Boyce Mouton
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LA LEY Y EL AMOR

Boyce Mouton · 9 pages · 3,602 words

LA LEY Y EL AMOR

“Si el siervo dijere: Yo amo a mí señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre” (Éxodo 21:5 y 6).

  • Éxodo 20:1-17 enumera los diez mandamientos. ¡Fueron escritos en piedra y

obediencia a la ley fue mantenido por la fuerza!

  • De hecho, 3,000 personas murieron al pie del monte Sinaí por violar los diez

mandamientos (Éxodo 32:25-29).

  • Éxodo 21:1-6, describe dos tipos de siervos. Un siervo estaba bajo la ley y el otro

estaba bajo el amor. En esa ocasión, el amor era más exigente que la ley.

  • El siervo que estaba bajo la ley fue requerido servir a su señor por solamente seis

años y entonces debía ser librado: “Estas son las leyes que les propondrás. Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; más al séptimo saldrá libre, de balde” (Éxodo 21:1 y 2). Levítico 25:39-43 explica por qué algunos hombres se vendieron como esclavos.

  • Contra toda sabiduría humana, el amor, como ya hemos dicho, es más unificador

y exigente que la ley. ¡El siervo por amor, no quiere salir libre! Él quiere servir a su señor por toda su vida. Públicamente ante el juez declara su amor por su señor y tiene su oreja horada como señal de su amor. ¡Esto era una señal pública y permanente de su compromiso!

  • ¡Esta historia ilustra el reino de Cristo! El Señor Jesús dijo: “Si me amáis,

guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). El amor nunca deja de ser y permanece para siempre (1 Corintios 13:8-10).

  • ¡Es importante recordar que el reino de Cristo se basa en el amor, no en la ley!

EL SERMÓN DEL MONTE

El sermón del monte se encuentra en Mateo, capítulos 5 – 7. He aquí algunas comparaciones que el Señor Jesús hizo entre la ley y el amor. En cada uno el amor es más exigente.

  • El Señor enseñó que si nuestra justicia no fuera mayor que la de los fariseos y de

los maestros de la ley, ciertamente no entraríamos en el reino de los cielos (Mateo 5:20).

  • La ley dice: “No matarás”. El Señor Jesús dijo: “Cualquiera que se enoje contra su

hermano, será culpable de juicio” (Mateo 5:22).

  • El Señor Jesús dijo que cualquiera que diga: Necio a su hermano, será culpable

ante el concilio, y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego (Mateo 5:22).

  • El Señor Jesús enseñó que estar reconciliado con nuestro hermano es más

importante que presentar una ofrenda (Mateo 5:23 y 24).

  • La ley dice: “No cometerás adulterio”. Pero el Señor Jesús dice: “Yo os digo que

cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27 y 28).

  • El Señor Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por

diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:38-48).

  • El Señor Jesús resumió sus enseñanzas al decir: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12).
  • ¡NOTE LOS DOS VERSÍCULOS QUE SIGUEN! “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13 y 14).

EL AMOR ES UNA PUERTA ESTRECHA

Por favor, ¡considere que la puerta estrecha que lleva a la vida es el mandamiento que nos manda a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos! La palabra “estrecha” se deriva de la palabra griega stenos que viene de la palabra raíz que significa “gemir”. En la parábola acerca del buen samaritano, el sacerdote y el levita pasaron por el otro lado del camino y rehusaron ayudar al hombre que había sido herido por los ladrones (Lucas 10:30-37). Si el sacerdote y el levita hubieran sido dejados desnudos, golpeados y casi muertos, hubieran querido que alguien les ayudaran,. pero no amaron al extraño como se amaron a sí mismos. Pero el buen samaritano amó al extraño y se atrevió involucrarse. Se apiadó del hombre y arriesgó ser inmundo al vendar sus heridas, después de ungirles con aceite y vino. Puso al hombre herido en su propia cabalgadura y lo llevó a un mesón. También dejó dinero con el mesonero y prometió regresar y pagar cualquier otro gasto. El Señor Jesús mando: “Ve, y haz tú lo mismo”.

La historia del hombre rico y Lázaro se encuentra en Lucas 16:19-31. Lázaro era un mendigo enfermo que fue puesto a la puerta del hombre rico cada día, esperando comer lo que caía de la mesa del rico. Aparentemente, el hombre rico se había rehusado a ayudar a Lázaro y terminó en el infierno. “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:17 y 18).

Pablo lo expresó de esta manera a los romanos: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:8-10).

Y dijo a los gálatas: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:13 y 14).

Santiago escribió: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis” (Santiago 2:8).

JOB

Hay muchos que creen que el libro de Job fue el primer libro de la Biblia. Sabemos con certeza que es un libro muy antiguo. Sabemos que: “Hubo en tierra de

Uz un varón llamado Job, y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1).

También sabemos que Job era un hombre que ayudaba a los necesitados “Los oídos que me oían que me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían daban testimonio, porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí, y al corazón de la viuda yo daba alegría. Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia; y quebrantaba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía soltar la presa” (Job 29:11-17).

Este pasaje nos recuerda el gran juicio: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en tu trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderá diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:31-40).

El amor es un tema central a través de la Biblia: “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:11-15).

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha

conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:7-12).

EL REINO DEL CIELO

Después de comer la “última cena” con sus discípulos, el Señor Jesús predijo que uno de ellos lo traicionaría. “Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto. Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:23-30).

