LA OBRA DE DIOS
LA OBRA DE DIOS
“Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29).
Aquí está el trasfondo de este notable texto:
- El Señor Jesús acabó a alimentar a la multitud con cinco panes de cebada y dos
pececillos (Juan 6:1-12).
- La gente respondió a ese milagro al tratar de apoderarse de él para hacerle rey
(Juan 6:15).
- El Señor Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir a la otra ribera
mientras él subió al monte para orar (Mate0 14:22 y 23).
- Durante la noche, el Señor Jesús vino a sus discípulos andando sobre el mar
(Juan 6:16-21).
- El Señor Jesús entró en la barca y él y sus discípulos fueron a Capernaum (Juan
6:21).
- La gente que él había alimentado fue a Capernaum buscando al Señor Jesús
(Juan 6:24).
- Lo encontraron y el Señor Jesús les enseño en la sinagoga de Capernaum (Juan
6:59).
- El Señor Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no
porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6:26).
- Ellos “trabajaron” para seguir al Señor Jesús por la comida, pero el Señor Jesús
les dijo: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:27).
- “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las
obras de Dios?” (Juan 6:28).
- Note que ellos estaban pensando en “obras”. El Señor Jesús estaba enfocado en
una sola obra. Él respondió: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29).
- Entonces el Señor Jesús les enseñó que él era el pan vivo que descendió del cielo
y dijo: “Si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Juan 6:51).
- Entender esas palabras era difícil. ¡Requirió “trabajo” mental! “Al oírlas,
muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oir?”(Juan 6:60).
- Como el mensaje era difícil a entender: “Desde entonces muchos de sus
discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:66).
- El Señor Jesús se volvió hacia los doce y dijo: “¿Queréis acaso iros también
vosotros?” (Juan 6:67).
- “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes
palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:68 y 69).
- ¡Recuerde! Conversión resulta de “la renovación de vuestro entendí-
miento” (Romanos 12:2).
- ¡Debemos ejercer nuestras “mentes” para ser cristianos!
- Ya que entender el mensaje del Señor Jesús requiere el ejercicio de nuestras
“mentes”, es “obra intelectual”. ¡Recuerde! “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29)
- La conversión involucra amar a Dios con toda nuestra “mente” (Mateo 22:37)-
¡Esto no es fácil! Requiere disciplina y “trabajo”. Como sabemos, la disciplina es una parte integral del “discipulado”.
EL ESTUDIO DE DIOS
La siguientes palabras fueron escritas por el Sr. C. H. Spurgeon el 7 de enero del año 1855. Tenía solamente 2o años en aquel entonces.
Alguien ha dicho que el estudio apropiado del hombre es el hombre. No me opondré a la idea, pero creo que es igualmente cierto que el estudio apropiado de los elegidos de Dios es Dios; el estudio apropiado del cristiano es la Deidad. La ciencia más alta, la especulación más alta, la filosofía más poderosa que podría llamar la atención al hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos, y la existencia del gran Dios que el llama su Padre. Hay algo que mejora enormemente
la mente en la contemplación de la Divinidad. Es un tema tan vasto que todos nuestros pensamientos se ahogan en su infinidad. Podemos entender y luchar con otros temas; en ellos sentimos un tipo de contentamiento con uno mismo, y vamos caminando con el pensamiento: ‘He aquí, yo soy sabio.‘ Pero cuando llegamos a esta ciencia maestra, encontramos que no podemos sondar su profundidad, que nuestra vista de águila no puede ver su altura, volvemos con el pensamiento que el hombre vano sería sabio, pero es semejante al potro de un asno salvaje, y exclama solemnemente, ‘Soy de ayer, y no sé nada.’ Ningún tema de contemplación tenderá más a humillar la mente que los pensamientos acerca de Dios.
Pero mientras el tema humilla la mente, también la expande. El que muy a menudo piensa en Dios, tendrá una mente más amplia que el hombre que simplemente avanza pesadamente alrededor de este mundo estrecho. El estudio más excelente para expandir el alma es la ciencia del Cristo crucificado y el conocimiento de la Deidad de la gloriosa Trinidad. No hay nada que aumentaría el intelecto, nada que magnificaría tanto el alma entera del hombre como una investigación devota, seria, y continua del tema grandioso de la Deidad.
