LA NUEVA CRIATURA
LA NUEVA CRIATURA
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
¡Tenemos que decidir si esto es verdad o no! ¿“Estar en Cristo” realmente nos hace cristianos? ¡La respuesta de la Biblia es sí! Las Escrituras enseñan que “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día” (Éxodo 20:11). Esa creación física es fácil aceptar porque podemos ver los cielos y la tierra. No obstante, cuando alguien recibe a Cristo, esta “nueva criatura” está escondida dentro de la persona. De todos modos, hay “una nueva criatura”, pero no es visible inmediatamente. Pero si creemos lo que dice la Biblia, esta “nueva criatura” es tan real como la creación de la luna.
Cuando alguien “nace de nuevo”, una “nueva criatura” llega a ser una realidad. Esta “nueva criatura” es totalmente distinta a la vieja criatura, pero es igualmente real. Creer esto es la clave para entender la esencia de la conversión. Pablo escribió: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gálatas 6:15). El “viejo hombre” que era corrupto, ha sido reemplazado por el “nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24). Este “nuevo hombre” es “revestido del nuevo, . . . conforme a la imagen del que lo creó” (Colosenses 3:9 y 10). Este “nuevo hombre” se bautiza por un Espíritu en un cuerpo (1 Corintios 12:13). A cada miembro de este cuerpo le es dada una manifestación del Espíritu para provecho (1 Corintios 12:7). Pablo escribió: “y (orando) por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Efesios 6:19 y 20).
Dios creó pollos, patos, y águilas. Cada criatura tiene una naturaleza distinta porque esa es la manera en que Dios los creó. El pollo quiere quedarse en el suelo, el pato quiere quedarse en el agua, y el águila quiere quedarse en el aire. Nuestra naturaleza vieja fue caracterizada por las obras de la carne, pero nuestra nueva naturaleza es caracterizada por el fruto del Espíritu (Gálatas 5:19-26). He aquí algunas otras cosas que caracterizan a la “nueva criatura”.
- Esta “nueva criatura” reconocerá la voz del Señor Jesús y lo seguirá, pero no
seguirá a un extraño. “A sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” (Juan 10:3-5).
- Esta “nueva criatura” tiene una unción que le ayuda a no dejarse llevar por un
mal camino “Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os
enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2:26 y 27).
- Esta “nueva criatura” no sólo tiene sus pecados perdonados, sino tiene una
relación especial con Cristo que elimina nuevos pecados cuando ocurren. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1 y 2).
- La justicia de la ley se cumple en esta “nueva criatura”. “Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1-4).
- Esta “nueva criatura” está guiada por el Espíritu de Dios y es un hijo de Dios
(Romanos 8:14).
- Cuando esta “nueva criatura” no sabe cómo orar, el Espíritu mismo intercede con
gemidos indecibles (Romanos 8:26).
- “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a
bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
- La “nueva criatura” realmente es “Cristo en vosotros, la esperanza de
gloria” (Colosenses 1:27).
NUESTROS OJOS NECESITAN SER ABIERTOS
Cuando el rey de Siria hacía guerra contra Israel, Eliseo advertía al rey de Israel cuando iban a ser atacados. El rey de Siria se turbó y envió a un gran ejército a Dotán. Llegaron de noche y sitiaron la ciudad. Cuando el siervo de Eliseo vio a ese ejército, se asustó. Eliseo lo consoló y dijo: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:16 y 17).
También “no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18). Por favor, considere esta oración de Pablo: “que el
Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero” (Efesios 1:17-21).
Cuando son abiertos nuestros ojos de entendimiento, veremos:
- La gran esperanza a la cual Dios nos ha llamado.
- Las riquezas de su herencia gloriosa en los santos.
- La supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos. ¡Este
es el mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos y le sentó en una posición de gran poder en los lugares celestiales!
- ¿Ve Ud. estas cosas?
EXAMÍNENSE
El Señor Jesús advirtió que “muchos” pensarán que son salvos cuando no son. Él dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22 y 23).
Pablo estaba preocupado porque pensaba que algunos en Corinto no fueron verdaderamente nacidos de nuevo. Temía que cuando llegue, encontraría “contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes” (2 Corintios 12:20). Tales acciones podrían ser síntomas de personas inconversas. Por eso, Pablo advirtió: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).
Una “prueba” que podemos usar para nosotros mismos involucra el pecado. ¡Sí! Los cristianos que somos “nacidos de nuevo” y somos ”nuevas criaturas” aún pecamos. Juan escribió: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:8 y 9).
Nuestra actitud con respecto al pecado puede ayudarnos a decidir si verdaderamente hemos nacido de nuevo. Hay una diferencia entre un cerdo y un cordero. Un cerdo quiere revolcarse en el lodo pero un cordero no. Cuando un cordero
cae en el lodo, inmediatamente sale porque su naturaleza es distinta a la de un cerdo. De esta manera: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9).
David era un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22). Cuando Natán lo reprendió por su pecado, inmediatamente se arrepintió y confesó: “Pequé contra Jehová” (2 Samuel 12:13). He aquí la confesión de David con más detalles:
“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra” (Salmo 51:1-4).
¡Tener un espíritu como el de David es lo que significa ser “una nueva criatura” en Cristo Jesús! Recuerde: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).