Boyce Mouton
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LAS PETICIONES DE TU CORAZÓN

Boyce Mouton · 7 pages · 2,984 words

LAS PETICIONES DE TU CORAZÓN

“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu

corazón” (Salmo 37:4).

Esta es una Escritura que fue citada a menudo por el evangelista estadounidense Jim Bakker. El Sr.Bakker tuvo un programa televisado muy famoso que se llamaba “El Club PTL”, cuyas letras en inglés significan “Praise the Lord” (Alabado sea el Señor). Este programa tuvo su principio en el año 1974. El Sr. Bakker predicaba que la pobreza era una maldición y que todo el pueblo de Dios debería ser rico. Aparentemente, creía que uno que “se deleitaba” en el Señor “podía tener cualquier cosa”. Como prueba de esto, vivía en una mansión de 40 habitaciones, tenía una casita para sus perros que tenía aire acondicionado, y tuvo 12 automóviles. ¡Su estilo opulento de vida llegó a ser un ejemplo o un modelo para convencer a sus seguidores que si le envíen sus ofrendas, ellos también podrían poseer cualquier cosa que desearan!

La pregunta es: ¿Hacía Jim Bakker lo que Dios deseaba o lo que él deseaba?

Si Ud. piensa que es difícil contestar esta pregunta, contestar la pregunta que sigue será más fácil. El Sr. Bakker aparentemente tuvo relaciones sexuales con su secretaria de 21 años durante su ministerio en al año 1980. Ahora conteste esta pregunta: ¿Venía de “sí mismo” o de “Dios” el deseo de tener relaciones sexuales con esa joven con quien no estaba casada? ¡Obviamente, no vino de Dios! Aparentemente la acusación era cierta porque un diario estadounidense descubrió que Bakker había pagado $279,000 a la muchacha para que no revele lo que sucedió.

Tristemente, su “ministerio” tuvo deudas de millones de dólares y se derrumbó como un castillo de naipes. En el año 1988, después de una investigación de 16 meses por un jurado federal, el Sr. Bakker fue acusado de ocho cargos de fraude postal, 15 cargos de fraude electrónico, y un cargo de conspiración. En el año 1989, después de un juicio de 5 semanas, el jurado lo encontró culpable de los 24 cargos y el juez lo sentenció a 45 años en una prisión federal y le impuso una multa de $500,000.

No obstante, en el año 1992 su sentencia fue reducida a 8 años. Entonces en el año 1993, el Sr. Bakker fue enviado a una prisión federal de seguridad mínima. Después de servir casi 5 años de su sentencia, fue puesto en libertad condicional en el año 1994.

Aparentemente, el Sr. Bakker se arrepintió de sus enseñanzas falsas y escribió un libro cuando estaba en una prisión federal. Se titula ¡Yo estaba equivocado! Escribió: “He pedido a Dios que me perdone y pido a todos los que han seguido mis enseñanzas que me perdonen por predicar un evangelio que da énfasis en la prosperidad.”

Como sabemos, es posible torcer las Escrituras para nuestra propia destrucción! (2 Pedro 3:14-16).

¿QUÉ ES EL DESEO DE DIOS?

Es obvio que el deseo de Dios no es que seamos avaros o fornicarios. El salmista no prometió que los que se deleitan en el Señor tendrían malos deseos. La promesa es que los que se deleitan en el Señor estarían tan cerca a Dios que sus deseos llegarían a ser los de él. ¡Esta es la misma esencia de la conversión! Conversión significa que morimos a nuestros propios deseos y hacemos la voluntad de Dios. Recuerde la oración del Señor Jesús: “no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). ¡Esta oración debe ser nuestra oración! Cuando seamos verdaderamente convertidos a Cristo, “desearemos” hacer su voluntad y no la nuestra. Pablo lo dijo así: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

¡Sí! Cuando nos deleitamos en el Señor, nos da estos nuevos deseos en el corazón que vienen directamente de Dios. Cuando Cristo vive en nosotros, desearemos lo que él desea. Ezequiel predijo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27). Note que es el Espíritu de Dios en nuestros corazones que nos causa andar en sus estatutos y guardar sus preceptos.

La buena noticia es que cuando nos deleitamos en el Señor, Dios no sólo nos da nuevos deseos, sino también nos da el poder para hacerlos realidad. Pablo escribió: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12 y 13). El deseo y la habilidad de hacer ese deseo realidad, vienen de Dios.

¿VIVIÁN LOS APOSTOLES VIDAS LUJOSAS?

¡La respuesta es “no”! Pablo escribió a los corintios: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, más vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, más vosotros fuertes; vosotros honorables, más nosotros despreciados. Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y

no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos” (1 Corintios 4:9-13).

Pablo escribió estas palabras inspiradas desde Éfeso: “Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios” (1 Corintios 16:8 y 9).

