LECCIONES DESDE EL MONTE SANTO (2 Pedro
LECCIONES DESDE EL MONTE SANTO (2 Pedro
1:18)
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:16-21).
¡ALGO SUCEDIÓ EN EL MONTE SANTO QUE CONVENCIÓ A PEDRO DE QUE NO ESTABA SIGUIENDO A FÁBULAS ARTIFICIOSAS ACERCA DE LA VENIDA DEL SEÑOR JESÚS! ¡EL ENFOQUE DE ESTE ESTUDIO SERÁ BUSCAR A ENTENDER “LO QUE SUCEDIÓ” EN AQUEL MONTE SANTO!
LA CONFESIÓN DE PEDRO
“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:13-18).
Aparentemente, el Señor Jesús iba a usar esta “confesión” para preparar los discípulos para su crucifixión que iba a suceder en menos de un año. Note que “desde entonces”, el Señor Jesús comenzó a preparar a los discípulos para su muerte.
EL SEÑOR JESÚS EXPLICÓ QUE IBA A MORIR
“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:21-23).
Más tarde, Pedro vio el mérito de sufrir y escribió: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pedro 4:12-16).
EL MONTE SANTO
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él” (Mateo 17:1-3).
Aquel “monte alto” mencionado por Mateo era el “monte santo” mencionado por Pedro en nuestro texto al principio de este estudio. Esta historia asombrosa se encuentra tres veces en la Biblia: (Mateo 17:1-13; Marcos 9:2-13; Lucas 9:28-36). He aquí un breve resumen de lo que sucedió en aquel monte:
- El Señor Jesús llevó a Pedro, a Jacobo, y a Juan a la cumbre de aquel monte alto.
- El Señor Jesús se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandeció como el sol, y sus
vestidos se hicieron blancos como la luz.
- Moisés y Elías aparecieron y hablaron con el Señor Jesús acerca de su muerte en
Jerusalén (Lucas 9:31).
- Pedro quería levantar tres enramadas. Una para el Señor Jesús, una para Moisés, y una
para Elías.
- Escucharon una voz de cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).
- Es obvio que debemos prestar atención a la explicación correcta del Señor Jesús acerca
de Moisés y Elías.
- Al descender del monte, el Señor Jesús dijo: “No digáis a nadie la visión, hasta que el
Hijo del Hombre resucite de los muertos” (Mateo 17:9).
- Obviamente, Pedro meditó mucho en esa experiencia. Más tarde, después de la
resurrección del Señor Jesús, debe haber hablado de ella a otros con más detalles.
LA TRANSFIGURACIÓN
Sin duda, Pedro aprendió muchas lecciones importantes en el monte santo. Entre otras cosas, se dio cuenta que su confesión de Cristo fue confirmada por una voz del cielo. También aprendió de Moisés y Elías que el padecimiento y la muerte del Señor Jesús estaban en completa armonía con la ley y los profetas. Como se sabe, el Señor Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17).
No obstante, enfoquemos en la “transformación” del Señor Jesús, ya que eso es lo que Pedro vio. La palabra “transformación” viene de la palabra griega metamorfosis. Se usa esta palabra para describir lo que sucede con una oruga cuando llega a ser una mariposa. Se encuentra esta palabra solamente cuatro veces en las santas Escrituras. Dos veces se refiere a la transformación del Señor Jesús (Mateo 17:2 y Marcos 9:2). Dos veces se refiere a la transformación de los creyentes (Romanos 12:2 y 2 Corintios 3:18).
Obviamente, hay una conexión entre la transformación que Pedro vio en el Señor Jesús, y la transformación que toma lugar en los creyentes. ¡Lo que Pedro “vio” lo convenció que no estaba siguiendo fábulas artificiosas!
LOS MILAGROS DEL SEÑOR JESÚS
Pedro fue testigo de casi todos los milagros hechos por el Señor Jesús. Aquellos milagros convencieron a Pedro que el Señor Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Juan, que también estaba con Pedro en el monte santo, escribió: “Hizo además Jesús muchas otras
señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30 y 31).
Cuando Pedro fue dirigido a encontrar a otro apóstol para reemplazar a Judas, era necesario que aquellos hombres “han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hechos 1:21 y 22).
