LA LUCHA
LA LUCHA
- Rebeca había concebido y los gemelos dentro de su vientre luchaban (Génesis 25:22).
- Una noche Jacob luchó con un ángel hasta el amanecer (Génesis 32:24; Oseas 12:4).
- Pablo luchaba con una ley que se rebelaba contra la ley de su mente y lo llevó cautivo a
la ley del pecado en sus miembros (Romanos 7:23).
Por favor, considere que todas las tres luchas tienen algo en común. En el análisis final, todas representan una lucha entre la carne y el Espíritu, ¡una lucha entre hacer su propia voluntad, o hacer la voluntad de Dios! Esta es la misma lucha que cada uno de nosotros tenemos que enfrentar cada día.
Por eso, Pablo escribió: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gálatas 5:16-18).
¡La buena noticia es que en los tres ejemplos de arriba, el Espíritu triunfó! No obstante, ¡la lucha no es fácil! ¡El Espíritu y la carne se oponen constantemente! ¡A menudo, no hacemos lo que queremos hacer! Derrotar al diablo requiere esfuerzo. Nuestra lucha es semejante a un atleta corriendo en una carrera o competiendo en una pelea de boxeo (1 Corintios 9:24-27). Aunque luchamos contra gigantes, como David luchó contra Goliat, ¡podemos ganar la batalla! Goliat luchó con una espada, lanza y jabalina, pero David luchó en el nombre de Jehová de los ejércitos (1 Samuel 17:45). ¡Luchar en el nombre de Jehová de los ejércitos también es la clave a nuestra victoria! ¡Cuando vivimos en el Espíritu, de alguna manera, tenemos el poder para vencer a los deseos de la carne!
JACOB Y ESAÚ
- Consideremos cada una de estas tres luchas, una a la vez.
- Rebeca, la mujer de Isaac, era estéril (Génesis 25:21).
- “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió
Rebeca su mujer” (Génesis 25:21).
- “Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a
consultar a Jehová” (Génesis 25:22).
- “Y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos
desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor” (Génesis 25:23).
- “Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.
Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú” (Génesis 25:24 y 25). (El nombre Esaú viene de la palabra hebrea que quiere decir “peludo”.)
- “Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su
nombre Jacob” (Génesis 25:26). (El nombre Jacob viene de la palabra hebrea que quiere decir “suplantar”.) “Suplantar” quiere decir “reemplazar”. Jacob estaba destinado a “reemplazar” a su hermano mayor.
- ¡Note, por favor, que Jehová dijo a Rebeca antes del nacimiento de sus hijos que el hijo
mayor serviría al hijo menor!
¡Obviamente, Dios conoce el futuro! Dios sabe todo. Sabía de antemano que Jacob “reemplazaría” a su hermano mayor. Isaías nos hace recordar que Dios conoce el futuro. Él escribió: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho” (Isaías 46:9 y 10). Dios sabía exactamente como serían esos dos niños antes de su nacimiento. Por lo tanto Pablo escribió: “(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Romanos 9:11-13).
Esaú era el hijo primogénito. Durante la edad de los patriarcas, un privilegio especial de los “primogénitos” era ser el sacerdote de la familia. Por lo tanto, cuando murió el padre, el hijo mayor asumió su papel como sacerdote. ¡Esto es el privilegio que Esaú despreció!
- ¡Los patriarcas eran sacerdotes!
- Job fielmente sacrificó holocaustos para cada miembro de su familia (Job 1:5).
- Noé edificó un altar a Jehová y ofreció holocaustos en él (Génesis 8:20)
- Abraham también servía como sacerdote y edificó un altar a Jehová (Génesis 12:7).
- Después de la muerte de Abraham, Isaac edificó un altar e invocó el nombre de Jehová
(Génesis 26:25).
- ¡NO OBSTANTE, ESAÚ NO QUERÍA SER SACERDOTE! DESPRECIÓ SU
PRIMOGENITURA Y LA VENDIÓ POR UN GUISO ROJO (GÉNESIS 25:29-34).
- POR ESO, LAS ESCRITURAS LE LLAMAN A ESAÚ “PROFANO” PORQUE POR
UNA COMIDA, VENDIÓ SU PRIMOGENITURA (HEBREOS 12:16).
- MIENTRAS ESAÚ NO QUERÍA SER EL SACERDOTE DE SU FAMILIA, LLORÓ
CUANDO FUE DESECHADO Y QUE NO IBA A HEREDAR UNA BENDICIÓN TERRENAL (HEBREOS 12:17).
- La “primogenitura” era espiritual e involucraba ser sacerdote. La “bendición” era física e
involucraba riqueza terrenal. Esaú despreció su “primogenitura” pero procuró la “bendición” con lágrimas (Hebreos 12:17).
