Boyce Mouton
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LAS FAMILIAS

Boyce Mouton · 13 pages · 5,386 words

LAS FAMILIAS

“Dios hace habitar en familia a los desamparados” (Salmo 68:6).

La familia es la institución más vieja de la tierra. Fue establecida por Dios en el huerto de Edén antes de que el hombre hubiera pecado. Por eso, fue antes de todas las leyes de origen humano y es fundamental para una sociedad estable. Adán y Eva tenían una familia. Dios les había mandado: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28). Entonces nacieron sus dos primeros hijos, Caín y Abel, y ellos representaban lo bueno y lo malo de la sociedad. Caín era malo y Abel era bueno. Muchos años después, el apóstol Juan escribió: “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3:11 y 12).

Después de que Caín mató a Abel: “Conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín” (Génesis 4:25 y 26).

BUENAS FAMILIAS Y MALAS FAMILIAS

Los capítulos 4 y 5 de Génesis contienen la primera de muchas genealogías que se encuentran en la Biblia. La primera es la de Caín (Génesis 4:17-24), y después la de Set (Génesis 5:3-32). La familia de Caín era mala, y la familia de Set era buena. El séptimo hijo después de Adán en la genealogía de Caín quizás fuera el hombre más impío del mundo en aquella época. Su nombre era Lamec y él era el primer hombre que tuvo más de una mujer. También mató a un joven que lo había herido y luego se jactó de haberlo hecho (Génesis 4:19-24). El séptimo de Adán en la genealogía de Set fue el hombre más piadoso de la época. Su nombre era Enoc y era tan justo que Dios lo llevó al cielo sin morir (Génesis 5:18-24; Judas, versículos 14 y 15).

Tristemente, hasta hoy hay familias malas y familias buenas en el mundo. Considere estas dos familias de los EUA. Primero, la familia del Sr. Max Jukes. Max vivió en el estado de Nueva York. No creía en la enseñanza cristiana y se casó con una señorita de carácter similar. Los eruditos han estudiado 1,026 descendientes de esa unión. 300 de ellos han muerto a una edad temprana. 100 fueron encarcelados para servir sentencias promedias de 13 años y 190 eran prostitutas. Había entre ellos 100 alcohólicos. Esa familia costó al estado de Nueva York $1,200,000 y no hizo ninguna contribución buena a la sociedad.

Segundo, la familia del Sr. Jonathan Edwards. Jonathan también vivía en el estado de Nueva York. Él creía en la enseñanza cristiana y se casó con una mujer del mismo carácter. Los eruditos han estudiado 729 descendientes de esa unión. De estos, 300 eran predicadores, 65 eran profesores de universidades, 13 eran presidentes de universidades, 60 eran autores de buenos libros, 3 eran miembros del congreso de los EUA, y 1 era un vice-presidente de los EUA. Con la excepción de un nieto que se casó con una mujer de carácter cuestionable, la familia no ha costado al estado de Nueva York ni un centavo.

EL SEÑOR JESÚS TENÍA UNA FAMILIA

La genealogía del Señor Jesús se encuentra también en Mateo 1:1-17 y Lucas 3:23-38). En una relación familiar estable, se sabe precisamente quién es su padre, quién es su abuelo, etc. Sin una familia, no hay certeza. El Señor Jesús no solamente tenía una familia con raíces genealógicas, sino también tenía una familia cuidadosa y amorosa a su lado durante su ministerio terrenal. Estoy seguro que Ud. recuerda que María, la madre del Señor Jesús y Elisabet, la madre de Juan el Bautista eran familiares (Lucas 1:36). Recuerde, también, cuando el Señor Jesús tenía 12 años, sus padres no sabían dónde estaba al salir de Jerusalén rumbo a casa. Inmediatamente, empezaron a buscarlo entre “los parientes y los conocidos” (Lucas 2:44). Durante su ministerio terrenal, su familia se preocupaba tanto por él que trataron de hacerse cargo de él para protegerle de una conglomeración de gente (Marcos 3:21, NVI). Cuando el Señor Jesús estaba muriendo en la cruz, su madre estaba allí, pero ella no estaba sola. En ese grupo pequeño de sus discípulos estaba su hermana María, mujer de Cleofas (Juan 19:25). Muchos de los expertos bíblicos piensan que esta mujer es también la madre de Jacobo, hijo de Alfeo, uno de los doce apóstoles.