Y mientras humilla y expande la mente, es eminentemente consolador. En contemplar a Cristo, hay un bálsamo para todas las heridas; al meditar sobre el Padre, hay una consolación para cada dolor, y por medio del Espíritu Santo, hay un bálsamo para cada llaga. ¿Quisiera perder su tristeza? ¿Quisiera ahogar sus preocupaciones? Entonces vaya a sumergirse en el mar más profundo de la Deidad; piérdase en su inmensidad y saldrá como de un sofá de descanso, refrescado y envigorizado. Yo no conozco nada que puede consolar tanto al alma, calmar tanto las olas crecientes de dolor; entonces hable paz a los vientos de prueba, como el devoto reflexionando sobre el tema de la Divinidad.
No obstante, aparentemente, a la gente de Capernaum no les interesaba el tema de la Deidad. Preferían no “pensar” en él. ¡Preferían “pensar” en el pan y no les interesaba “estudiar” acerca de Dios!
CAPERNAUM
Capernaum era un pequeño pueblo de pescadores en la ribera noreste del mar de Galilea. “Capernaum” significa “pueblo de Nahum”. Se menciona este pueblo 16 veces en la Biblia. El Señor Jesús pasó bastante tiempo ahí ya que Capernaum era su segundo hogar. Como sabemos, su primer hogar era Nazaret. ¡Recuerde! Él fue llevado a Nazaret cuando era niño. Esto cumplió la profecía que el Señor Jesús sería llamado nazareno (Mateo 2:21-23). Como adulto, el Señor Jesús dejó Nazaret y se fue a
Capernaum. Esto también cumplió una profecía (Mateo 4:13-17). Cuando el Señor Jesús se fue a Capernaum, llevó consigo a su madre, sus hermanos, y sus discípulos (Juan 2:12).
¡INCREÍBLEMENTE, LOS DOS PUEBLOS ERAN
CIUDADELAS DE INCREDULIDAD!
Se asumiría que en los pueblos donde el Señor Jesús vivía, habría mucha fe. ¡Tristemente, no fue así! La incredulidad de estos pueblos aun asombró al Señor Jesús. Su incredulidad era un tributo a la astucia del diablo y también a su pereza mental. Los que vivían alrededor del Señor Jesús tenían bastante evidencia para probar su deidad, pero eran demasiado flojos para considerarla. ¡Aparentemente, era demasiado “trabajo”!
Note:
- Cuando el Señor Jesús llegó a Nazaret, su ciudad natal, “No pudo hacer allí
ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos” (Marcos 6:5 y 6). Cuando habló en sus sinagogas, le echaron fuera de la ciudad y trataron de despeñarle desde la cumbre de un monte (Lucas 4:16-30).
- El Señor Jesús dijo acerca de Capernaum: “Y tú Capernaum, que eres
levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mateo 11:23 y 24).
Todos los de Nazaret y de Capernaum sabían algo acerca del Señor Jesús. También conocían a su familia. Sabían que el Señor Jesús era una persona real y no un carácter ficticio, inventado por sus discípulos. También sabían que él fue predicador y que hacía milagros. No obstante, la idea que él fuera Dios en la carne no entró en sus “mentes” (1 Timoteo 3:16). Los que diligentemente “meditan” acerca de este “misterio de piedad” pueden “ocuparse” en su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12).
No obstante, evaluando la evidencia de la deidad de Cristo es “trabajo” que los flojos tratan de evitar.
LA SINAGOGA EN CAPERNAUM
Había una sinagoga en Capernaum. El Señor Jesús predicó allí en varias ocasiones con autoridad. Aun sanó a un hombre en aquella sinagoga que tenía un espíritu inmundo (Marcos 1:21-28). Hoy, los turistas que visitan Capernaum pueden ver los cimientos de una sinagoga del primer siglo. Quizás sea la misma sinagoga donde el Señor Jesús enseñó.
Las Escrituras nos dicen que esa sinagoga fue edificada por un centurión romano (Lucas 7:5). Esto nos hace preguntar ¿por qué los judíos mismos no edificaron la sinagoga? ¿Eran demasiado pobres o eran demasiado mundanos? Obviamente, ese soldado pagano tenía más fe que ellos porque el Señor Jesús dijo de él: “De cierto os digo, ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:10).
Un principal de la sinagoga era un hombre llamado Jairo. Un día su hija que tenía 12 años estaba críticamente enferma y al borde de la muerte. Cuando Jairo escuchó que el Señor Jesús había vuelto de un viaje breve al Decápolis, corrió al lugar donde estaba el Señor Jesús y se postró a sus pies y le rogó diciendo: “Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá” (Marcos 5:22 y 23).
