Boyce Mouton
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LAS CIUDADES

Boyce Mouton · 7 pages · 2,760 words

LAS CIUDADES

“Y (Caín) edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc” (Génesis 4:17).

Esta es la primera vez que se encuentra la palabra “ciudad” en la Biblia. La palabra hebrea para “ciudad” es “awyar”. Se deriva de la raíz “oor” que significa “abrir los ojos”. Por lo tanto, se define en la “Concordancia exhaustiva de Strong” la palabra “ciudad” como “un lugar guardado por vela o vigilia”.

Recuerde que antes de edificar una ciudad, hacía poco que Caín había matado a su hermano. Su castigo de Dios fue doble.

“Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza” (Génesis 4:12). “Errante y extranjero serás en la tierra” (Génesis 4:12).

“Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará” (Génesis 4:13 y 14).

“Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén” (Génesis 4:15 y 16).

“Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc” (Génesis 4:17).

Ahora revisemos:

Caín mató a su hermano.

Dios castigó a Caín maldiciendo la tierra.

Dios también condenó a Caín a ser un errante.

Caín temía que cualquiera que lo encontrara lo matara.

Dios dijo que “no será así” y puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

Caín tuvo un hijo y lo llamó Enoc.

Caín edificó la primera ciudad del mundo y le dio el nombre de su hijo Enoc. Por lo tanto, Caín no era errante y extranjero como mandó Dios, sino edificó su propia ciudad y vivió en ella.

ASÍ QUE ¡LA PRIMERA CIUDAD FUE EDIFICADA COMO UN ACTO DE REBELDÍA CONTRA DIOS!

CAÍN REHUSÓ SER ERRANTE Y EXTRANJERO COMO DIOS MANDÓ. DELIBERADAMENTE DECIDIÓ QUEDARSE EN UN LUGAR. POR ESO EDIFICÓ LA CIUDAD.

CAÍN NO CONFIÓ EN LA PROTECCIÓN DE DIOS, SINO DESIGNÓ A OTRO COMO SU “VIGILANTE”.

¡RECUERDE! LA PALABRA “CIUDAD” QUIERE DECIR “UN LUGAR GUARDADO POR VELA O VIGILIA”.

ASÍ COMO CAÍN DOMINÓ A SU HERMANO ABEL, PODEMOS ASUMIR CON CONFIANZA QUE TAMBIÉN DOMINÓ AL PUEBLO DE SU PROPIA CIUDAD. ¡REPETIMOS! ¡LA PRIMERA CIUDAD FUE EDIFICADA POR CAÍN COMO UN ACTO DE DESPRECIO Y REBELDÍA CONTRA DIOS!

NIMROD

La próxima vez que se usa la palabra “ciudad” en la Biblia se encuentra en Génesis 10:12 en asociación con Nimrod. Nimrod “llegó a ser el primer poderoso en la tierra”. “Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala, y Resén entre Nínive y Cala, la cual es ciudad grande” (Génesis 10:10-12).

Ninguna de esas ciudades era piadosa. Por ejemplo, se describe a Babilonia en el libro de Apocalipsis como “la madre de las rameras” (Apocalipsis 17:5). Nimrod, como Caín, era un hombre poderoso que dominaba a otros. Las ciudades que él fundó eran impías.

BABEL

La próxima vez que se usa la palabra “ciudad” en la Biblia está en Génesis 11. Cuando Dios creó al hombre le mandó: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28). No obstante, después del diluvio, otra vez la humanidad se rebeló. Como Caín, decidió hacer exactamente lo opuesto a lo que Dios quería. En vez de llenar la tierra dijeron: “Vamos edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo, y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11:4).

Como recuerdan, Dios confundió el lenguaje de toda la tierra, los esparció, y dejaron de edificar la ciudad (Génesis 11:7 y 8).

SODOMA

El próximo uso de la palabra “ciudad” es con referencia a Sodoma (Génesis 18:24, 26, 28). La historia de Sodoma es tan conocida que no es necesario tratar de la impiedad de esa ciudad ni de su destrucción completa por Dios. Baste decir que si sólo hubiera habido diez personas piadosas en Sodoma, no hubiera sido destruida (Génesis 18:32). Tristemente, se encontró solamente a 4 personas piadosas. Eran Lot, su mujer, y sus dos hijas. Desafortunadamente, la mujer de Lot desobedeció a Dios, miró atrás y se volvió estatua de sal (Génesis 19:26). Curiosamente, ella es la única mujer en la Biblia que se nos manda recordar (Lucas 17:32).

ABRAHAM Y LOT

Abraham vivía en Ur de los caldeos que era una de las ciudades más grandes de aquel día (Génesis 11:27-31). Desafortunadamente, estaba llena de idolatría. Aun, los de su familia servían a dioses extraños (Josué 24:2-4). Por eso, Dios sacó a Abraham de la ciudad para vivir en tiendas. Por la fe, Abraham obedeció a Dios y salió sin saber a dónde iba, porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:8-10). Abraham fue fiel a su llamado. Nunca fundó una ciudad como lo hicieron Caín y Nimrod, sino vivió en tiendas hasta el día de su muerte.

