Boyce Mouton
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LOS JUDÍOS VERDADEROS

Boyce Mouton · 13 pages · 5,462 words

LOS JUDÍOS VERDADEROS

“Pues no es judío el que es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28 y 29).

LA FE

Para entender este pasaje, necesitamos no sólo tener fe, sino también tenemos que enfocar nuestra energía mental y espiritual en este tema tan profundo. Quizás se pueda considerar este tema entre “las cosas profundas de Dios” como se menciona en 1 Corintios 2:10. También las enseñanzas acerca de Melquisedec son difíciles de explicar, especialmente a los neófitos de la fe que necesitan leche y no carne (Hebreos 5:7-14). ¡Recuerde! ¡Debemos crecer “en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15). ¡Recuerde!: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Se ve la circuncisión física con ojos humanos, más se ve la circuncisión del corazón sólo por la fe. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Para preparar su mente para esta tarea, por favor, conteste esta pregunta: ¿Cuál es más importante, lo que se ve, o lo que no se ve? He aquí la respuesta de Pablo: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18). La circuncisión de la carne es temporal, más la circuncisión del corazón es eterna! Por supuesto, vida eterna es más importante que la vida que es solamente temporal.

La fe involucra un principio eterno: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). La fe es más importante que la circuncisión, porque Abraham fue justificado por la fe catorce años antes de haber recibido el pacto de la circuncisión (véase Génesis 15:6 y 17:1-14). La fe es más importante que la ley porque Abraham fue justificado 430 años antes de que fue dada la ley (Gálatas 3:17).

Los hijos de Abraham nos ayudan a entender esto por medio de la diferencia entre ellos. El primer hijo de Abraham fue nombrado Ismael: “Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre del hijo que le dio Agar, Ismael. Era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael” (Génesis 16:15 y 16). Ismael nos ayuda a entender la ley. Ismael nació “según la

carne” (Gálatas 4:21-31). No hubo ningún milagro relacionado con su nacimiento. Ismael nació como cualquier otro niño y él y su madre llegaron a ser una alegoría de un pacto físico (Gálatas 4:21-31). Abraham, Ismael, y los demás hombres de su casa fueron circuncidados el mismo día (Génesis 17:23). ¡La circuncisión era un pacto físico!

Catorce años más tarde, el segundo hijo de Abraham nació: “Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que dio a luz Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo” (Génesis 21:1-5). Isaac no nació “según la carne”. La matriz de Sara ya era “estéril” (Romanos 4:19 y Hebreos 11:11). ¡El nacimiento de Isaac requirió un milagro! ¡Por eso, Sara e Isaac son una alegoría de un pacto espiritual! (Véase otra vez Gálatas 4:21-31). ¡Isaac nos ayuda a entender la circuncisión del corazón!

EL HIJO VERDADERO

¿Cuál de estos dos hijos era el “hijo verdadero”? ¡La respuesta para esta pregunta es muy importante! Dios prometió a Abraham que de su simiente todas las familias de la tierra serían bendecidas (Génesis 12:1-3). ¿Cuál hijo escogería Dios para producir esta simiente? Ismael era el primogénito y tenía el derecho legal de heredar los bienes de Abraham. Abraham también quería que Ismael fuera el escogido de Dios. Él rogó: “Ojalá Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18).

No obstante, Dios rechazó a Ismael. Más tarde descubriremos que “Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac” (Génesis 25:5). Ismael nació “normalmente”. Nació según la carne. Por eso, Ismael representa el antiguo pacto. Pero Isaac no pudo nacer sin un milagro. ¡Por eso, él representa el nuevo pacto! “Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrarán, y haré de él una nación. Más yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham” (Génesis 17:19-22).

He aquí más detalles acerca del pacto de la circuncisión: “Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será

por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuera de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto” (Génesis 17:9-14). ¡Pero nadie puede ser salvo al ser circuncidado físicamente! Como el texto al principio de este estudio indica, la circuncisión verdadera es “del corazón, en espíritu”. La circuncisión del corazón involucra ser “nacido de nuevo”. Se sabe que esto involucra la intervención milagrosa de Dios. “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como esta escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama los cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:13 -17).

