LA LEY Y LA GRACIA
LA LEY Y LA GRACIA “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).
¡Qué sucinto! ¡Qué claro! ¡Qué sencillo! ¡Qué profundo! La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. ¡No olivide nunca la diferencia! Por supuesto, había leyes antes de Moisés. Por ejemplo, Abraham guardaba todos los preceptos, mandamientos, estatutos y leyes de Dios (Génesis 26:5). Sin embargo, no hay nada en las Escrituras en contra de la clara distinción que nos es dada en este texto. ¡No se distraiga! La ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. La diferencia dramática entre estos dos se ve claramente en muchos pasajes de las Escrituras. Un ejemplo obvio se ve en Juan 8:1-11. En este pasaje se nos dice que una mujer fue traída a Jesús por hombres quienes dijeron que ella fue sorpendida en el acto mismo de adulterio (Juan 8:4). La ley dada por medio de Moisés fue clara. “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). La pena por quebrantar esta ley también fue clara: “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (Levítico 20:10). Los acusadores de la mujer presentaron correctamente el caso. “Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” (Juan 8:5). ¿Está listo para la respuesta? Como el vino nuevo, es indescriptiblemente dulce. ¡Como el vino nuevo, los odres viejos no pueden contenerlo! La respuesta de gracia y verdad es tan revolucionaria, tan distinta a la ley que algunos tropezarán tratando de eludirla. Sin embargo, tenemos que prepararnos y enfrentar la realidad inescapable: que la ley y la gracia son polos opuestos. ¡La buena noticia es que podemos escoger entre las dos! Antes de considerar lo que Jesús dijo, por favor note que en este texto, la “ley” se distingüe de la “verdad”. La verdad vino por medio de Jesucristo, no la ley. De hecho, Jesucristo, quien es la verdad, fue crucificado según la ley. La ley trata de establecer la verdad, pero muy a menudo fracasa. Como Ud. sabe, aun el testimonio de dos o tres testigos no garantiza la verdad. El Señor Jesús mismo fue condenado por el testimonio de dos testigos, pero fueron testigos falsos (Mateo 26:60). Otra vez no se distraiga por la dicotomía simple de nuestro texto. La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Moisés y la ley están en un lado, y el Señor Jesús, la gracia y la verdad están en el otro. La gran brecha entre estas dos no se comprende fácilmente. De hecho, hay que nacer de nuevo para poder verla (Juan 3:3). La ley de Moisés dice que tal mujer debe morir, pero la gracia y la verdad la dejó vivir. Como Ud. sabe, al principio el Señor Jesús no dijo nada. Más bien, Él se agachó y comenzó a escribir en el polvo con Su dedo. Nadie sabe qué escribió. Algunos han sugerido que el Cristo omnisciente escribió los nombres de los hombres presentes quienes también habían cometido adulterio. Su deshonestidad fue obvia. La ley requería que “ambas” personas culpables morirían en el caso de adulterio, pero esos hipócritas solamente trajeron a la mujer. Mientras los discípulos de Moisés seguían interrogando a Jesús, Él se paró y dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7). Habiendo dicho eso, nuevamente se agachó y continuó escribiendo en el suelo. Entonces, los que oyeron empezaron a irse uno por uno, los ancianos
primero. Al final, sólo quedaron el Señor Jesús y la mujer. “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condena? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:10-11). ¡Qué hermoso! ¡Qué diferente! ¡Qué maravilloso! ¡Qué compasivo! Estemos todos agradecidos que mientras la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
EL USO CORRECTO DE LA LEY “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente” (1 Timoteo 1:8).
