Boyce Mouton
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LA OBEDIENCIA

Boyce Mouton · 9 pages · 3,946 words

LA OBEDIENCIA

“Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). ¡Obviamente, nadie puede afirmar que Jesús es su Señor sin obedecer a sus mandamientos!

EL HOMBRE NO PUEDE SER SALVO SIN FE

La fe es esencial para la salvación, La “scala sancta” (escalera santa) es una atracción turística de Roma. Muchos creen que el Señor Jesús subió estos 28 escalones de marfil antes de recibir la sentencia de muerte de Poncio Pilato. Los historiadores piensan que estos escalones fueron traídos a Roma desde Jerusalén en el año 326 d. de C. por Santa Helena, la madre de Constantino el grande. Se dice que Martín Lutero subió esa escalera de rodillas en el año 1510 d. de C., creyendo que tales “obras” ganarían mérito con Dios. No obstante mientras lo hacía, él recordó Romanos 1:17 con claridad asombrosa: “El justo por la fe vivirá”. De esta manera, la justificación por la fe llegó a ser una doctrina clave de la Reformación Protestante.

¡Martín Lutero no era el autor de la doctrina de la justificación por la fe, sino meramente la descubrió! La fe ha sido una realidad desde la creación. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). El apóstol Pablo señaló que Abraham descubrió la justificación por la fe 430 años antes de la ley de Moisés (Gálatas 3:17). Esto prueba que una persona puede ser justificada por la fe sin las obras de la ley (Romanos 3:28). Pablo explicó a los romanos: “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda” (Romanos 4:1-5).

¡ES CIERTAMENTE CLARO EN LAS ESCRITURAS QUE LA HUMANIDAD SE JUSTIFICA POR LA FE Y NO POR LAS OBRAS DE LA LEY!

NO OBSTANTE, TAMPOCO PUEDE SER SALVO EL SER HUMANO SIN LA

OBEDIENCIA

¡Hay opiniones opuestas! ¡Algunos insisten que somos salvos por las obras! Otros dicen que somos salvos sin obedecer. ¡Ambos están equivocados!

¡La obediencia es esencial! El Señor Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de

aquella casa” (Lucas 6:46-49). ¡Los que no obedecen al Señor Jesús edifican sobre tierra y últimamente serán destruidos!

Hebreos 11 se llama “el capítulo de la fe” de la Biblia. Por favor, ¡note que esos patriarcas de la fe no sólo creían a Jehová, sino también lo obedecían! ¡No solamente creían, sino también hacían algo!

  • Abel ofreció una mejor ofrenda que Caín.
  • Enoc fue elogiado como uno que agradó a Dios.
  • Noé construyó un arca para salvar a su familia.
  • Abraham obedeció a Dios y salió sin saber a dónde iba.
  • Isaac bendijo a Jacob y Esaú con respecto al futuro.
  • José dio instrucciones con respecto a sus huesos.
  • Los padres de Moisés lo escondieron por tres meses.
  • Etc.

¡No se encuentra en la Biblia la idea de que alguien pueda ser salvo sin obedecer! Santiago, el hermano de nuestro Señor, escribió: “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:21-24).

Santiago también dijo: “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

EL LADRÓN EN LA CRUZ

¡Aun el ladrón en la cruz hizo algo! Como sabemos, el Señor Jesús fue crucificado entre dos ladrones (Mateo 27:38). Al principio del día, ambos injuriaban al Señor Jesús (Mateo 27:44). No obstante, cuando el día avanzaba, uno de los ladrones se entregó al Señor Jesús y fue

salvo. ¡El otro ladrón rechazó al Señor Jesús y fue perdido! “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo; ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto os digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39-43).

¡ El ladrón que fue salvo hizo todo lo que le fue posible! “Temió a Dios”, “creyó” en su corazón, “se arrepintió” de sus pecados, “confesó” a Cristo con su boca, y “testificó” al otro ladrón. No fue bautizado por razones obvias. Primero, el Señor Jesús no había mandado el bautismo cristiano hasta después de que resucitara de los muertos. El ladrón ya estaba muerto cuando el Señor Jesús comisionó a sus discípulos y los mandó a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:18-20). Por esta misma razón este ladrón no asistió a las reuniones de la iglesia. El ladrón estaba muerto antes de que la iglesia fuera formada. La iglesia tuvo su principio en el día de Pentecostés que fue 10 días después de que el Señor Jesús ascendió al cielo. Obviamente, el ladrón no pudo asistir a las reuniones de la iglesia aun si no estuviera clavado a una cruz. No obstante, hizo todo lo posible y basado en lo qué creía, y en lo que hizo, el Señor Jesús le prometió un hogar en el paraíso.

