricas verdaderas. Muchas

personas han hecho milagros. ¡Muchas personas han muerto para algo en que creían! Pero el Señor Jesús es la única persona que es “Dios manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Obviamente, el joven rico sabía que el Señor Jesús era “bueno”. La pregunta es, ¿sabía que el Señor Jesús era “Dios”?

¡Ésta también es la pregunta para los hermanos del Señor Jesús!

También esta es la pregunta que cada uno de nosotros necesitamos contestar. De veras “¿creemos en el Señor Jesús”? Eso es, ¿“creemos que el Señor Jesús es Dios”? La misma magnitud de este pensamiento está más allá de nuestra imaginación. ¡Quizás no haya ningún otro pensamiento más difícil de imaginar o más crítico a nuestra salvación!

LA GUERRA LARGA ENTRE DIOS Y SATANÁS

  • Como sabemos, Satanás cayó del cielo debido a su rebelión (Isaías 14:12-15).
  • Por su hermosura, Dios arrojó a Satanás del cielo a la tierra (Ezequiel 28:14-17).
  • La guerra larga entre Dios y Satanás ya había comenzado.
  • Satanás ganó la primera batalla en el huerto de Edén. Él engañó a Adán y Eva y

su victoria fue significativa. Como resultado de esa victoria, el pecado entró en el mundo y por el pecado la muerte (Romanos 5:12).

  • Satanás también ha ganado muchas otras batallas, ¡pero no ganará la guerra!
  • En asociación con la maldición traída por el pecado, Satanás por primera vez

aprendió que su última derrota vendría por medio de la “simiente de la mujer” (Génesis 3:15).

  • No obstante, ¡no se le ocurrió a Satanás que “la simiente de la mujer” sería “Dios

mismo”!

  • De hecho, no se le ocurrió a nadie lo que Dios iba a hacer: “Cosas que ojo no

vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

  • “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros,

inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 Pedro 1:10-12).

  • El hecho de que Dios mismo condescendió hacerse hombre es fundamental a

nuestra fe cristiana. ¡Note! “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó

el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).

  • Cuando la guerra larga con Satanás se termine, Dios será victorioso y el diablo

será lanzado en el lago de fuego donde será atormentado por los siglos de los siglos (Apocalipsis 20:10).

LA TEORÍA DEL “BIG BANG” Y EL NACIMIENTO DEL SEÑOR JESÚS

Por muchos años la ciencia estaba de acuerdo con Aristóteles que la materia es eterna. No obstante, en el año 1927 Georges Lemaître notó que nuestro universo se está expandiendo y predijo que podría remontarse en el tiempo a un solo punto de origen. Esto hizo a la comunidad científica “creer” que el universo no era eterno, sino que tuvo un “principio”. La “teoría” es que hace alrededor de 13.8 mil millones de años, no había “nada”. De repente de “alguna manera” una bola muy pequeña apareció. Esa concentración de energía pequeña se caracteriza por su densidad y su calor infinito. Esto se llama una “singularidad”. De repente, la singularidad empezó a expandir y el universo que nosotros conocemos tuvo su principio. La expansión de esa singularidad microscópica en nuestro vasto universo se conoce como la teoría del “Big Bang”.

No hay nada en la Biblia acerca de un “Big Bang”, sino enseña lo opuesto. En vez de una pequeña singularidad expandiendo en el universo, nuestro Dios infinito llegó a ser una pequeña singularidad en el vientre de una virgen. ¡Piense en esto! Nuestro creador Dios es tan vasto que el cielo de los cielos no lo pueden contener (1 Reyes 8:27), se redujo a la forma de una vida microscópica en el vientre de la virgen María. El termino médico para esa vida microscópica es cigoto. Esta palabra se deriva de la palabra griega que quiere decir “unido”. Se refiere a la nueva vida que está formada cuando la esperma masculina está “unida” con el huevo femenino. Asombrosamente, esta es la manera en que Dios vino al mundo en la persona de Jesucristo. Cuando María preguntó al ángel Gabriel cómo podría llegar a estar embarazada sin haber conocido a un hombre, le explicó que el Espíritu Santo vendría sobre ella y su hijo sería llamado el Hijo de Dios (Lucas 1:34 y 35). El Señor Jesús tenía una madre humana, pero no un padre humano. ¡No era el “hijo de José”, sino era el “Hijo de Dios”!

