LA LEY DE LA FE
LA LEY DE LA FE
“¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:27 y 28).
Ilustremos la salvación por la “ley de la fe” con el ejemplo del rey David. La ley de Moisés proporcionó un remedio para muchos pecados. He aquí algunos ejemplos:
- “Cuando alguno hurtare buey u oveja y lo degollare o vendiere, por aquel buey
pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas” (Éxodo 22:1).
- “Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará
completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto” (Éxodo 22:3).
- “Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en
pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado” (Éxodo 22:6).
- “En toda clase de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre
toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Esto es mío, la cause de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo” (Éxodo 22:9).
- “Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere estropeada o
muerta, estando ausente su dueño, deberá pagarla” (Éxodo 22:14).
- “Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella,
deberá dotarla y tomarla por mujer” (Éxodo 22:16).
¡Pero David fue culpable de los pecados de adulterio y homicidio! David cometió adulterio con Betsabé y entonces ordenó la muerte de su marido para esconder su crimen (véase 2 Samuel 11 y 12).
No obstante, ¡no había remedio en la ley de Moisés por adulterio o asesinato, sino la muerte! “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos (Levítico 20:10).
“Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; . . .” (Números 35:30).
La ley de Moisés condenó a muerte a David, pero la ley de la fe le ofreció vida. ¡Tenemos que tratar de entender esta ley asombrosa! La fe no es algo que merecemos, sino es una dádiva de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). El Señor Jesús dijo: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29).
Correctamente, David buscó a Dios en su desesperación, porque como el Señor Jesús explicó: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:27).
EL MIEDO A LA MUERTE DA MOTIVACIÓN
¡El hecho de que David enfrentaba una penalidad de muerte le proveyó un fuerte incentivo para tomar el riesgo de creer en vez de obrar! Aun Satanás sabe que “todo lo que el hombre tiene dará por su vida” (Job 2:4). Por ejemplo, Jacob temía que su hermano Esaú iba a matarle y huyó a Harán (Génesis 27:41-45). Se quedó allí por 20 años (Génesis 31:38). Cuando finalmente regresaba a Canaán, se enteró de que Esaú venía a encontrarle con 400 hombres (Génesis 32:6).
La desesperación de Jacob preparó el escenario para una lucha de toda la noche con Dios que lo dejó cojo por el resto de su vida (Génesis 32:22-32). También llevó a Jacob tan cerca a Dios que se le dio el nuevo nombre “Israel” que significa “uno que lucha con Dios”.
Es imposible saber exactamente lo que David pensó cuando el profeta Natán lo amonestó, pero es obvio que él también estaba luchando con Dios. El marido de Betsabé, Urías, ya no era pagano. Creía en el único Dios verdadero y era un sujeto leal del rey David. De hecho, era uno de los guerreros valientes de David (2 Samuel 23:39). ¡David no tenía ningún derecho de matarlo! El rey Acab murió por matar a un labrador que se llamaba Nabot, y por confiscar su viña (1 Reyes 21:1-24). David también merecía morir porque había matado a Urías y había tomado su mujer. Parece que su roce de un encuentro con la muerte lo causó que buscara a Dios como el ciervo brama por las corrientes de las aguas (Salmo 42:1). El Salmo 51 es solo una indicación de la gravedad de su lucha con Dios.
“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélvame el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Haz bien con tu benevolencia a Sion; edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar” (Salmo 51:1-19).
Como ya hemos dicho, ¡Dios tenía todo derecho de dar muerte a David, pero no lo hizo! La desesperación de David lo movió a creer que aun cuando había andado por la valle de sombra de muerte, no temería mal alguno (Salmo 23:4).
¡Los que creemos en el Señor Jesús, no tenemos ninguna razón de temer la muerte! ¡Esta es una razón por qué el Señor Jesús se hizo hombre para que pudiera librarnos del temor de morir! “Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14 y 15).
EL PROPÓSITO DE LA LEY
¡Dios es omnisciente y no se equivoca! ¡Él sabe exactamente lo que está haciendo y por qué lo hace! ¡Nos dio la ley para un propósito! La ley hizo para David lo que puede hacer para todos. ¡Lo hizo desesperarse! Lo obligó a escoger la fe en vez de la muerte. Moisés dio a los israelitas la misma opción antes de entrar a Canaán: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19). Por favor, considere:
- La ley da una sentencia de muerte a la humanidad “por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
- “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para
que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:19 y 20).