Cuando el Señor Jesús se fue con ese padre turbado, una gran multitud los seguía y presionó al Señor Jesús. Como sabemos, había en la multitud una mujer desesperada que hacía doce años padecía de un flujo de sangre. Ella había gastado todo lo que tenía pero ella sólo empeoró. Según la ley de Moisés, esa mujer era inmunda y no podía estar en una multitud (Levítico 15:25-31). No obstante, ella estaba tan desesperada que se atrevió desafiar la ley y abrió paso entre la multitud para tocar al Señor Jesús. Ella estaba “pensando” en esto y “creía” que si tocara tan solamente su manto, sería salva. ¡Tenía razón! Ella había “pensado” en esto hasta que lo entendiera. La historia asombrosa de su curación se encuentra tres veces en la Biblia (Mateo 9:18-26; Marcos 5:21-43; Lucas 8:40-56). Trataremos a este milagro con más detalles más adelante.
Mientras el Señor Jesús se demoró con esa mujer, hombres vinieron para informar a Jairo que no moleste al Señor Jesús porque su hija ya había muerto. No obstante, el Señor Jesús dijo a Jairo: “No temas, cree solamente” (Marcos 5:36).
Cuando llegaron a su casa, encontraron un alboroto con personas llorando y lamentando. El Señor Jesús entró y les dijo: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaron de él” (Marcos 5:39 y 40).
El Señor Jesús llevó consigo a Pedro, Juan, y Jacobo y el padre y madre de la niña. Entonces el Señor Jesús “tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. Entonces su espíritu volvió e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer” (Lucas 8:54-56).
¡Recuerde! Capernaum era semejante a Sodoma. Si hubiera habido solamente 10 personas piadosas en Sodoma, no habría sido destruida (Génesis 18:32). Nos preguntamos ¿cuántas personas piadosas había en Capernaum? El Señor Jesús hizo varios milagros en Capernaum pero aparentemente nadie hizo ningún milagro en Sodoma. (Mateo 11:23 y 24). Obviamente, ¡el pueblo de Capernaum debería haber “pensado” más en los milagros que el Señor Jesús hizo allí!
LOS CURIOSOS Y LOS TOCADORES
Pero ahora volvamos a la historia asombrosa acerca de la mujer desesperada que había estado enferma por 12 años. Es interesante notar que ella se enfermó en el mismo año que nació la hija de Jairo.
La diferencia entre la mujer y los ciudadanos de Capernaum demuestra dramáticamente lo que estamos diciendo. Hay una diferencia grande entre los que tienen una fe salvadora y los que no la tiene. Cuando el Señor Jesús llegó a Capernaum, una multitud de personas estaba allí porque sabía que él iba a venir. No obstante, esto no quería decir que querían ser salvos. Quizás solamente tuvieran curiosidad y quisieran ver al Señor Jesús hacer un milagro. ¡Recuerde! Por eso el malvado rey Herodes también quería ver al Señor Jesús (Lucas 23:8). Esa multitud curiosa lo “oprimía” a él (Lucas 8:42). La palabra traducida “oprimir” es la palabra griega sumpnigo. Esta palabra también puede ser traducida “ahogar”. En otras palabras, esa multitud estaba oprimiendo al Señor Jesús hasta el punto de casi asfixiarlo.
Cuando el Señor Jesús paró y preguntó “¿Quién es el que me ha tocado?”, los discípulos estuvieron perplejos. La multitud lo estaba “oprimiendo” o “apretando”. ¡Docenas, si no cientos de personas lo estaban tocando! Esa mujer desesperada ”tocó” al Señor Jesús de una manera totalmente diferente. Durante 12 años ella había luchado con esa enfermedad debilitante. Día tras día y noche tras noche pensaba constantemente en ella. Fue un problema físico, emocional, y espiritual. Por eso, su interés en el Señor Jesús no fue casual o ligero. Ella tuvo un plan. Como un corredor cansado que lucha por llegar a la meta, ella se negó a darse por vencida. ¡Aunque su cuerpo era débil, su fe era fuerte! ¡No había duda en su mente en cuanto a la identidad del Señor Jesús y lo que podía hacer! Ella había hecho el “trabajo” necesario para adquirir su “fe salvadora”.