Cuando nació el Señor Jesús, Augusto César reinaba en todo el mundo. Recuerde que José y María fueron a Belén porque: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad” (Lucas 2:1-3). Fueron obligados a cumplir por lealtad a César con crueldad, sin misericordia. Por ejemplo nuestra palabra “diezmar” viene de la práctica del ejército romano de matar uno de cada diez de sus propios soldados cuando el ejército se portaba como cobardes y fracasaron en su misión. Un cohorte fue compuesto por aproximadamente 480 soldados. Cuando fueron seleccionados para ser castigados por diezmar, fueron divididos en grupos de diez. Cada grupo sacó pajillas y el soldado que sacó la pajilla más corta fue ejecutado por sus nueve compañeros al ser apedreado, paleado, o por espada. Los soldados restantes fueron dados menos alimentos y fueron requeridos a dormir fuera del grupo hasta que su comandante les invitara a reunirse con el grupo.

¡Al contrario, el Señor Jesús nunca forzó a nadie que le siga! ¡Cuando muchos volvieron atrás, y ya no siguieron al Señor Jesús, él preguntó a los doce si ellos también

querían dejarlo! (Juan 6:66-69). Los apóstoles le siguieron porque fueron constreñidos por el amor de Cristo (2 Corintios 5:14).

Se cita a Napoleón Bonaparte diciendo: Alejandro, César, Carlomagno, y yo hemos fundado imperios, pero ¿sobre qué están fundadas las creaciones de nuestro genio? Sobre la fuerza. Jesucristo fundó su imperio sobre el amor; y en esta época, millones de hombres morirían por él.

  • ¡Los reyes terrenales muy a menudo se interesan más en su propio poder que en

el pueblo!

  • Por ejemplo cuando Roboam llegó a ser el rey, no quería servir al pueblo, sino

que quería que el pueblo le sirviera a él. Él amenazó: “El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, más yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, más yo os castigaré con escorpiones” (1 Reyes 12:10 y 11).

  • Recuerde que el rey Acab mató a un hombre pobre que se llamaba Nabot para

que pudiera confiscar su viña (1 Reyes 21:1-16). Tal comportamiento es demasiado común entre los reinos terrenales.

  • Como sabemos, el Señor Jesús era un rey distinto. ¡Su reino fue fundado sobre el

amor! Él lavó los pies de sus discípulos y estaba entre ellos como uno que sirve.

  • Saúl era un rey malo e hizo lo que Dios advirtió al pueblo que haría. Pensaba más

en sí mismo que en su pueblo. Esa es una razón por qué Dios finalmente lo rechazó (1 Samuel 13:13 y 14).

  • ¡Los pecados de Saúl fueron muchos! Cuando su hijo Jonatán dio a Israel una

gran victoria sobre los filisteos, su orgullo lo causó querer que su propio hijo fuera matado. Afortunadamente, los hombres de Israel rescataron a Jonatán de la locura de su propio padre (1 Samuel 14:44 y 45).

  • Cuando Saúl desobedeció a Dios en la batalla contra los amalecitas, fue tan

egoísta que en vez de dar la gloria a Dios, construyó un monumento en su propio honor (1 Samuel 15:12).

  • Después de que David salvó a Israel al matar a Goliat, Saúl estaba tan celoso que

trató de matarlo (1 Samuel 18:8-10).

  • Cuando Saúl perdió comunicación con Dios, buscó consejo de una adivina (1

Samuel 28:4-19).

  • Cuando Saúl fue herido mortalmente, suicidó echándose sobre su propia espada

(1 Samuel 31:4).

  • ¡Saúl era un rey malo!
  • “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra” (Proverbios 29:2).
  • Repetimos: ¡El amor es más poderoso que la ley!
  • “El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:8).

EL ESPÍRITU SANTO Y EL AMOR

El Señor Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34 y 35).

Pero el mandamiento de amar no es nuevo. Deuteronomio 6:5 nos manda: “Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Levítico 19:18 nos manda: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

No obstante, el Señor Jesús dio un “nuevo” mandamiento con respecto al amor. ¡Él Señor Jesús nos mandó a amarnos el uno al otro de la misma manera que él ama! ¡Esto es imposible para un ser humano! Este tipo de amor requiere el Espíritu Santo. Por eso el Señor Jesús mandó a sus apóstoles a permanecer en Jerusalén hasta que recibieran el Espíritu Santo. “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:4 y 5). “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Los apóstoles habían estado con el Señor Jesús por tres años. Habían escuchado sus enseñanzas acerca del amor, pero no tenían el poder para ponerlas en práct1ca. No solamente no amaron a sus enemigos, sino no se amaron los unos a los otros. Por meses habían estado discutiendo sobre cuál de ellos era el mayor. Cuando Jacobo y Juan buscaron posiciones especiales a la derecha y a la izquierda del Señor Jesús, ni amaron el uno al otro. Su petición causó indignación a los otros 10 apóstoles (Marcos 10:35- 45). Todo esto cambió cuando el Espíritu Santo vino, porque: “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22 y 23). Los judíos

persiguieron a Pablo durante todo su ministerio para Cristo, y aún Pablo escribió: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:1-4).

HAGA AL AMOR UNA PRIORIDAD

Todos los mandamientos de Dios son importantes, pero algunos son más importantes que otros. Según la tradición judía, hay 613 mandamientos en la Tora. Los judíos estaban divididos en varias sectas, como los fariseos y los saduceos, con respecto a cuál de estos mandamientos era el más importante. Esperando dividir a los seguidores del Señor Jesús, los fariseos le preguntaron: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36).

Todos los mandamientos de Dios son importantes, pero no todos son igualmente importantes.

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40).

¡Note que los dos mandamientos más importantes en la Biblia involucran el amor!

La iglesia en Corinto no faltaba ningún don espiritual (1 Corintios 1:7). Todos sus dones espirituales eran importantes, pero el amor era el más importante. Por favor, considere: “Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aún más excelente. Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la

ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño; pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte: pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 12:31—13:13).