- “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado
abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5:20 y 21).
- “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues
escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10).
- “Pero antes que viniese la ley, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para
aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” (Gálatas 3:23-25).
- Dios no sólo nos dio una sentencia de muerte por medio de la ley de Moisés, sino
también nos dio la oportunidad de tener vida eterna por medio de la ley de la fe!
¿QUÉ ES LA FE?
El libro de Hebreos afirma: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:1-3). La fe nos puede habilitar para tener confianza completa en Dios, aunque no podemos verlo. Dios es invisible pero esto no nos impide creer en él. Tampoco podemos ver el viento, pero podemos ver lo que el viento hace (Juan 3:8). ¡Ciertamente también podemos ver lo que Dios hace!
¡No obstante, la fe no es la primera opción del hombre! El diablo sabe esto y nos tienta a desobedecer a Dios basado en lo que vemos (Génesis 3:6). Como ya hemos dicho, la ley nos condena al probar que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). ¡Cuando finalmente nos damos cuenta de la situación en que nos encontramos, estamos desesperados! Por eso Dios diseñó la ley para hacernos desesperados para que busquemos a Cristo y seamos justificados por la fe (Gálatas 3:24). Son las personas condenadas y desesperadas que aceptan la invitación de Cristo y que son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).
Por supuesto, la fe está basada en evidencia. Si tenemos suficiente evidencia, podemos estar absolutamente cierto acerca de algo que no hemos visto.
Vea, por ejemplo, la historia de Adonías que se encuentra en 1 Reyes, capítulo 1. Cuando el rey David era viejo y avanzado de días, Adonías decidió usurpar el trono de su padre. Consultó a los oficiales claves, tuvo 50 hombres que corrían delante de él, e invitó a ciertos miembros de la familia y a oficiales a su coronación. Pero antes de ser coronado, David se enteró de sus planes y llamó a Sadoc el sacerdote, Natán el profeta, y Benaía, hijo de Joiada y los ordenó a ungir a Salomón como el rey. Salomón fue puesto en el mulo de David y fue escoltado a Gihón. Tocaron la trompeta y la multitud de gente gritó: “¡Viva el rey Salomón!”. Su celebración era tan grande que la tierra temblaba.
Jonatán, el hijo del sacerdote Abiatar, comunico a Adonías que Salomón acababa de ser ungido rey. Adonías no “vio” a Salomón con la corona en su cabeza, pero no obstante, él “creyó”. Ya que “oyó” el sonido de la trompeta y “sintió” temblar la tierra, el “testimonio” de solamente un testigo fue suficiente para convencerlo sin ninguna duda que Salomón era el rey.
¡Como resultado de lo que él creyó, temiendo a Salomón, Adonías huyó, se asió de los cuernos del altar, y suplicó misericordia!
Por supuesto, tenemos mucha más evidencia de la coronación de Cristo que Adonías tuvo de la coronación de su hermano Salomón!
JUSTIFICACIÓN POR LA FE EXISTÍA ANTES DE LA LEY
¡Justificación por la fe no es nada nuevo! Cronológicamente, Dios hizo un pacto de fe con Abraham 430 años antes de que la ley existió (Gálatas 3:17). Esta historia se encuentra en Génesis 15:1-21. He aquí un breve resumen de lo que sucedió:
- Después de que Abram pagó diezmos a Melquisedec, la palabra del Señor vino a él en
una visión. “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en una visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1).
- Abram estaba desanimado porque no tenía ningún hijo y temía que un esclavo heredaría
sus bienes (Génesis 15:2 y 3).
- “Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará este, sino un hijo tuyo
será el que te heredará” (Génesis 15:4).
- Entonces, Jehová lo llevó fuera y dijo: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si
las puede contar. Y le dijo: Así será tu descendencia” (Génesis 15:5).
- ¡Abram había visto esas estrellas miles de veces! ¡Pero esa noche las vio de una manera
diferente! ¡Esa noche se dio cuenta que el Dios que hizo esas estrellas puede hacer cualquier cosa! Entonces esa noche “Creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6).
- Hoy, los bancos pueden recibir depósitos electrónicamente. ¡Esto hace posible que
alguien que no tiene dinero podría llegar a ser millonario instantáneamente! Esto es lo que sucedió con Abram con respecto a su justicia. ¡En un momento, Abram no tenía ninguna justicia, y entonces de repente tenía la justicia de Jehová que su fe hizo posible!
