Boyce Mouton
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LAS CREDENCIALES

Boyce Mouton · 4 pages · 1,410 words

LAS CREDENCIALES

Todos los padres de familia conocen el valor de las credenciales. A todos nosotros

en una ocasión u otra, nos ha sido cerrada la puerta en las narices por no tener los

documentos requeridos. Hemos sido dejados atrás por otros porque ellos tenían

credenciales que nosotros no teníamos. Por esta razón, la mayoría de los padres insisten

que sus hijos tengan una buena educación. Aun el prestigio de la universidad a que

asistan, puede ser importante a la hora de buscar empleo.

En este sentido, es importante recordar que las credenciales que tanto valoramos,

para Dios no tienen valor alguno. Nuestras hazañas humanas no le impresionan a Dios.

De hecho, nuestras credenciales terrenales en realidad nos podrían ser un impedimento

espiritual. A través de los siglos, Dios ha escogido a personas comunes para hacer

maravillas. Su poder se perfecciona en la debilidad. Lo necio del mundo escogió Dios a

propósito para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para

avergonzar a lo fuerte. Dios no quiere que nadie se jacte en Su presencia. (Véase 1

Corintios 1:27-29.)

PEDRO Y PABLO

Considere las credenciales de Pedro y Pablo. Estuvieron en los polos opuestos de

la escala educativa. En la comunidad judía, Pablo tenía credenciales impecables. Era de

la tribu de Benjamín, circuncidado al octavo día, e instruido a los pies de Gamaliel,

estrictamente conforme a la ley hebrea. Pablo escribió en Gálatas 1:14 que “en el

judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación”. Él estuvo “a la

cabeza de su clase”. Era hebreo de hebreos y fariseo de fariseos.

Al contrario, Pedro, en la comunidad judía, no tenía ninguna credencial. Que se

sepa, no tenía ninguna educación formal. Era un hombre “sin letras”. Tan solo era un

pescador. Era de Galilea y consecuentemente sería despreciado por los judíos

sofisticados. Recuerde que la multitud se quedó atónita en el día de Pentecostés cuando

oyeron a los galileos hablando en otras lenguas. Era evidente por su manera de hablar

que Pedro era galileo. Una noche antes de la muerte de Jesús, Pedro en vano trató de

encubrir su procedencia. Maldiciendo y jurando, vehemente procuró negar de dónde era,

pero su manera de hablar lo reveló. Todos reconocieron que era de Galilea.

Debido a que Pablo tenía credenciales reconocidas por los judíos, nosotros lo

enviaríamos a evangelizar a los judíos. Las credenciales son tan importantes para

nosotros que consideráramos que Pablo sería el candidato ideal para evangelizar a la

comunidad judía.

Siendo que Pedro era un hombre común, lo enviaríamos a los gentiles.

Trataríamos de minimizar su falta de credenciales, enviándole a un pueblo con un nivel

de educación similar.

¡Dios no piensa como nosotros pensamos! Sus pensamientos son más altos que

nuestros pensamientos. Sus caminos son más altos que nuestros caminos. Nuestro Dios

omnisciente hizo cosas en una manera opuesta a la de nosotros. Envió a Pablo a los

gentiles y envió a Pedro a los judíos (Gálatas 1:8, Hechos 26:17, etc.). Pablo aun tenía

por basura sus credenciales judías. En algunos aspectos, eran obstáculos. Pablo escribió

en Filipenses 3:7: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como

pérdida por amor de Cristo.”

MOISÉS

Otro ejemplo de un hombre cuyas credenciales eran obstáculos es Moisés. Por lo

visto, él pensaba que podría rescatar a sus hermanos judíos por el poder de su propio

ingenio y sabiduría. Era el hijo de la hija de Fararón. Él tenía poder político. Tenía

credenciales aceptadas por todo Egipto. Esteban dijo de él: “Fue enseñado Moisés en

toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras” (Hechos 7:22).