DIOS QUIERE QUE TENGAMOS UNA BUENA FAMILIA

No hay duda de que el Señor Jesús ama a los niños, y quiere que estén en una buena familia (Lucas 18:15- 17). “El muchacho consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15). El salmista escribió para el sabio rey Salomón: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127:3). El Señor Jesús ama a los niños y quiere que todos ellos sean criados en una familia piadosa. Esta es una razón por qué se prohíbe la fornicación, porque todos los niños necesitan una familia. En una familia piadosa, los niños pueden encontrar refugio, protección, y corrección. ¡Por eso, es importante que todos los niños sean criados en una familia amorosa!

La palabra “Malaquías” significa “ángel” o “mensajero”. He aquí cómo el profeta Malaquías explicó el propósito de Dios para el matrimonio: “¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios

de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales” (Malaquías 2:15 y 16).

ADÁN

Durante los seis días de la creación, todo era “bueno” hasta que Dios creó a Adán. Ya que Adán no tenía una mujer, “dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). “Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:21 y 22). Después de que Dios hizo a Eva, ordenó que “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Dios quiere que todos los hombres tengan su propia familia.

Dios ordenó que el marido fuera la cabeza de la familia. Nada de lo que Dios creó tiene dos cabezas, porque esto solamente traería confusión, y Dios no es autor de la confusión. Pablo explicó a los corintios: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3). Ser la cabeza, no debe resultar en opresión. Dios no oprime a Cristo, Cristo no oprime a la iglesia, y un marido piadoso no oprime a su mujer. Las familias cristianas que obedecen lo que está escrito en la Biblia, están entre las personas más alegres del mundo.

Hay 195 naciones en el mundo, y en 52 de estas naciones es ilegal poseer una Biblia o su posesión está severamente restringida. Las naciones que no tienen Biblias no son buenos lugares para criar una familia. Por ejemplo, note el contraste entre Corea del Norte y Corea del Sur. La Biblia es ilegal en Corea del Norte y unos 31,000 ciudadanos de Corea del Norte han abandonado su nación desde 1953, buscando un mejor lugar para vivir. Soldados de Corea del Norte, bien armados, patrullan la frontera para evitar que la población escape. El día 14 del mes de noviembre del año 2017, un soldado de Corea del Norte escapó, cruzando la zona desmilitarizada a Corea del Sur, pero los guardas de la frontera norte coreana dispararon unas 40 rondas de municiones hacia él, tratando de matarle. Él fue seriamente herido, pero sobrevivió.

Hay una abundancia de Biblias en Corea del Sur. De hecho, en el año 2018 la Sociedad Bíblica Coreana proveyó más de 6 millones de Biblias para 118 naciones en 217 idiomas. La Biblia es amiga de la familia y bendice a cada nación donde se enseña. A menos que Ud. quiere ser un misionero o un mártir, ¡no se mude a una nación que no permite enseñar la Biblia!

NOÉ

El marido piadoso cuida y protege a su familia: “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de las cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:7).

Es una cosa piadosa cuidar a nuestra familia. Pablo escribió: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

Aparentemente, Noé trabajó por 120 años en la construcción del arca (Génesis 6:3). No obstante, valió la pena porque así salvó a su familia. Noé tenía tres hijos, Sem, Cam, y Jafet (Génesis 6:10). Había ocho personas en la familia de Noé, incluyendo a Noé y su mujer, sus tres hijos y sus mujeres (Génesis 6:18; 1 Pedro 3:20). ¡No hay ningún esfuerzo demasiado grande si involucra salvar a nuestra familia!

Después del diluvio, los hijos de Noé tuvieron sus propias familias y sus propios hijos. Estos hijos también tuvieron sus propias familias. Esas familias llegaron a formar tribus y las tribus llegaron a formar naciones. El capítulo 10 del libro de Génesis se llama “La Tabla de Naciones” y este capítulo comienza: “Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio” (Génesis 10:1). Entonces la Biblia explica cómo los hijos de Noé tuvieron familias y comenzaron a llenar la tierra!

