LA SANGRE
LA SANGRE
En la Biblia Reina-Valera, revisión de 1960, la palabra “sangre” aparece más de 400 veces en algunos 375 versículos distintos. Consideremos lo que la Biblia tiene que decir con respecto a este tema importante.
LA VIDA DE LA CARNE EN LA SANGRE ESTÁ (LEVÍTICO 17:11)
Como Ud. ya sabe, Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente (Génesis 2:7). La fuente principal de la vida física del hombre era la sangre. Si una persona se cortara, podría morir por la pérdida de sangre. Si un coágulo impidiera que la sangre fluyera a cualquier parte del cuerpo, se marchitaría y moriría. Si el corazón parara y dejara de circular la sangre, también moriría ¡Es un hecho literal que la vida de la carne está en la sangre!
He aquí, algunos hechos extraordinarios acerca de la sangre, tomados de un artículo escrito por J. D. Ratcliff que apareció en la revista Today’s Health (La salud de hoy): Se calcula que el sistema circulatorio del cuerpo humano tiene 96,000 a 160,000 kilómetros de vasos. Esto es más largo que cualquier ferrocarril en los EUA. La sangre circula por medio del sistema a aproximadamente 4.7 litros por minuto o sea 6800 litros cada 24 horas. Las arterias se relajan a medida que el corazón late y se contrae entre latidos, proporcionando así a las ramas más pequeñas de este sistema un suministro constante de sangre que da vida. Hay 5.7 a 6.6 litros de sangre en el adulto promedio que contienen 30 mil millones de discos diminutos, o células rojas. Estas células rojas nacen y se destruyen a la medida increible de 72 millones por minuto. Sin embargo, mientras son destruidas, el cuerpo retiene 85% del hierro vital que vuelve a la médula de los huesos para hacer nueva hemoglobina. Sin esta habilidad de preservar el hierro, todos moriríamos de anemia. Hay aproximadamente un litro de oxígeno circulando en la sangre todo el tiempo. En los pulmones la hemoglobina en la sangre da dióxido de carbono y toma oxígeno. En las células del cuerpo sucede lo opuesto. Dan oxígeno y toman dióxido de carbono. Los capilares son yuntas microscópicas entre las arterias y las venas. Son tan pequeños que las células rojas tienen que pasar por ellos una tras otra. Se cree que las paredes capilares son porosas, lo que permite que el oxígeno y la nutrición pasen a través de ellas al cuerpo y que el dióxido de carbono y los residuos regresen a la sangre. Los riñones son dispositivos de filtración elaborados que contienen unos 100 kilómetros de canales. Cada 24 horas los riñones separan 170 litros de filtrado de
la sangre. Dos litros de urea y amoníaco son extraídos y los otros 168 litros de sangre purificada regresan al sistema. La velocidad de la sangre que pasa por el cuerpo se controla por el centro del vasomotor en la base del cerebro. La sangre fluye lentamente cuando estamos descansando o durmiendo, pero durante períodos de actividad vigorosa, la velocidad tiene que ser aumentada para suplir energía extra y para eliminar los residuos adicionales. La sangre contiene una variedad de proteínas, cada una con una función específica. Una lleva yodo para las glándulas tiroides, otra lleva fósforo para los dientes, una tercera lleva calcio para los huesos. El hígado es el principal órgano regulatorio de la sangre. La función del hígado es asegurar que la sangre siempre tiene la cantidad exacta de azúcar requerida por los músculos y la cantidad precisa de aminoácido requerido para producir y reparar el tejido. Cuando se come demasiado, el hígado debe almacenar lo que pueda y destruir el resto. Un suministro de reserva de aminoácidos y glucógeno se mantiene listo para emergencias. Cuando una persona muere, sus arterias se vacían. Los anatomistas antiguos descubrieron esto y pensaban que eran pasajes de aire, de ahí la palabra “arteria” que se deriva de la palabra latina para “tráquea”. No fue hasta 1628 que William Harvey, el gran médico inglés, anunció que había descubierto la circulación de la sangre. Algunos piensan que se menciona la circulación de la sangre en la Biblia (Eclesiastés 12:6). ¡Como se ve claramente, literalmente “la vida de la carne en la sangre está”!