Por lo tanto, el “hijo verdadero” no se determina por una genealogía, sino por la fe: “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).

APRENDIENDO DE LA HISTORIA

  • ¡Recuerde! “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4).
  • ¡Recuerde! Dios da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen (Romanos 4:17).
  • ¡Recuerde! Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7).
  • Ismael era el primogénito hijo de Abraham, pero Dios escogió a Isaac para ser el antepasado del Señor Jesús (Génesis 17:19).
  • Esaú era el primogénito hijo de Isaac, pero Dios escogió a Jacob para ser el antepasado del Señor Jesús (Mateo 1:2). El hecho es que Dios llamó a Jacob (Israel) su primogénito (Éxodo 4:22).
  • Jacob tuvo 12 hijos, pero Dios escogió a su cuarto hijo, Judá, para ser el antepasado del Señor Jesús (Génesis 49:10; Mateo 1:2).
  • Judá tuvo gemelos con su nuera Tamar. El primogénito hijo era Zara. Él fue identificado como el primogénito por un hilo de grana que la partera ató a su mano. Pero Dios escogió a su hermano Fares para ser el antepasado del Señor Jesús (Génesis 38:27-30; Mateo 1:3).
  • Jacob bendijo a Efraín, aunque su hermano Manasés era el primogénito (Génesis 48:12-20).
  • Hoy en día ─ “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28 y 29).
  • Hoy en día ─ “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).
  • Pablo explicó: “Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus

padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:3-11).

  • Pablo también escribió: “Todos los que quieren agradar a la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:12-16).
  • ¡No es necesario que “entendamos” todo lo que hace Dios, pero es importante que “creamos” que lo que él hace es correcto! ¡No somos salvos por nuestro entendimiento, sino por nuestra fe!

¿HA DESECHADO DIOS A SU PUEBLO?

Esta es la misma pregunta de Pablo: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Romanos 11:1).

Entonces Pablo citó al profeta Elías: “¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (Romanos 11:2-6).

No todos los hijos de Israel eran “israelitas verdaderos”. Elías era israelita verdadero. No recibió ese honor por medio de una relación física, sino porque amaba a Dios de todo corazón, mente, alma, y espíritu.

Pablo también era “israelita verdadero”. ¡Recuerde! Pablo no tenía confianza en la carne (Filipenses 3:3). Él consideró todas sus credenciales como basura para ganar a Cristo (Filipenses 3:8). ¡Obtuvo su relación con Dios por medio de su confianza total en Cristo y su compromiso con él!

Por favor, considere que el llamamiento original a los israelitas involucraba su santidad. “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. Conoce, pues, que Jehová tu Dios, es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Deuteronomio 7:6-9).

No obstante, esto no era garantía que todas esas personas escogidas serían salvas. ¡Cuando cesaron de ser santos, Dios los rechazó! ¡Cuando el pueblo de Dios lo rechazaron a él, él los rechazó a ellos! “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:1-13).

¡La mayoría de los israelitas murieron en el desierto! “Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? Diles: Vivo yo, dice Jehová, según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no

entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. Yo Jehová he hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán” (Números 14:26-35).

Como ya hemos dicho, ¡el “judío verdadero” siempre ha sido identificado por su corazón! ¡Recuerde! “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

EL REMANENTE

“También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena de mar, tan sólo el remanente será salvo” (Romanos 9:27).

Dios ha sido consistente durante la historia. ¡Solamente un remanente ha sido salvado de cada generación! El camino ancho lleva a la perdición y muchos son los que van por ello. El camino angosto lleva a la vida y pocos son los que la hallan (Mateo 7:13 y 14).

Pero “el remanente” nunca se ha identificado por algo físico. sino por el “conocimiento de Dios”. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jeremías 9:23 y 24).

