LOS OJOS DE NUESTRO ENTENDIMIENTO
LOS OJOS DE NUESTRO ENTENDIMIENTO
“Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:15-23).
DIOS CREÓ LOS OJOS
- Dios creó nuestros ojos que funcionan aún mejor que una camera de alta
tecnología, y ellos envían imágenes a nuestro cerebro.
- Estos ojos asombrosos comenzaron a desarrollarse solamente dos semanas
después de la concepción. Esta es una de las razones por qué es tan importante que la mujer embarazada se cuide, para que su niño pueda desarrollarse normalmente.
- Mientras una huella digital tiene 40 características únicas, el iris de nuestros ojos
tiene 256. Por eso, más y más se usa los escaneos de retina para propósitos de seguridad. Un escaneo retinal involucra el uso de luz infrarroja para registrar el patrón único de los vasos sanguíneos de las retinas. Este patrón es tan intrincado que aun los gemelos no tienen la misma configuración.
- Una persona parpadea un promedio de 4,200,000 veces por año, con el
propósito de lubricar los ojos. Los adultos parpadean unos 15 a 20 veces por minuto, que los científicos dicen que es más que es necesario para mantener húmedos los ojos.
- El ojo es el músculo del cuerpo que reacciona más rápido que cualquier otro. Se
contrae en menos de 1/100 de un segundo. Los músculos de los ojos juntos hacen un total de siete movimientos correspondientes que los permiten seguir a objetos que se mueven.
- Los ojos contienen siete millones de conos que ayudan a ver los colores y los
detalles, además de cien millones de células que se llaman “varillas” que ayudan a ver en la oscuridad. Para funcionar bien, los conos necesitan más luz que las varillas. Las varillas no pueden distinguir color, solamente blanco y negro. No obstante, son muy sensitivos y pueden distinguir la forma de algo.
DIOS PUEDE CAUSAR QUE NUESTOS OJOS NO FUNCIONAN
- Dios creó nuestros ojos y puede quitar la vista cuando él quiere.
- Dios cegó a los hombres de Sodoma, desde el menor hasta el mayor, y se
cansaron tratando de encontrar la puerta (Génesis 19:11).
- Dios cegó al ejército de los sirios, según Eliseo (2 Reyes 6:18).
- Dios cegó a Saulo de Tarso (Hechos 9:8).
- Dios cegó a un falso profeta que se llamaba Barjesús, para que no pudiera ver la
luz del sol (Hechos 13:6-12).
- Como ya hemos dicho, Dios creó nuestros ojos y él puede quitar nuestra vista en
cualquier momento que quiera.
- Satanás también tiene el poder de quitar nuestra vista. Pablo escribió: “El dios
de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4).
- Por supuesto, recibir el evangelio abre nuestros ojos: “Porque no nos
predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:5 y 6).
EL SEÑOR JESÚS PUEDE SANAR A LOS CIEGOS
- “Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y
diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegando a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestro fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa” (Mateo 9:27-30).
- “Respondiendo Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan las cosas que
oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:4 y 5).
- “Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó, de
tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba” (Mateo 12:22).
- “Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron
que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!” (Mateo 20:30).
- “Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó” (Mateo 21:14).
- “Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le
tocase” (Marcos 8:22).
- “Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y
una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando” (Marcos 10:46).
- “Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le
dijo: Maestro, que recobre la vista” (Marcos 10:51).
- “Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis
visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Lucas 7:22).
- “Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o
sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:2 y 3).
- El Señor Jesús también nos puede sanar a nosotros!
- Pablo oró: “que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria,
os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (Efesios 1:17-19).
EL SEÑOR JESÚS NO USÓ RITUALES PARA SANAR
- Los judíos tuvieron muchos rituales especiales. Por ejemplo, Levítico 23
enumera algunos de ellos como la fiesta de la pascua, la fiesta de los panes sin levadura, la fiesta de las primicias, la fiesta del pentecostés, la fiesta de los tabernáculos, etc.
- No obstante, cuando el Señor Jesús sanó a personas, evitó los rituales. Por
ejemplo, sanó a los ciegos con varias maneras distintas.
- En una ocasión, tocó los ojos de dos ciegos y quedaron sanos (Mateo 9:27-30).
- En otra ocasión, escupió en los ojos de un hombre para sanarlo (Marcos 8:23).
- En otra ocasión, el Señor Jesús escupió en la tierra e hizo lodo. Entonces puso el
lodo en los ojos de un ciego y le dijo que fuera a lavarse en el estanque de Siloé (Juan 9:6 y 7).
- En otra ocasión, sanó a un hombre que fue poseído por un demonio y estaba
ciego y mudo. El Señor Jesús expulsó al demonio para sanar al hombre (Mateo 12:22-24).
- En otra ocasión el Señor Jesús meramente dijo: “Recíbela, tu fe te ha
salvado. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios” (Lucas 18:42 y 43).
- En otra ocasión sanó al siervo de un centurión cuando aquel hombre ni estuvo
presente (Lucas 7:1-10).
- El Señor Jesús siempre es confiable, pero nunca previsible.
- Él ha prometido nunca desampararnos ni dejarnos (Hebreos 13:5).
- ¡Nuestra fe está en el Señor Jesús, y no en los rituales!
- Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones
(Salmo 46:1).
- Necesitamos orar que Dios abra nuestros ojos para que podamos ver (2 Reyes
6:17).