Pilato estaba sorprendido cuando escuchó que el Señor Jesús había muerto tan rápido (Marcos 15:44). El tiempo pasa rápidamente cuando no estamos sufriendo. Si
Pilato hubiera pasado 6 horas en una cruz, habría pensado de otra manera. A veces no vemos la luz hasta que sentimos el calor. ¡Esa mujer demoró 12 años en desarrollar su fe salvadora! El ladrón en la cruz desarrolló su fe salvadora mucho más rápidamente. No obstante, los dos “obraron”. ¡Logrando una fe salvadora no es fácil; por eso el Señor Jesús lo llamó la “obra” de Dios!
Si Ud. piensa que hemos exagerado la “obra” relacionada a la “fe salvadora”, por favor, considere este pasaje de Escritura con oración: “Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14: 25-33).
EL EJEMPLO DE ABRAHAM
¡Abraham era un hombre de gran fe! El capítulo 11 de la epístola a los Hebreos provee este resumen:
- Por la fe dejó su hogar aunque no sabía a dónde iba (Hebreos 11:8).
- Por la fe habitó en la tierra prometida (Hebreos 11:9).
- Por la fe, esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos
11:10).
- ¡Obviamente tenia fe!
- Tenía 75 años de edad cuando salió de Harán (Génesis 12:4), tenía 86 años
cuando nació Ismael (Génesis 16:16), y tenía 100 años cuando nació Isaac (Génesis 21:5).
La cronología es importante porque muestra cómo la fe de Abraham se desarrolló y creció. Después de salir de Ur de los caldeos, Harán, y Egipto, todavía tenía sus pecados y no tenía ningún hijo. También había derrotado cuatro reyes poderosos y
pagaba diezmos a Melquisedec. Las Escrituras son claras que Abraham fue motivado por la fe, pero su fe todavía no fue suficientemente fuerte para hacerle justo delante de Dios.
En ese momento, la palabra del Señor vino a Abram en una visión (Génesis 15:1). Abram estaba desanimado porque no tenía hijos y Eliezer de Damasco heredaría todos sus bienes. Entonces Dios repitió la promesa que tendría un heredero de su propia simiente. ENTONCES DIOS LO LLEVÓ FUERA Y LE DIJO: “MIRA AHORA LOS CIELOS, Y CUENTA LAS ESTRELLAS, SI LAS PUEDES CONTAR. Y LE DIJO: ASÍ SERÁ TU DESCENDENCIA” (GÉNESIS 15:5).
Abram tenía más de 80 años. Había visto esas estrellas miles de veces. No obstante, en esa noche especial, las estudió. Basado en la Palabra de Dios, su “mente” empezó a “obrar”. Trató de contar las estrellas y meditó en su tamaño y la distancia a ellas. De repente, el poder y la majestad de Dios llegaron a serle claro, “Y CREÓ A JEHOVÁ, Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA” (GÉNESIS 15:6).
¡POR FIN, ABRAM TENÍA SUFICIENTE FE PARA QUE SUS PECADOS FUERAN PERDONADOS!
Pero el crecimiento de la fe de Abram continuaba.
- Después de esto, nació Ismael (Génesis 16:15).
- Después de esto, el nombre de Abram fue cambiado a Abraham (Génesis 17:5).
- Después de esto, Dios le dio a Abraham el pacto de la circuncisión (Génesis 17:9-
14).
- Después de esto, Dios cambió el nombre de Saraí a Sara (Génesis 17:15).
- Después de esto, Dios apareció a Abraham en el encinar de Mamre y le prometió
que Sara tendría un hijo en el próximo año (Génesis 18:1-10).
- Después de esto, Dios reveló a Abraham que Sodoma y Gomorra serían
destruidas (Génesis 18:16-33).
- Después de esto nació Isaac (Génesis 21:1-7).
- Después de esto, Dios mandó a Abraham que ofreciera a su hijo Isaac como un
holocausto (Génesis 22:1 y 2). ¡Note! Es en esta ocasión que la palabra “adorar” apareció por primera vez en la Biblia (Génesis 22:5).
- Ahora la fe de Abraham era tan fuerte que “creyó” que Dios levantaría a Isaac de
entre los muertos (Hebreos 11:19).
- Hemos mencionado el viaje de fe de Abraham para alentarnos que:
- Nuestra fe puede acrecentar (2 Tesalonicenses 1:3, NIV).
- Nuestra fe puede ser fortalecida (Hechos 16:5, NVI).
- Nuestra fe puede crecer (2 Corintios 10:15).
- Nuestra fe puede ser aumentada (Lucas 17:5).
- La prueba de nuestra fe en realidad es más preciosa que el oro que perece (1 Pedro 1:6 y 7).
- Como un atleta aumenta su fuerza con el ejercicio, nuestra fe también puede fortalecerse cuando “trabajamos” en esto. “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8).