Noé halló gracia ante los ojos de Jehová (Génesis 6:8). Por eso, ¡Dios lo usó! Abraham creía en el único Dios verdadero aunque vino de una familia de idólatras (Josué 24:2). Por eso, ¡Dios lo usó! Durante la época de los jueces, la mayoría del pueblo se rebeló contra Dios. Por eso, Dios tuvo que nombrar jueces para salvarlo de sus enemigos. Como ya hemos mencionado, durante los días de Elías, solamente 7,000 de la nación entera no habían doblado la rodilla ante Baal, o que no habían besado su imagen. Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego estaban solos cuando confiaron en Dios en

Babilonia. No había una multitud junto a la cruz de Cristo. Solamente algunos pocos tuvieron la valentía para estar con Cristo en su hora de su necesidad. Pablo soportó el desprecio por seguir a Cristo y escribió “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (1 Corintios 3:18 y 19).

Le recodamos de nuevo que Dios no cambia y siempre ha sido consistente. El plan de Dios para vencer al diablo se hizo antes de la fundación del mundo y no ha cambiado. Las Escrituras nos recuerdan vez tras vez que el plan de Dios es un plan eterno.

Por favor, considere:

  • “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de

Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén” (Romanos 16:25-27).

  • “Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la

cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Corintios 2:7).

  • “y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido

desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:9-11).

  • “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero

que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26 y 27).

  • “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la

cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la

fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20).

  • Específicamente, Dios dijo a Abram: “y serán benditas en ti todas las

familias de la tierra” (Génesis 12:3).

  • ¡LO QUE DIOS DICE, LO DICE EN SERIO, Y SU PLAN ETERNO NUNCA HA

CAMBIADO!

¡TENEMOS QUE SER COMO NIÑOS!

Frecuentemente, el Señor Jesús enseñó por medio de paradojas:

  • Hay que perder la vida para salvarla (Marcos 8:35).
  • Para ser el primero, hay que ser el último (Marcos 9:35).
  • Para ser el mayor, hay que ser un siervo (Marcos 10:43 y 44).
  • Además, ¡para ser verdaderamente el mayor, hay que ser como un niño ! (Mateo 18:1-4). ¡Es esa paradoja que exploraremos más cuidadosamente!

Por un lado, la salvación parece ser difícil. El Señor Jesús dijo: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13:24).

El Señor Jesús también dijo: “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:28-33).

Por otro lado, la salvación es tan sencilla que aun los niños pueden ser salvos.

El Señor Jesús usó la ilustración de los niños porque los apóstoles discutían constantemente acerca de cuál de ellos era el mayor. Una de esas discusiones ocurrió después de que el Señor Jesús había llevado solamente a Pedro, a Jacobo, y a Juan al monte de la transfiguración. Quizás su envidia fuera aumentada por el hecho de que el Señor Jesús prohibió a estos tres de contar lo que había sucedido en el monte hasta que él hubiera resucitado de entre los muertos (Mateo 17:9). También despertaron sus celos el hecho de que los nueve otros que no subieron al monte, no pudieron echar fuera a un espíritu malo en el valle bajo el monte (Marcos 9:14-29). Entonces: “Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió” (Marcos 9:33-37). Mateo lo dijo así: “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-4).

Una razón por qué es tan fácil para los niños recibir a Cristo es que todavía no han sido adoctrinados con respecto al sistema de valores de este mundo. Por ejemplo, un niño podría querer un perrito en vez de un diamante costoso. Para un niño, podría ser más importante tener un amigo que tener una cuenta bancaria. Un niño no entiende el “valor” de una cuenta bancaria hasta que le enseñemos. ¡Eso es el problema! ¡Nosotros también enseñamos a nuestros hijos a amar al mundo, mientras Dios nos enseña a no amar al mundo! Las Escrituras son explícitas:: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).

Considere, por favor, la historia de un hombre que acumuló mucho dinero. Aparentemente había sido “bien entrenado” por sus padres. Tal vez fuera muy rico y

envidiado por sus vecinos, y probablemente fuera un hombre muy prominente en la comunidad. ¡Mientras él puede haber sido admirado por sus vecinos, Dios lo llamó “necio”! Considere, por favor: “Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:13-21).