DIOS PUEDE ABRIR NUESTROS OJOS DE ENTENDIMIENTO
PARA QUE VEAMOS LA REALIDAD ESPIRITUAL
- Cuando Jacob salió de Beerseba en camino a Harán, se quedó en un lugar
llamado Luz. Mientras dormía allí, Dios le dio una visión de ángeles subiendo y descendiendo por una escalera al cielo. Jacob estuvo tan conmovido que llamó ese lugar Bet-el que significa “casa de Dios” (Génesis 28:10-22).
- Cuando Moisés oró que Dios le mostrara su gloria, el Señor dijo: “No podrás
ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cundo pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33:20- 23).
- Un ángel se puso en el camino para confrontar a Balaam. Pero Balaam no vio al
ángel hasta que el Señor abriera sus ojos (Números 22:31).
- Cuando Eliseo pidió una doble porción del espíritu de Elías, “Elías dijo a
Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; más si no, no. Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino. Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes” (2 Reyes 2:9-12).
- Cuando Eliseo estaba en Dotán, él fue rodeado por caballos y carros, pero su
criado no los vio hasta que orara Eliseo: “Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:17). Cuando un ángel de Dios extendió su mano para destruir a Jerusalén, Dios abrió los ojos de David y vio el ángel que estaba destruyendo a la gente (2 Samuel 24:15-17).
- “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo,
vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:55 y 56).
- Pablo puso énfasis en la importancia de concentrar en la realidad espiritual: “no
mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).
- Dios puede alumbrar “los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis
cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (Efesios 1:18 y 19).
LA ESPERANZA DE SU LLAMAMIENTO
Pablo oró por “los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso” para que los ojos de su entendimiento fueran abiertos y para que “sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado”.
- La esperanza es esencial para nuestra salvación: “Porque en esperanza
fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (Romanos 8:24 y 25).
- “para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que
Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 6:18-2o).
- “es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).
- La constancia de los tesalonicenses fue inspirada por su esperanza (1
Tesalonicenses 1:3).
- Especialmente, tenían esperanza en la resurrección (1 Tesalonicenses 4:13-18).
- La manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo es una
esperanza bienaventurada para todos los creyentes (Tito 2:13).
- Nuestra esperanza en la segunda venida del Señor Jesús nos ayuda a
purificarnos, así como el Señor Jesús es puro (1 Juan 3:2 y 3).
- La esperanza también es una fuente de fe y amor (Colosenses 1:4 y 5).
- La esperanza también es una fuente de energía espiritual. Isaías escribió: “Pero
los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).
- ¡LOS QUE ESPERAN PARA QUE DIOS LES AYUDE, ENCONTRARÁN UNA
NUEVA FUENTE DE ENERGÍA!
LAS RIQUEZAS DE LA GLORIA DE SU HERENCIA
Hay dos significados posibles para esta promesa.
Primero, necesitamos contemplar y conocer las riquezas eternas que Dios ha preparado para nosotros en el cielo. Los tesoros más grandes de la tierra no son significativos, comparados con las riquezas que Dios ha preparado para nosotros en el cielo. Mientras el oro es un metal valioso en la tierra, es tan barato en el cielo que las calles están pavimentadas con él. El Señor Jesús dijo: “No os hagáis tesoros en la
tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21).
Segundo, necesitamos contemplar y saber que Dios nos considera como su heredad: “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí” (Salmo 33:12). La iglesia es la novia de Cristo y el Señor Jesús la amó tanto que murió por ella. “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25 y 26).
En ambas instancias, necesitamos tener los ojos de nuestro entendimiento abiertos para conocer esta herencia.
SU SUPEREMINENTE GRANDE PODER PARA CON NOSOTRO, LOS QUE CREEMOS
“Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:19-23).
La Biblia dice mucho sobre el “poder”. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8).
- “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección
del Señor Jesús” (Hechos 4:33).
- “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y
señales entre el pueblo” (Hechos 6:8).
- El Señor Jesús “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu
de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4).
- Etc.
El poder disponible para nosotros es el mismo poder que resucitó al Señor Jesús de entre los muertos y lo sentó a la diestra de su Padre en los lugares celestiales.
Hay una parábola acerca de algunos hombres primitivos que encontraron a un auto. Nunca antes habían visto uno, pero descubrieron que tenía asientos muy cómodos. Ya que tenía ruedas, sabían que era capaz de moverse. Todos querían ir en el
auto; entonces inmediatamente empezaron a formar comités para determinar la mejor manera de hacerlo mover. Un comité quería hacer un arnés para jalar el auto. Otro comité pensaba que el arnés no era necesario, sino que debían empujar el auto. Entonces empezaron a discutir si era mejor empujar el auto con las manos o con el hombro. Se puede imaginar su sorpresa cuando alguien descubrió que el auto tenía un motor que podría moverlo. ¡Solamente les faltaba un conductor!
¡Una situación semejante enfrenta a muchos cristianos! ¡Tratan de “mover” la iglesia con esfuerzos humanos cuando deberían enfocarse en el poder de Dios! ¡Necesitamos tener los ojos de nuestro entendimiento abiertos para ver este poder!
Por favor, considere cuidadosamente esta oración del apóstol Pablo: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:14-21).
PIDAN
¡Si verdaderamente queremos que nuestros ojos de entendimiento sean abiertos, entonces debemos pedir!
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que su hijo pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:7-11).