- He aquí la bendición que Jacob hurtó de Esaú: “Y Jacob se acercó, y le besó; y olió
Isaac de olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de
las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren” (Génesis 27:27-29).
- Aunque Jacob mintió para conseguir esa bendición terrenal, aún Dios le honró como el
primogénito. El Señor dijo a Moisés que dijera a Faraón: “JEHOVÁ HA DICHO ASÍ: ISRAEL (JACOB) ES MI HIJO, MI PRIMOGÉNITO” (Éxodo 4:22).
- En Cristo, nosotros también somos promovidas a ser “primogénitos” de Dios. De hecho,
somos “la congregación de los primogénitos que están escritos en los cielos” (Hebreos 12:23).
JACOB LUCHA CON UN ÁNGEL
- Ahora consideremos la segunda lucha.
- Como sabemos, ¡Jacob era un engañador! Compró la “primogenitura” de su hermano
pero hurtó sus “bendiciones”. Ya que Isaac estaba ciego, se vistió como su hermano y engañó a su padre. Isaac le preguntó directamente “¿Eres tú mi hijo Esaú?” Jacob deliberadamente mintió y respondió: “Yo soy” (Génesis 27:24).
- No se sorprenda que Jacob era pecador “por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Por supuesto, esto provee esperanza para pecadores como Ud. y yo.
- Como un padre amoroso, Dios ayudó a Jacob a cambiar. Dios lo disciplinó para ayudarle
a dejar de mentir y de engañar a otros. ¡Recuerde! “El Señor al que ama, disciplina” (Hebreos 12:6).
- Por ejemplo, Dios lo hizo servir a Labán por veinte años. ¡Labán era más mentiroso y
engañoso que Jacob!
- ¡Sabemos la historia! Jacob amaba a la hija hermosa de Labán, Raquel, y se aceptó trabajar siete años para tomarla como su mujer (Génesis 29:18).
- Jacob amaba tanto a Raquel que los siete años le parecieron como pocos días (Génesis 29:20).
- No obstante, Labán engaño a Jacob y le dio la hermana mayor de Raquel, Lea, para ser su mujer (Génesis 29:16-30). “Lea tenía ojos delicados, pero Raquel era de lindo semejanza y de hermoso parecer” (Génesis 29:17). Aparentemente, Lea tenía alguna deformidad física.
- Jacob tuvo que trabajar siete años más para casarse con la mujer que realmente amaba. Cada día se le recordó a Jacob la realidad dolorosa de qué equivocado es engañar a otros.
- Además, durante los 20 años que Jacob trabajó para Labán, ese engañador perverso cambió el sueldo de Jacob diez veces (Génesis 31:38-42).
- No obstante, Dios estaba con Jacob y le enseño cómo hacerse rico a pesar de tener un suegro perverso y engañoso (Génesis 31:6-12).
- ¡Recuerde! Dios tenía un propósito para Jacob desde antes de su nacimiento. Dios prometió dar la tierra de Canaán a Abram y también a sus descendientes (Génesis 13:14-17). Al final de cuentas, la familia de Jacob no sólo heredaría la tierra prometida, sino también traería al mundo al Señor Jesús.
- Por lo tanto, cuando Jacob huyó de Canaán para evitar ser matado por Esaú, Dios le prometió: “Yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis 28:15).
- Entonces después de veinte años fuera de la tierra prometida, Dios mandó a Jacob: “Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento” (Génesis 31:13).
- ¡Esto preparó la escena para la gran lucha de Jacob! Cuando se acercaba a Canaán, se le informó que Esaú iba a encontrarle con 400 hombres (Génesis 32:6).
- ¡Recuerde! Jacob huyó de Canaán porque Esaú planeaba matarle (Génesis 27:42- 45). Entonces, cuando Esaú se acercaba, Jacob desesperadamente oró a Dios: “Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera a la madre con los hijos” (Génesis 32:11).
- Jacob esta tan asustado que envió cientos de bestias a Esaú como un regalo para apaciguar su ira (Génesis 32:13-21).
- Entonces Jacob se separó de su familia para protejerla (Génesis 32:22 y 23).
- ESTO ES CUANDO JACOB TUVO SU GRAN LUCHA. ESTO ES CUANDO LUCHÓ CON UN “HOMBRE” HASTA EL AMANECER.
- OSEAS NOS DICE QUE ESE “HOMBRE” ERA UN “ÁNGEL” (OSEAS 12:4).
