Boyce Mouton
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LUCHANDO CONTRA DIOS

Boyce Mouton · 13 pages · 5,303 words

LUCHANDO CONTRA DIOS

Gamaliel era un famoso doctor de la ley. Pablo había sido un estudiante de Gamaliel (Hechos 22:3). Cuando Pedro y los demás apóstoles aparecieron ante el Sanedrín, dijeron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A este, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (Hechos 5:29-33).

Fue en ese momento que Gamaliel, un doctor de la ley, les dijo las siguientes palabras sabias: “Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A este se reunió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. Después de este, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios” (Hechos 5:34-39).

Entonces las Escrituras nos informan:

“Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por digno de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:40-42).

POR FAVOR, ¡NO LUCHE CONTRA DIOS, PORQUE ESTA SERÁ UNA BATALLA QUE CIERTAMENTE PERDERÁ!

¡SIEMPRE ES MÁS SABIO COLABORAR CON DIOS QUE LUCHAR CONTRA ÉL!

He aquí, algunos hechos que el Sanedrín tuvo que considerar:

  • Jesús había sido crucificado en público y su sepulcro estaba custodiado por

soldados del gobierno romano.

  • Tres días más tarde su sepulcro estaba vacío, y cientos de personas dijeron que lo

habían visto vivo.

  • Miles de judíos devotos de toda nación bajo el cielo estuvieron en Jerusalén para

el día de Pentecostés.

  • El domingo de Pentecostés, 3,000 de aquellos judíos creyeron en Jesús, se

arrepintieron, y fueron bautizados.

  • Entonces Pedro y Juan habían sanado a un mendigo muy conocido que era cojo

desde su nacimiento.

  • El hombre cojo tenía más de 40 años y su curación no podía ser escondido.
  • Como resultado de esta curación, el número de creyentes creció a

aproximadamente 5,000 hombres.

  • Entonces los apóstoles fueron arrestados, pero un ángel milagrosamente los

liberó de la cárcel.

  • Entonces los apóstoles continuaban predicando en público que Jesús había

resucitado de entre los muertos.

  • Pedro y los demás apóstoles, con denuedo, dijeron al Sanedrín: “Es necesario

obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

  • Revolucionarios como Teudas y Judas de Galilea habían fracasado y sus

seguidores fueron dispersados.

  • Entonces Gamaliel recomendó: “Apartaos de estos hombres, y dejadlos;

porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; más si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios” (Hechos 5:38 y 39).

  • ¡EL HECHO DE QUE DESPUÉS DE MÁS DE 2,000 AÑOS HAY MILLONES DE

CRISTIANOS EN TODO EL MUNDO, ES BUENA EVIDENCIA QUE ESTE MOVIMEINTO ES DE DIOS!

  • ¡ES OBVIO QUE LOS CRISTIANOS ESTABAN COLABORANDO CON DIOS Y

QUE EL SANHEDRÍN ESTABA TRABAJANDO CONTRA ÉL!

¡La idea de que los seres humanos podemos vencer a Dios es ridículo! De hecho, el salmista escribió: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira” (Salmo 2:1-5).

Note, por favor, que esta es la misma Escritura que la iglesia en Jerusalén recordó después de que Pedro y Juan fueron advertidos de nunca hablar o enseñar otra vez en el nombre de Jesús. ¡Recuerde! Pedro y Juan contaron a la iglesia lo que los sumos sacerdotes y los ancianos habían dicho a ellos: “Y ellos, habiendo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tu eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo había antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:24-31).

Cuando Salomón edificó el templo, dijo a Dios: “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1 Reyes 8:27). Salomón sabía que Dios es más grande que todo el universo. ¿Cómo podría una persona sana concluir que un ser humano mortal podría derrotar a un Dios inmortal? Por ejemplo, supongamos que todos los gobernadores del mundo reúnen sus ejércitos y declaran la guerra a Dios. Su plan es enviar una bomba de hidrógeno al extremo del universo para destruir a Dios. Si de alguna manera estos seres humanos pudieran producir un misil que viaje a la velocidad de luz, demoraría 46 mil millones de años para que llegue a su destino. Por supuesto, su bomba más poderosa no podría hacer daño a Dios, porque Dios es Espíritu. ¡Es imposible que un arma hecho por seres humanos pudiera matar a un Espíritu!

