LA IMAGEN Y LA SEMEJANZA DE DIOS
LA IMAGEN Y LA SEMEJANZA DE DIOS
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:26-28).
- Hay por lo menos cuatro palabras hebreas que pueden ser traducidas como
“imagen” o “semejanza”. Por ejemplo, en Génesis 1:26, la palabra hebrea tselem se traduce como “imagen”, y la palabra hebrea demut se traduce como “semejanza”.
- La palabra tslem viene de la palabra raíz que quiere decir “sombra”. La “imagen”
de Dios es semejante a una sombra. ¡Esto es significante ya que la “imagen” de Dios no está estacionaria, sino está viva! La sombra de Dios se mueve cuando él se mueve.
- La palabra demut viene de la palabra raíz que quiere decir “sangre”. Ya que un
hijo tiene la misma sangre de sus padres, muy a menudo tiene la “semejanza” de ellos.
- Es obvio que Adán y Eva eran como Dios porque él los creó a su propia “imagen”
y “semejanza”.
- Se usa dos otras palabras hebreas en Éxodo 20:4 para advertir sobre la idolatría:
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.”
- En este versículo la palabra pesel se traduce como “imagen”. Viene de la palabra
raíz que quiere decir “tallar”. En este versículo se refiere a una imagen tallada por el hombre. Esta “imagen” no está viva y no se mueve.
- En este versículo la palabra temuna se traduce como “semejanza”. Viene de la
palabra raíz para “especie”. Como sabemos, todos los animales de la misma especie son semejantes en su apariencia.
- Dios no prohíbe tallar una estatua de un ángel, un hombre, una ave, ni una
bestia, mientras no se le adore. ¡Esto es la diferencia! Éxodo 20:5 explica: “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta
la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. ¡Adorar a imágenes talladas es idolatría!
DIOS Y EL HOMBRE TIENEN MENTES
Obviamente, hay muchas maneras en que el hombre sea la “imagen” y la “semejanza” de Dios. No obstante, en este breve estudio, nos enfocaremos solamente en una. ¡Dios y los hombres tienen mentes!
- ¡Dios tiene su propia “mente” y puede hacer lo que quiere!
- El hombre también tiene su propia mente y puede hacer lo que él quiere!
- La mente del hombre es superior a la de los animales, las aves, y los peces, ya que
solamente el hombre ha sido hecho a la “imagen” y a la “semejanza” de Dios.
- Por supuesto, la mente de Dios es “omnisciente”. Dios sabe todo. Por lo tanto,
con respecto a esto, nuestra mente finita es inferior a la mente de Dios. Sabemos muy poco comparado con Dios. No obstante, nuestras mentes son similares con respecto a la capacidad de tomar decisiones. ¡Dios y el hombre pueden hacer lo que quieren! ¡Nadie puede obligar a Dios a que cambie de opinión y nadie puede obligar al hombre a que él cambie de opinión!
Por ejemplo, lea el segundo Salmo. Cuando los reyes y los príncipes de la tierra se levanten en contra del Señor y del Ungido, el que mora en los cielos se reirá y se burlará de ellos. Ningún hombre o grupo de hombres pueden obligar a Dios a que cambie de opinión. Ninguna nación o grupo de naciones puede obligar a Dios a que haga algo que no quiere hacer. La única manera en que podríamos convencer a Dios a que cambie de opinión es por medio de la persuasión. Si rogamos a Dios en oración, siempre hay la posibilidad de que Dios cambiaría de opinión. Por ejemplo, cuando el rey de Nínive se dio cuenta que Dios iba a destruir a su ciudad dentro de 40 días, hizo proclamar un decreto: “Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?” (Jonás 3:7-9). Como sabemos, Dios cambió de opinión y no destruyó a Nínive en ese tiempo.
Se puede decir lo mismo con respecto a la mente del hombre. Gobiernos poderosos pueden arrestar, encarcelar, y torturar a un hombre, pero no pueden obligarle a cambiar de opinión en contra de su voluntad. Por esa razón, Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron echados en un horno ardiente y Daniel fue echado en un foso de leones. Por esa razón, cada uno de los 12 apóstoles fue torturado por su fe, pero ninguno cambió de opinión con respecto al Señor Jesús. Somos creados en la “imagen” y “semejanza” de Dios. Nadie puede obligar a Dios que cambié de opinión, y nadie puede obligar al hombre a que él cambie de opinión.
NI SIQUIERA DIOS PUEDE OBLIGAR AL HOMBRE A QUE CAMBIE DE OPINIÓN.
- ¡No hay nada más obvio!
- Si Dios hubiera controlado las mentes de los hombres, Adán y Eva no habrían
pecado. Caín no hubiera matado a su hermano, y no hubiera habido la necesidad de destruir al mundo con un diluvio en los días de Noé.
- Como sabemos, el Señor Jesús no pudo obligar a nadie a que cambiara de
opinión: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis” (Juan 5:43).
- ¡El Señor Jesús quería juntar a los hijos de Jerusalén como la gallina junta a sus
polluelos debajo de las alas, pero no quisieron! (Mateo 23:37).
- El Señor Jesús está a la puerta y llama, pero nosotros tenemos que abrir esa
puerta (Apocalipsis 3:20).
