Boyce Mouton
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LO CIERTO ES QUE NI SIQUIERA SUS HERMANOS

Boyce Mouton · 11 pages · 3,927 words

LO CIERTO ES QUE NI SIQUIERA SUS HERMANOS

CREÍAN EN ÉL “Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7:5).

Fue menos de seis meses antes de que el Señor Jesús muriera en una cruz. Siendo que él no quería morir prematuramente, se quedaba lejos de Judea porque los judíos allí le estaban esperando para quitarle la vida. Fue el tiempo de la fiesta solemne de los tabernáculos. La fiesta se llevaba acabo en el día 15 del séptimo mes (Levítico 23:34). La pascua, cuando el Señor Jesús sería crucificado, era el día 15 del primer mes del año siguiente (Levítico 23:5).

Fue en aquel momento que los hermanos del Señor Jesús se burlaron de él diciendo: “Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7:3-5).

Después de decir eso, los hermanos del Señor Jesús se fueron a la fiesta. El Señor Jesús también subió, aunque no públicamente, sino en secreto (Juan 7:10). Es interesante notar que los hermanos del Señor Jesús que fueron criados con él y vivieron con él, “no creían en él”.

Consideremos qué significa cuando las Escrituras dicen que los hermanos del Señor Jesús “no creían en él”

PRIMERO, ¿QUIÉNES ERAN LOS HERMANOS DEL SEÑOR JESÚS?

La Biblia menciona a los hermanos del Señor Jesús en varios pasajes:

  • “Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos

estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar” (Mateo 12:46 y 47).

  • “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y

sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? (Mateo 13:55 y 56).

  • “Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera,

enviaron a llamarle” (Marcos 3:31).

  • Cuando el Señor Jesús enseñaba en la sinagoga de Nazaret, el pueblo de su

nacimiento, las Escrituras registran: “¿De dónde tiene estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos

son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? (Marcos 6:2 y 3).

  • “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían

llegar hasta él por causa de la multitud” (Lucas 8:19).

  • Etc.

La Iglesia Católica Romana afirma que los “hermanos” del Señor Jesús eran en realidad sus “primos”. Tiene un interés particular de demostrar que María era una virgen perpetua. No obstante, la manera más obvia de entender estas Escrituras es reconocer que cuando el Señor Jesús nació, la “virgen María” dio luz a su “primogénito” hijo, pero no a su “único” hijo. Después del nacimiento del Señor Jesús, aparentemente tuvo relaciones sexuales normales con su esposo y dio luz a cuatro hijos más y por lo menos dos hijas (Marcos 6:3).

Después del nacimiento del Señor Jesús, las Escrituras ya no se refieren a María como una virgen, sino como “María la madre de Jesús” (Hechos 1:14).

¿QUÉ SIGNIFICA QUE “NI AUN SUS HERMANOS CREÍAN EN ÉL”?

Para contestar esta pregunta, consideremos varios niveles de creencia.

I

Hay quienes niegan que Jesucristo haya sido una persona real en la historia. Afortunadamente, la evidencia histórica está reduciendo el número de ellos. El hecho de que casi todos de nuestro mundo moderno dividen la historia entre a. de C. y d. de C. (antes de Cristo y después de Cristo) indica lo obvio: El Señor Jesús era de veras una persona real de la historia. El ateo H. G. Wells lo dijo así: “Jesús de Nazaret . . . es fácilmente la persona más dominante de la historia. Por supuesto, hablo de él como un hombre porque entiendo que el historiador tiene que tratarle como hombre, tal como el artista tiene que dibujarle como hombre . . . asumir que nunca existía, que las historias de su vida son fábulas, es más difícil y causa más problemas en la senda del historiador que aceptar los elementos esenciales de las historias del Evangelio como hechos verdaderos . . . así que el historiador, sin tomar en cuenta el significado teológico de su vida, escribe el nombre de Jesús de Nazaret encima de la lista de los individuos más grandes del mundo” (American Magazine, Julio, 1922).