“CREO; AYUDA MI INCREDULIDAD” (MARCOS 9:24)
Esto fue la oración de un padre turbado cuyo hijo había sido poseído por un espíritu inmundo desde su infancia. El espíritu inmundo había robado al pobre muchacho de su hablar y de vez en cuando lo echaba al suelo, y hacía espumarajos, y crujía los dientes, y se iba secando. El Señor Jesús había dado poder a sus discípulos para echar demonios (Mateo 10:8), pero este demonio era demasiado poderoso para ellos. ¡Necesitaban más fe para superar a este espíritu poderoso!
Cuando trajeron a ese muchacho al Señor Jesús, inmediatamente el espíritu lo sacudió con violencia y cayó en tierra y se revolcaba, echando espumarajos. Esa horrible rutina había afligido a este muchacho desde su infancia. Estas convulsiones causaron que el muchacho caiga en el fuego o en el agua. Estaba en constante peligro de muerte. El padre le suplicó descaradamente al Señor Jesús que tenga misericordia de ellos y que los ayude.
El Señor Jesús explicó: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió el espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él” (Marcos 9:23-25).
“Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; Y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó” (Marcos 9:26 y 27).
He aquí, algunas lecciones que podemos aprender de esta historia:
- Algunas situaciones requieren una cantidad extra de fe.
- El Señor Jesús está con nosotros y quiere ayudarnos a aumentar nuestra fe.
- Nunca deberíamos avergonzarnos de pedir ayuda porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Santiago 4:6).
- “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).
- Quizás no “tengamos” porque no “pedimos” (Santiago 4:2).
EL GOZO DE CONVERTIRSE EN CRISTIANO ES SEMEJANTE
AL GOZO QUE SE SIENTE AL CASARSE
Una vez el Señor Jesús explicó a sus discípulos que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra mujer, comete adulterio. “Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse” (Mateo 19:10).
Entonces el Señor Jesús explicó que no todos pueden vivir una vida pura sin estar casados.
El libro de Proverbios hace referencia al poder del amor entre un hombre y una doncella: “Tres cosas me son ocultas; Aun tampco sé la cuarta: El rastro del águila en el aire; El rastro de la culebra sobre la peña; El rastro de la nave en medio del mar; Y el rastro del hombre en la doncella” (Proverbios 30:18 y 19).
Cuando un hombre se enamora de una doncella, él hace cosas imposibles de hacer sin amor. Su amor lo hace fácil pensar en ella. De hecho, ahora es difícil no pensar en ella. Lo más que él la ama, más él se interesa en todo acerca de ella. Su fascinación por ella puede convertirse en una obsesión. Cuando Booz se enamoró de Rut, la sabia Noemí dijo a ella: “Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy” (Rut 3:18).
Booz era serio en cuanto a su matrimonio con Rut, pero había otro hombre que tenía prioridad legal sobre ella. Por eso, buscó al pariente-redentor lo más pronto posible. Cuando el hombre rehusó casarse con Rut, inmediatamente Booz anunció su intención de casarse con ella. Hizo públicas esas intenciones a los ancianos y a todo el pueblo. Este es el mismo tipo de emoción experimentada por los que se enamoran del Señor Jesús.
La lección es que cuando nos enamoramos de Jesús, nuestros esfuerzos para entender todo acerca de él llegan a ser el gozo de nuestra vida. Descubrimos que lo que “recibimos” del Señor Jesús es mucho mayor que cualquier cosa que podríamos “dar” a él. Encontrar al Señor Jesús es semejante a descubrir un tesoro escondido en el campo y y luego vender todo lo que tenemos para comprarlo (Mateo 13:44). Encontrar al Señor Jesús es semejante a un mercader que buscaba buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró (Mateo 13:45 y 46). ¡Recuerde! Los mandamientos de Dios no son gravosos (1 Juan 5:3). Nos traerán gozo inefable y glorioso (1 Pedro 1:8).
¡RECUERDE! ¡LA OBRA DE DIOS NO SOLAMENTE PRODUCE FE, SINO TAMBIÉN PRODUCE GOZO! ¡RECUERDE! LA IGLESIA ES LA NOVIA DE CRISTO Y ¡NUNCA SABREMOS QUÉ ES LA VERDADERA FELICIDAD HASTA QUE NOS CASEMOS CON CRISTO! ¡RECUERDE! ¡LA OBRA DE DIOS ES QUE CREAMOS EN EL SEÑOR JESÚS!