¡Es un error citar el ladrón en la cruz para promover la desobediencia y hacer que una persona creyerá que podría ser salvo sin obedecer al Señor Jesús en todo lo que sea posible.

ISAAC NO NACIÓ DE UNA VIRGEN

¡Como ya hemos mencionado, Abraham obedecía a Dios! De hecho, la primera vez que se encuentra la palabra “adorar” en la Biblia es cuando Abraham obedeció a Dios y subió al monte para ofrecer a Isaac (Génesis 22:1-5). También ya hemos mencionado que Santiago usó ese ejemplo para mostrar cómo la fe y las obras funcionan juntas.

Como el ladrón en la cruz hizo todo lo que pudo para obedecer a Dios, así también Abraham. Abraham y Sara tuvieron un hijo por fe. Ambos creyeron la promesa de Dios (Hebreos 11:11). ¡Consecuentemente, Isaac no nació de un virgen! Note: “Sara obedecía a Abraham, llamándole señor” (1 Pedro 3:6). Note también; “Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había

prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en él que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:18-25).

EL ÚNICO MANDAMIENTO QUE DIO MARÍA

María, la madre del Señor Jesús, era una mujer magnífica. Su alma glorificaba a Dios y su espíritu se regocijó por el honor de dar a luz al Señor Jesús. Ella se dio cuenta que de allí en adelante todas las generaciones le llamarían bienaventurada (Lucas 1:46-55).

No obstante, María no era una virgen perpetua. El Señor Jesús era su hijo “primogénito”, no su hijo “unigénito” (Lucas 2:7). José y María tuvieron cuatro otros hijos además del Señor Jesús, y por lo menos, dos hijas. Se menciona estos hijos varias veces en la Biblia (Mateo 13:55; Marcos 6:3; Juan 7:3; etc.). Dos de los hermanos del Señor Jesús escribieron libros de la Biblia (Judas y Santiago). Después de que María dio a luz a otros hijos, ya no se llamaba “la virgen María”, sino “María la madre de Jesús” (Hechos 1:14).

El Señor Jesús hizo su primer milagro terrenal en las bodas de Caná de Galilea (Juan 2:1- 11). El hecho de que el Señor Jesús y sus discípulos fueron invitados a las bodas, y que su madre también estaba allí pidiendo su ayuda, ha llevado a suponer que una de las personas que se casaba era un miembro de la familia. ¡Cuando se terminó el vino, fue una crisis y María pidió la ayuda del Señor Jesús para resolverla!

¡ES EN ESE MOMENTO QUE MARÍA DIO SU ÚNICO MANDAMIENTO QUE SE REGISTRA EN LA BIBLIA!: “HACED TODO LO QUE OS DIJERE” (JUAN 2:5).

“Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús le dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (Juan 2:6-11).

¡MARÍA TENÍA RAZON! ¡TODOS NOSOTROS NECESITAMOS HACER LO QUE EL SEÑOR JESÚS NOS DICE!

AL SEÑOR JESÚS HA SIDO DADA TODA AUTORIDAD EN EL CIELO Y EN LA TIERRA (MATEO 28:18). POR SUPUESTO, ES ESENCIAL QUE LE OBEDEZCAMOS.

LA OBEDIENCIA NO NOS DA EL DERECHO DE GLORIARNOS

Meramente obedecer al Señor Jesús no da a nadie el derecho de gloriarse. El Señor Jesús dijo: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:7-10).