Nótese que mientras la ley fue “dada por medio de Moisés”, vino de Dios. Moisés preparó las tablas de piedra, pero la ley fue escrito con el dedo de Dios (Éxodo 31:18). Siendo que Dios es omnisciente, Él sabía perfectamente lo que estaba haciendo cuando escribió los Diez Mandamientos. Por eso, tiene que haber un uso correcto de la ley. Como Ud. sabe, Dios no escribió la ley para salvarnos, sino es como un ayo para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe (Gálatas 3:24). Jesús dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Esto en realidad es algo que dijo Moisés (Deuteronomio 8:3). Obviamente, estas palabras son inspiradas por Dios, y útil para enseñar, redargüir, corregir, e instruir en justicia (2 Timoteo 3:16). Moisés fue inspirado por Dios para escribir estas palabras. ¡Sin duda es importante que las estudiamos! Entonces, Pablo insiste que mientras algunos han aplicado la ley en una manera equivocada, aun hay un uso correcto de ella. Entonces Pablo continuó: “Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina” (1Timoteo 1:9 y 10). Dios dio la ley para las personas inconversas. Ellos tienen corazones que son engañosos y perversos (Jeremías17:9). Sin embargo, los cristianos han sido hecho “rectos” por la sangre del Señor Jesús, y consequentemente la ley no fue dada para ellos. ¡Son nuevas criaturas! Tienen nuevas maneras de pensar y corazones purificados (2 Corintios 5:17). Dios les ha quitado los corazones de piedra y les ha dado corazones de carne (Ezequiel 36:26). Dios ha puesto Su Espíritu dentro de ellos para hacerles caminar por Su camino. Por lo tanto, los cristianos no son “conformados” por la presión exterior de la ley, sino son “transformados” por el poder interior de Su Espíritu. (Romanos 12:2). Por esta razón Pablo afirma inequivocamente que la ley no fue dada para los justos, sino para los pecadores. La palabra bíblica traducida “transformado” es “metamorfosis”. En la misma manera que las orugas llegan a ser mariposas, los cristianos también llegan a ser nuevas criaturas. Orugas son feas y destructivas, pero las mariposas, no. Esta es una hermosa ilustración de conversión. Pablo lo dijo así: “El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4).
LAS REGULACIONES DE LA LEY SOLAMENTE TIENEN LA REPUTACIÓN DE SABIDURÍA “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Colosenses 2:23).
- “Regulaciones” tienen la apariencia de sabiduría. Superficialmente, “parecen” ser la solución para el comportamiento pecaminoso, pero no es así. Tienen solamente “la reputación de sabiduría”. Las regulaciones a que se refiere en el texto de arriba son: “No manejes, ni gustes, ni aun toques” (Colosenses 2:21). La ley proveía casi un sinnúmero de maneras de llegar a ser inmundo. Por favor, considere estas advertencias de Moisés: “ . . . la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido. O si tocare inmundicia de hombre, cualquiera inmundicia suya con que fuere inmundo, y no lo echare de ver, si después llegare a saberlo, será culpable” (Levítico 5:2 y 3). La palabra “inmundo” aparece más de 100 veces en el libro de Levítico y la naturaleza devastadora del problema es aumentado por el hecho de que por la ley, se podría llegar a ser inmundo sin saberlo. Por eso, el mandato de no manejar, ni gustar, ni aun tocar tenía sentido para los discípulos de Moisés. Sin embargo, Pablo dijo que estas regulaciones “no tenían valor alguno contra los apetitos de la carne”. ¡Pablo tenía razón! Suponga, por ejemplo, que le doy el mandato de no comer torta de chocolate. ¿Le ayuda eso a no comer torta de chocolate? Es probable que Ud. no estaba pensando en torta de chocolate antes, pero ahora sí. Ese mandato le ha causado pensar en la mismísima cosa que prohibe. Cuánto más predico contra torta de chocolate, más Ud. piensa en ella. Pablo aun dijo: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto” (Romanos 7:7 y 8). ¿No ve Ud. cuán seductiva es la ley? Parece ser una manera poderosa de controlar la vida del hombre, pero en realidad no tiene valor alguno contra los apetitos de la carne (Colosenses 2:23). De hecho, la ley aun provoca nuestra naturaleza pecaminosa. Por favor, ¡considere en oración estas Escrituras con respecto a la manera en que la ley habilita el pecado!
- “La ley se introdujo para que el pecado abundase” (Romanos 5:20).
- “Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte” (Romanos 7:5).
- “porque sin la ley el pecado está muerto” (Romanos 7:8).
- “El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Corintios 15:56) Por favor, recuerde que la ley no fue dada para salvar a nadie, sino la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe (Gálatas 3:24). Aun Moisés, por quien Dios dio la ley, sabía que ella no era eficaz para hacer recto al hombre. Él había visto el fracaso de la ley durante su propia vida, y sabía que los
fracasos aumentarían después de su muerte. Por favor, considere estas palabras de Moisés: “Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti. Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí que aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes a Jehová; ¿cuánto más después que yo haya muerto?” (Deuteronomio 31:26 y 27). ¡Alabado sea Dios! Lo que la ley no pudo hacer por su debilidad, Dios ha consumado por medio de la gracia y la verdad traído a nosotros por Jesucristo (Romanos 8:1-4). ¡La gente sensata obviamente prefiere la gracia y la verdad en vez de la ley de Moisés! Por eso, el apóstol Pablo acusó a los gálatas de ser insensatos.