Como sabemos, el primer milagro del Señor Jesús fue cambiar el agua en vino en las bodas de Caná de Galilea (Juan 2:1-11). Juan explicó: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (Juan 2:11).
De los muchos milagros que hizo el Señor Jesús, el único mencionado en los cuatro evangelios (aparte de la resurrección del Señor Jesús) es alimentar a 5,000 hombres, más mujeres y niños, con solamente cinco panes y dos pescados pequeños (véase Mateo 14:13-21; Marcos 6:30-44; Lucas 9:10-17; y Juan 6:1-15).
Quizás el milagro más espectacular tuvo que ver con su buen amigo Lázaro. Ese milagro tomó lugar en Betania, ubicada solamente a unos dos kilómetros de Jerusalén, y había presente muchos judíos como testigos (Juan 1:18 y 19). Después de haber estado muerto Lázaro por cuatro días, el Señor Jesús les mandó quitar la piedra de su sepulcro. “Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran vos: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:41-44).
Como resultado de ese milagro, el Señor Jesús y Lázaro llegaron a ser famosos: “Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.
Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús” (Juan 12:9-11).
Note, por favor, que estos milagros terrenales demostraron que el Señor Jesús era el Cristo, aunque eran milagros temporales. La gente de las bodas otra vez tuvo sed. Los 5,000 hombres y sus familias tuvieron hambre otra vez. Lázaro murió otra vez. No obstante, el Señor Jesús prometió “mayores obras” en el futuro: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre (Juan 14:12).
Esas “mayores obras” involucraban milagros eternos; nunca tendrían sed otra vez (Juan 4:13 y 14). y que nunca tendrían hambre otra vez (Juan 6:35) ni nunca morirían otra vez (Juan 11:25 y 26).
No obstante, estos milagros eternos no pudieron suceder hasta que el Señor Jesús muriera por nuestros pecados y volviera a su Padre en el cielo. ¡En el cielo, el Señor Jesús vive eternamente para interceder para nosotros!
UN MILAGRO DISTINTO
La transfiguración del Señor Jesús y su conversación con Moisés y Elías abrieron los ojos de Pedro al nuevo pacto y a un tipo distinto de milagros. ¡El nuevo pacto provee el milagro de la salvación que es eterno! La comprensión de esto comenzó como una pequeña luz brillando en un lugar oscuro, pero eventualmente, Pedro se dio cuenta con claridad asombrosa. Tal como el sol naciente disipa las sombras, la magnitud de ese milagro iluminó la mente de Pedro con las glorias de la salvación que aun los ángeles anhelaban comprender, pero no pudieron. “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrán tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 Pedro 1:10-12).
Considere, por favor:
- ¡El Señor Jesús tuvo que morir para hacer válido el nuevo pacto! “Porque donde hay
testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive” (Hebreos 9:16 y 17).
- ¡Miles de sacrificios fueron hechos en la época del Antiguo Testamento, pero los pecados
no fueron perdonados hasta que el Señor Jesús muriera! “Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque que la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:3 y 4).
- ¡Sí! ¡Los pecados cometidos bajo el primer pacto no fueron perdonados hasta que el
Señor Jesús muriera!: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (Hebreos 9:15).
- Todos los pecados futuros también son perdonados por medio del sacrificio del Señor
Jesús: “Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:8-14).
- “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande
misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:3-5).
EL REGRESO DEL SEÑOR JESÚS AL PADRE
Recuerde lo que el Señor Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12). El milagro de esta gran salvación no sería posible si el Señor Jesús no hubiera regresado al Padre!
- El Señor Jesús tuvo que regresar al Padre porque él tiene un sacerdocio eterno. En el
cielo el Señor Jesús vive para siempre para hacer intercesión por nosotros: “Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:20-25).
- El Señor Jesús tuvo que regresar a su Padre para que el Consolador pudiera venir. “Pero
yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15).
- Nuestra salvación no sería posible sin el Espíritu Santo. El Señor Jesús específicamente
mandó a sus discípulos que esperaran al Espíritu Santo: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:4 y 5).
