LA LEY Y EL AMOR
LA LEY Y EL AMOR por Boyce Mouton
“Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas (Mateo 22:35-40).
¡Nada podría estar más claro! Los dos mandamientos más grandes de la Ley se relacionaban con el amor. Habían Diez Mandamientos escritos en tablas de piedra y más de 600 otros mandamientos en la ley mosaica. Sin embargo, Jesús dijo que “de estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”.
- 1 El primer mandamiento es amar a Dios en la manera apropiada. Dios es un Dios celoso y no se le debe trivializar. Debemos amarlo a Él totalmente con todo aspecto de nuestro ser.
- 2 El segundo mandamiento es semejante. También se relaciona con el amor. Sin embargo, esta vez debemos amar a nuestro prójimo como amamos a nosotros mismos.
Jesús continuó: ¡DE ESTOS DOS MANDAMIENTOS DEPENDE TODA LA LEY Y LOS PROFETAS!
¡Note! No hay una tercera prioridad. ¡Estos dos mandamientos incluyen todo! El significado de estos dos mandamientos no puede ser enfatizado demasiado. Dios nos recordará de estos dos mandamientos cuando estemos ante Él en el juicio porque Jesús dijo que las palabras que Él había hablado nos juzgarán en el día final (Juan 12:48).
Para ver estos dos mandamientos en su perspectiva correcta, por favor, considere lo siguiente:
- VERDAD
- 1 DIOS NO CAMBIA
P “Porque yo Jehová no cambio” (Malaquías 3:6).
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“Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta” (Números 23:19).
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“Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta” (1 Samuel 15:29).
P “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).
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“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).
- VERDAD
- 2 LOS PLANES DE DIOS NO HAN CAMBIADO
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“Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Corintios 2:7).
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“y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en lugares celestiales conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:9-11).
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“ . . . la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9).
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“en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2).
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“sabiendo que fuisteis rescatados de nuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18- 20).
CONCLUSIÓN
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Como Dios no cambia y los planes de Dios no cambian, Dios siempre ha querido la misma cosa.
“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano” (1 Juan 3:11-12).
La necesidad de amar no es sólo una doctrina cristiana. Comenzó antes de la Ley de Moisés, en el mismo principio de la creación. Caín trató de amar a Dios. Por lo menos, trajo una ofrenda al Señor. No obstante, era obvio que no amaba a su hermano porque lo asesinó. Por inspiración divina, el apóstol Juan dijo que es imposible amar a Dios sin amar a su hermano. “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso” (1 Juan 4:20).
¡NO IMPORTA CUÁNDO NACIÓ O DÓNDE HA VIVIDO, DIOS SIEMPRE HA QUERIDO LA MISMA COSA! ÉL QUIERE QUE LE AMEMOS CON TODO NUESTRO CORAZÓN, NUESTRA MENTE, NUESTRA ALMA, Y NUESTRA FUERZA. TAMBIÉN ÉL QUIERE QUE AMEMOS A NUESTROS PRÓJIMOS EN LA MISMA MANERA QUE AMAMOS A NOSOTROS MISMOS.
Este criterio universal será recordado en el juicio. No seremos juzgados a base de una tecnicalidad religiosa, sino por la manera en que hemos demostrado el amor. El amor exige que proveeremos todo lo que necesiten los hambrientos, sedientos, forasteros, enfermos, necesitados de ropa, y los encarcelados. Según esta norma, seremos juzgados (Mateo 25:34-40). Esto no es nada nuevo. Cómo escribió Juan, este es el mismo mensaje que hemos oído desde el principio. El libro de Job es muy antiguo. Algunos piensan que fue escrito antes de los libros de Moisés. Note cómo el amor de Job lo preparó para el juicio. Job rescató a los pobres, a los huérfanos, a los abandonados, a los que se morían, a las viudas, a los ciegos, a los cojos, y a los necesitados (véase Job 29:7-17). Esto fue el mismo mensaje de la Ley de Moisés (Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18). Este es el mismo mensaje dado por el profeta Isaías unos 700 años antes del nacimiento de Jesús (Isaías 58:6-7). Mientras los mandamientos hayan sido distintos, el propósito de los mandamientos siempre ha sido el mismo.
EL PROPÓSITO DE LOS MANDAMIENTOS DE DIOS
“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Timoteo 1:5).
Durante el transcurso de la historia de la humanidad, Dios ha dado muchos distintos mandamientos a Su pueblo. Aunque los mandamientos eran distintos, el fin de los mandamientos era siempre el mismo. Dios dio todos Sus mandamientos para producir amor.