LOS GÁLATAS INSENSATOS “¡O gálatas insensatos! ¿quién os fascinó? (Gálatas 3:1)
Hay por lo menos dos cosas que distinguen la carta de Pablo a los gálatas de sus otras escrituras. Primero, es la única carta escrita específicamente a un grupo de iglesias. Sus otras cartas fueron escritas a individuos como Timoteo, Tito, Filemón, etc., o a iglesias individuales como las de Corinto y Filipos. Sin embargo, esta carta es dirigida a “las iglesias de Galacia”, es decir, a todas las iglesias del país entero. Es la única carta escrita específicamente a un grupo de iglesias. En segundo lugar, es la única carta de Pablo que no dice nada bueno a los que la recibieron. Aun la congregación afligida en Corinto fue alabada porque ellos fueron enriquecidos y no les faltaba ningún don espiritual (1 Corintios 1:4-9). Sin embargo, ¡no tuvo ni una palabra buena para los gálatas! Pablo inició la carta con su saludo acostumbrado, entonces de inmediato los acusó de seguir un evangelio diferente. Escribió: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente” (Gálatas 1:6). Al leer la carta a los gálatas, es obvio qué fue su problema. Comenzaron con la gracia y la verdad y volvieron a la ley. ¡Qué insensato! Pablo escribió: “Esto solo quiero saber de vosotros. ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gálatas 3:2-5) El problema fue de veras serio. Los que trataban de ser justificados por la ley, habían roto con Cristo; habían caído de la gracia (Gálatas 5:4).
AUN MOISÉS FUE CONDENADO POR LA MISMÍSIMA LEY QUE PROCLAMÓ “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10).
Algunos sarcásticamente han dicho: “¿Cuál de los Diez Mandamientos propone Ud. quebrantar?” Detrás de esta pregunta es la creencia sincera que cualquiera que en realidad quiera, podría guardar los Diez Mandamientos. ¡Desgraciadamente, esto no es cierto! Aun Moisés, por medio de quien vinieron estos mandamientos, no los guardó. Por eso, Moisés fue prohibido a entrar a la tierra prometida.
- ¡Recuerde! Moisés tenía una relación única con Dios. Cuando María y Aarón lo criticaron, de inmediato Dios lo defendió y dijo: “Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?” (Números 12:6-8) Sin embargo, como ya hemos dicho, aun Moisés no guardaba la ley perfectamente y fue condenado por la mismísima ley que él entregó. He aquí la historia:
- Temprano, cuando andaban por el desierto, Dios mandó a Moisés que “golpeara” la peña para que de ella salieran aguas (Éxodo 17:6).
- Treintiocho años después, Dios mandó a Moisé que “hablara” a una peña para que de ella brotara agua (Números 20:8).
- Moisés desobedeció a Dios y “golpeó” la peña (Números 20:11).
- Por eso, Moisés fue condenado por su desobediencia y fue prohibido de entrar a la tierra prometida. ¡Nótese esta Escritura!: “Por cuanto no creísteis en mí, para sanctificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado” (Números 20:12). Las consecuencias de este acto de desobediencia eran tan graves que son repetidas vez tras vez en las Escrituras. (Véase Números 27:12-14: Deuteronomio 1:37, 3:26, 32:48-52, etc.) Mientras la desobediencia de Moisés podría aparecer insignificante a Ud., para Dios no fue insignificante. Recuerde, la misma naturaleza de la ley excluye a la gracia. He aquí algunos ejemplos del castigo por la ley que excluyó a la gracia:
- Cuando se dio la ley, los levitas fueron mandados a matar a sus hermanos, amigos y parientes y cayeron 3000 en aquel día (Éxodo 32:27 y 28).
- No se tendrá misericordia de los habitantes de Canaán (Deuteronomio 7:2, 16).
- El hombre que incita la adoración de dioses ajenos debería ser muerto sin misericordia (Deuteronomio 13:6-9).
- Los asesinos deberían ser muertos sin compadecerse de ellos (Deuteronomio 19:11-13).
- Si una mujer tocare los genitales de uno que no es su esposo, se le debería cortar la mano sin tener compasión de ella (Deuteronomio 25:11 y 12).
- “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente” (Hebreos 10:28).