DERRAMAR SANGRE INOCENTE“
“Derramar sangre” es una expresión usada en la Biblia que significa “matar a alguien”. Proverbios 6:17 dice: “aborrece Jehová las manos derramadoras de sangre inocente”. Por lo tanto, Dios estaba enojado cuando Caín mató a su hermano, Abel. De hecho, Dios le dijo a Caín: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10). Este versículo dice mucho sobre el significado que la sangre tiene para Dios.
Los hermanos de José decidieron no derramar su sangre y lo echaron a una cisterna (Génesis 37:22). Joab mató a Abner en venganza de la muerte de Asael, su hermano (2 Samuel 3:26 y 27). Joab también derramó por tierra las entrañas de Amasa y él yacía revolcándose en su sangre (2 Samuel 20:9-13). David aconsejó a Salomón que ejecute a Joab porque había derramado la sangre de dos generales del ejército de Israel en tiempo de paz y puso su sangre en el
talabarte que tenía sobre sus lomos y en los zapatos que tenía en sus pies (1 Reyes 2:5-7). El perverso rey Ahab mató a un hombre inocente que se llamaba Nabot para que pudiera tomar su viña. Elías predijo que en el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, los perros lamerían también la sangre de Ahab (1 Reyes 21:17- 19). Por supuesto, esa profecía se hizo realidad. Los hebreos fueron condenados por derramar sangre inocente al sacrificar a sus hijos e hijas a los demonios (Salmo 106:36-38). Isaías también condenó a los cuyos pies corren hacia mal y se apresuran para derramar sangre inocente (Isaías 59:7). Jeremías también condenó a los que llenaron el lugar de sangre de inocentes (Jeremías 19:4). Ezequiel condenó a Jerusalén por ser una ciudad derramadora de sangre y por hacer ídolos (22:1-5). Josué condenó a Galaad por ser una ciudad de hacedores de iniquidad, manchada de sangre (Oseas 6:8). Joel condenó a Egipto y a Edom por haber derramado sangre inocente (Joel 3:19). Nahum condenó a Níneve como una ciudad sanguinaria toda llena de mentira y rapiña (Nahum 3:1). Habacuc condenó a los que edificarían una ciudad con sangre y con iniquidad (Habacuc 2:12). El Señor Jesús dijo que Dios traería sobre Jerusalén toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, a quien mataron entre el templo y el altar (Mateo 23:35).
SACRIFICIOS DE SANGRE
Después de que Adán y Eva habían pecado, sus ojos fueron abiertos y conocieron que estaban desnudos. Por lo tanto, cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales (Génesis 3:7). Esto no fue una cubierta apropiada en los ojos de Dios. Entonces “Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis 3:21). Por lo tanto, parece que los primeros sacrificios de animales fueron hechos por Dios mismo. El concepto de Dios proporcionando una “cubierta” para el hombre pecaminoso es significativo. La “cubierta” de Dios era una parte integral de la adoración hebrea. Por ejemplo, el día de expiación es también conocido como Yom Kippur. La palabra hebrea “yom” quiere decir “día” y “kippur” quiere decir “cubierta”. Por lo tanto, ese día especial era “el día de la cubierta”. Fue en ese día que el sumo sacerdote entró en el Lugar Santísimo y roció sangre sobre la “cubierta” del arca. La “cubierta” también fue conocida como el “propiciatorio” (Levítico 16:1-34).