No se necesita creer la teoría “Big Bang” para ser salvo, pero sí se necesita creer que Dios se encarnó en el Señor Jesús! ¡Este hecho es una parte integral de lo que quiere decir “creer en el Señor Jesús”!

¡MÁS TARDE LOS HERMANOS DEL SEÑOR JESÚS LLEGARON A “CREER EN ÉL”!

Después de que el Señor Jesús ascendió al cielo, 120 de sus discípulos se reunieron en un aposento alto en Jerusalén (Hechos 1: 13-15). Probablemente era el

mismo “aposento alto” donde el Señor Jesús comió la última cena con sus discípulos (Marcos 14:15). También es muy probable la “casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando” (Hechos 12:12).

De todos modos, las Escrituras dicen que los 120 creyentes se reunían “con María la madre de Jesús y con sus hermanos”. Ahora sus hermanos “creían en él”. Se reunían con otros creyentes en el aposento alto, y fueron una parte de la iglesia primitiva formada por Dios algunos días más tarde en el día de Pentecostés (Hechos 2). No se hace decisiones sin pensar. Obviamente, ¡algo pasó para convencer a los hermanos del Señor Jesús que él no era solamente un hacedor de milagros, sino era Dios! Especularemos acerca de esto más adelante.

Dos de los hermanos del Señor Jesús, Santiago y Judas, llegaron a ser líderes prominentes en la iglesia primitiva y aun escribieron libros inspirados que ahora son parte de la Biblia.

AUMÉNTANOS LA FE

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” (Lucas 17:5).

Hay algunos que erróneamente creen que “fe” es una palabra que quiere decir creer algo sin evidencia. ¡Esto no es cierto! ¡La fe está fundada sobre evidencia! ¡Cuanta más evidencia, más fe!

Por ejemplo, cuando uno se va al banco para prestar dinero, hay que presentar evidencia que puede devolver el préstamo. Cuanta más evidencia que haya, más dinero podría prestar. Se puede aplicar lo mismo al cristianismo. ¡Cuanta más evidencia tengamos, más “fe” tendríamos!

Uno de los doce era Tomás, llamado Dídimo (Juan 20:24). La palabra “Didimo” quiere decir “gemelo”. Esto da a entender que Tomás era un “gemelo” que erróneamente había sido confundido muchas veces con su hermano gemelo. Consecuentemente, cuando a Tomás se le dijo que el Señor Jesús fue resucitado de entre los muertos, él dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25).

Un semana más tarde, estaban en la casa otra vez, y aunque las puertas estaban cerradas, el Señor Jesús apareció entre ellos. Se paró delante de Tomás y dijo: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:27 y 28).

Entonces el Señor Jesús dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Millones de personas que “creen en el Señor Jesús” nunca lo han visto. Pedro reconoció esto y escribió: “A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;

obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:8 y 9).

Por supuesto, el hecho de que no hemos visto al Señor Jesús no quiere decir que nuestra fe en él no está basada en la evidencia. Los jurados no tienen que ver un crimen personalmente para llegar a un veredicto correcto. Por supuesto, cuanta más evidencia que tenga el jurado, más confianza tendría que su veredicto sea correcto. Como sabemos, su desafío no es llegar a un veredicto “más allá de cualquier duda”, sino “más allá de una duda razonable”. Es difícil imaginar que se puede llegar a “cualquier” decisión sin “ninguna” duda. Por supuesto, hay muchos que tratan de poner en duda la deidad del Señor Jesús, pero sus dudas no son razonables.

Con respecto a esto, parece que el Señor Jesús apareció en persona a su hermano Jacobo, tal como lo hizo con Tomás y los restante apóstoles. Pablo escribió que el Señor Jesús resucitado apareció primero a Pedro, entonces a los doce. Después, apareció a más de quinientos hermanos a la vez. Entonces apareció a Jacobo y después a “todos los apóstoles” (1 Corintios 15:3-8). ¿Quién era ese “Jacobo” al cual apareció el Señor Jesús? Hay tres hombres prominentes con el nombre “Jacobo” (o Santiago) mencionados en la Biblia. Jacobo hijo de Zebedeo, Jacobo, el hijo de Alfeo, y Jacobo de Jerusalén, el hermano del Señor Jesús. Ya que Jacobo, el hermano de nuestro Señor era un líder prominente en la iglesia de Jerusalén y también un apóstol (Gálatas 1:19), es muy posible que el Señor Jesús apareció a él en persona. Ya que el Señor Jesús apareció a más de 500 otros a la vez, también podría haber aparecido en persona a sus cuatro hermanos.