- Etc. La ley sin misericordia podría “aparecer” fuerte, pero las Escrituras dicen que es “débil” e “inútil” (Hebreos 7:18). Sin embargo, tenemos motivo de creer que Moisés fue salvo. Recuerde que él apareció con Elías en el monte de la transfiguración (Lucas 9:28-31). Recuerde, también, que en el Cielo cantaremos el “cántico de Moisés” (Apocalipsis 15:3). Sin embargo, Moisés no fue salvo por la ley. Nadie puede ser salvo por la ley. “¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley” (Gálatas 3:21). ¡Moisés no fue salvo por la ley, sino como todos nosotros, fue salvo por la gracia y la verdad! Recuerde, el Señor Jesús también murió por los pecados cometidos bajo el pacto antiguo (Hebreos 9:15).
LA SINAGOGA Y LA IGLESIA “Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga. Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa, y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos 18:7 y 8).
- La diferencia dramática entre la ley y la gracia se ve también al comparar la sinagoga con la iglesia. Los judíos adoraban en las sinagogas y los cristianos adoraban en cualquier lugar. Cuando los judios de corinto se opusieron a Pablo y eran abusivos, él se fue a la casa al lado de la sinagoga y estableció una congregación en la casa de Justo. Así que tenemos otra ilustración tomada de la Biblia acerca de la diferencia dramática entre la ley y la gracia. La sinagoga y el lugar de reunión de la iglesia estaban juntos. La sinagoga de los judíos enfatizaba la ley, mientras la iglesia enfatizaba la gracia. La sinagoga enfatizaba amenazas, mientras la iglesia enfatizaba promesas. La sinagoga enfatizaba miedo, mientras la iglesia enfatizaba el amor. La sinagoga enfatizaba “conformación”, mientras la iglesia enfatizaba “transformación”. Para mostrar la ausencia de misericordia en la sinagoga, sólo tenemos que recordar que los azotes públicos fueron parte de la adoración de los judíos. El Senor Jesús advirtió a Sus discípulos que:
- “en sus sinagogas os azotarán” (Mateo 10:17).
- “y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en en ciudad” (Mateo 23:34).
- “Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán” (Marcos 13:9).
- “Pero antes de estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre” (Lucas 21:12).
- “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (Juan 16:2). Pablo mismo torturaba a los cristianos en las sinagogas. Él dijo:
- “Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en tí” (Hechos 22:19).
- “Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hechos 26:11).
- Aun allí en Corinto, los judíos azotaron al principal de la sinagoga: “Entonces todos los griegos apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga, le golpeaban delante del tribunal; pero a Galión nada se le daba de ello” (Hechos 18:17). Todos los azotes no lograron nada. De hecho, la Biblia dice que la ley era “débil” para cambiar nuestras vidas (Romanos 8:3). El concepto entero de la ley no fue diseñado para que el hombre sea justificado, sino fue diseñado para hacerle “culpable” (Romanos 3:20). Así que después de 1500 años de ley, la gente era en realidad más pecaminosa que al principio de la ley. El Señor Jesús dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15). Aunque la ley no justificó al hombre, sí, lo hizo hipócrita. Cuando la ley fue dada, el pueblo se desenfrenó y tuvo una orgía ante un becerro de
oro. 1500 años más tarde el pueblo había aprendido esconder su naturaleza pecaminosa detrás de una fachada santurrona. Jesús dijo que eran como sepulcros blanqueados que por fuera se muestran hermosas, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia (Mateo 23:27). Aarón, el primer sumo sacerdote, era un pecador, pero no tan hipócrita como Anás y Caifás. Usted recuerda que ellos eran sumos sacerdotes durante los días del Señor Jesús. Nótese qué dicen las Escrituras acerca de estos líderes judíos: “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte” (Mateo 26:59). Entonces la iglesia de Corinto, con todos sus problemas, aun fue mucho mejor que la sinagoga. En la sinagoga gritaban del dolor de los azotes. En la iglesia, cantaban acerca de la salvación por gracia. Por favor, considere estas palabras inspiradas de Pablo a la iglesia de Corinto: “Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:4-9).
AGAR Y SARA “Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos” (Gálatas 4:24).