Las encuestas hechas por el grupo Barna Research indican que los niños estadounidenses de la edad de 5 a 13 años tienen una probabilidad de 32% de aceptar a Cristo, pero los jóvenes de la edad de 14 a 18 años tienen solamente una probabilidad de 14% de hacerlo. Adultos inconversos de 19 años y arriba tienen una probabilidad de llegar a ser cristianos de solamente 6%. Es probable que estas estadísticas son semejantes a las de otras naciones.

EL ENTRENAMIENTO DE NUESTROS HIJOS COMIENZA EN EL VIENTRE

Pablo escribió a Timoteo: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:14-17).

El versátil idioma griego tiene por lo menos seis palabras bíblicas que se refieren a niños. Son huiso, teknon, país, paidion, nepios, y brephos. La palabra traducida como “niñez” en el texto de arriba es brephos. Thayer en su “Léxico Griego-Inglés”

define la palabra como (1) Un niño por nacer, embrión, feto; un niño recién nacido, infante, bebé. La Biblia NVI también traduce esta palabra como “niñez”. La palabra Brephos se encuentra ocho veces en las Escrituras del Nuevo Testamento. Para su conocimiento, he aquí los ocho versículos:

  • Lucas 1:41: “la criatura saltó en su vientre . . .”
  • Lucas 1:44: “la criatura saltó de alegría en mi vientre.”
  • Lucas 2:12: “Hallaréis al niño envuelto en pañales . . .”
  • Lucas 2:16: “Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al

niño acostado en el pesebre.”

  • Lucas 18:15: “Traían a él los niños para que los tocase.”
  • Hechos 7:19: “Maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a

sus niños.”

  • 1 Pedro 2:2: “. . . desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no

adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.”

  • 2 Timoteo 3:15: “. . . desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras.”

“DE HECHO, ¡TIMOTEO COMENZÓ A APRENDER LAS ESCRITURAS CUANDO ESTABA AÚN EN EL VIENTRE DE SU MADRE! Su fe habitó primero en su abuela Loida, y en su madre Eunice y últimamente en sí mismo (2 Timoteo 1:5). Obviamente, aquellas mujeres eran sus maestras primarias. Su padre era griego (Hechos 16:1), y por lo visto, no ayudó a Timoteo a “aprender las Sagradas Escrituras”. Pero su madre y su abuela le enseñaron las Sagradas Escrituras desde cuando era brephos. Es decir, le enseñaron las Escrituras antes de su nacimiento, y desde su “niñez”. Aparentemente, hicieron precisamente lo que Dios mandó hacer a todo su pueblo. Enseñaban a Timoteo día y noche. La enseñanza era parte de sus actividades diarias. Ya que la Palabra de Dios estaba en sus corazones, hablaron de ella todo el tiempo. ¡Recuerde! El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno (Lucas 6:45).

PODEMOS SER COMO TIMOTEO

¡No podemos entrar por segunda vez en el vientre de nuestra madre para nacer (Juan 3:4). No obstante, ¡todos nosotros tenemos que nacer de nuevo! Nadie puede entrar al reino de Dios sin nacer de nuevo.

Tenemos vida física porque simiente física fue depositada en el vientre de nuestra madre terrenal. Nuestros cuerpos terrenales envejecerán y morirán. Por eso, carne y

sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 15:50). Para gozarnos de la “vida eterna”, tenemos que tener un “cuerpo eterno”. ¡Esto puede suceder solamente cuando nacemos de nuevo de una simiente espiritual!

El Señor Jesús dijo a Nicodemo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). ¡Para producir vida espiritual, hay que implantar simiente espiritual! Por eso, Pedro escribió: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

¡Sí! Cuando “nacemos de nuevo” podemos ser precisamente como Timoteo. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:17 y 18).

Cuando “nacemos de nuevo”, llegaremos a ser como “judíos verdaderos”: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en el interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28 y 29).