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Esa “lucha” sucedió en un lugar que se llamaba “Peniel” que quiere decir “rostro de Dios”. Jacob había huido de Dios por muchos años, pero ahora le enfrentaba sin huirse.
- Esa “lucha” resultó en un cambio dramático en Jacob.
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Después de luchar toda la noche, el “hombre” descoyuntó el muslo de Jacob y dijo: “Déjame, porque raya el alba” (Génesis 32:26).
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“Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices” (Génesis 32:26).
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A pesar de su muslo descoyuntado y el agotamiento, Jacob sabía que necesitaba la bendición de Dios más que nada. ¡Ya que no lo dejaría irse hasta que recibiera una bendición, Dios cambió su nombre de “Jacob” a “Israel”!
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“Jacob” es un nombre despectivo que se refiere a su naturaleza engañosa. “Israel” es un nombre hermoso que significa “alguien que tiene poder con Dios”. Note, por favor, que: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Génesis 32:28).
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Jacob no sólo tenía un nuevo nombre, sino tenía una nueva naturaleza. Ahora confiaría en Dios y nunca jamás mentiría ni engañaría. Su cojera perpetua era un recuerdo constante de su lucha monumental cuando vio a Dios cara a cara y no murió (Génesis 32:22-30).
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Ahora cuando encontró a Esaú, estaba completamente sumiso a la voluntad de Dios. No hubo ningún atento de huirse, sobornar, o engañar. Jacob encontró a Esaú sin armas y sin guardaespaldas. No sólo expuso su familia a Esaú y a sus 400 hombres, sino él personalmente se inclinó siete veces sin levantar la mano para defenderse.
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NOSOTROS TAMBIÉN, COMO JACOB, NECESITAMOS ABANDONAR TODOS LOS ESFUERZOS PARA SALVARNOS A NOSOTROS MISMOS Y ENFOCARNOS EN CONFIAR EN DIOS COMO NUESTRO SALVADOR!
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Nosotros también podemos recibir un “nuevo nombre” de Dios. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Apocalipsis 2:17).
LA LUCHA DE PABLO
Ahora consideremos la tercera lucha. Aunque Pablo era un gigante espiritual que escribió más libros inspirados de la Biblia que cualquier otro hombre, aún era un ser humano que luchaba como Ud. y yo. Escribió a los corintios: “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8 y 9). ¡El ministerio de Pablo, largo y fructífero, involucró una lucha constante!
Por favor, considere en oración estas palabras de Pablo: “Sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (Romanos 7:14-25).
Por favor, ¡no esté confundido o desanimado por la lucha de Pablo! ¡Pablo tiene “buenas nuevas” para los de nosotros que también luchamos! El versículo que sigue declara enfáticamente: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).
- “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del
pecado y de la muerte” (Romanos 8:2).
- “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios,
enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:3 y 4).
- “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del
Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5).
- “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y
paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:6-8).
- “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de
Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia” (Romanos 8:9 y 10).
- Por favor, tome el tiempo de leer Romanos 8:11-17, ya que se menciona el papel del Espíritu cinco veces más. ¡Es el Espíritu que nos ayuda a entender cómo no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús!
- ¡Sí! ¡Pablo luchó y sufrió en el servicio de Cristo! En resumen, dijo: “Pues tengo por
cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).
ES LA FE QUE NOS DA LA VICTORIA
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4 y 5).
Imaginemos que somos Josué y que Dios nos ha llamado para guiar a su pueblo en conquistar a Canaán. Por favor, lea con oración estas palabras de Dios para Josué: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa
este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces hará prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:1-9).
¡NOTE, POR FAVOR, QUE AUNQUE DIOS PROMETIÓ “DAR” A JOSUÉ TODO LUGAR EN QUE PISARA LA PLANTA DE SU PIE, JOSUÉ TUVO QUE “LUCHAR” POR TODO LO QUE RECIBIÓ!
Tomemos la conquista de Jericó como un ejemplo. El libro de Hebreos nos informa: “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días” (Hebreos 11:30).
¿Por qué rodearon los muros de Jericó por siete días? ¡La respuesta es obvia! ¡Jehová les mandó hacerlo! (Josué 6:2-5). Ya que Josué “creía” en Dios, hizo precisamente lo que Dios le dijo que hiciera. ¡Sí! Dios les “dio” la ciudad de Jericó, pero no recibieron ese regalo sin luchar!
Ahora la pregunta es: ¿Cree Ud. a Dios?
Si creemos a Dios, haremos lo que él nos manda hacer. ¡Es nuestra fe lo que nos empodera a seguir luchando y no desmayar hasta que recibamos una bendición! ¡Sí! ¡Nuestra fe nos dará la victoria que vence al mundo! “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”