Cuando Caín y Abel trajeron ofrendas a Jehová, Jehová miró con agrado a Abel y a su ofrenda pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya (Génesis 4:1-7). Caín trajo “del fruto de la tierra”. Abel trajo también una ofrenda pero “de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas”. Obviamente, Abel trajo un sacrificio de sangre. El libro de Hebreos nos hace recordar que “Por la fe, Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín” (Hebreos 11:4). Dado que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17), nos lleva a asumir que Abel obedeció a Dios e hizo un sacrificio de sangre, mientras Caín no obedeció a Dios.
Parece seguro asumir que los sacrificios de sangre eran una parte integral de la adoración durante los días antes del diluvio. Recuerde que Dios dijo a Noé que “de todo animal limpio tomarás siete parejas” y “de los animales que no son limpios, una pareja” (Génesis 7:1-4). Si no se hicieran sacrificios de sangre, estas instrucciones no tendrían sentido. Sabemos con certeza que cuando Noé salió del arca, la primera cosa que hizo fue edificar un altar a Jehová y de todo animal limpio, ofrecer holocausto (Génesis 8:20).
Después del diluvio, Jehová dio a Noé nuevas instrucciones con respecto a la sangre. Recuerde que antes del diluvio el hombre podía comer solamente plantas (Génesis 1:29). No obstante, ahora Jehová dijo a Noé: “Todo que lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, los he dado todo” (Génesis 9:3). No obstante, es importante notar que mientras Noé podía comer animales, fue prohibido de comer cualquier cosa con su sangre aún en ella: “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Génesis 9:4). Esta prohibición fue incluida en la ley mosaica y aun permanece en ella hasta hoy. El Concilio de Jerusalén concluyó que solamente cuatro cosas se quedaron en la dispensación cristiana de la ley previa: “Que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 15:29). No es posible leer la Biblia sin darse cuenta que la sangre es importante a Dios. La pena de muerte no fue nombrada entre estas cuatro prohibiciones porque aparentemente había sido aceptada desde los días de Noé. Como sabe, Dios dijo a Noé: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6).
Como Pablo escribió a los romanos, el gobierno civil no en vano lleva la espada (Romanos 13:1-7).
SACRIFICOS DE SANGRE ALREDEDOR DEL MUNDO
Los antropólogos han descubierto sacrificios de sangre entre la gente alrededor del mundo. Esto lleva a los historiadores a cuestionar cómo y cuándo esta práctica tuvo su principio y cómo llegó a ser difundida por todo el mundo. Parece que matar a una víctima inocente aumentaría su culpa en vez de disminuirla. No obstante, contrario a la
filosofía humana, sacrificios de sangre son comunes en la historia del pueblo de todo el mundo.
El doctor Duane Gish en su libro Dinosauros por diseño provee una pista. Él ha encontrado 270 grupos de gente distintos con leyendas de un diluvio que cubrió todo el mundo. Para nosotros que creemos la Biblia, fácilmente se explica la universalidad de estas leyendas. Dado que la Biblia enseña que toda la humanidad ha descendido de Noé, es fácil explicar por qué todos los grupos de habitantes tendrían leyendas del diluvio en su historia. Los mismos factores también explicarían la universalidad de sacrificios de sangre. Se registra en Génesis, capítulo 10 la manera en que la familia de Noé fue dispersada y es denominada “La lista de naciones”.
Basado en una lectura cuidadosa del libro de Génesis, Noé y su familia estaban en el arca un año y 17 días. Debería haber hecho una impresión profunda en Sem, Cam, y Jafet cuando Noé inmediatamente edificó un altar e hizo sacrificios de sangre después de salir del arca. Los hijos de Noé habían alimentado esos animales por más de un año. Además, eran pocos en número y su supervivencia sería importante para repoblar el mundo. No obstante, Noé los sacrificó. Un evento tan importante no sería fácilmente olvidado. Como ya hemos dicho, fácilmente esto explicaría cómo los sacrificios de sangre llegaron a ser una parte de la historia humana.