En las Escrituras se emplea también a Agar y Sara para ayudarnos a entender la diferencia entre la ley y la gracia. Agar era una esclava y representaba el pacto de la ley que puso a la gente en esclavitud. Sara estaba libre, y representa la libertad provista por el pacto de la gracia y la verdad. Estas dos mujeres y sus hijos son una “alegoría” de los dos pactos (Gálatas 4:24). La palabra griega traducida “alegoría” es “allegoreo”. “Allos” quiere decir “otro” y “agoreuo” quiere decir “hablar en una asamblea”. Una alegoría es una herramienta de enseñanza que describe una cosa bajo la imagen de otra cosa. Al entender la diferencia entre Ismael e Isaac, nos damos cuenta de la diferencia entre el antiguo pacto y el nuevo pacto. Ismael e Isaac eran hermanastros. Tenían el mismo padre pero madres diferentes. Eran muy parecidos en muchos aspectos. Abraham los engendró cuando era ya viejo. Dios habló a las dos madres y profetizó acerca del futuro de los dos hijos. Los dos hijos fueron circuncidados. Ambos llegaron a ser naciones grandes. Ambos vivían en la misma área del mundo. Ambos ayudaron a sepultar a su padre. Debido a que ambos tenían el mismo padre, es muy posible que tenían aspectos similares. También podemos asumir que ambos llevaban el mismo tipo de ropa, comían el mismo tipo de comida, y que tenían el mismo modo de vivir. Al verlos de lejos, sería fácil confundir uno con el otro. Pueda que estos hermanos parecían muy similares pero eran radicalmente distintos. La palabra “radical” viene de la palabra latina “radix” que quiere decir “raíz”. Entonces estos hermanos eran radicalmente diferentes como la esclavitud y la libertad.
El judaísmo y el cristianismo también son similares en muchas maneras superficiales. Las dos, la sinagoga y la iglesia, estaban involucradas en actividades similares. Ambas se juntaron cada semana y estudiaron las Escrituras. Ambas eran evangelísticas. Ambas bautizaron a sus conversos por inmersión. Ambas cantaban Salmos. Ambas rechazaban a los ídolos paganos. Ambas tenían normas nobles en cuanto a la conducta moral. Ambas ponían énfasis en la importancia de la oración. Ambas tenían ancianos y diáconos. Sin embargo, estos dos grupos, igual a Ismael e Isaac, eran radicalmente diferentes. La sinagoga judía fue basada en el antiguo pacto y la ley mientras la iglesia fue basada en la gracia y la verdad. Mientras un grupo estaba dando azotes a personas perversas, el otro grupo estaba dando gracia y perdón a las personas perversas. Antes del nacimiento de Ismael, el ángel de Jehová dijo a Agar: “Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará” (Génesis 16:12). Cada tribunal de la ley está lleno de argumentos y hostilidad. Esto es la naturaleza misma de la ley. Por eso, Ismael viviría en hostilidad hacia todos sus hermanos. Él y su madre representaban la ley. Por ejemplo, note el mandamiento de la ley que dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Parece fácil, pero no lo es. Esta ley plantea la pregunta obvia: ¿Qué es trabajar? Algunos dicen que llevar una carga en el día de reposo es trabajar, pero esto sólo plantea otra pregunta: ¿Qué es una carga? La ley de las escribas definió una carga como “comida que pesa igual a un hígo seco, suficiente vino para mezclar en una copa, suficiente leche para un trago, suficiente miel para ponerla en una herida, suficiente aceite para ungir a un miembro pequeño, suficiente agua para humedecer una pomada para los ojos, suficiente papel para escribir una nota a la aduana, suficiente tinta para escribir dos letras del alfabeto, suficiente caña para hacer una pluma” etc. y etc. Entonces los maestros de la ley pasaron muchísimas horas debatiendo el sentido del pacto antiguo y la gente no sabía precisamente a qué rabí seguir. Los procedimientos simples como mover una lámpara, coser un vestido, ponerse una peluca, ponerse dentaduras postizas, levantar a un niño, llegaron a ser el punto focal de debate, polémica, y division. Lo que está escrito en piedra nunca cambia. Sin embargo, nuestro entendimiento sí cambia. Por consiguiente, nuestro entendimiento de la ley está en un estado de cambio contínuo. Los seres humanos raramente están en el mismo nivel de conocimiento y entendimiento. Aun a veces descubrimos nueva información que nos obliga a abandonar posiciones previas en las cuales antes teníamos confianza. Esta es una razón por qué el antiguo pacto, escrito en piedra, será siempre polémico. Sara e Isaac son muy diferentes y son una alegoría del nuevo pacto. Repasemos brevemente su historia. Trece años después del nacimiento de Ismael, Dios apareció otra vez a Abram y renovó Sus promesas. Esta vez las promesas fueron dadas en relación con el pacto de la circuncisión, y el cambio de los nombres. Abram (padre exaltado) fue dado el nombre Abraham (padre de multitudes). Sarai (Jehová es Príncipe) fue dada el nombre Sara (princesa). La esencia misma del nacimiento de Isaac involucró lo sobrenatural. Desde el punto de vista humano, Sara no pudo concebir. A Sara, le había cesado ya la costumbre de las mujeres (Génesis 18:11). Ella “dio a luz aun fuera del tiempo de la edad” (Hebreos 11:11). Ella tenía una matriz estéril (Romanos 4:19). Ella había querido tener un bebé todos los años que estaba casada, y había fallado. La idea misma que podía concebir, después de la menopausia, fue ridícula. Como Ud. sabe, esta idea no vino del hombre, sino de Dios.