- El evangelismo mundial no sería posible sin el Espíritu Santo: “Pero recibiréis poder,
cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
EL MILAGRO DE LA TRANSIGURACIÓN ES EVIDENCIA PERPETUA
Algo sucedió en el monte santo que convenció a Pedro que no estaba siguiendo a fábulas artificiosas. Obviamente, este discernimiento involucraba la transfiguración del Señor Jesús. Asi es como Pedro vio un cambio espectacular en el Señor Jesús, también vio un cambio espectacular en las vidas de los que habían nacido de nuevo. Por ejemplo, Pedro vio a 3,000 nuevos conversos en el día de Pentecostés (Hechos 2:40 y 41). Esos judíos devotos experimentaron un cambio espectacular cuando fueron convertidos a
Cristo. Ya que vinieron de todas las naciones de la tierra, estaban divididos por su nación de origen y por la lengua que hablaban. Además, estaban divididos en varias sectas judías, tal como los fariseos, los saduceos, los herodianos, etc. No obstante, cuando fueron “transformados” por Cristo, “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:44-47).
Tal como una oruga fea y destructiva llega a ser una mariposa hermosa, aquellos miles de conversos fueron transformados de las obras de la carne al fruto del Espíritu (Gálatas 5:19-26). La “conformación” viene de la presión exterior, pero la “transformación” viene de la presión interior. Esos conversos no debían ser “conformados” al comportamiento de este mundo, sino “transformados” por la renovación de sus mentes. Cuando se arrepintieron y fueron bautizados, recibieron el perdón de pecados y el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38). Esos nuevos conversos eran tan diferentes que son llamados “nuevas criaturas” (2 Corintios 5:17).
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en un lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19). ¡Cuando Pedro vio a miles de vidas transformadas delante de sus ojos, recordó las promesas del Señor Jesús, y como el sol naciente quita las sombras, el poder de la resurrección en las vidas de esos nuevos conversos se hizo bastante claro a Pedro!
“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente de corazón puro; siendo renacidos no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:18-23).
LA LUZ DEL MUNDO
El Señor Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).
- ¡Las vidas “transformadas” son obvias!
- Pablo escribió a los romanos: “Primeramente doy gracias a mi Dios
mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo” (Romanos 1:8).
- Pablo escribió a los colosenses: “habiendo oído de vuestra fe en Cristo
Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad” (Colosenses 1:4- 6).
- Pablo escribió a la iglesia en Tesalónica: “Porque conocemos, hermanos
amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no solo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:4-9).
- Se ve fácilmente la “transformación” de un converso. Puede ser comprendida por
todos, aun si no pueden leer ni escribir. Como dijo Pablo: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres” (2 Corintios 3:2).
NUEVA EVIDENCIA
Hay una abundancia de evidencia histórica que el cristianismo es verdadero. Hay más de 25,000 manuscritos parciales y completos del Nuevo Testamento. También hay unos 36,000 citas de los padres de la iglesia primitiva, y varios miles de documentos que confirman las verdades del cristianismo. Hay mucha más evidencia histórica acerca del Señor Jesús que hay acerca del emperador romano, Tiberio César. No obstante, ¡toda esta evidencia no significa nada para un salvaje de la edad de piedra que vive en la selva!
Un misionero a una tribu analfabeta en Asia describió lo que sucedió en una aldea pagana cuando su jefe se convirtió al cristianismo. Después de dar su vida a Cristo, inmediatamente el jefe dejó de tomar narcóticos y de azotar a su mujer. Esta noticia de su “transformación” se extendió rápidamente por todo el área.
Se consideraba a los indios aucas del Ecuador como la tribu más violenta del mundo. 60% de las muertes dentro de la tribu resultaron de matarse unos a los otros. En los 350 años que los antropólogos han estudiado esta tribu, nunca ha tenido un rey o un jefe, ni ningún tipo de gobierno. Todos hacían lo que querían. Como ya hemos dicho, no solamente murieron atacados por animales y por enfermedades, sino 60% de las muertes dentro de la tribu, resultaron cuando se mataron unos a otros. En el año 1956 había alrededor de 500 personas en la tribu y estaba cerca a la extinción.