ABRAM

Abram (más tarde llamado Abraham) descendió de un familia de idólatras. Josué reunió todas las tribus de Israel en Siquem y explicó al pueblo: “Así dijo Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños” (Josué 24:2). Como cabeza de su familia, Josué quería que sirvieran a Jehová. Él dijo al pueblo: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Ya que Abraham descendió de una familia idólatra, Dios le mandó: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3).

Como sabemos, el Señor Jesús era descendiente de Abraham (Mateo 1:1-16). ¡Es por medio del Señor Jesús que todas las familias de la tierra han sido bendecidas!

JACOB

Jacob era el nieto de Abraham y su nombre fue cambiado a Israel (Génesis 32:28). El nombre “Jacob” quiere decir “el que suplanta” (Génesis 25:26) y el nombre “Israel” quiere decir “el que lucha con Dios”. Note el contraste. En la carne, Jacob luchó con su hermano, pero en el espíritu luchó con Dios. Los doce hijos de Jacob son conocidos como “israelitas”. Estos doce hijos tenían familias que llegaron a ser doce tribus. Entonces esas doce tribus llegaron a ser una nación grande como Dios había predicho. Hasta hoy, Israel es una nación grande.

Por supuesto, las familias eran una parte integral en la formación de la nación de Israel. Fue por medio de la familia que los niños israelitas aprendieron acerca de Dios, como Malaquías explicó. “Shemá” es la palabra hebrea para “oye”. La palabra Shemá se refiere a una oración que el israelita devoto ora cada día. Se encuentra esta oración en la Biblia y comienza con la palabra “Shemá”, de la cual la oración toma su nombre: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:4-9).

Es en la familia donde los niños aprenden acerca de Dios. Hay 168 horas en la semana y la mayoría de los niños pasan este tiempo con su familia. Una hora cada semana en la escuela dominical no puede corregir las 40 horas de enseñanzas impías que reciben los niños en las escuelas públicas. Los padres necesitamos enseñar a nuestros hijos cuando están en nuestra casa o andando por el camino. Noé construyó un arca para salvar a su familia. Ciertamente, nosotros podemos tomar tiempo para salvar a nuestras familias al enseñarles acerca de Dios.

LA IGLESIA ES UNA FAMILIA

Cuando Pablo describía la relación entre el marido y su mujer, también estaba describiendo la relación entre Cristo y la iglesia: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para

santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, y de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto a Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:22-33).

  • El Señor Jesús dijo: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi

Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:50).

  • “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de

los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19).

  • “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos,

por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:11).

  • “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos; y

mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

  • “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más

jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas como a hermanas, con toda pureza” (1 Timoteo 5:1 y 2).

  • “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son

hijos de Dios” (Romanos 8:14).

  • “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos

hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:16 y 17).

  • Pablo se refirió a Febe como “nuestra hermana” (Romanos 16:1).
  • Pedro se refirió a Silvano como su “hermano fiel” (1 Pedro 5:12).
  • Debemos “Amaos los unos a los otros con amor fraternal” (Romanos

12:10).

  • Pablo dijo a Timoteo que la casa de Dios es la iglesia del Dios viviente (1 Timoteo

3:15).

  • “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor

Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:14 y 15).

  • “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez

en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

  • “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo

que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:2 y 3).

  • “Y Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige,

diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces son bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?” (Hebreos 12:5-9).

  • Etc.

ALGO PEOR QUE MORIR E IR AL INFIERNO

El Señor Jesús habló más acerca del infierno que cualquier otro. He aquí algunos ejemplos:

  • “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar;

temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

  • “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será

culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio, y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:22).

  • “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de

ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:29 y 30).

  • “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso

el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13).

  • “Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo

de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno” (Mateo 18:8).

  • “E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo

25:46).

  • “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el

reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:47 y 48).

  • Etc.

¡Es difícil imaginar que haya algo peor que morir e ir al infierno, pero lo hay! ¡ALGO PEOR QUE MORIR E IR AL INFIERNO SERÍA MORIR E IR AL INFIERNO Y ENTONCES DESCUBRIR QUE HEMOS TRAÍDO CON NOSOTROS A NUESTROS SERES QUERIDOS!