Por favor, también recuerde que Dios tiene miles de ángeles que tienen poder sobrenatural. Por ejemplo, Dios envió un solo ángel para destruir al ejército del rey

Senaquerib. Ese ángel mató a 185,000 soldados en una noche (Isaías 37:36). Por supuesto, Dios tiene ejércitos de ángeles que podría enviar a luchar en cualquier momento. Sabemos que Jesús hubiese podido enviar inmediatamente a doce legiones de ángeles para defenderle (Mateo 26:53). Una legión es más de 5,000. El libro de Apocalipsis nos recuerda que Dios tiene: “muchos ángeles. . . y su número era millones de millones” (Apocalipsis 5:11). Como sabemos, cuando se reúne la iglesia, muchos millares de ángeles están presentes en la asamblea (Hebreos 12:22-24). ¡Obviamente, Dios no se preocupa por lo que el hombre mortal puede hacerle!

Pero nosotros necesitamos considerar seriamente lo que Dios nos puede hacer. Jesús dijo: “Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a este temed” (Lucas 12:4 y 5).

Salomón dijo: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10). Pablo describió a los pecadores diabólicos diciendo: “No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:18).

SI DIOS ES POR NOSOTROS, ¿QUIÉN CONTRA NOSOTROS?

Esta es precisamente la pregunta del apóstol Pablo: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucito, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vendedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:31-39).

Pablo recordó a los corintios que somos colaboradores con Dios (1 Corintios 3:9). Siempre es mejor colaborar con Dios que luchar contra Dios.

David dijo: “Estos confían en carros, y aquellos en caballos; más nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (Salmo 20:7). Cuando Goliat lo amenazó, David dijo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de las escuadrones de Israel, a quien tú has provocado” (1 Samuel 17:45).

Por favor, recuerde que David siempre quería colaborar “con” Dios y no contra Dios. Por eso, antes de ir a la batalla, David siempre buscó el consejo de Dios.

  • “Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos

filisteos?” (1 Samuel 23:2).

  • “Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le

respondió” (1 Samuel 23:4).

  • “Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de

venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos?” (1 Samuel 23:10 y 11).

  • “Dijo luego David: “¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a

mis hombres en manos de Saúl?” (1 Samuel 23:12).

  • “Después de esto aconteció que David consultó a Jehová diciendo:

¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá?” (2 Samuel 2:1).

  • “Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los

filisteos?” (2 Samuel 5:19).

  • Etc.

El sabio rey Salomón lo dijo bellamente: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5 y 6).

Como ya hemos dicho, ¡Siempre es sabio consultar a Dios antes de hacer algo! Santiago escribió: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:13-17).

¡NINGÚN HOMBRE PUEDE ESCONDERSE DE DIOS!

Otra vez, David lo dijo bellamente: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y

habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz” (Salmo 139:1-12).

Cuando el perverso rey Acab mató a Nabot y le quitó su viña, Elías lo confrontó con estas palabras: “Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre” (1 Reyes 21:19).

En esa ocasión, Acab trató de esconderse de Dios, pero no pudo. Al entrar en la batalla: “El rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla” (1 Reyes 22:30). Pero todos los esfuerzos de Acab de engañar a Dios fueron en vano porque: “un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido. Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro. Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra! Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria. Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado” (1 Reyes 22:34-38).

¡Sí! “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” Romanos 3:4).

EL FARAÓN DE EGIPTO LUCHÓ CONTRA DIOS

Los antiguos egipcios adoraban a muchos dioses y diosas, ¡pero el faraón nunca había escuchado de Jehová! “Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Éxodo 5:2).