SACRIFICIOS DE SANGRE HECHOS POR JOB Y ABRAHAM
Algunos piensan que el libro de Job es el libro más antiguo de la Biblia. Sea lo que fuere, ciertamente es un libro muy antiguo y describe la vida mucho antes de la época de Moisés. Por favor, note la práctica continua de Job de hacer sacrificios de sangre. “y era aquel varón (Job) más grande que todos los orientales. E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cado uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:3-5).
Abraham también vivía mucho antes de la época de Moisés, pero se dice que él obedeció a los requerimientos de Dios, sus mandamientos, decretos, y leyes (Génesis 26:7). Parece que estos requerimientos, mandamientos, decretos, y leyes involucraban hacer sacrificios de sangre dado que Abraham siempre estaba edificando altares y haciendo sacrificios (véase Génesis 12:7 y 8; 13:4, 18, etc.). Cuando Dios quería asegurar a Abram que tendría un hijo y que poseería la tierra prometida, “le dijo tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también y un palomino. Y tomó él todo esto, y los partió por la
mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves. Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba” (Génesis 15:9-11).
Por lo tanto, los sacrificios de sangre eran una parte de guardar los requerimientos, mandamientos, y decretos de Dios antes de la ley de Moisés.
LA IMPORTANCIA DE LOS SACRIFICIOS DE SANGRE EN LA LEY DE MOISÉS
“Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:16-22).
En rumbo a Egipto, Séfora, la mujer de Moisés, cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre (Éxodo 4:25). La primera plaga que Dios envió sobre Egipto fue convertir el agua del río Nilo en sangre (Éxodo 7:17). La décima y última plaga también involucró sangre. Para preservar la vida de los primogénitos, los hebreos tuvieron que inmolar un cordero y poner la sangre en los dos postes y en el dintel de las casas. Jehová prometió que cuando viera la sangre, pasaría de largo esa casa (Éxodo 12:1-13). Moisés esparció sangre sobre el altar y la roció sobre el pueblo (Éxodo 24:6, 8). También, puso sangre sobre los cuernos del altar (Éxodo 29:12). También, sangre tuvo que ser rociada alrededor sobre el altar (Levítico 1:5). Sangre tuvo que ser rociada 7 veces hacia el velo del santuario (Levítico 4:6). Cuando Aarón fue apartado como sumo sacerdote, se puso sangre en el lóbulo de la oreja derecha, sobre el dedo pulgar de la mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho (Levítico 8:23). Sangre fue una parte integral de los rituales hechos por el sumo sacerdote en el día de la expiación (véase Levítico 16). Por supuesto, hay más Escrituras sobre este tema. El punto es que sangre
siempre ha jugado un rol significativo en el plan de Dios para su pueblo y ciertamente lo hizo bajo la ley mosaica.
LA SANGRE DEL SEÑOR JESÚS “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, y destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:17-21). Esta Escritura pone énfasis en el hecho de que antes de la creación del mundo, Dios determinó salvar la humanidad por medio de la sangre preciosa del Señor Jesús. Por lo tanto, en un sentido el Señor Jesús fue “inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8). La importancia de este sacrificio no puede ser enfatizado demasiado “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). Ningún sacrificio animal en realidad quitó el pecado “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4). Así que cuando el Señor Jesús murió, “él ha muerto para liberarlos de los pecados cometidos bajo el primer pacto” (Hebreos 9:15). Este sacrificio único no sólo expió los pecados pasados, sino expió los pecados del futuro. Los sacerdotes judíos ofrecieron sacrificios día tras día que nunca pudieron quitar el pecado, pero el Señor Jesús ofreció a Sí mismo como un solo sacrificio por los pecados una vez para siempre y entonces se sentó a la diestra de Dios (Hebreos 10:11 y 12). La palabra en la Biblia que describe el plan eterno de Dios es “misterio”. Los profetas que hablaron acerca de este misterio eterno buscaban diligentemente entenderlo, pero no pudieron. Incluso los ángeles trataron de entender este misterio, pero no pudieron (1 Pedro 1:10-12). Tampoco los líderes del mundo entendieron el misterio. Si lo hubieran entendido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria (1 Corintios 2:7-10). ¡Ese “misterio” involucraba la salvación del hombre por medio de la sangre preciosa del Señor Jesús! El Señor Jesús no entró en el santuario hecho de mano por medio de la sangre de becerros y cabras, sino entró en el cielo mismo por medio de Su propia sangre para presentarse por nosotros ante Dios (Hebreos 9:24).