Pablo escribió: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:8-10). Como ya hemos dicho, ¡meramente obedecer al Señor Jesús no da a nadie el derecho de gloriarse

¡El apóstol Pablo escribió 13 libros de la Biblia! Nadie enseñaba más claramente que la salvación es por gracia por medio de la fe que el apóstol Pablo. No obstante, Pablo no sólo obedecía a Cristo, sino hizo claro que la obediencia produce siervos de justicia (Romanos 6:17 y 18). El Señor Jesús dijo a Pablo: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Inmediatamente Pablo obedeció e hizo precisamente lo que el Señor Jesús lo mandó hacer. Más tarde, Pablo dijo al rey Agripa; “No fui rebelde a la visión celestial” (Hechos 26:19). Cuando se le dijo a Pablo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16), ¡otra vez, inmediatamente obedeció! No obstante, meramente ser bautizado no da a nadie el derecho de jactarse. ¡Las personas piadosas sabemos que somos siervos inútiles y que cuando obedecemos a Cristo, solamente estamos haciendo lo que debemos hacer! Por ejemplo, cuando el hombre ciego de nacimiento obedeció al Señor Jesús y se lavó en el estanque de Siloé, milagrosamente recibió la vista. El ciego no se jactó, porque sabía que fue el Señor Jesús quién lo sanó. Entonces el hombre obediente dijo al Señor Jesús: “Creo, Señor; y le adoró” (Juan 9:38).

EL PECADO ORIGINAL FUE DESOBEDIENCIA

Jehová dijo a Adán: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16 y 17).

Como sabemos, Adán desobedeció a Dios y “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). De hecho, “Así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores” (Romanos 5:19). El pecado de Adán fue especialmente malvado porque él no fue engañado (1 Timoteo 2:14). ¡Adán sabía exactamente lo que Dios quería, pero deliberadamente eligió desobedecer!

  • ¡Desobedecer a Dios siempre está mal!
  • Son llamados los pecadores “hijos de desobediencia” (Efesios 2:2; 5:6; Colosenses 3:6).
  • La ley fue dada para los transgresores y desobedientes (1 Timoteo 1:9).

Pablo advirtió a Tito: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan; siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16).

Pabló confesó: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres” (Tito 3:3-8).

  • Los que no obedecen al Evangelio sufrirán pena de eterna perdición: “Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)” (2 Tesalonicenses 1:5-10).
  • Por favor, ¡todo lo que el Señor Jesús le mande hacer, hágalo!

LA DESOBEDIENCIA ES REBELIÓN COMO LA ADIVINACIÓN

El rey Saúl recibió un mandato del Señor, pero lo desobedeció. Eligió desechar lo que Dios quería y hacer lo que él quería. Al mismo tiempo, en vez de construir un monumento para honrar a Dios, construyó uno para honrarse a sí mismo (1 Samuel 15:12). Samuel lo reprendió diciendo: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:22 y 23).

Las acciones de Saúl demuestran que no iba a someterse a la autoridad de Dios. Por ejemplo, él sabía que David fue ungido por Dios para tomar su lugar como el rey. No obstante, en vez de aceptar a David como el rey, Saúl trató vez tras vez de asesinarlo. Cuando Dios no contestó a Saúl ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas, aún no se sometió a la voluntad de Dios ni esperó su respuesta, sino buscó a una adivinadora para darle respuestas (1 Samuel 28:6- 25).

La ley hace una distinción entre alguien que peca “inadvertidamente” y alguien que peca “deliberadamente”. Note: “Si es una persona la que peca inadvertidamente, deberá presentar, como sacrificio expiatorio, una cabra de un año. El sacerdote hará propiciación ante el Señor en favor de la persona que inadvertidamente haya pecado. El sacerdote hará propiciación, y la persona que pecó será perdonada. Una sola ley se aplicará para todo el que peque inadvertidamente, tanto para el israelita como para el extranjero residente. Pero el que peque deliberadamente, sea nativo o extranjero, ofende al Señor. Tal persona será eliminada de la comunidad, y cargará con su culpa, por haber despreciado la palabra del Señor y quebrantado su mandamiento” (Números 15:27-31, NVI).

Tristemente, parece que el rey Saúl pecó “deliberadamente”. Él sabía precisamente lo que Dios quería que hiciera, y deliberadamente decidió no hacerlo.

RENDICIÓN INCONDICIONAL

La Segunda Guerra Mundial era la guerra más grande y más mortal de la historia. Involucró a 30 naciones y resultó en la muerte de 40,000,000 a 50,000,000 personas.