- Entonces Jehová recordó a Abram que iba a heredar la tierra de Canaán (Génesis 15:7).
- Abram quería saber cómo podía saber esto, entonces Jehová le mandó a traer algunos
animales y aves para un sacrificio.
- Abram sacrificó a los animales y los partió por la mitad y puso cada mitad una enfrente
de la otra (Génesis 15:10).
- Esto era una costumbre para hacer un pacto entre dos hombres. Si uno de ellos
traspasaría el pacto, sería tratado como los animales que fueron partidos por la mitad (Jeremías 34:18).
- No obstante, esa noche “a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que
el temor de una grande oscuridad cayó sobre él” (Génesis 15:12).
- “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una
antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos” (Génesis 15:17).
- “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré
esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos, y los jebuseos” (Génesis 15:18-21).
- ¡Ya que Abram estaba dormido, esto era un pacto unilateral! Dios iba a darles la tierra de
Canaán sin tomar en cuenta lo que Abram hiciera!
- ¡Ahora sabemos que todo lo que Dios prometió a Abraham sucedió!
- Tuvo un hijo que heredó todos sus bienes (Génesis 25:5).
- Tuvo descendientes tan numerosos como las estrellas de los cielos.
- Sus descendientes fueron esclavizados y maltratados por 400 años.
- ¡Sus descendientes heredaron la tierra de Canaán!
LA JUSIFICACIÓN POR LA FE ESTÁ DISPONIBLE PARA TODOS
“Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:5-11).
“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros” (Hechos 17:26 y 27).
EL PODER DE LA FE
La fe puede mover los montes (Marcos 11:20-25). He aquí algunos ejemplos de lo que la fe puede hacer:
“¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefte, de David, así como de Samuel y los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección” (Hebreos 11:32-35).
Note, por favor, que todos esos milagros fueron temporales. Gedeón, Barac, Sansón, Jefte, David, Samuel, y los profetas, todos experimentaron milagros, pero todos esos milagros involucraron la tierra y no la eternidad. ¡Todos esos patriarcas de la fe se envejecieron y murieron! ¡Daniel fue librado de un foso de leones, pero él también murió! Lo mismo sucedió con Sadrac, Mesac, y Abed-nego quienes fueron librados de un horno de fuego ardiente. Ellos también se envejecieron y murieron! El aspecto más importante de la ley de la fe involucra la eternidad y lo que sucede después de nuestra muerte! Entonces el libro de Hebreos continua:
“Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:36-40).
Algunos escaparon de la espada y algunos fueron muertos por la espada. Algunos escaparon de los leones, y algunos fueron comidos por los leones. Pero todos “alcanzaron buen testimonio mediante la fe”. ¡No obstante, ninguno de ellos recibió en la tierra lo que Dios había prometido! ¡Dios ha planeado algo mejor para nosotros que jamás experimentaríamos en la tierra!
El aspecto más importante de la ley de la fe involucra lo que sucede después de morir y la eternidad!
Por favor, considere esta historia: “Había un hombre rico, que se vestía de purpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse
de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuera a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:19-31).
¡Sí! ¡Lázaro sufría cuando estaba en la tierra! Pero Pablo escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). ¡Lázaro sufrió algunos pocos años en la tierra, pero ahora está disfrutando un galardón eterno! Al contrario, el rico disfrutó bienes en la tierra por unos pocos años, pero está pasando la eternidad en tormento. ¿Cuál escogerá Ud.?
La diferencia entre el rico y Lázaro era lo que ellos creían. El Señor Jesús advirtió: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).
Tristemente, el rico “no creía” en el Señor Jesús mientras estaba en la tierra. Abraham se dio cuenta que los hermanos del rico estaban tan cegados por Satanás que “no creían” en el Señor Jesús. Ellos eran como los sumos sacerdotes y los ancianos que se negaron a creer en la resurrección. Recuerde, poco antes de que el Señor Jesús salió del sepulcro, los guardas vieron a un ángel que descendió del cielo y quitó la piedra. “Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos” (Mateo 28:4). Entonces “unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, vosotros le persuadiremos, y os pondremos a
salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy” (Mateo 28:11-15).
El Señor Jesús envió al Espíritu Santo para ayudarnos a creer; entonces, por favor, no lo rechace. El Señor Jesús dijo: “Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros, mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:5-11).
“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).