¡Obviamente, los hermanos del Señor Jesús “creían” que él era una persona real de la historia!

II

¿“Creían” los hermanos del Señor Jesús que había nacido de una virgen? Mientras que las Escrituras no contestan específicamente esta pregunta, es probable que sus hermanos no creían que el Señor Jesús había nacido de una virgen. José mismo no creyó a María hasta que un ángel del Señor confirmara su historia (Mateo 1:20 y 21).

También es dudoso que hubiera alguien en Nazaret que había creído su historia. Quizás fuera por esa razón que María “fue de prisa” a la montaña de Judea para hablar con su parienta Elisabet (Lucas 1:39-56). Ya que Elisabet también había experimentado el hecho de estar embarazada milagrosamente, ella sería más apta de creer a María que otros. De hecho, cuando Elisabet escuchó la salutación de María, la criatura saltó de alegría en su vientre y Elisabet fue llena del Espíritu Santo. “Y exclamó a gran voz, y dijo: bendita tu entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de su salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:41-45).

Entonces, mientras Elisabet creyó a María, nosotros asumimos que el pueblo de Nazaret no la creyó. Aparentemente, concluían que María era inmoral y que el Señor Jesús era ilegítimo. Después de más de 30 años, aún existía ese rumor feo. Cuando el Señor Jesús estaba en Jerusalén los judíos dijeron: “Nosotros no somos nacidos de fornicación” (Juan 8:41). Por supuesto, la implicación fue que el Señor Jesús era un hijo ilegítimo.

Aunque el Señor Jesús definitivamente nació de una virgen, aparentemente sus hermanos no lo creían.

III

¿Creían los hermanos del Señor Jesús que él podía hacer milagros? ¡La respuesta obvia es “sí”! Todos sabían que el Señor Jesús estaba haciendo milagros. Mateo escribió: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán” (Mateo 4:23-25). Por supuesto, ¡hay muchas Escrituras más que dicen esencialmente lo mismo! Todos sabían que el Señor Jesús estaba haciendo milagros. Aun Herodes, el rey perverso, lo sabía (Lucas 23:8).

Por supuesto, el pueblo de Nazaret, donde el Señor Jesús fue criado, sabía que hacía milagros (Marcos 6:2).

Los hermanos del Señor Jesús también sabían que hacía milagros. De hecho, le dijeron que fuera a Judea para que “también tus discípulos vean las obras que haces” (Juan 7:3).

Entonces, los hermanos del Señor Jesús sabían que él era una verdadera persona histórica y que hacía milagros, pero aún “no creían en él”. ¡Obviamente, la expresión “creer en él” se refiere a algo más profundo y más significativo!

IV

Para tener un entendimiento más profundo del significado de “creer en el Señor Jesús”, consideremos la historia del joven rico. Ese hombre devoto llegó al Señor Jesús e hincando la rodilla delante él, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Marcos 10:17).

A esta pregunta el Señor Jesús respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18).

Ahora estamos yendo al grano de la pregunta sobre lo que quiere decir “creer en el Señor Jesús”. Hay muchas personas que son verdaderas personas históricas. Muchas personas han hecho milagros. ¡Muchas personas han muerto por una causa en que han creído! Pero el Señor Jesús es la única persona que es “Dios manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Obviamente, el joven rico sabía que el Senor Jesús era “bueno”; la pregunta es: ¿sabía que el Señor Jesús era Dios?

También, ¡esta es la pregunta que queremos presentar a los hermanos del Señor Jesús!

Esta es la pregunta que cada uno de nosotros tenemos que contestar. En realidad “¿creemos en el Señor Jesús? Eso es, “creemos que el Señor Jesús es Dios”? La misma magnitud de este pensamiento lleva al extremo nuestra imaginación. ¡Quizás para algunos, no haya otro pensamiento más difícil de imaginar ni más crucial para nuestra salvación!

