Boyce Mouton
essayEspañol

LA PAZ DE DIOS

Boyce Mouton · 7 pages · 2,605 words

LA PAZ DE DIOS

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6 y 7).

Las instrucciones de cómo recibir “la paz de Dios” son sencillas:

  • 1 – ¡Por nada esté afanoso o preocupado!
  • 2 – En toda situación, haga sus oraciones y ruegos con acción de gracias.
  • 3 – Entonces la “paz de Dios” que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

La palabra traducida como “guardar” es phroureo. Este es un término militar. Se usa en 2 Corintios 11:32 para describir a una guarnición de soldados que “guardaban” la ciudad de Damasco. Cuando Dios guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos, tendremos paz que sobrepasa todo entendimiento.

LA PAZ DE DIOS ES DISTINTA

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

PABLO EXPERIMENTÓ LA PAZ DE DIOS EN LA CÁRCEL

La carta a los filipenses fue escrita por Pablo desde la cárcel. Tres otras de sus cartas escritas desde la cárcel son Efesios, Colosenses, y Filemón. Se les llaman a estas cuatro cartas sus “cartas carcelarias”. Su segunda carta a Timoteo también fue escrito desde la cárcel, pero generalmente es clasificada como una “carta pastoral”.

La carta a los filipenses no es desalentadora, sino está llena de referencias al “gozo” y al “regocijo”.

  • La palabra bíblica para “gozo” es chara. Se encuentra 5 veces en esta carta.
  • La palabra bíblica para “regocijar” es chairo. Se encuentra 11 veces en esta carta.
  • “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

(Filipenses 4:4). ¡Este es un tema común en toda la carta!

  • Aunque Pablo estaba preso, escribió: “Quiero que sepáis, hermanos, que

las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio” (Filipenses 1:12).

  • La “paz de Dios” habilitó a Pablo para estar completamente satisfecho, aun

cuando estaba preso: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13).

LOS IMPÍOS SON COMO EL MAR EN TEMPESTAD

“Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (Isaías 57: 20 y 21).

El explorador portugués Fernando de Magallanes zarpó de España en el año 1519 después de C. con una flota de 5 barcos, para buscar una ruta en el mar oeste a Las Islas de las Especias. En camino, descubrió lo que ahora se conoce como el Estrecho de Magallanes. Así llegó a ser el primer europeo en ver el océano “Pacífico”. Magallanes nombró ese océano “pacífico”. Puede parecer “pacífico” desde lejos, pero de ninguna manera es pacífico. Al caminar por la orilla, se ve que no está tranquilo y las olas arrojan cieno y lodo como dijo Isaías. Esta es una representación precisa de personas impías. Pueden aparecer pacíficas desde lejos, pero de cerca se ve que no tienen ningún descanso.

Herodes el Grande es un ejemplo de esto. Él era el rey de Judea cuando el Señor Jesús nació. Mientras hay muchos en la familia de Herodes que fueron prominentes, Herodes el Grande fue el más famoso y exitoso de todos ellos. Sus logros fueron espectaculares. Él construyó un nuevo puerto que se llamaba Sebastos que es griego para “Augusto”. El puerto era un competidor del imperio de Alejandría al proveer rutas de comercio para el público. Algunos de los otros logros de Herodes incluyen el desarrollo de fuentes de agua para Jerusalén, la construcción de fortalezas como Masada, Herodión, Alejandrium, Hircania, y Maqueronte. También fundó nuevas ciudades tal como Cesarea e inició la construcción del templo judío que era el más grande y más elegante de los templos judíos. Había estado en construcción por 46 años cuando el Señor Jesús expulsó a los animales del templo (Juan 2:20). No fue terminado hasta el año 63 d. de C. Como sabemos, fue totalmente destruido en el año 70 d. de C.

No obstante, al examinarlo de cerca, Herodes vivió una vida miserable. Tenía 5 mujeres y su favorita era la hermosa Mariamne. Una de sus mujeres celosas acusó a

Mariamne de haber sido visto con José. Sin evidencia de que él había hecho algo inapropiado, Herodes inmediatamente mandó su ejecución. Entonces Mariamne fue acusada falsamente de haber tratado de envenenar a Herodes y ella fue ejecutada por Herodes, pero la amaba tanto que hizo embalsamar su cuerpo y lo guardó en el palacio. Rehusó enterrar su cuerpo por 7 años. A pesar de sus riquezas, su vida estaba llena de tristeza y remordimiento. Buscaba paz yendo de caza y también por medio de banquetes, pero nada lo ayudó. Herodes estaba paranoico y pensaba que alguien iba a tomar su trono y mató a cualquiera que él consideró ser una amenaza, incluyendo a Aristóbulo, el sumo sacerdote, a su tío José, y a Alejandría, a su suegra, a su cuñado Cosobar, a sus hijos Alejandro, Aristóbulo, Antipatro, y a todos los niños alrededor de y en Belén que tenían 2 años o menos, y a muchos otros.

