Boyce Mouton
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MORADAS

Boyce Mouton · 4 pages · 1,593 words

MORADAS

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).

Para su información, la palabra griega que se traduce como “moradas” en este pasaje de las Escrituras es moné. Esta palabra griega se encuentra solamente 2 veces en el Nuevo Testamento, en Juan 14:2 y en Juan 14:23. En ambos versículos se traduce como “morada”. Note también: “Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:22 y 23).

¡QUE HERMOSO! ¡En la primera instancia, el Señor Jesús está preparando un lugar especial para nosotros, y en la segunda, nosotros estamos preparando un lugar especial para él!

Pero retrocedamos y tratemos de entender lo que significaba para los apóstoles tener su propia “morada”.

Cuando los apóstoles siguieron al Señor Jesús, tuvieron que dejar sus casas. “Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas. o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:28-30).

Cuando un hombre le dijo al Señor Jesús: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:57 y 58).

El Señor Jesús dijo a sus discípulos que fueran y que predicaran sin llevar consigo oro, ni plata, ni cobre. No debían llevar alforja, ni dos túnicas, ni calzado, ni bordón. No debían depender de ellos mismos, sino debían buscar una persona digna con quien quedarse. Como el Señor Jesús, no tenían su “propio” lugar dónde recostar la cabeza (Mateo 10:5-20).

No obstante, ¡en el cielo todos tendremos nuestra propia morada!

PROPIEDAD

Es importante recordar que el pueblo hebreo tenía una larga historia de no ser dueños de nada.

  • Eran pastores errantes que vivían en tiendas y constantemente se mudaban.
  • Se mudaron cada vez que las ovejas necesitaban nuevos pastos.
  • Abraham era extranjero y forastero en la tierra de Canaán cuando murió su

esposa Sara. Tristemente, no tenía ninguna propiedad para sepultar a Sara. Entonces, Efrón el heteo le vendió una heredad y cueva para su sepulcro (Génesis 23:1-20).

  • Aparte de esto, Dios “no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un

pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él” (Hechos 7:5).

  • Los hebreos valoraron la promesa de que algún día tendrían su propia tierra y un

hogar permanente.

  • Como sabemos, los descendientes de Abraham fueron esclavizados y maltratados

en Egipto por 400 años (Génesis 15:13). Obviamente, como esclavos, no podían poseer propiedad.

  • No obstante, cuando cruzaron el río Jordán a la “tierra prometida”, la promesa de

Dios se cumplió y por fin tenían sus propias casas y bienes.

  • Cada tribu recibió una parte de la “tierra prometida” (véase Josué, capítulos 13 a

19).

  • No obstante, los levitas no recibieron ninguna heredad: “Porque a los levitas

he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad” (Números 18:24).

  • ¡La tierra heredada por cada tribu era suya! ¡No podía ser trasladada a otra tribu!

“La heredad de los hijos de Israel no (sea) traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres” (Números 36:7).

  • Por ejemplo, Nabot tenía una viña (1 Reyes 21:1). Cuando Acab quería

comprarla, “Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres” (1 Reyes 21:3).

  • Cuando Acab y Jezabel asesinaron a Nabot y confiscaron su viña, Dios envió al

profeta Elías para confrontar a Acab. Esa confrontación tuvo lugar en la viña de Nabot. Elías dijo: “Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.”

  • “De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros

comerán a Jezabel en el muro de Jezreel” (1 Reyes 21:19 y 23).

  • Acab y Jezabel cometieron muchos pecados, pero es significativo que Dios

anunció su condenación en la viña que habían quitado de Nabot. Los derechos de propiedad eran sagrados para Dios.

  • Todos los israelitas, excepto la tribu de Leví, recibieron propiedad. Aun las

mujeres sin maridos recibieron una heredad (Números 27:1-11).

  • Si una persona tuvo que vender su propiedad, la propiedad tuvo que ser devuelta

a esta persona en el año de jubileo (Levítico 25:8-17).

  • ¡Tener propiedad era una parte integral del plan de Dios para su pueblo!
  • Dios está anticipando darle a Ud. propiedad. No obstante, ¡note esta advertencia!

“Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” (Lucas 16:12).

EL PROBLEMA

¡Sí! Dios quiere que todos tengamos propiedad, pero el problema es que todos morimos. Aun Nabot no gozó de su viña para siempre. ¡Lo mismo sucede con nosotros! Nuestra posesión de “propiedad” termina cuando morimos! Cuando morimos, algún otro tomará posesión de lo que tuvimos. Durante nuestra vida, encontramos muchos enemigos. Enfrentamos enfermedades, sequía, tormentas, accidentes, robos, además de muchos otros enemigos. ¡El último enemigo que tenemos que enfrentar es la muerte! (1 Corintios 15:56). Últimamente, la muerte quita de nosotros el gozo de tener propiedad.

LA SOLUCIÓN

¡La solución es eliminar la muerte! Dios “nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:9 y 10).

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15:50). El hombre puede ser dueño de su casa, pero cuando muere, ya no puede disfrutar de ella. ¡Ya que la carne y la sangre no son eternas, no tiene ningún valor como una casa eterna!

No obstante, cuando la muerte está destruida, el hombre vivirá para siempre. En el cielo, “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

¡RECUERDE! ¡VIDA ETERNA ES NECESARÍA PARA DISFRUTAR DE UNA

HERENCIA ETERNA!

“Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

¿CÓMO RECIBIMOS VIDA ETERNA?

  • Recuerde como comenzó esta lección. El Señor Jesús prometió preparar una

morada para nosotros. Entonces dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:23 y 24).

  • Recibir al Señor Jesús involucra amarlo y obedecer sus enseñanzas.
  • ¡Los que no obedecen al Señor Jesús no lo aman!
  • Estas palabras no eran del Señor Jesús, sino eran del Padre que le envió.
  • Dios no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento

(2 Pedro 3:9).

  • El Señor Jesús dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye

mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

  • Tristemente, “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos

los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:11 y 12).

  • Pablo lo dijo así a los Gálatas: “Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo

Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).

  • “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos

también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:1 y 2).