El día 8 de enero del año 1956, cinco misioneros cristianos, Jaime Elliot, Nate Saint, Ed McCulley, Pedro Fleming, y Roger Youderian murieron, atravesados por lanzas por hombres de esa tribu. El nombre “Auca” es derogatorio, usado por sus enemigos, y significa “desnudos” o “salvajes”. Se refieren a sí mismos como “huaoranis” que quiere decir “el pueblo”.
La conversión a Cristo de esos salvajes de la edad de piedra, ha sido divulgada por todo el mundo. Además de numerosos reportes de noticias, libros, y artículos relatando su historia fascinante, fue presentado en el año 2005 en una película que se titula A Punta de Lanza. Abre este sitio web para ver una entrevista con dos cristianos de esta tribu: https://vimeopro.com/wotruth/venture-in-faith/video/490993245
Lo que sucedió con esta tribu es como una página tomada de la Biblia. Los cristianos de Éfeso también en una época estaban separados de Dios, teniendo el entendimiento entenebrecido y sus corazones endurecidos: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está
viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:17-24). En solamente dos años, todos los judíos y los griegos de la provincia de Asia oyeron la palabra del Señor (Hechos 19:10).
Como ya hemos dicho, la “transformación” de los hombres pecaminosos a santos amorosos es obvio a la gente que no sabe leer ni escribir. Pablo explicó a los corintios: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:2 y 3).
EL ENCUENTRO EN EL MONTE SANTO FUE SECRETO
La frase “venid y ved” se encuentra dos veces en la Biblia (Juan 1:39 y Juan 1:46). Ambas ocasiones involucran una invitación para investigar al Señor Jesús.
En el primer caso, dos discípulos de Juan el Bautista comenzaron a seguir al Señor Jesús: “Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:38-42).
Esos hombres que investigaban a Jesús, estaban tan emocionados que inmediatamente comenzaron a hablar a otros acerca de él. Tres de esos hombres, Felipe, Andrés, y Pedro, eran del mismo pueblo, Betsaida.
La segunda invitación de “ven y ve” involucra a Nataniel: “Felipe halló a Nataniel, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Nataniel le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Nataniel que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Nataniel: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los
ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1:45-51).
Bajo circunstancias normales, el Señor Jesús era accesible y franco. La gente interesada fue invitada a investigarle y preguntarle cualquier pregunta. No obstante, el encuentro en el monte santo fue secreto. Estaban presentes solamente tres testigos humanos. Además, descendiendo del monte, el Señor Jesús les dio instrucciones: “No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos” (Mateo 17:9).
Quizás se pudiera explicar esto por la palabra griega musterión que se usa 27 veces en la Biblia y que se traduce como “misterio”. Viene de la palabra muo que significa “cerrar la boca”. Esta es una palabra usada por los militares para describir un plan militar secreto para vencer al enemigo. Los soldados romanos juraron no revelar el “misterio”. Por supuesto, una vez terminada la batalla, el “misterio” fue obvio.
El diablo no es omnisciente. ¡No sabe todo! ¡Ni es omnipresente! ¡No puede estar en todos los lugares a la vez! ¡El diablo no estaba en el monte santo!
El Señor Jesús llamó a los tres testigos a ese encuentro secreto en el monte santo para revelar la estrategia de Dios para vencer al diablo. Ese “misterio” involucraba la muerte y la resurrección del Señor Jesús. ¡Recuerde! Es por medio de la muerte que Dios anuló al que tenía poder sobre la muerte, eso es el diablo (Hebreos 2:14). El misterio también involucraba la “transformación” de hombres ordinarios a guerreros espirituales que el diablo no podía vencer. El diablo es el dios de este mundo (2 Corintios 4:4), pero no es el dios de los que han sido transformados por el verdadero Dios. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).
El diablo no puede vencer al Señor Jesús, y si Cristo está en nosotros, no podemos ser derrotados. ¡Esta es precisamente la estrategia de Dios! “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero ahora que ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26 y 27).
¡ESTA ES UNA LECCIÓN IMPORTANTE QUE PODEMOS APRENDER DE LO QUE SUCEDIÓ EN MONTE SANTO!