Como ya hemos dicho, es un error grande luchar contra Dios. Note, por favor, que Dios específicamente destruyó a los primogénitos para traer juicio sobre todos los dioses de Egipto. Dios dijo a Moisés y a Aarón: “Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová” (Éxodo 12:12). Por eso, Jehová, el Dios de los israelitas envío diez plagas sobre Egipto. Cada una de estas plagas atacó a un dios egipcio o a una diosa egipcia que Faraón conocía. ¡Pero ninguno de ellos pudo detener al único Dios verdadero!

1. La plaga de convertir el agua en sangre demostró que Jehová era más poderoso que el dios egipcio Hapi, que era el dios del río Nilo.

2. La plaga de ranas probó que Jehová era más poderoso que la diosa de las ranas Hekt. La adoración de las ranas era uno de los cultos más antiguos en Egipto.

3. La plaga de piojos demostró que Jehová era más poderoso que el dios Geb que los egipcios adoraban como el dios de la agricultura y la fertilidad.

4. La plaga de moscas demostró que Jehová era más poderoso que Khepu que los egipcios adoraban como el dios del renacimiento y de la transformación.

5. La plaga que mató al ganado demostró que Jehová era más poderoso que la diosa egipcia Hathor que ellos adoraban como una diosa de la fertilidad.

6. La plaga de úlceras demostró que Jehová era más poderoso que Isis que los egipcios pensaban que era la más poderosa de todos los dioses.

7. La plaga de granizo demostró que Jehová era más poderoso que la diosa Nut que ellos adoraban como la diosa del cielo.

8. La plaga de langostas demostró que Jehová era más poderoso que el dios Seth, que los egipcios adoraban como el dios del desierto.

9. La plaga de tinieblas demostró que Jehová era más poderoso que el dios del sol, Ra.

10. La plaga que mató a los primogénitos involucró al Faraón mismo. En el Egipto antiguo, los faraones fueron adorados como dioses. “Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas” (Éxodo 11:4-7).´

Recuerde la jactancia egoísta de Faraón: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Éxodo 5:2). Tristemente, Faraón aprendió en persona quién era Jehová: “Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. Y se levantó aquella noche Faraón, él y todo sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto” (Éxodo 12:29 y 30).

LLEGANDO A SER UN AMIGO DE DIOS

Abraham se rindió completamente a Dios: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). Quizás la demostración más grande de su rendición a Dios fuera que estaba dispuesto a ofrecer a su hijo Isaac como

holocausto. Dios le mandó a Abraham: “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2). Temprano la mañana siguiente, Abraham llevó a Isaac y a dos de sus siervos para hacer precisamente lo que Dios le había mandado hacer. Génesis 22:5 usa la palabra “adorar” por primera vez para describir las acciones de Abraham. El libro de Hebreos explica que: “pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos” (Hebreos 11:19).

Como se sabe, cuando Abraham estaba por ofrecer a Isaac, un ángel del cielo intervino y le dijo que ofrezca a un carnero que estaba trabado por sus cuernos en un zarzal (Génesis 22:9-14). Entonces: “llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:15-18).

Debido a su relación única, Abraham fue llamado “amigo de Dios” (2 Crónicas 20:7; Isaías 41:8; Santiago 2:23). Como confiamos en nuestros amigos, Dios confiaba en Abraham. Por ejemplo, Dios le dijo que iba a destruir la ciudad de Sodoma. Ya que Dios era el amigo de Abraham, negoció con el Señor para salvar a Sodoma si hubiera solamente diez personas justas (Génesis 19:26-33). ¡Solamente un amigo de Dios pudo hacer esto! Moisés también era un amigo de Dios. Porque: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11). Cerca del final de Deuteronomio, las Escrituras explican: “Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara” (Deuteronomio 34:10). Quizás por eso Dios no mató a Aarón por hacer un becerro de oro y por guiar al pueblo hebreo a la idolatría (Éxodo 32:22-29). Más tarde Moisés escribió: “Porque temí a causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruirlos. Pero Jehová me escuchó aun esta vez. Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo; y también oré por Aarón en aquel entonces” (Deuteronomio 9:19 y 20). ¡Solamente un amigo de Dios podría hacer esto!