El nombre Isaac quiere decir “risa”. Abraham se rió de la idea del nacimiento de Isaac (Génesis 17:17), y se rió tambíen Sara (Génesis 18:12). Isaac debe haberse reído también cuando heredó todo lo que Ismael había esperado. Ya hemos señalado que cuando Abraham murió, dio todos sus bienes a Isaac (Génesis 25:5). El hijo de la esclava no fue un heredero con el hijo de la mujer libre (Gálatas 4:30). Como Ud. ya sabe, así es con el cristianismo. Nuestra herencia es como la de Isaac. Es a la vez milagrosa e inmerecida. Mientras Ismael discutía y se quejaba, Isaac se rió. Esta es de veras una alegoría conmovedora de los dos pactos. DIOS ENCONTRÓ DEFECTOS EN EL PACTO DE LA LEY “Porque si aquel primero había sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo” (Hebreos 8:7).
Como ya hemos señalado, las leyes fueron escritas en piedra y no hicieron rectos a los hombres. De hecho, Pablo escribió a los Corintios que la ley era el poder del pecado (1 Corintios 15:56). Por consiguiente, Dios decidió escribir un nuevo pacto. Esta vez el pacto no sería escrito en tablas de piedra, ni en hojas de papel, sino en las mentes y los corazones de los creyentes. Por favor, considere: “He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá, un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Hebreos 8:8-13).
EL NUEVO NACIMIENTO Y EL NUEVO PACTO “Respondió Jesus y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).
En el tercer día Dios crió la hierba verde que se reproduce por medio de la semilla (Génesis 1:11). Cada semilla se reproduce según su género. Semilla de manzanas produce manzanas, semilla de peras produce peras, etc. Aun la vida de los seres humanos proviene de semilla. Es a la vez interesante y significativo notar que la primera vez que se menciona al Señor Jesús en las Escrituras, Él es descrito como la “simiente” de la mujer (Génesis 3:15). Cada semilla tiene un código genético específico que produce una forma de vida específica. Por eso, el Señor Jesús dijo a Nicodemo que tenía que nacer de nuevo (Juan 3:1-8). Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Juan 3:6). Si Nicodemo quisiera vida espiritual, tuviera que recibirla de una semilla espiritual. ¡Así es con nosotros! No es una opción, si queremos entrar en el reino de Dios, TENEMOS QUE NACER DE NUEVO. Nuestro nacimiento físico provino de una semilla física que contenía el “ácido
- desoxirribonucleico” o el ADN de nuestros padres. Nuestro nacimiento espiritual nos da el ADN de nuestro Padre espiritual. Nuestros cuerpos físicos morirán, pero espirtualmente, podemos vivir eternamente. Pedro hizo recordar a sus lectores que los cristianos son “renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Esta semilla espiritual pone dentro de nosotros la naturaleza de Dios. Así como la semilla física nos dio la “imagen” de nuestro padre terrenal, la conversión nos da la “imagen” de nuestro Padre celestial (1 Corintios 15:49). El reino de Dios es espiritual; por eso, no puede ser heredado por carne y sangre. Aunque el producto de renacer es espiritual, es muy real. De hecho, los cristianos aun son llamados “nuevas criaturas” en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17). Si Dios ha escrito Sus leyes en sus mentes y sus corazones, la transformación de sus vidas será obvia. He aquí, algunas de las maneras en que el apóstol Juan describe a los que son “nacidos de nuevo”:
- “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él” (1 Juan 2:29).
- “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido d e Dios” (1 Juan 3:9).
- Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Juan 4:7).
- Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él (1 Juan 5:1).
- Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).
- “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda y el maligno no le toca” (1 Juan 5:18). Juan, el apóstol, quien escribió estas palabras inspiradas, es el mismo hombre quien escribió que la ley fue dada por medio de Moisés, mas la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
UN SACERDOTE MISERICORDIOSO “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (Hebreos 2:17).