LA GUERRA LARGA ENTRE DIOS Y SATANÁS

  • Como ya sabe, Satanás cayó del cielo por su rebelión (Isaías 14:12-15).

Debido a su soberbia, Dios lo expulsó del cielo y lo arrojó a la tierra (Ezequiel 28:14-17).

  • La larga guerra entre Dios y Satanás había comenzado.

Satanás ganó la primera batalla en el huerto de Edén. Él engañó a Eva y su victoria era significativa. Como resultado de aquella victoria, el pecado entró en el mundo y por el pecado, la muerte (Romanos 5:12).

También Satanás, ha ganado muchas batallas más, ¡pero no ganará la guerra!

En asociación con la maldición causada por el pecado, Satanás llegó a saber por primera vez que su derrota final vendría por “la simiente de la mujer” (Génesis 3:15).

No obstante, no se le ocurrió a Satanás que “la simiente de la mujer” sería “Dios mismo”.

De hecho, no se le ocurrió a nadie lo que Dios iba a hacer: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 Pedro 1:10-12).

Sin embargo, el hecho de que Dios mismo condescendió a convertirse en hombre es fundamental para nuestra fe cristiana. ¡Note!

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús, se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).

Cuando la larga guerra con Satanás se termine, Dios será victorioso y el diablo será lanzado en el lago de fuego donde será atormentado por los siglos de los siglos.

LA TEORÍA DE LA “GRAN EXPLOSIÓN” Y EL NACIMIENTO DEL SEÑOR JESÚS

Durante muchos años la ciencia estaba de acuerdo con Aristóteles que la materia es eterna. No obstante, en el año 1927 Georges Lemaître notó que nuestro universo está expandiéndose y postuló que se remonta a un único punto de origen. Esto hizo “creer” a la comunidad científica que el universo no es eterno, sino en realidad tuvo un “principio”. La “teoría” es que hace alrededor de 13.8 mil millones de años “no había nada”. De repente, “de alguna manera” una bola muy pequeña apareció. Esta pequeña concentración de energía se caracterizó por una densidad y calor infinitos. Se llama una “singularidad”. De repente la singularidad empezó a expandir y el universo, como lo conocemos, tuvo su principio. La expansión de esa singularidad microscópica para formar nuestro vasto universo se conoce como la teoría de la “Gran Explosión”.

La Biblia no dice nada acerca de una “gran explosión”, pero sí enseña lo opuesto. En vez de una pequeña singularidad expandiéndose para formar el universo, nuestro Dios infinito llegó a ser una pequeña singularidad en el vientre de una virgen. ¡Piense en esto! Nuestro Dios Creador que es tan vasto que “los cielos, los cielos de los cielos,” no lo pueden contener (1 Reyes 8:27), se redujo a una forma de vida microscópica en el vientre de la virgen María. El término médico para esta forma de vida microscópica es cigoto. Esta palabra viene del griego para “unido”. Se refiere a la nueva vida que se forma cuando la esperma del hombre está “unida” con el huevo de la mujer. Asombrosamente, esta es la manera en que Dios vino al mundo en la persona de Jesucristo. Cuando María preguntó al ángel Gabriel cómo podría estar embarazada sin haber conocido a un varón, él le explicó que “el Espíritu Santo vendrá sobre ti” y que su hijo “será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:34 y 35).

No tenemos que creer “la teoría de la gran explosión” para ser salvos, pero sí, ¡tenemos que creer que Dios se hizo carne en la forma del Señor Jesús para ser salvo! Este hecho es una parte integral de lo que significa “creer en el Señor Jesús”.

MÁS TARDE, LOS HERMANOS DEL SEÑOR JESÚS LLEGARON A “CREER EN ÉL”

Después de que el Señor Jesús ascendió al cielo, 120 de sus discípulos se juntaron en un aposento alto en Jerusalén (Hechos 1:13-15). Probablemente, eso era el mismo “gran aposento alto” donde el Señor Jesús comió la última cena con sus discípulos (Marcos 14:15). También es muy probable la “casa de María, la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando” (Hechos 12:12).