La victoria en Europa ocurrió el día 8 de mayo del año 1945. Aquel día Alemania se rindió “incondicionalmente” a las fuerzas armadas de las naciones aliadas. ¡Hoy Alemania es una nación próspera que está en paz con el resto del mundo!

La victoria sobre Japón ocurrió el día 15 de agosto del año 1945. Esto también resultó de la “rendición incondicional” de Japón. Hoy Japón también es una nación próspera que está en paz con el resto del mundo.

La guerra entre las Coreas comenzó en el mes de junio del año 1950 cuando Corea del Norte invadió a Corea del Sur. Esta guerra terminó en el mes de julio del año 1953 con un “armisticio”, no una “rendición incondicional”. Una frontera nueva fue establecida entre los dos países con una “zona desmilitarizado” entre ellos. Aunque las dos naciones tienen el mismo lenguaje y la misma cultura, han sufrido conflictos y divisiones por los últimos 70 años. ¡Corea del Norte no está en paz con el mundo! ¡La ausencia de una rendición incondicional es un impedimento para la paz!

¡La aplicación de estos hechos al cristianismo es obvia! La guerra con Dios nunca se terminará hasta que nos rindamos incondicionalmente a él.

¡EL SEÑOR JESÚS SERÁ El SEÑOR DE TODO O NO SERÁ EL SEÑOR! ¡NUNCA TENDREMOS PAZ CON DIOS HASTA QUE NOS RiNDAMOS INCONDICIONALMENTE A ÉL!

TODO A CRISTO YO ME RINDO

Judson Van DeVenter nació en una granja del estado de Michigan en los EUA en al año 1855. Después de terminar sus estudios en Hillsdale College, llegó a ser maestro de arte. También era un buen músico y cantante. Reconociendo su talento para el ministerio, sus amigos le animaron a dejar de ser maestro para ser evangelista. Por cinco años el Sr. Van DeVenter vaciló entre ser artista o ser ministro. Finalmente, dio su vida al servicio de Cristo. Él describió lo que sucedió escribiendo: Por algún tiempo había vacilado entre desarrollar mis talentos como artista y trabajar tiempo completo en la obra evangelística. Por fin la hora de decidirme llegó y entregué todo a Cristo. Comenzó una nueva era de mi vida. Me hice evangelista y descubrí en lo profundo de mi alma un talento que antes desconocí. Dios había escondido una canción en mi corazón y tocando una nota tierna, él me hizo cantante.

El hermano Judson compuso un himno acerca de su rendimiento a Dios y lo nombró Todo a Cristo yo me rindo. Fue publicado en el año 1896. Cuando Billy Graham era estudiante en la Florida Bible Institute, conoció a Judson Van DeVenter y fue influido grandemente por su dedicación. El hermano Graham usó este himno en sus muchas cruzadas para Cristo. En el año 1986 Deniece Williams ganó el Grammy Award en los EUA por la mejor presentación de música “soul” cuando ella cantó el himno Todo a Cristo yo me rindo. El hermano Judson Van DeVenter publicó más de 60 himnos, ¡pero este era el más famoso y relevante de todos! He aquí las palabras que nos hacen pensar y que han sido cantadas por millones de personas del mundo entero.

1.

Todo a Cristo yo me rindo, Con el fin de serle fiel;

Para siempre quiero amarle, Y a agradarle sólo a él.

CORO:

Yo me rindo a él,

Yo me rindo a él;

Todo a Cristo yo me entrego, Quiero serle fiel.

2.

Todo a Cristo yo me rindo, A sus pies postrado estoy; Los placeres he dejado,

Y le sigo desde hoy.

3.

Todo a Cristo yo me rindo, Sí, de todo corazón;

Yo le entrego alma y cuerpo, Busco hoy su santa unción.

4.

Todo a Cristo he rendido,

Siento el fuego de su amor;

¡Oh, qué gozo hay en mi alma! ¡Gloria, gloria a mi Señor!

¡He aquí las palabras inspiradas del apóstol Pablo que registran su rendición total a Cristo!:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:7-14).

¡SI USTED AÚN NO SE HA RENDIDO A CRISTO, HÁGALO AHORA!