Los sacerdotes bajo la ley de Moisés estaban prohibidos a mostrar misericordia. Recuerde que los que violaron la ley de Moisés murieron irrremisiblemente (Hebreos 10:28). Sin embargo, los que se acercan al trono de gracia alcanzan misericordia y hallan gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). Moisés provino de la tribu de Leví (Éxodo 2:1). Aun antes de que la ley fue dada, Leví no mostró misericordia al matar a todos los varones de la ciudad de Siquem (Génesis 34:25). Cuando la ley fue dada, eran los levitas quienes mataron a 3,000 hermanos, amigos, y parientes (Éxodo 32:27 y 28). Uno de los desempeños mayores de un sacerdote bajo la ley de Moisés fue matar los animales y aves sacrificiales. El número normal de sacrificios fue grandemente superado en las ocasiones especiales.
- Por ejemplo, cuando Salomón dedicó el templo los sacerdotes mosaicos mataron 22,000 bueyes y 120,000 ovejas (1 Reyes 8:63). Es fácil ver como un sacerdote quien constantemente mataba animales y aves inocentes, pudiera hacerse insensible y despiadado. Sin embargo, el Señor Jesús es un sacerdote distinto. Él es un sumo sacerdote piadoso. Como Ud. ya sabe, Él no podía ser un sacerdote bajo la ley de Moisés, porque no vino de la tribu de Leví (Hebreos 7:14). Sin embargo, repetidamente las Escrituras nos dicen que Jesús es un sacerdote según el orden de Melquisedec (Salmo 110:4; Hebreos 5:6, 10; 6:20; 7:11, 15, 17, 21). Por favor, considere:
- No hay mención alguna en las Escrituras de que Melquisedec hiciera sacrificios de sangre. Jesús tampoco hizo sacrificios animales. La única sangre que Él derramó era Su propia sangre.
- Los sacerdotes bajo la ley de Moisés murieron, pero porque Jesús permanece para siempre, Él tiene un sacerdocio inmutable (Hebreos 7:24).
- Los sacerdotes bajo la ley de Moisés eran pecadores. Por eso, primero tuvieron que hacer sacrificios para ellos mismos, y después por los pecados del pueblo (Hebreos 9:7). Jesús fue distinto de estos sacerdotes porque estaba sin pecado (Hebreos 7:26).
- Debido a que Leví dio diezmos a Melquisedec, por medio de su antepasado Abraham, las Escrituras concluyen que el sacerdocio de Melquisedec era superior al de Leví (Hebreos 7:4-10).
UN DÍA DE GRACIA O CADA DÍA DE GRACIA Como ya hemos dicho, bajo la ley de Moisés, había muchas maneras en que una persona podía llegar a ser inmunda. Por favor, considere: “Asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido” (Levítico 5:2). “La persona que tocare alguna cosa inmunda, inmundicia de hombre, o animal inmundo, o cualquier abominación inmunda, y comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de entre su pueblo” (Levítico 7:21). “Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando tuviera flujo de semen, será inmundo” (Levítico 15:2). Los versículos que siguen enseñan que cualquier cosa que este hombre inmundo tocara, también sería inmunda. Esto incluía su cama, silla, silla de montar, vasija de barro, etc. Obviamente, un judío devoto pudiera tocar algo inmundo y llegar a ser inmundo, aun sin saberlo. En la ley de Moisés, hay muchos versículos más que describen cómo una persona involuntariamente pudiera llegar a ser inmundo. Por eso, el judío devoto vivía una vida de temor e incertidumbre. SIN EMBARGO, ¡HUBO UN DÍA DE CADA AÑO CUANDO CADA JUDÍO PUDO TENER CONFIANZA CON RESPECTO A SU RELACIÓN CON DIOS! ¡ESE DÍA ERA EL DÍA DE EXPIACIÓN¡ La confianza judía vino en el día de expiación, no por lo que hizo la persona, sino por lo que hizo el sumo sacerdote. En aquel día el sumo sacerdote entró en la presen- cia de Dios para hacer sacrificios expiatorios por sí mismo y por los pecados del pueblo. En el día de expiación, el sumo sacerdote estaba ocupado ministrando todo el día. He aquí un breve resumen de lo que el sumo sacerdote hizo en el día de expiación. La fuente principal para esta información es Levítico 16:
- Se lavó.
- Se vestió la túnica santa de lino.
- Ofreció o presentó a la puerta del tabernáculo un becerro de expiación para sí mismo y su casa.
- En el mismo sitio, presentó 2 machos cabríos como expiación por la congregación.
- Echó suertes sobre los dos machos cabríos. Uno de los cabríos iba a ser sacrificado y el otro soltado en el desierto.
- Sacrificó el becerro.
- Pasó del patio por el lugar santo y hasta el lugar santísimo con un incensario y se llenó el lugar con una nube de perfume.
