LOS JUSTOS Y LA FE
LOS JUSTOS Y LA FE
“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4). HABACUC ESTABA PERPLEJO ¡Sí! Judá había pecado y Dios iba a castigarlo, pero Habacuc se preguntaba por qué Dios usaría a los babilonios para hacerlo. ¡Los babilonios eran más perversos que los judíos! Atribuían su fuerza a su dios (Habacuc 1:11). No obstante, Dios iba a permitir a los babilonios impíos descender sobre Su propio pueblo como águilas que se apresuran a devorar (Habacuc 1:8). Por esa razón Habacuc preguntó a Dios: “¿Por qué ves a los menos preciadores, y callas cuando destruye el más impío al más justo que él?” (Habacuc 1:13). Dios respondió al profeta y dijo: “Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella” (Habacuc 2:2). La respuesta de Dios fue a la vez audaz y urgente. Debía estar escrita en letras grandes para que fuera fácil leerla. Fue tan urgente que debía estar llevada por un heraldo que corría. TAMBIÉN DIOS IBA A JUZGAR A BABILONIA PERO EL JUICIO DE BABILONIA NO SUCEDERÍA INMEDIATAMENTE “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3). El juicio de Babilonia era cierto, pero solamente vendría a la hora señalada por Dios. ¡Los justos tendrían que esperar! Esta es la clave para entender qué quiere decir la frase “el justo por la fe vivirá”. ¡Los justos sabemos que Dios siempre dice la verdad! Los justos sabemos que Dios no es mentiroso. ¡El juicio de Dios sobre Babilonia ciertamente vendría! Los que tenían fe en Dios que cumple Sus promesas fueron estimulados por lo que creían. ¡Verdaderamente, los justos vivimos por nuestra fe! NÓTESE EL CONTRASTE ENTRE LOS “ORGULLOSOS” Y LOS “JUSTOS” “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4).
Los babilonios fueron orgullosos y soberbios. Las naciones sin Dios invariablemente son “orgullosas y soberbias”. Pero, por contraste, los justos no somos orgullosos. La confianza de los justos no está en nosotros mismos. ¡Nuestra confianza está en Dios y pacientemente esperamos en Dios que haga lo que ha prometido! CINCO AYES PARA LOS QUE SE OLVIDAN DE DIOS Dios animó a Habacuc al dictaminar 5 ayes sobre los impíos. Nótese, por favor: ■ ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! (Habacuc 2:6) ■ ¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa! (Habacuc 2:9) ■ ¡Ay del que edifica la ciudad con sangre! (Habacuc 2:12) ■ ¡Ay del que da de beber a su prójimo! (Habacuc 2:15) ■ ¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! (Habacuc 2:19) APLICACIÓN A BABILONIA Estos 5 ayes se aplican a todos los pecadores, pero especialmente a Babilonia. El hecho de que Dios juzga a las naciones además de los individuos es evidente. Por ejemplo, recuerde que aun cuando los descendientes de Abram iban a ser esclavizados, Dios prometió juzgar a la nación que los esclavizó (Génesis 15:14). ¡El juicio de Dios sobre Egipto no vino por más de 400 años pero sí vino! Por supuesto, los justos no dudaban de que Dios cumpliría su palabra. ¡Los justos por su fe viven! Como ya hemos dicho, mientras estos 5 ayes se aplican a todas las naciones, son especialmente apropiados para el juicio de Dios sobre Babilonia. Por favor, considere: ■ ¡No se puede negar el orgullo de los babilonios! Cuando el ejército de los medos y los persas acampaba fuera de Babilonia, el rey Belsasar estaba tan orgulloso que hizo un gran banquete a mil de sus príncipes (Daniel 5:1). ■ Una indicación adicional del orgullo blasfemo del rey es el hecho de que bebieron vino de los vasos sagrados de oro y de plata que su padre había traído del templo de Dios en Jerusalén. Nótese: “Belsasar, con el gran gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas” (Daniel 5:2 y 3).