¡NINGUNA PERSONA VA AL CIELO SOLA!

¡NINGUNA PERSONA VA AL INFIERNO SOLA!

¡INVARIABLEMENTE, OTROS SIGUEN NUESTRO EJEMPLO!

¿DÓNDE ESTÁ EL REBAÑO QUE NOS FUE DADO?

El profeta Jeremías tuvo esta pregunta inquietante para los pastores del pueblo de Dios: “¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?” (Jeremías 13:20). ¡El dueño de las ovejas espera que el pastor sea responsable por ellas!

¡Dios ha encomendado a todos una responsabilidad! Algunos son dados 5 talentos, a algunos 2 talentos, y a algunos solamente un talento (Mateo 25:14-30). Los

que son fieles en sus responsabilidades serán galardonados. Los que son inútiles serán echados en las tinieblas de afuera donde hay lloro y crujir de dientes (Mateo 25:30). ¡Se requiere que los administradores sean hallados fieles! Dios preguntó a Caín: “¿Dónde está Abel tu hermano? (Génesis 4:9). ¡Cada uno de nosotros tendremos que dar cuenta de la manera en que tratamos a nuestros hermanos! Por favor, considere:

  • “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que

creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18:6).

  • “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en

mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar” (Marcos 9:42).

  • “Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le

arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeños” (Lucas 17:2).

  • “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano

tropiece, se ofenda, o se debilite” (Romanos 14:21).

  • “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a

todos los que sirven de tropieza, y a los que hacen iniquidad” (Mateo 13:41).

  • “Más vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar

a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 2:8).

  • En el día del juicio “el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de

mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:34-40).

LA LEY VERSUS EL AMOR

El cristianismo no es semejante a una corte de justicia, sino es semejante a un matrimonio (Efesios 5:22-33). La familia está unida por el “amor” y no por la “ley”. Note, por favor, que el amor es más exigente que la ley. “Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer, y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre” (Éxodo 21:2-6).

La ley requería seis años de servicio, pero el amor exige servicio para siempre. ¡El amor nunca falla! (1 Corintios 13:8). Por favor, ¡considere las siguientes Escrituras!

  • La ley prohíbe el adulterio, pero el amor prohíbe la lujuria (Mateo 5:27 y 28).
  • La ley requiere “ojo por ojo y diente por diente”, pero el amor requiere que

volvamos la otra mejilla (Mateo 5:38 y 39).

  • La ley requiere: “Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo”, pero

el amor requiere que amemos a nuestros enemigos (Mateo 5:43 y 44).

  • El amor resume la ley y los profetas: “Así que, todas las cosas que queráis

que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12).

  • Ya que el amor es más exigente que la ley, por favor, considere que el amor es la

puerta estrecha y la ley es la puerta ancha! ¡No hay nada más exigente que el amor!

  • “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por

nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).

  • “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus

amigos” (Juan 15:13).

  • “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo

os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34 y 35).

  • La única manera en que podemos amarnos los unos a los otros de la misma

manera en que el Señor Jesús nos ama a nosotros, es por medio del Espíritu Santo. Como sabemos, el amor es el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-26).

DIOS ES NUESTRO PADRE

Cuando los discípulos querían saber cómo orar, el Señor Jesús les enseñó cómo orar a Dios como si fuera su Padre (Lucas 11:1ss). Señaló que nuestros padres terrenales, que son impíos, dan buenas dádivas a sus hijos, y razonó que nuestro Padre celestial daría aún mejores cosas. En aquella época, esto era una bomba teológica. Él fue considerado como el Padre de la nación (véase Deuteronomio 32:6) Los judíos nunca pensaron que Dios era su Padre personal, sino fue considerado como el Padre del rey (véase 1 Crónicas 17:13), pero nunca como un Padre personal. En sus mentes, era tan alto y divino que solamente era posible acercarse a él por medio de un mediador o sacerdote.

La palabra hebrea para padres es ab que aparece 1,195 veces en las escrituras del Antiguo Testamento, pero solamente 15 veces se refiere a Dios (13 veces como epíteto y dos veces directamente en oración). Recuerde que el pueblo hebreo temían tanto a Dios que no intentarían pronunciar su nombre pensando que lo tomarían en vano. Nunca pensaron orar a Dios como a un padre.