Después de que Judas salió del aposento alto, Jesús prometió a los once que en vez de ser “siervos” serían “amigos”. Jesús dijo: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:14 y 15).

Como ya hemos dicho, ¡siempre es mejor colaborar “con” Dios que luchar “contra” Dios!

¿LLEGÓ JACOB A SER AMIGO DE DIOS?

Recuerde que la vida de Jacob fue cambiada tan dramáticamente, que su nombre también fue cambiado de Jacob a Israel. Repasemos cómo sucedió esto.

Como sabemos, Jacob y Esaú eran gemelos. Pero llegaron a ser enemigos amargos y: “Aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” (Génesis 27:41).

Por lo tanto, Rebeca dio este consejo a Jacob: “ella envió y llamó a Jacob, su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán, y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue; hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?” (Génesis 27:42-45).

“Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis 28:10-15).

Jacob se quedó veinte años con Labán. Jacob dijo a Labán: “catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado” Génesis 31:41). Entonces Jacob obedeció a Dios y regreso a Canaán como Dios le había mandado. Pero Jacob temía que Esaú todavía quería matarle.

Cuando se acercó a su hermano: “envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom. Y les mandó diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y me he detenido hasta ahora; y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos. Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él” (Génesis 32:3- 6).

Entonces: “Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas, y los camellos, en dos campamientos. Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará. Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que de todas las misericordias y

toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud” (Génesis 32:7-12).

Jacob estaba comprometido a obedecer a Dios y a regresar a Canaán, pero estaba desesperadamente temeroso de Esaú. Entonces: “durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú: doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos”.

  • “Y lo entregó a sus siervos cada manada de por sí; y dijo a sus siervos:

Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada. Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para quién es esto que llevas delante de ti? entonces dirás: Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú, y he aquí también él viene tras nosotros.”

  • Mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban tras

aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú cuando le hallareis. Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob viene tras nosotros.

  • Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y

después veré su rostro, quizá le seré acepto. Pasó, pues, el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el campamento” (Génesis 32:7-21).

Jacob recibió su nombre porque nació con su mano trabada en el calcañar de su hermano gemelo. Note: “Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob” (Génesis 25:26). Jacob era un engañador que se aprovechó de su hermano Esaú. Después de que Jacob tomó la primogenitura y la bendición de Esaú: “Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición” (Génesis 27:36). Lo que sucedió en seguida cambió la vida de Jacob para siempre. Aún Dios cambió su nombre a Israel ¡Israel se refiere a “uno que se esfuerza con Dios” y no “contra ” Dios!

“Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos, y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y lucho con él

un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob ese sitio de su muslo en el tendón que se contrajo” (Génesis 32:22-32).

EL AGUIJÓN EN LA CARNE DE PABLO

Así como Israel cojeó el resto de su vida, Pablo fue atormentado por un aguijón en su carne por el resto de su vida. Él explicó a los corintios: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en mis debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:7-10).

EL AGUIJÓN EN LA CARNE DE PABLO LE ERA UNA AYUDA, Y NO UN OBSTÁCULO PARA SU MINISTERIO. Él explicó: “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:4 y 5).

SU INVITACIÓN PERSONAL

Dios sabe nuestros nombres y aún ha contado los cabellos de nuestras cabezas. Hay más estrellas que seres humanos, y aún: “Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por su nombres” (Salmo 147:4).

Ni un pajarillo cae al suelo aparte de la voluntad de nuestro Padre: “Así que, no temáis, más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31).

Esta invitación de Jesús es especialmente para usted, para venir y trabajar con él: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

¡HÁGALO!