■ Esos idolatras orgullosos y tontos dieron más honra a las estatuas muertas de madera y piedra que al Dios viviente. “Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Daniel 5:4). ■ La hora del juicio había llegado y: “En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía. Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra” (Daniel 5:5 y 6). YA FUE TARDE PARA BABILONIA Dios ama al mundo y no quiere que ninguno perezca. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Sin embargo, hay una hora cuando ya es demasiado tarde para arrepentirse, y esa hora había llegado para Babilonia. Los justos no fueron sorprendidos por el juicio de Dios sobre Babilonia. ¡Lo esperaban! Habacuc no fue el único profeta que predijo la caída de Babilonia. (Véase Isaías 13 y Jeremías 51, etc.) Isaías vivió algunos 200 años antes de que Babilonia fue conquistado. No obstante, no sólo predijo la derrota de Babilonia, sino aun predijo el nombre del hombre que Dios usaría para hacerla. (Véase Isaías 44:28 – 45:1). Ciro el persa era el hombre que Dios encargó para conquistar a Babilonia. Fue llamado “el pastor de Dios” y es el único gentil nombrado como “el ungido” de Jehová. Otra nota de interés es que Isaías predijo que Ciro “edificaría” Jerusalén cuando en ese tiempo todavía no había sido destruido. Nótese que en el texto de arriba, Isaías descaradamente predijo que Dios usaría a Ciro para “sujetar naciones”, “desatar lomos de reyes”, y “para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán”. Como Ud. recordará, cuando Daniel leía al rey Belsasar la escritura en la pared, la Biblia dice que: “La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos” (Daniel 5:30). Normalmente, un ejército invasor necesitaría meses o años para derribar las paredes masivas de una ciudad como Babilonia. No obstante, los medos y los persas no tuvieron que derribar las paredes porque Dios había decretado que la “puerta” de Babilonia quedaría abierta. Herodoto, el historiador, confirma que las puertas interiores de Babilonia que daban hacia el río Eufrates, fueron descuidadamente dejadas abiertas en la noche del banquete de Belsasar. Debido a que
toda la ciudad estaba celebrando, el ejército invasor pretendió ser participante del jolgorio. Esto hizo posible ir al palacio real virtualmente sin oposición e inmediatamente mataron al orgulloso rey Belsasar “la misma noche”. LOS JUSTOS POR SU FE VIVIRÁN El Señor Jesús dijo: “Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!” (Lucas 17:1). Los problemas son inevitables. Sin embargo, los justos no se enfocan en los problemas, sino se enfocan en el futuro. ¡Por su fe viven! No son heridos por los dardos de fuego del maligno porque son protegidos por “el escudo de la fe” (Efesios 6:16). Hay una diferencia dramática entre los que “creen” que Dios cumple sus promesas y los que no lo creen. Isaías, igual que Habacuc, notó esa misma contraposición. “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (Isaías 57:20 y 21). De lejos, el océano puede parecer pacífico, pero no lo es. Al mirarlo de cerca, se ve que el océano agitado está constantemente arrojando cieno y lodo. ¡Esta es una ilustración precisa de los impíos! “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31). ¡La Biblia tiene razón! “Aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.” Como el águila volando, los que creen en Dios se levantan por encima de la tempestad. LA APLICACIÓN DEL NUEVO TESTAMENTO Esta cita de Habacuc con respecto a los justos viviendo por su fe se encuentra tres veces en las escrituras del Nuevo Testamento. I A LOS ROMANOS “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16 y 17).
Se piensa que Pablo dictó esta carta a los hermanos de Roma desde Corinto alrededor del año 58 d de C. Esto es significativo porque sólo unos pocos años antes, él había escrito algunas cosas a los corintios que serían desalentadoras para personas sin fe. He aquí algunos ejemplos: ■ “Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor” (1 Corintios 2:3). ■ “Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el deshecho de todos” (1 Corintios 4:11-13). ■ “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas. De tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte” (2 Corintios 1:8 y 9). ■ “que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Corintios 4:8-10). ■ “Yo más; en trabajos más abundantes; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido náufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (2 Corintios 11:23-28). Pablo no sufrió daño por ninguno de esos gravámenes. Escribió a los romanos que dado que hemos sido justificados por la fe, podemos gloriarnos al sufrir (Romanos 5:1-5). El poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Padecer no es nada nuevo para Pablo. Al tiempo de su conversión, se le dijo “cuánto le es necesario padecer” por el nombre de Cristo (Hechos 9:16). Él paso a otros esta advertencia cuando dijo: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Aun prometió a Timoteo que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán
persecución” (2 Timoteo 3:12). Pedro se unió a Pablo diciéndoles: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:12 y 13). Nótese que el optimismo de Pablo y Pedro en medio del sufrimiento, tenía que ver con el futuro. ¡Su fidelidad en medio del sufrimiento es una ilustración poderosa del Evangelio y lo que significa “vivir por la fe”! El reino que Pablo predicaba no venía con advertencia (Lucas 17:20). ¡Era un reino espiritual! Se enfocaba más en tesoros eternos que en la recompensa temporal. La fe tiene que ver con el futuro. El castigo para los impíos y la honra para los justos no vienen inmediatamente. Las cosas que se ven son temporales; por eso, Pablo enfocaba en las que no se ven (2 Corintios 4:18). ¡Recuerde! ¡Los justos por su fe vivirán! No solamente somos justificados por fe en el presente, sino vivimos por fe en el futuro. ¡La justicia de la fe es del “principio hasta el fin”! La fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). II A LOS GÁLATAS “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11). Parece que la salvación por la fe nunca es nuestra primera elección. Es solamente después de emplear todos los esfuerzos humanos que llegamos a estar suficientemente desesperados para aun contemplar la fe como una opción. Abram tuvo 86 años cuando por la fe fue justificado (Génesis 15:6). ¿Cuántos años de fracaso experimentará Ud. antes de “creer a Dios”? La epístola de Pablo a los gálatas es la única de las que él escribió que no tiene una recomendación para los que la recibieron. Pablo comienza enumerando sus credenciales apostólicas e inmediatamente después, regañó a los gálatas por pervertir el Evangelio (Gálatas 1:6-9). Nótese que ni un ángel del cielo podía escapar el castigo por tal blasfemia. Su conducta era tan irracional que Pablo pensaba que habían sido “fascinados” (Gálatas 3:1). Elegir la ley en vez de la gracia no es racional. ¡La ley no es “buenas nuevas”, pero “la gracia” sí es! En realidad, la ley escrita en piedras es un convenio de muerte (2 Corintios 3:7). 3000 hombres murieron sin misericordia cuando fue dada la ley (Éxodo 32:28). La ley era un “yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). La enseñanza de la ley estaba perpetrada por “falsos hermanos” (Gálatas 2:4). Los que se justificaban por la ley fueron desligados de Cristo y habían caído de la gracia (Gálatas 5:4).
¡Es cierto! Dios dio la ley pero la dio con un propósito. Fue como un maestro estricto para llevarnos a Cristo a fin de que fuésemos justificados por la fe (Gálatas 3:24). Recuerde, cuando la verdadera “buenas nuevas” fue predicada, 3000 personas fueron salvas (Hechos 2:41). Entonces los gálatas enfrentaban el mismo dilema que los judíos en los días de Habacuc. Fue también el mismo dilema que los romanos enfrentaban cuando recibieron la carta de Pablo. ¿Creemos a Dios o no? ¡Los justos sí lo creen, pero los orgullosos no! III A LOS HEBREOS “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:35-38). Cuando recibieron esta carta, los hebreos experimentaban gran adversidad. Había hambre en toda la tierra (Hechos 11:28), pero fue especialmente difícil para los hebreos. Recuerde que habían vendido sus casas y terrenos para alimentar a los pobres (Hechos 4:34). Debido a esta pobreza, apelaron a las iglesias de los gentiles a través del mundo romano que les enviaren dinero (Gálatas 2:10; 1 Corintios 16:1-4; 2 Corintios 8, 9, etc.). La voluntad de los gentiles en ayudar a los judíos fue llamado por Pablo el resultado de profesar obediencia al Evangelio de Cristo (2 Corintios 9:13). Dios planificó todo para ayudar a derribar la pared intermedia de separación entre los judíos y los gentiles, para crear un nuevo hombre de ambos pueblos, y así haciendo la paz (Efesios 2:14 y 15). Nuestro texto con respecto a los justos viviendo por la fe, prepara la escena para Hebreos 11, que se llama El capítulo bíblico de la fe. Prácticamente todos los ejemplos de la fe en este gran capítulo involucran creyendo en Dios para el futuro. ¡Recuerde! “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). ¡Recuerde! Los justos por fe andamos, no por vista (2 Corintios 5:7). Las tres grandes promesas que Dios hizo a Abram son ilustraciones de la manera en que la fe involucra el futuro. ■ Dios prometió a Abram que sus descendientes formarían una gran nación. Él no vio esto con ojos humanos, sino lo vio por la fe. ¡Recuerde! ¡Los justos por la fe vivirán!