Herodes murió una muerte dolorosa en Jericó. Josefo, el historiador judío, dijo que el dolor de la enfermedad de Herodes era tan severo que trató de suicidarse pero su primo le impidió hacerlo. Josefo también dijo que Herodes estaba tan preocupado que nadie iba a llorar cuando moría, que mandó a un grupo grande de judíos distinguidos que vinieran a Jericó y entonces los puso en la cárcel. En seguida, dio una orden que todos ellos debían ser ejecutados cuando a la muerte de él. De esta manera, estaba seguro que algunos estarían llorando cuando él murió. Afortunadamente, su hijo Arquelao y su hermana Salomé no cumplieron este deseo cuando Herodes murió.

La lección es que no hay paz para las personas impías. ¡Como el mar en tempestad, no tienen descanso!

NO SE PUEDE COMPRAR LA PAZ DE DIOS

El difunto J. Pablo Getty era un multimillonario y en una época era el hombre más rico de los EUA. Tristemente, no era un hombre feliz. Se casó cinco veces, pero ninguno de sus matrimonios lo hizo feliz. Sus padres no fueron invitados a ninguna de las ceremonias de boda. En el año 1958, cuando su hijo Timoteo murió con un tumor del cerebro, ni asistió a su funeral. En una oportunidad, hizo esperar a su hijo Jorge por 8 días para una consulta sobre un negocio. Una semana antes de suicidarse, su hijo Jorge escribió a su madre diciendo: “Te veré en el más allá donde habría una vida más feliz.” El Sr. Getty desheredó a su hijo Pablo Jr. por tomar drogas y nunca lo vio otra vez. Cuando su nieto J Pablo Getty III fue secuestrado, rehusó pagar el rescate hasta que le cortaran la oreja al muchacho y la enviaran a él por correo.

Hay una lista larga de multimillonarios que se suicidaron. Verdaderamente, como dijo el Señor Jesús: “Mirad, y guardaros de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15).

Claramente, el Señor Jesús prometió: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no la os doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

No se vende la “paz de Dios”. Ninguna cantidad de dinero puede comprarla, sino que es una dádiva de Dios para todos los creyentes que echamos vuestra ansiedad sobre Cristo (1 Pedro 5:7)). No debemos estar “afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6 y 7).

PAZ EN MEDIO DE LA AFLICCIÓN

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

  • El Señor Jesús

tenía la paz de Dios: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:35-40).

  • Esteban

tenía la paz de Dios: “Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteben, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedrearon a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:54-60).

  • Pedro

tenía la paz de Dios. Jacobo acaba de ser degollado y cuando Herodes vio que esto agradó a los judíos, prendió también a Pedro. Él tenía la intención de juzgarle en público después de la Pascua. “Y cuando Herodes le iba a sacar,

aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba” (Hechos 12:6-11).

  • Pablo

tenía la paz de Dios. “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6-8).

  • Nosotros también

podemos tener la paz de Dios. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).

  • “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del

nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (Salmo 20:7).

QUÉDENSE QUIETOS Y RECONOZCAN QUE DIOS PUEDE CUIDARNOS

El pueblo hebreo a veces compuso canciones para recordar su gran liberación. Moisés compuso una canción cuando Dios libró a su pueblo de Sísara (Jueces 5). Se piensa que el Salmo 46 ha sido compuesto para recordar la liberación de Jerusalén de los asirios. Esta historia notable se encuentra tres veces en la Biblia (2 Reyes 18 y 19; 2 Crónicas 32; y Isaías 36 y 37).

Ezequías era el rey de Judá en aquel época. Las Escrituras enseñan: “En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá” (2 Reyes 18:5).

No obstante, los asirios tenían muchos más soldados que Ezequías. Senaquerib, el rey de Asiria, había capturado a las ciudades fortificadas de Judá y entonces sitió a

Jerusalén. Su capitán se burló de Ezequías diciendo: “Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos” (2 Reyes 18:23).

Isaías consoló a Ezequías con estas palabras: “Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria; No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mi mismo y por amor a David mi siervo. Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos” (2 Reyes 19:32-35).

¡Con este fondo, con oración lea el Salmo 46 recordando que, sin tomar en cuenta los problemas que estemos enfrentando, necesitamos quedarnos quietos y reconocer que Dios nos cuidará!

Salmo 46

Al músico principal de los hijos de Coré, Salmo sobre Alamot.

1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar;

3 Aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. 4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo.

5 Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. 6. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra. 7 Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. 8 Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra.

9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego.

10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enalte- cido seré en la tierra.

11 Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugió es el Dios de Jacob.

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).