En la misma cumbre de su poder, Moisés arriesgó todo lo que tenía para dar

libertad a su pueblo. Mató a un egipcio, porque “él pensaba que sus hermanos

comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; más ellos no lo habían entendido

así” (Hechos 7:25). ¡Moisés fracasó! Llegó a ser un fugitivo y vivió en la tierra de Madián

por 40 años. Durante ese tiempo era pastor de ovejas.

Siendo que Jesús se describió como el “Buen Pastor”, nosotros pensamos en los

pastores en una manera muy positiva. No fue así en los tiempos bíblicos. Las Escrituras

enseñan que para los egipcios era abominación todo pastor de ovejas (Génesis 46:34).

Ningún trabajo pudo haber sido más humillante a Moisés, o repugnante a Faraón. Nunca

supondríamos que un pastor de ovejas pudiera tener una influencia positiva sobre un líder

egipcio. Quizás por eso eligió Dios utilizar a Moisés en esa manera.

Moisés tuvo otro obstáculo que vencer. Cuando vivió en Egipto, “era poderoso en

sus palabras y obras”. Sin embargo, después de 40 años en Madián, ya no hablaba con

soltura la lengua egipcia. Sus credenciales terrenales fueron reducidas a nada.

Alguien ha dicho: “La cosa principal es asegurar que la cosa principal sea la cosa

principal.” La “cosa principal” en el universo es Dios. No debe haber nada que nos

distraiga de Su gloria. De hecho, Moisés ganó la victoria cuando confiaba sólo en Dios.

Dios le dio la victoria, y Moisés lo sabía. Nótese el enfoque de su cántico de

victoria: “Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el

mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este

es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré” (Éxodo 15:1-2).

Moisés descubrió que hay que evitar cualquier cosa que nos distraiga de Dios. Ni

se debe hacer un altar a Jehová de piedras labradas de cantería. Cualquier herramienta

empleada para hacer el altar, lo profanaría. Moisés comprendía que cualquier cosa que

“nosotros” hagamos, nosotros la elogiaríamos. Una hazaña humana invariablemente

distrae de nuestro enfoque en Dios.

¿QUÉ DE USTED?

Es emocionante comprender que Dios puede hace cosas maravillosas por medio

de cualquier persona que esté sumisa y obediente. Por ejemplo, David era un candidato

tan improbable para ser el rey que su familia lo dejó en el campo cuidando las ovejas.

“Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus

ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). A pesar de sus muchos defectos,

Dios le hizo a David un rey poderoso. ¡Dios puede utilizar a usted, sin tener en cuenta sus

credenciales terrenales!

La iglesia de Jesucristo es semejante a un cuerpo gigante con muchos miembros.

La mayoría de los miembros de Su cuerpo es gente común. No hay muchos sabios según

la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles entre los escogidos de Dios (1 Corintios

1:26). Sin embargo, algunos de las personas más influyentes del mundo han dado sus

vidas a Jesucristo. Sin tener en cuenta sus circunstancias terrenales, recuerde que Dios

puede utilizarle a usted, si su corazón está dispuesto. Considere en oración los consejos

siguientes al respecto de las credenciales terrenales:

Primero, debemos reconocer que la grandeza en el Reino de los Cielos es distinta

a la grandeza terrenal. Jesús dijo que los mayores son los que se humillan como un niño

(Mateo 18:1-4). Los hombres poderosos de David ganaron su posición por sus logros

terrenales, pero los cristianos avanzan cuando se humillan.

Segundo, la iglesia tiene que tener cuidado de no dar tratamiento preferencial a los

que tienen credenciales terrenales. Seremos juzgados según lo que hicimos a los “más

pequeños” de los hermanos de Cristo (Mateo 21:31-46). No debemos mirar con agrado

a la persona con anillo de oro y ropa espléndida. Las credenciales humanas no son la

marca de crecimiento y desarrollo espiritual.

Finalmente, debemos tratar de dar la gloria a Dios por las cosas que Él ha cumplido

por medio de nosotros. Herodes era un gran orador, pero no dio la gloria a Dios. Fue

precisamente por eso que murió repentinamente (Hechos 11:21-23).

Pablo elocuentemente lo dijo:

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:1-5).

– por Boyce Mouton