Por contraste, Lot puso sus tiendas cerca de la ciudad de Sodoma (Génesis 13:12). Pronto estaba viviendo en Sodoma. Lot aun había tomado un asiento en la puerta de Sodoma con las autoridades de la ciudad (Génesis 19:1ss). Escapando de Sodoma, Lot no quería vivir fuera de una ciudad y pidió vivir en Zoar (Génesis 19:18-26).

Parece que, como Caín, Lot no confiaba en que Dios lo protegería, sino que prefería depositar su confianza en una ciudad.

SALEM Y LOS JEBUSEOS

Como probablemente ya sabe, la ciudad de Salem, más tarde fue llamada Jerusalén. Durante los días de Abraham, era una buena ciudad gobernada por Melquisedec. Melquisedec no era solamente el rey de Salem, sino el sacerdote del Dios Altísimo (Génesis 14:18). Abraham le dio diezmos y se nos dice que el sacerdocio del Señor Jesús era como el de Melquisedec. Su sacerdocio era superior al de Aarón porque Leví estaba en los lomos de Abraham cuando dio diezmos a Melquisedec (Hebreos 7:1- 21). No obstante, algo malo sucedió con Salem y se dio poco a poco a la idolatría.

Sabemos esto porque cuando Josué comenzó la conquista de Canaán unos 500 años más tarde, había mucha idolatría en Jerusalén y fue gobernada por los jebuseos (Deuteronomio 20:17 y 18). Eran tan poderosos que los hijos de Judá no pudieron

arrojarlos (Josué 15:63). Tampoco pudieron arrojarlos los hijos de Benjamín (Jueces 1:21). Los jebuseos eran tan poderosos que cuando el rey David atacó a Jerusalén, se jactaron diciendo: “Tu no entrarás acá, pues aun los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá)” (2 Samuel 5:6).

La conclusión es que cuando la gente se olvida de Dios, aun las buenas ciudades se vuelven malas.

EL RATÓN DE CIUDAD Y EL RATÓN DE CAMPO

Fábulas de Esopo es una colección de parábolas que se cree tiene su origen con un esclavo de la Grecia antigua entre los años 620 a. de C. y 564 a. de C. Una de esas fábulas involucra un ratón de la ciudad que visitó a su primo en el campo. El ratón de la ciudad se burló de la vida rústica en el campo e invitó a su primo a probar la vida de lujo y comida rica de la ciudad. No obstante, mientras que comían en la ciudad, dos perros atacaron a los ratones aterrorizados y apenas escaparon con vida. El ratón del campo decidió volver a su hogar. Prefirió la seguridad del campo en vez del lujo de la ciudad. La esencia de la historia resuena con tanta gente que resurge una y otra vez en una variedad de culturas. El autor de la versión griega era Babrio. El autor de la versíon anglo-Norman era Walter de Inglatierra. El autor de la versión en español era Juan Ruiz. Marco Aurelio la alude en sus Meditaciones. El Sr. Tomás Wyatt la hizo una canción. En el año 1927 la historia fue convertida en una película muda francesa. En 1980 fue adaptada por Evelyn Lambart para The National Film Board of Canada (El consejo nacional de películas de Canadá). En el año 1993 la red de la televisión estadounidense HBO produjo El ratón del campo y el ratón de la ciudad – un cuento para Navidad que eventualmente culminó en una serie de la televisión estadounidense que se llamaba Las aventuras del ratón del campo y el ratón de la ciudad. El punto es que, en comparación con el campo, las ciudades son pozos de delincuencia.

He aquí, el número de personas asesinadas en las siguientes ciudades en el año 2018: Tijuana, México – 2640; Caracas, Venezuela – 2980; Fortaleza, Brasil – 2724; Ciudad del Cabo, Sud África – 2868; Ciudad de Guatemala – 1411, etc.

He aquí, las cinco ciudades con más crímenes en los EUA. Estas estadísticas muestran el número de crímenes violentos en un año por cada 100,000 personas: San Luis – 1817.1; Detroit – 1759.6; Memphis – 1740.1; Milwaukee – 1596.1; Baltimore – 1539.9.

La frustración de eliminar el crimen en las ciudades (o en cualquier otro lugar) se ilustra por el hecho de que el crimen está desenfrenado aun en las prisiones. Aunque los presos están en un ambiente controlado, detrás de las rejas, con cámeras de seguridad,

aun reciben drogas y cometen virtualmente toda clase de crímenes hasta asesinatos. Si la policía no pueda eliminar el crimen, obviamente tampoco podría hacer que las ciudades estén libres de crimen.

¡Con razón el ratón del campo quería volver a su hogar!

PABLO PREDICABA EN LAS CIUDADES

El Señor Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). Si las ciudades están llenas de gente perdida, es obvio que el Señor Jesús enviará a alguien que los guie a la salvación. Como miembros del cuerpo de Cristo, cada uno de nosotros tenemos que hacer lo que la Cabeza del cuerpo nos dirija hacer. Por lo tanto, no debería sorprendernos que el Señor Jesús haya guiado a Pablo a predicar en las ciudades.