Pablo explicó a los efesios que por revelación, este misterio le fue dado. Además, explicó que ahora esta multiforme sabiduría sería dada a conocer a los principados y potestades en los lugares celestiales conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Efesios 3:1-12). Tratar la sangre del Señor Jesús como algo inmundo es invitar la condenación (Hebreos 10:26-31).
LA CENA DEL SEÑOR
“Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre que por vosotros se derrama. Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado, pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto” (Lucas 22:14-23).
Con la muerte en una cruz por delante en sólo unas pocas horas, el Señor Jesús fue a Getsemaní para orar. Estaba tan angustiado que se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra (Lucas 22:43 y 44).
Después de la muerte de Judas, sus 30 piezas de plata fueron empleadas para adquirir un campo que se llamó “Acéldama”, que quiere decir “Campo de sangre” (Hechos 1:18 y 19).
En obediencia a la dirección del Espíritu, los de la iglesia primitiva “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42). “Y perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:46 y 47). El “partimiento del pan” por los miembros de la iglesia primitiva más tarde fue llamado “la cena del Señor” (1 Corintios 11:20).
Como ya hemos dicho, el sacrificio del Señor Jesús por nuestros pecados no fue olvidado por la iglesia primitiva. De hecho, el “partimiento del pan” fue la razón principal por la cual se reunieron. Las Escrituras registran esto acerca de la iglesia en Troas: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, . . .” (Hechos 20:7). El uso de la palabra “el” en este versículo es significativo. No se reunieron en “un” primer día de la semana, sino en “el” primer día de la semana. En otras palabras, se reunieron cada primer día de la semana para partir el pan. Pablo lo dijo así a los corintios: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16 y 17).
ABUSO DE LA CENA DEL SEÑOR
Aunque la iglesia en Corinto no faltó ningún don (1 Corintios 1:7), aún eran carnales y muchos eran niños en Cristo y andaban como hombres (1 Corintios 3:1-9). Por eso, Pablo tenía que alimentarlos con leche, y no vianda. División en la iglesia es un síntoma de inmadurez espiritual. Los discípulos de Cristo deberían ser uno (Juan 17:21), pero Satanás sembró la semilla de división en la iglesia de Corinto. Algunos dijeron: “yo soy de Pablo”, otros “yo soy de Apolos”, otros “yo soy de Cefas”, y otros más, “yo soy de Cristo” (1 Corintios 1:10-17). ¡CRISTO NO ESTÁ DIVIDIDO! ¡NINGÚN OTRO FUE CRUCIFICADO, SINO EL SEÑOR JESÚS! NOS REUNIMOS PARA ADORARLE Y PARTIMOS EL PAN PARA RECORDAR SU SACRIFICIO. ¡RECUERDE! NADIE PUEDE PONER OTRO FUNDAMENTO QUE EL QUE ESTÁ PUESTO, EL CUAL ES JESUCRISTO (1 CORINTIOS 3:11).
Por favor, considere en oración: “Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo. Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Así mismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced
esto todos las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebieres esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. Así que hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere” (1 Corintios 11:17-34).