Llamar a Dios “Abba” o “Papá”, fue aún más ofensivo a los judíos. El Nuevo Diccionario Internacional de Teología del Nuevo Testamento afirma: En ningún lugar de la abundancia de literatura devocional producida por el judaísmo antiguo, se usa la palabra “Abba” para dirigirse a Dios (Volumen 1, página 614). No obstante, esta es la manera precisa en que el Señor Jesús oró (Marcos 14:36), y también es la misma manera en que se les enseña a los cristianos a orar (Romano 8:15; Gálatas 4:6).

Pensar en Dios como nuestro Padre nos ayuda enfocarnos en la diferencia dramática entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En la época del Antiguo Testamento, solamente el sumo sacerdote podía acercarse a Dios, y solamente bajo circunstancias estrictas y limitadas. Muchas de aquellas limitaciones están mencionadas en Levítico, capítulo 16. Como sabemos, el sumo sacerdote sólo podía acercarse a Dios un día cada año. Si no estaba vestido correctamente, o si se desviaba de las rituales divinas, debería morir. Debe haber sido una experiencia espantosa para el sumo sacerdote al entrar a la presencia de Dios. Al contrario, los cristianos podemos entrar audazmente en la presencia de Dios en cualquier momento que queramos (Hebreos 10:19ss). La sangre del Señor Jesús y el Espíritu Santo que mora en nosotros, nos empoderan a clamar “¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6). Ya no somos esclavos, sino hijos.

Tenemos un padre terrenal porque él plantó simiente terrenal en el útero terrenal de nuestra madre terrenal. Esta simiente terrenal contiene el ADN de nuestro padre terrenal y nos provee una “imagen” o “semejanza” terrenal de nuestro padre terrenal (1 Corintios 15:49). Como sabemos, hay un gran abismo entre la carne y al espíritu. La carne y el espíritu no pueden heredar el reino de Dios y la corrupción no puede heredar la incorrupción (1 Corintios 15:50). ¡Por eso, tenemos que nacer de nuevo!

Los cristianos somos renacidos no de simiente corruptible, sino de incorruptible por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 Pedro 1:23). La Palabra de Dios no es físico, sino es espiritual. El Señor Jesús dijo que las palabras que él hablaban eran “espíritu” y “vida” (Juan 6:63). Tal como recibimos vida terrenal de simiente terrenal, podemos recibir vida espiritual de simiente espiritual (Juan 3:6). Tal como la simiente nos provee una imagen terrenal de nuestro padre terrenal, la simiente espiritual nos provee la imagen espiritual de nuestro Padre espiritual. Nuestra naturaleza está cambiada porque la simiente de Dios mora en nosotros (1 Juan 3:9). El cambio es tan dramático que los cristianos somos llamados “nuevas criaturas” (2 Corintios 5:17).

Las enseñanzas bíblicas acerca de la paternidad de Dios son especialmente valiosas para mantener la unidad creada por el Espíritu. Por ejemplo, Filemón era cristiano en Colosas. Onésimo era su esclavo que huyó a Roma. Cuando Onésimo nació de nuevo, automáticamente llegó a ser un hermano en Cristo del hombre que había defraudado. No obstante, la unidad que experimentaron era un poco frágil y tuvieron que ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Esos dos hermanos de la familia de Dios estaban separados por muchos kilómetros y muchas barreras. La carta de Pablo a Filemón era un recordatorio gentil de que nuestra hermandad en Cristo es más importante que cualquier otro obstáculo que nos separe. Dios tiene hijos de todas las razas, parentelas, lenguas, y pueblos. Sus hijos son ricos y pobres y se encuentran en todos los niveles de la sociedad. No obstante, si Dios es su Padre, es nuestro hermano. Si el Señor Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos (Hebreos 2:11), tampoco nosotros debemos avergonzarnos de llamarlos “hermanos”.

Pablo escribió a los Gálatas: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).

¡Sí! Los hijos de Dios seremos herederos según la promesa, y coherederos con Cristo Jesús: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para

estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:14-17).

¡POR FAVOR, ENTRÉGUESE A CRISTO Y CONVIÉRTASE EN UN HIJO DE DIOS!

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:11).