- Volvió al patio para sangre del becerro y otra vez pasó por el velo para rociar la sangre en el propiciatorio y 7 veces ante él.
- Regresó al patio y mató al macho cabrío sobre el cual la suerte había caído.
- Por tercera vez, regresó al lugar santísimo e hizo lo mismo con la sangre del macho cabrío que había hecho con la sangre del becerro.
- Purificó la parte exterior del sanctuario al esparcir la sangre y puso parte de ella sobre los cuernos del altar de incienso (Éxodo 30:10).
- Regresó al patio y puso la sangre del becerro y macho cabrío sobre los cuernos del altar del holocausto y la roció siete veces.
- Ofreció a Dios el macho cabrío que se quedó, puso sus manos sobre él, y confesó los pecados del pueblo.
- Dio el macho cabrío a un hombre para llevarlo al borde del desierto y soltarlo.
- Se lavó y se quitó los vestidos de lino y se puso los vestidos usuales de un sumo sacerdote.
- Sacrificó dos machos cabríos como holocausto para sí mismo y el pueblo.
- Quemó la grosura del holocausto sobre el altar.
- Y aseguró que los restos de la ofrenda de expiación fueron llevados fuera del campamento para quemarlos. Obviamente, el sumo sacerdote estaba ocupado todo el día. Los que sabían lo que él hacía, estaban llenos de confianza. Su sumo sacerdote ministraba en la presencia de Dios para ellos. Sus pecados fueron perdonados por sus acciones. En otros días no estarían tan ciertos de su salvación, pero en este día tenían razón de tener confianza. Desgraciadamente, este bendito período de gracia y confianza duró sólo un día. Aunque la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesús. Por favor, considere:
- “Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene u n sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a l o s que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por e l l o s ” (Hebreos 7:23-25).
- Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de mano, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, s i n o por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar S a n t í s i m o , habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:11 y 12).
- Esto quiere decir que no somos solamente salvos por la muerte de Cristo, sino somos también salvos por su vida (Romanos 5:10). Mientras el sumo sacerdote intercedió por el pueblo un día del año, Cristo vive eternamente para interceder p o r nosotros todos los días del año.
- “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los n u e s t r o s , sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1 y 2).
- ESCUCHE A JESÚS Moisés y Elías aparecieron en el monte de la transfiguración y conversaron con Jesús. Pedro estaba allí y quería construir tres enramadas, una para el Señor Jesús, otra para Moisés, y otra para Elías. ¡Pedro se equivocó! Dios una vez hablaba a Su pueblo por medio de los profetas, pero ahora les habla por medio del Señor Jesús (Hebreos 1:1). Por tanto, Dios le interrumpió a Pedro y le habló con una voz del Cielo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5). ¡Usted puede escoger! ¡Puede escuchar a Jesús! ¿Qué sencillo! ¡Qué profundo! ¡Qué maravilloso! ¡Qué libertador! Qué tan gozosos debemos estar al escuchar al Señor Jesús en vez de Moisés y los profetas. Recuerde, el Señor actualmente cumple la ley. ¡El Señor Jesús realmente hace claro el mensaje que Dios dio a Moisés y a los profetas! Entonces, cuando esté usted confundido y no sabe qué hacer, ¡escuche al Señor Jesús! Cuando esté usted atrapado por sus propios pecados, y no sabe a quién acudir, ¡escuche al Señor Jesús! Cuando esté usted desanimado y al punto de darse por vencido, escuche al Señor Jesús. ¡NUNCA LAMENTARÁ HABER ESCUCHADO AL SEÑOR JESÚS!
- El Señor Jesus es Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16).
- Todo el juicio ha sido dado al Hijo (Juan 5:22).
- Además, seremos juzgados en el día postrero por la Palabra que el Señor Jesús ha hablado (Juan 12:48).
- Es por el Senor Jesús que podemos ir confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16).
- El Señor Jesús es nuestro sumo sacerdote inmutable y vive para siempre para interceder por nosotros (Hebreos 7:25).
- El Señor Jesús ha prometido que cualquiera que le confesara en la tierra, Él también le confesará delante de Su Padre que está en los cielos (Mateo 10:32).
- El Señor Jesús ha prometido que cualquiera que el Padre le da, Él no lo echará fuera (Juan 6:37).
- ¡ESCUCHE AL SEÑOR JESÚS! ¡SU AMABLE INVITACIÓN NO PODRÍA SER MÁS CLARA!
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mí yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mateo 11:28-30).
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