De todos modos, las Escrituras dicen que los 120 creyentes se juntaron “con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14).

Ahora, sus hermanos “creyeron en él”. Se juntaron con otros creyentes en el aposento alto y eran

una parte de la iglesia original formada por Dios unos pocos días más tarde en el día de Pentecostés. (Hechos 2:1).

No se hace decisiones en un vacío. Obviamente, algo sucedió para convencer a los hermanos del Señor Jesús que él no era solamente un hacedor de milagros, ¡sino que era Dios! Especularemos sobre esto más tarde.

Dos de los hermanos del Señor Jesús, Jacobo (Santiago) y Judas, llegaron a ser líderes prominentes de la iglesia primitiva y aun escribieron libros que ahora forman parte de nuestra Biblia.

AUMÉNTANOS LA FE

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” (Lucas 17:5).

Hay los que erróneamente creen que “fe” es una palabra que significa “creer algo sin evidencia”. ¡Esta definición no es cierta! ¡La fe se construye sobre evidencia! ¡Cuanta más evidencia, más fe!

Por ejemplo, cuando una persona va al banco para prestar dinero, tiene que proveer evidencia que podrá pagar el préstamo. Cuanta más evidencia, más dinero podría prestar. Lo mismo se aplica a la cristiandad. ¡Cuanta más “evidencia” tenemos, más “fe” tendremos!

Uno de los doce era Tomás, llamado Dídimo (Juan 20:24). La palabra “Dídimo” quiere decir “gemelo”. Esto nos da la idea de que Tomás era un gemelo quien había sido confundido muchas veces por su hermano gemelo. Consecuentemente, cuando se le dijo a Tomás que el Señor Jesús había sido resucitado de entre los muertos, dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25).

Una semana después, los discípulos estaban otra vez en la casa, y aunque las puertas estaban cerradas, el Señor apareció entre ellos. Se paró delante de Tomás y dijo: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:27 y 28).

Entonces el Señor Jesús le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Millones de personas que “creen en el Señor Jesús” nunca lo han visto. Pedro, reconoció esto y escribió: “. . . a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:8 y 9).

Por supuesto, el hecho de que nosotros, personalmente, no lo hemos visto al Señor Jesús, no significa que nuestra fe en él no está basada en evidencia. Los jurados no tienen que haber visto un crimen personalmente para llegar a un veredicto correcto. Por supuesto, cuanta más evidencia el jurado tenga, más confianza tendría que su veredicto sea correcto. Como ya sabe, su reto no es llegar a una conclusión sin “ningúna duda”, sino es llegar a una conclusión “más allá de una duda razonable”. Fuera de las matemáticas puras, es difícil imaginarse “ninguna” decisión que puede ser logrado sin “ninguna” duda. Por supuesto, hay muchos que intentan poner en duda la deidad del Señor Jesús, pero sus dudas no son razonables.

Con respecto a esto, parece que el Señor Jesús apareció personalmente a su hermano Jacobo en la misma manera como lo hizo con Tomás y los otros apóstoles. Pablo escribió que el Señor Jesús resucitado apareció primeramente a Pedro, y después a los doce. Entonces apareció a más de 500 hermanos a la vez. Después apareció a “Jacobo” y finalmente a “todos los apóstoles” (1 Corintios 15:3-8). ¿Quién era ese “Jacobo” a quien el Señor Jesús apareció?

Hay tres hombres prominentes que se llaman Jacobo (que es equivalente a Santiago) nombrados en la Biblia. Jacobo, el hermano de Juan, Jacobo, el hijo de Alfeo, y Jacobo, el hermano de nuestro Señor. Siendo que Jacobo, el hermano de nuestro Señor, era un líder prominente en la iglesia de Jerusalén y también llamado un apóstol (Gálatas 1:19), es muy posible que el Señor Jesús apareció a él en persona. Dado que el Señor Jesús apareció a más de 500 otros al mismo tiempo, también podría haber aparecido en persona a sus cuatro hermanos.