Note:
Debido a su abuso de la cena del Señor, se reunieron no para lo mejor, sino para lo peor. Sus reuniones eran tan carnales que les fue imposible comer la cena del Señor. Había tanta división y falta de amor entre ellos que algunos estaban embriagados y otros hambrientos. Comer la cena del Señor en una manera indigna es pecar contra el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Debemos examinarnos antes de comer la cena del Señor porque comer y beber sin discernir Su cuerpo, traerá juicio sobre nosotros. La observancia impropia de la cena del Señor debilitó a algunos e incluso algunos murieron. La cena del Señor no es un asunto periférico, sino es el centro y punto focal de la adoración cristiana. LA PRIMERA CENA EN LA LUNA El domingo, 20 de julio del año 1969, a precisamente 3:17 pm EST el astronave Apollo 11 tocó el suelo de la luna. Neil Armstrong y Buzz Aldrin estaban en el vehículo de exploración, mientras Michael Collins seguía orbitando, esperando llevarlos de regreso a la tierra.
En esa ocasión histórica, Buzz Aldrin abrió una cajita con los elementos de la cena del Señor y pidió a los controladores en Houston que hubiera algunos momentos de silencio. Durante esos momentos de silencio, abrió pequeños paquetes de pan y de vino y leyó de la Biblia: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que
permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto”. Mientras comía el pan y tomaba la copa, dio gracias por la inteligencia y el espíritu que trajo a dos pilotos jóvenes al Mar de Tranquilidad en la luna. Se maravilló de que el primer líquido derramado en la superficie de la luna, y el primer pan que se comió allí, representaban el cuerpo y la sangre del Señor Jesús quien había creado la luna.
Quizás el ejemplo de Buzz Aldrin nos ayude a cada uno de nosotros a darle a la cena del Señor la importancia que merece.
LA CARNE Y LA SANGRE NO PUEDEN HEREDAR EL REINO
“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (1 Corintios 15:50-54).
Los cielos y la tierra, y las obras que en ellos hay, algún día pasarán con grande estruendo y los elementos ardiendo serán deshechos (2 Pedro 3:10). Dios entonces hará “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21:1). En este nuevo universo no habrá necesidad de carne y sangre. Se dice que no salimos de la edad de piedra por faltar piedras, sino que encontramos algo mejor para hacer herramientas. De la misma manera, la sangre, asombrosa que sea, será reemplazada por algo mejor.
Aunque nuestro cuerpo terrenal es formidable y maravilloso (Salmo 139:14), ha sido contaminado por la corrupción de este mundo. Por cierto, la creación entera gime y está con dolores de parto y sufre de la esclavitud y la corrupción (Romanos 8:18-25). No obstante, las maravillas de este mundo presente no son comparables con la gloria venidera que será revelada cuando el Señor Jesús venga otra vez.
El cuerpo del Señor Jesús salió de la tumba mejor que cuando entró. Su cuerpo anterior estaba cansado y sufría dolores y corrupción. Se podía tocar y palpar su nuevo cuerpo, pero no tenía sangre. La herida abierta en el costado del Señor Jesús no sangraba. ¡Sí! ¡El Señor Jesús también podía comer! De alguna manera, ese alimento vigorizó Su cuerpo sin la necesidad de sangre (Lucas 24:6-43). El nuevo cuerpo del Señor Jesús podía entrar a un cuarto cuando las puertas estaban cerradas. (Juan 20:26 y 27). El nuevo cuerpo podía viajar de Emaús a Jerusalén sin caminar (Lucas 24:36).
Algún día nuestros cuerpos de humillación serán transformados para que sean semejantes a Su cuerpo de gloria (Filipenses 3:21). Algún día cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es (1 Juan 3:2). Nuestros nuevos cuerpos no tendrán sangre, y serán imperecederos, inmortales, y eternos.
“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificad0, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:26-31). ______________
Este estudio fue preparado por Boyce Mouton. Los derechos no son reservados. Se puede usar todo este material o partes, sin alteraciones, para la gloria de Cristo y la expansión y la promoción de Su reino.