  • He aquí la “puerta abierta”: “Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con

denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pabló de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” (Hechos 19:8-10).

  • He aquí su oposición: “Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño

acerca del Camino. Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata templecillos de Diana, daba no poca ganancia a los artífices; a los cuales reunidos con los obraros del mismo oficio, dijo: Varones, sabéis de este oficio obtenemos nuestra riqueza; pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo entero. Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios! Y la ciudad se llenó de confusión y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo. Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron. También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el teatro” (Hechos 19:23-31).

  • He aquí de dónde consiguieron su dinero: “Ni plata ni oro ni vestido de

nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:33-35).

  • Obviamente, Pablo y sus compañeros no vivían vidas de lujo en Éfeso: “Hasta

esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija” (1 Corintios 4:11).

¿VIVIÁ EL SEÑOR JESÚS UNA VIDA LUJOSA?

¡No! El Señor Jesús tampoco vivía una vida lujosa. No vivía en una mansión de 40 habitaciones como el Sr. Jim Bakker. Cuando un maestro de la ley quería seguirle, “Jesús le dijo: Las zorras tiene guaridas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20).

Cuando los discípulos del Señor Jesús discutían con respecto a cuál de ellos era el mayor, “él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven y el que dirige, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:25-27).

Cuando alguien preguntó a Pedro: “¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:24-27). Obviamente el Señor Jesús no llevaba grandes cantidades de dinero.

Tampoco el Señor Jesús era derrochador. Después de haber alimentado a los 5,000 hombres, más las mujeres y los niños, con 5 panes y 2 pescados, mandó a sus discípulos: “Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido” (Juan 6:12 y 13). ¡Medite, por favor, en este hecho asombroso! El Señor Jesús fácilmente pudo haber evitado la molestia para sus discípulos de recoger los pedazos que se quedaron. Él tenía poder para crear suficiente comida para alimentar a miles de personas sin usar ni aun un fragmento. Pero, en cambio, el Señor Jesús eligió enseñar a sus discípulos la importancia de ser frugal.

No hay nada en las Escrituras que indica que el Señor Jesús y sus discípulos comieron en restaurantes lujosos, pero si hay evidencia que fueron alimentados por un grupo de mujeres fieles que ministraron a él de sus propios bienes (Lucas 8:1-3).

LA LECCIÓN ACERCA DEL CONTENTIMIENTO

El Señor Jesús una vez dijo a sus discípulos: “Id; he aquí yo os envió como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis,

primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiera allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante” (Lucas 10:3- 8).

Obviamente, el Señor Jesús y los doce apóstoles no se quejaron de los alimentos provistos por las mujeres mencionadas anteriormente. Estas mujeres incluían a María Magdalena, Juana, Susana, y muchas otras (Lucas 8:1-3). El quejarse no es una virtud. Las Escrituras mandan: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas” (Filipenses 2:14). Pablo y Silas no se quejaron cuando injustamente fueron azotados y encarcelados con los pies en cepos. No obstante, sus oraciones y sus himnos de adoración guiaron al carcelero y a su familia entera a los pies de Cristo (Hechos 16:22- 40).

He aquí la manera en que Pablo expresó su filosofía de vida a los filipenses: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo me puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Di0s. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Filipenses 4:10-20).

SUSTENTO Y ABRIGO

He aquí el consejo inspirado de Pablo a Timoteo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:6-10).

Obviamente había tiempos en la vida de Pablo cuando tenía abundancia (Filipenses 4:12), pero recordó a Timoteo que todo lo que en realidad se necesita eran “sustento y abrigo”. Mientras tenemos alimentos y un abrigo para protegernos de los elementos, deberíamos estar contentos. En la última carta de Pablo, pidió a Timoteo que trajera el capote que había dejado en Troas (2 Timoteo 4:13). También escribió: “Procura venir antes del invierno” (2 Timoteo 4:21).

Pablo llevó una gran cantidad de dinero a Jerusalén para los santos pobres de Judea. Félix sabía esto y él detuvo a Pablo en la cárcel y “Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase” (Hechos 24:26). Pero el dinero no pertenecía a Pablo, sino era del Señor. Cuando Pablo llevó este dinero a Jerusalén, sabiamente tenía un equipo de hombres escogidos por las iglesias para acompañarle para asegurar que el dinero sería usado por lo que se dio. Hizo esto para evitar críticas y para hacer lo correcto en los ojos del Señor y también en los ojos de los hombres. Considere, por favor: “Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros. Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros. Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; y no solo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente no solo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:16-21).

EL DESEO DE PABLO

¡Recuerde! “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Pablo se deleitó en el Señor y he aquí el deseo que el Señor le dio: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que haya alcanzado ya, ni ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una

misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Filipenses 3:7-17).

¡CUANDO NOS DELEITAMOS EN EL SEÑOR,

ESTO TAMBIÉN SERÁ NUESTRO DESEO!