Cristo ordenó a los apóstoles que vayan a todas las naciones (Mateo 28:18-20). Los ordenó a ir por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). Sin embargo, quiere que algunos de nosotros nos quedamos en nuestros hogares para predicar el Evangelio. Recuerde que cuando el Señor Jesús sanó al endemoniado, le mandó: “Vuélvete a tu casa y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo” (Lucas 8:19). Cada uno de nosotros debemos hacer lo que Dios nos guía a hacer. Dios guió a Pablo a Roma (Romanos 1:11); pero guió a Felipe a un camino desierto entre Jerusalén y Gaza (Hechos 8:26). El Espíritu prohibió a Pablo a predicar en Asia y Bitinia (Hechos 16:6 y 7) pero lo llamó para predicar en Macedonia (Hechos 16:9). Cada hijo de Dios tiene que obedecerle “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Con respecto a esto, Pablo fue constantemente llamado a predicar en las ciudades.

En los días de Pablo, Corinto era una de las ciudades más impías del mundo. Adoraban a Afrodita, la diosa del amor, y 1000 rameras se dedicaban a su adoración. “Corintianizar” era vivir una vida de pecado y perversidad. Cuando Pablo estaba desanimado en Corinto, “Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9 y 10).

Éfeso era la capital de la provincia romana de Asia Menor y también el centro de la adoración de Artemisa. Los que le adoraban creían que ella era la madre diosa de la tierra. Su templo en Éfeso se consideraba una de las siete maravillas del mundo antiguo. Adorar a ella también involucraba la prostitución ceremonial. Sin embargo, Pablo tuvo gran éxito durante el tiempo que predicaba en Éfeso. En solamente 2 años,

todos los judíos y griegos en la provincia de Asia oyeron la palabra del Señor Jesús (Hechos 19:10).

Cuando Pablo se fue a Roma, una de cada 3 personas en Italia era esclava. En el imperio romano entero, una de cada 5 personas era esclava. Roma era una ciudad pecaminosa, famosa por la pornografía, la lujuria, el infanticidio y la muerte por deporte. No obstante, Pablo anhelaba ir a Roma porque quería impartirles algún don espiritual (Romanos 1:11). Se hablaba bien de su fe en el mundo entero (Romanos 1:8).

¡Debemos predicar dondequiera que Dios nos guíe, aun en las ciudades!

EL CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN

Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, la población del mundo era aproximadamente 250 millones de personas.

En 1900 era mil millones.

En 1999 era 6 mil millones.

En 2019 es 7.7 mil millones y sigue creciendo.

Hubo un tiempo en que la mayoría de la gente vivía en el campo.

No obstante, en la era presente, la mitad de la población del mundo vive en las ciudades. En 2050 se cree que dos tercios de la población del mundo vivirán en las ciudades. Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, la ciudad más grande del mundo era Roma con una población alrededor de 800,000.

Hoy el Atlas del Mundo enumera a Tokio, Japón como la ciudad más grande del mundo con una población de 38 millones de personas.

La población del continente entero de Australia en 2019 es casi 20 millones, es decir aproximadamente la mitad de la población de Tokio.

Si estamos buscando a los perdidos, obviamente tendremos que predicar en las ciudades.

Enfrentando esta realidad nos causará desarrollar una estrategia distinta de la que se usa a menudo en pueblos pequeños y en el campo. No se puede comprar suficiente terreno ni construir suficientes edificios para acomodar a los 38 millones de personas en Tokio.

LA SANTA CIUDAD, LA NUEVA JERUSALÉN

Abraham estaba buscando una ciudad cuyo constructor y hacedor era Dios. Nuestra meta también es vivir en la santa ciudad que Dios está preparando.

Juan, el apóstol, tuvo esta visión cuando estaba encarcelado en la isla de Patmos: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:1 y 2).

En esta “santa” ciudad no habrá la necesidad de policía porque: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27).

El secreto de esa ciudad santa involucra la transformación de pecadores para que sean como el Señor Jesús. Dado que todos serán como el Señor Jesús, ¡no habrá necesidad de policía ni leyes! ¡No habrá nada que temer y por eso las puertas de la ciudad nunca estarán cerradas! Todos de esta santa ciudad estarán libres para salir y venir y hacer cualquier cosa que quieran. La razón que nadie peca es que nadie quiere pecar. Todos allá serán como el Señor Jesús cuyo único deseo es agradar a Dios. Estas son el único tipo de gente que tiene su nombre inscrito en el libro de la vida del Cordero. Nuestros cuerpos miserables serán como su cuerpo glorioso (Filipenses 3:21). ¡Nuestras mentes serán como su mente! Sabemos que cuando el Señor Jesús venga otra vez, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es (1 Juan 3:2). El hecho de que no habrá noche, no habrá tristeza, ni dolor, ni lágrimas, nos hace ansioso por el día cuando gozaremos de cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia (2 Pedro 3:11- 13).

“Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Pedro 3:14). ─────────

Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. Los derechos no son reservados. Se puede reproducir este material de cualquier manera que glorifique a Cristo y que promueva su reino.