Por ejemplo, si un hombre defraudaba a su vecino, obviamente no lo amaba. Por lo tanto, la Ley de Moisés requería que él haga dos cosas: Tenía que dar una ofrenda a Dios. Esto le recordaría de su necesidad de amar a Dios. Después, tenía que pagar una multa de 20% cuando devolvía lo que había robado de su vecino. Esto le recordaría que debía amar a su vecino (véase Levítico 6:1-7). Los dos mandamientos eran: hacer un sacrificio y pagar una deuda; pero el propósito de estos mandamientos era producir amor.
La idea de que el propósito eterno de Dios era meramente ver la sangre escurrir de un altar es absurda. El profeta Miqueas notó esto en Miqueas 6:6-8. Miqueas razonó que si Dios se complacía con una ofrenda, entonces ¿por qué no ofrecer mil carneros y hacerle sumamente feliz. Si vertir un poco de aceite complacía a Dios, ¿por qué no vertir un chorro de aceite? Por supuesto, ¡es ridículo! El verdadero propósito de Dios en dar mandamientos fue revelado por Miqueas en el versículo 8: Dios pide del hombre “solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. O como Pablo escribió a Timoteo: “el propósito de este mandamiento es el amor” (1 Timoteo 1:5).
¿Entiende Ud. este principio? Los padres probablemente pueden entenderlo más fácilmente que otros. Supongamos que dos hermanos han estado en una pelea y sus padres les “mandan” a pararse en un rincón. La meta de los padres es que los niños dejen de pelear y que amen el uno al otro. El mandamiento es “pararse en el rincón”, pero la meta del mandamiento es el amor. Así también los mandamientos de Dios en las Escrituras son diseñados para producir amor. Jesús dijo que si trae su ofrenda al altar y
allí se acuerda de que su hermano tiene algo en contra de Ud., entonces deje su ofrenda y primero reconcíliese con su hermano (Mateo 5:23-24).
LA NECESIDAD DEL ESPÍRITU SANTO
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan13:34-35).
Por miles de años el mundo ha sido afligido con guerras y rumores de guerra. Sin embargo, algún día los hombres forjarán azadones de sus espadas y hoces de sus lanzas. Algún día los hombres ya no estudiarán la guerra. Pero ese día no vendrá sin el Espíritu Santo.
Por ejemplo, vé a los discípulos de Jesús. Esos hombres sabían el mensaje de amor dado en la ley y los profetas, pero les faltaba el poder para poner ese mensaje en práctica en sus propias vidas. Incluso, oyeron a Jesús demostrar y enseñar ese mismo mensaje por tres años. Lea, por ejemplo, Mateo 5:43-48 y Lucas 6:27-36. En estos versículos, Jesús enfatizó la importancia de amar a nuestros enemigos. Si sólo amamos a los que nos aman, no manifestamos la verdadera naturaleza del amor de Dios. Dios ama a todos, y si debemos ser como Dios, entonces debemos también amar a todos. Los discípulos oyeron ese mensaje pero no lo pusieron en práctica. ¡NI SE AMABAN LOS UNOS A LOS OTROS, MUCHO MENOS A SUS ENEMIGOS!
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Los discípulos constantemente discutían entre sí mismos acerca de quién sería el mayor (Marcos 9:33-35).
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La madre de los hijos de Zebedeo vino a Jesús y pidió que sus dos hijos se sentaran a la derecha y a la izquierda de Su trono. Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos (Mateo 20:20-24). P
Aun la noche antes de la muerte de Jesús, hubo discordia entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor (Lucas 22:24).
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En ese momento, Jesús se ciño una toalla y comenzó a lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:1-17). Juan dijo que en esa noche Jesús mostró a los discípulos toda la extensión de Su amor.
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FUE EN ESA MISMA NOCHE QUE JESÚS DIJO QUE LES DABA “UN MANDAMIENTO NUEVO”. ¡TENÍAN QUE AMARSE LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LES HABÍA AMADO!
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Entonces, Jesús continuó diciendo que TODOS SABRÁN QUE SON MIS DISCÍPULOS, SI OS AMÁIS UNOS A LOS OTROS.
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Fue también en esta noche que Jesús prometió “irse” y después “enviarles” al Espíritu Santo quien les daría poder para amar (Juan14:15-21).
Ahora repasemos los hechos.
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Por tres años los discípulos habían oído mensajes verdaderos acerca del amor de parte de Jesús.
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¡Pero aún los discípulos no se amaban entre sí mismos!