Los apóstoles pidieron al Señor Jesús que aumentara su fe. La manera sencilla de hacer esto es aumentar la evidencia. Recuerde, la fe no viene por algo que “se ve”. Las Escrituras son claras que es “la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). ¡La fe viene por el “oir”, no por el “ver”! La “evidencia” que oímos que produce y aumenta nuestra fe, viene de la palabra de Dios (Romanos 10:17).

LOS DOS LADRONES

  • Como sabemos, el Señor Jesús fue crucificado entre dos ladrones (Marcos 15:27).
  • Al principio, ambos ladrones, con la muchedumbre, injuriaban al Señor Jesús

(Mateo 27:44).

  • No obstante, más tarde, uno de los ladrones cambió de opinión y llegó a “creer en

el Señor Jesús”.

  • El nuevo creyente preguntó al otro ladrón: “¿Ni aun temes tú a Dios?” (Lucas

23:40). Aparentemente, no le temía. Como sabemos, “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. Esto indica que el ladrón incrédulo murió en ignorancia. Podría haber aprendido algo al escuchar al Señor Jesús, pero eligió morir despreciando la esperanza y la vida eterna (Proverbios 1:7).

  • El ladrón que “creía en el Señor Jesús” dijo: “Acuérdate de mí cuando

vengas en tu reino” Lucas 23:42).

  • “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en

el paraíso” (Lucas 23:43).

  • ¡“Creer en el Señor Jesús” resulta en la salvación eterna!
  • Por supuesto, no todos creen en el Señor Jesús. ¡Los dos ladrones tenían la

misma evidencia, pero sólo uno la creyó!

¿CREERÁ UD. EN EL SEÑOR JESÚS?

El Señor Jesús fue declarado el Hijo de Dios con poder al resucitar de entre los muertos (Romanos 1:4). El ladrón en la cruz sabía que el Señor Jesús estaba muriendo pero aún “creía” que él venía a su reino. Es asombroso que ese ladrón reconoció la verdad acerca del Señor Jesús antes de sus discípulos.

¿Cree esto Ud.?

Si cree Ud. que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó en el tercer día según las Escrituras (1 Corintios 15:1-11), entonces Ud. está listo a entregar su vida al Señor Jesús y ser salvo.

El cristianismo es como un matrimonio (Efesios 5:21-33). Se hace un compromiso por vida a su pareja en el día de su matrimonio, pero cada día después, conoce mejor a ella.

Lo mismo es cierto al comprometer su vida a Cristo. Por ejemplo, los efesios fueron salvos, pero Pablo quería que Dios les diera el espíritu de sabiduría y revelación para que le conocieran mejor (Efesios 1:17). También Pablo mismo quería conocerle mejor y contó como pérdida el confiar en la carne comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús (Filipenses 3:4-17).

Este vistazo a la naturaleza eterna del Señor Jesús llegó a sus hermanos cuando ellos también “creían en él”. Ya sabían algo acerca del Señor Jesús porque fueron criados con él. Sin embargo, cuando llegaron a conocerle mejor, se dieron cuenta que era Dios en carne humana. ¡Ya que finalmente “creían en el Señor Jesús”, estarán eternamente con él en el cielo!

¡RECUERDE! LOS 33 AÑOS QUE EL SEÑOR JESÚS VIVIÓ EN LA CARNE FUERON SOLAMENTE A TRAVÉS DEL VELO (HEBREOS 10:20). ¡EL VERDADERO SEÑOR JESÚS ES ETERNO!

¿”Creerá Ud. en el Señor Jesús”? ¿Hará Ud. un compromiso de por vida con Dios en la persona de Jesucristo?

Su compromiso con Cristo y su caminar con él le ayudará a “comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que

seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia de Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:18-21).

(Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. Los derechos no son reservados. Se puede usar este material en su totalidad o en parte para la gloria de Cristo y el avance de su reino.)