■ Dios prometió a Abram la tierra a su rededor (Génesis 13:14) pero no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie (Hechos 7:5). Sin embargo, Abram creía que su descendencia heredaría esa tierra y sí, la promesa fue cumplida! Una vez más vemos que los justos por la fe viven. ■ Dios prometió a Abram que en su Simiente todas las familias de la tierra serían bendecidas. Esta fue una profecía acerca del Señor Jesús (Gálatas 3:16). Por supuesto, el Señor Jesús no nació hasta casi 2000 años más adelante. Sin embargo, por la fe, Abram vio al Señor Jesús quien dijo: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56). ¡Una vez más, esto ilustra que por la fe los justos vivirán! LOS ENEMIGOS DE LA CRUZ Alguien ha observado que el postergar el placer es la clave a la civilización. El salvaje come el grano hoy día, pero los que son civilizados siembran la semilla y esperan con paciencia la cosecha. La muerte del Señor Jesús en una cruz, no trajo placer inmediato; no obstante, fue una parte integral del plan de Dios. Sin embargo, el Señor Jesús sufrió la crucifixión en una cruz por el gozo puesto delante de Él que sentiría en el futuro. Ni es la cruz una opción para nosotros. El Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). ¡El mismo principio acerca del galardón futuro es aplicable! Los que seguimos a Cristo, estamos dispuestos a sufrir temporalmente para recibir un futuro galardón eterno. Recibimos poder en la actualidad por lo que creemos acerca del futuro. Pablo sabía que el Evangelio “es poder de Dios” para la salvación. ¡Los justos por la fe vivirán! Sin embargo, hubieron algunos en Filípos a los cuales no les gustó esa doctrina. Pablo escribió: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:18 y 19). Esos maestros corruptos elegían la comodidad temporal antes del galardón eterno. Esto es diametralmente opuesto a lo que Cristo enseñaba. Con lágrimas en los ojos, Pablo escribió que “(su) dios es el vientre” y que “sólo piensan en lo terrenal”.
Nótese el contraste: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Filipenses 3:20 y 21). El significado verdadero de la cruz involucra el futuro y se ve sólo por fe. EL NECIO El salmista dijo: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1). El “necio” vive solamente para hoy día sin pensar seriamente acerca de la eternidad. ¡Qué necedad! Un día un hombre vino al Señor Jesús preocupado por su herencia terrenal. Jesús lo advirtió: “Mirad, y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Después el Señor Jesús amplió esta verdad y les refirió esta parábola: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré?, porque no tengo dónde guardar mis frutos. Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios (Lucas 12:16-21). Esta parábola ilustra el texto de una manera muy potente. Este rico necio fue orgulloso y presuntuoso. Sin pensar en Dios u otros, se jactaba acerca de “mis frutos”, “mis graneros”, y “mis bienes”. Sin duda, su prosperidad lo hizo el objeto de la envidia de sus vecinos. Posiblemente fuera el objeto de la envidia de sus vecinos, pero Dios lo llamó “necio”. La mismísima noche murió y dejó todos “sus” bienes a otros. Falló al no entender que “los justos por la fe vivirán”. EL HOMBRE RICO Y EL MENDIGO El Señor Jesús relató una historia similar acerca del “hombre rico” y “Lázaro”. El hecho de que mencionó a Lázaro por nombre da a entender que este es un acontecimiento actual en vez de un parábola. Por favor, considere:
“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico, y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí y tu atormentado. Además de todo esto, una gran sima esta puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a nosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:19-31). Si usted no entiende el significado de esta historia, entonces no podrá entender el significado de los justos viviendo por la fe. Sin embargo, al primer vistazo, casi todos preferían ser el hombre rico en vez del mendigo. No obstante, por ojos de la fe, vemos más allá de nuestro presente sufrimiento. Cuando vivimos por la fe, en realidad preferiremos dejar las cosas que no podemos conservar para ganar los tesoros que no podemos perder. ¿QUÉ DE USTED? El “capítulo de la fe” de la Biblia menciona a los héroes y a las heroínas quienes vivían por la fe. Todos ellos tuvieron que hacer las mismas elecciones que nosotros. ¿VIVIREMOS POR LA FE O NO? Algunos de los fieles vieron sus oraciones contestadas mientras estaban en la tierra. Ellos “conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección” (Hebreos 11:33-35).
Otros “Fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Hebreos 11:35-38). NO OBSTANTE, POR FAVOR, NO SE OLVIDEN: “Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:39 y 40). MOISÉS DIO AL PUEBLO DE DIOS UNA OPCIÓN “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar” (Deuteronomio 30:19 y 20). Ese pueblo pudo haber entrado victoriosamente pero no lo hizo. ¿Sabe Ud. por qué? Sus acciones no fueron dirigidas “por la fe”. Pudieron haber escogido la fe, pero no lo hicieron. Por favor, considere: “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2). CALEB Y JOSUÉ SÍ TENÍAN FE Dios prometió a su pueblo que les daría la tierra que prometió a Abraham, Isaac, y Jacob. Dios prometió: “Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros. Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros” (Levítico 26:7 y 8).
Caleb y Josué creyeron en las promesas de Dios, pero el resto del pueblo, no. Sus acciones estaban combinadas con la fe. Por eso, ellos entraron a la tierra prometida y los demás, no. Por favor, considere: “Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun” (Números 14:30). ¿TIENE UD. FE? Medite en esta pregunta de Josué: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). ¡ESCOJA A CRISTO Y VIVA POR LA FE! “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada, e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:3-9).