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¡OBVIAMENTE, NECESITABAN AYUDA, Y ESO ES PRECISAMENTE LO QUE EL ESPÍRITU SANTO IBA A HACER! ¡EL ES NUESTRO AYUDANTE! ¡Recuerde! El fruto del Espíritu es amor (Gálatas 5:22). Cuando el Espíritu Santo vino, todos esos hombres fueron llenos del amor de Jesús.
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Por el poder del Espíritu Santo, ellos tendrían amor sobrenatural. Amarían el uno al otro “como Jesús los amó”.
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Por el poder del Espíritu Santo, los seguidores de Jesús, como Esteban, podían orar por los hombres que estaban matándolos, como Jesús oró por los hombres que lo estaban crucificando (Lucas 23:34 y Hechos 7:57-60).
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Por el poder del Espíritu Santo, hombres devotos de diversos lugares estarían tan unidos que compartían todas sus posesiones y no habían personas necesitadas entre ellos (Hechos 4:32-35).
Como los discípulos fueron incapaces de lograr este amor por sí solos, Jesús les mandó esperar el don que Su Padre les había prometido (Hechos 1:4). Ese don, como ya hemos señalado, fue el Espíritu Santo. El principal propósito del Espíritu Santo no era darles el poder de sanar a los enfermos, levantar a los muertos, sanar a los leprosos, o echar fuera demonios. ELLOS YA TENÍAN ESE PODER (véase Mateo 10:8). El principal propósito del Espíritu Santo era darles poder para amarse los unos a los otros como Jesús les amaba.
UNA LECCIÓN DE CORINTO
La iglesia en Corinto fue bendecida con muchos dones espirituales. De hecho, no les faltaba ningún don espiritual (1 Corintios 1:7). (Esos dones espirituales se encuentran en 1 Corintios 12:1-11.) SIN EMBARGO, A PESAR DE TODOS ESTOS DONES ESPIRITUALES, PABLO NO PODRÍA ESCRIBIRLES COMO A PERSONAS ESPIRI- TUALES.
“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disenciones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:1-3).
¿Lo ve? Los corintios eran como los apóstoles. Aunque podían hacer milagros, todavía estaban llenos de envidia y discordia. Personas llenas de envidia y discordia no reflejan el Espíritu de Jesús. De hecho, porque los corintios eran tan mundanos é inmaduros, Pablo les tenía que alimentar con leche, no con carne.
¡Recuerde, todas las verdades son igualmente verdad, pero no todas son de igual importancia! Su éxito en toda área de la vida depende de entender este principio. Debemos hacer las cosas en el orden de su importancia. Supongamos que Ud. llega a casa y encuentra que un arbusto está en llamas y que su casa también está en llamas. O quizás descubre que su perro está enfermo y también su hijo está enfermo. O quizás
tiene que decidir si debe protejer a su familia del sol caliente o de una culebra venenosa. En todas las circunstancias de la vida, las personas sabias escojen hacer las cosas en el orden de su importancia.
Así que Pablo, guiado por inspiración divina, informó a los corintios acerca de los dones espirituales, pero les enseñó un camino más excelente (véase 1 Corintios 13). La verdad más importante en el cristianismo y también la verdad más importante en la Biblia, es el amor. Si habla en lenguas humanas y angélicas, pero no tiene amor, su ministerio es sólo ruido sin sentido. Si tiene el don de profecía y suficiente fe para mover montañas pero no tiene amor, no es Ud. nada. Obviamente, nadie puede ser salvo sin fe (Hebreos 11:6). Las Escrituras enseñan lo mismo en muchas otras citas. Sin embargo, el amor es más importante que la fe. Nada podría ser más claro. “Y AHORA PERMANECEN LA FE, LA ESPERANZA Y EL AMOR, ESTOS TRES; PERO EL MAYOR DE ELLOS ES EL AMOR” (1 Corintios 13:13).
EL AMOR ES EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY
“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” (Romanos 13:8).
Pablo señaló que el amor cumple la ley. Los mandamientos de no cometer adulterio, no matar, no robar, no envidiar, etc., se suman en esta sola regla: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9). El amor no hace daño a su prójimo; entonces el amor es el cumplimiento de la ley.
Pablo escribió lo mismo a los gálatas: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14).
Santiago escribió: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis” (Santiago 2:8).
Jesús dijo lo mismo. No sólo en nuestro texto de Mateo 22:35-40, Marcos 12:28- 31, y Lucas 10:25-37, sino también en otros pasajes como Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”
SI UD. NO HA HECHO CASO AL AMOR, NO HA HECHO CASO AL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE DE LA LEY
“Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente. Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene
envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 12:31; 13:1-13).