Los apóstoles pidieron al Señor Jesús que aumentara su fe. La manera sencilla de hacer esto es aumentar la evidencia. Recuerde, la fe no viene por “ver”. Las Escrituras son claras que “la fe (es) la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe viene por “oír” no por “ver”. La evidencia que “oiremos” y que produce y aumenta nuestra fe, viene de la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

LOS DOS LADRONES

Como ya sabe, el Señor Jesús fue crucificado entre dos ladrones (Marcos 15:27).

Al principio, los dos ladrones se unieron con la muchedumbre e insultaron al Señor Jesús (Mateo 27:44).

No obstante, más tarde uno de los ladrones cambió de opinión y llegó a “creer en el Señor Jesús”.

Ese nuevo creyente preguntó al otro ladrón: “¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?” (Lucas 23:40). Aparentemente, no le temía. Como ya sabe, el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Esto quiere decir que el ladrón inconverso murió en ignorancia. Podría haber aprendido algo al escuchar al Señor Jesús, pero eligió morir ignorando la esperanza de vida eterna (Proverbios 1:7).

El ladrón que “creía en el Señor Jesús” dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

“Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

  • “Creer en el Señor Jesús” resulta en salvación eterna.

Por supuesto, no todos “creen en el Señor Jesús”. Los dos ladrones tenían la misma evidencia pero solamente uno de ellos la creía.

¿CREERÁ UD. EN EL SEÑOR JESÚS?

El Señor Jesús fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu Santo, por su resurrección de entre los muertos (Romanos 1:4). El ladrón en la cruz sabía que el Señor Jesús estaba muriendo; no obstante, “creía” que él vendría en su reino. Es asombroso que ese ladrón reconoció esta verdad acerca del Señor Jesús antes de sus discípulos.

¿Cree Ud. esto?

Si Ud. cree que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras (1 Corintios 15:1-11), entonces Ud. está preparado para dedicar su vida al Señor Jesús y ser salvo.

La cristiandad es como un matrimonio (Efesios 5:21-33). Hay que hacer un compromiso por vida a su cónyuge en el día de sus bodas, pero cada día de su matrimonio, Ud. llega a conocer mejor a su cónyuge.

Lo mismo es cierto con respecto a la dedicación de su vida a Cristo. Por ejemplo, los efesios fueron salvos pero Pablo quería que Dios les diera el espíritu de sabiduría y revelación para que le conozcan mejor (Efesios 1:17). También Pablo mismo quería conocerle mejor y contó todas las cosas como pérdida comparadas con la excelencia del conocimiento de Cristo (Filipenses 3:4-17).

Este entendimiento de la naturaleza eterna del Señor Jesús vino a sus hermanos cuando también “creían en él”. Y sabían algo acerca del Señor Jesús porque fueron criados con él. No obstante, cuando llegaron a conocerle mejor, se dieron cuenta que

era Dios en carne humana. Porque finalmente “creían en el Señor Jesús”, ¡pasarán la eternidad en el cielo con él!

¡RECUERDE! LOS 33 AÑOS QUE EL SEÑOR JESÚS ESTABA EN LA CARNE FUERON SOLAMENTE UN VELO (Hebreos 10:20). ¡EL VERDADERO SEÑOR JESÚS ES ETERNO!

¿Creerá Ud. en el Señor Jesús? ¿Hará Ud. un compromiso con Dios por vida en la persona de Cristo Jesús?

Su compromiso con Cristo y su caminar con el Señor Jesús le ayudará a “comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:18-21).

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(Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. ¡Los derechos no son reservados! Se puede usar todo este material o partes, sin alteraciones, para la gloria de Cristo y el avance de su reino.)

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