- No obstante, cuando venga el Señor Jesús otra vez, será diferente. “A vosotros
que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)” (2 Tesalonicenses 1:7-10).
- En ese momento, en el nombre de Jesús se doblará toda rodilla de los que están
en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:10 y 11).
- Ya que Pablo conocía el temor del Señor que venía, pasó su vida tratando de
“persuadir” a los hombres que confesaran a Cristo para evitar la “destrucción eterna” (2 Corintios 5:10 y 11).
NOTE LA DIFERENCIA
- Los animales y las aves no son creados a la “imagen” y a la “semejanza” de Dios.
- Por lo tanto, los animales y las aves no tenían otra opción; obedecieron a Dios y
entraron al arca (Génesis 7:14-16), pero los hombres tenían opciones. Por eso, sólo pude “persuadir” a los miembros de su familia que entraran al arca para ser salvos (Génesis 7:13).
- Dios envió diez plagas sobre Egipto. Esto requería obediencia del río, de las
ranas, de los piojos, de las moscas, etc. No obstante, Fararón no pudo ser “persuadido” a obedecer a Dios.
- Los cuervos enviados por Dios alimentaron a Elías, pero tuvieron que “persuadir”
a la viuda de Sarepta que lo hiciera (1 Reyes 17:1-16).
- Un profeta desobedeció a Dios y comió pan y bebió agua en Betel, pero un león
obedeció a Dios y mató al profeta (1 Reyes 13:1-26). ¡No se menciona en la Biblia a ningún animal que no obedeció a Dios!
- Veinte panes de cebada se multiplicaron automáticamente para alimentar a cien
hombres, pero Naamán tuvo que ser “persuadido” que se lavara en el río Jordán (2 Reyes 4:42—5:14).
- Jonás “desobedeció” a Dios y huyó a Tarsis, pero un pez “obedeció” a Dios y tragó
a Jonás y más tarde lo vomitó (Jonás 1:1-17). Después de tres días dentro del pez, Jonás quedó “persuadido” de obedecer a Dios (Jonás 3:1-3).
- El viento y las olas obedecieron al Señor Jesús (Lucas 8:25), pero Judas lo
traicionó por 30 piezas de plata (Mateo 26:14-16).
- Dos ladrones fueron crucificados con el Señor Jesús. Los dos estaban en la
misma situación. Uno de ellos negó cambiar de opinión y se perdió eternamente, pero el otro se decidió a cambiar de opinión y fue salvo eternamente (Lucas 23:39-43).
- ¡Si queremos ser salvos, nosotros también tenemos que cambiar de opinión!
NUESTRA MENTE DETERMINA LA MANERA EN QUE VIVIMOS
- La manera en que un hombre piensa, tal es él (Proverbios 23:7).
- Los que tienen una mente reprobada, viven vidas reprobadas (Romanos 1:28).
- La mente del hombre pecaminoso es muerte (Romanos 8:6).
- Las vidas de los inconversos están corrompidas por sus pensamientos (Efesios
2:3; 4:17-19.
- Una mente perversa nos hace enemigos de Dios (Colosenses 1:21).
- Una mente carnal nos hincha vanamente (Colosenses 2:18).
- Las personas corrompidas tienen mentes corrompidas (Tito 1:15).
- Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino son diseñados para derribar
argumentos y llevar todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:4 y 5).
- Adán y Eva no mintieron por casualidad. ¡Se decidieron en sus mentes que iban
a pecar!
- Judas Iscariote no traicionó al Señor Jesús por casualidad. Se decidió en su
mente que iba a traicionarlo.
- Somos creados a la “imagen” y a la “semejanza” de Dios. Dios nos ha permitido
tener control sobre nuestras mentes para que nadie pueda obligarnos a cambiar de opinión hasta que decidamos hacerlo!
- No obstante, ¡si queremos ser salvos, tendremos que cambiar de opinión y
entregar nuestras mentes a Dios!
LA CONVERSIÓN REQUIERE UN CAMBIO DE OPINIÓN
- La palabra griega para “arrepentimiento” es metaneo. ¡Esta palabra literalmente
significa “cambiar de opinión”!
- Otra vez damos énfasis al hecho de que Dios “no cambia de opinión”, sino
“nosotros” cambiamos de opinión.
- Apocalipsis 16:8-11 registra a dos ejemplos de hombres que sufrieron gran castigo
de Dios, pero no se arrepintieron. El primer ejemplo es de un ángel que fue dado el poder de quemar a los hombres con fuego. Asombrosamente, esos hombres, a pesar de su dolencia, maldijeron a Dios y se negaron arrepentirse. En el segundo ejemplo, un ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se cubrió
de tinieblas. Aunque mordían de dolor sus lenguas, aún maldijeron a Dios y se negaron arrepentirse.
- La iglesia en Laodicea necesitaba arrepentirse. A ella se le dijo: “Yo reprendo y
castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19 y 20). Note, por favor, que aunque el Señor Jesús reprende y disciplina, no rompe la puerta para entrar y obligarnos a hacer algo. ¡Él amorosamente llama a la puerta y espera que la abramos!
- Al abrir la puerta e invitar al Señor Jesús que entre en nuestros corazones, ocurre
un milagro: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
- La nueva criatura no está “conformada” por presión de afuera, sino es
“transformada” por la renovación de su mente. ¡Note! “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
- Pablo escribió: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo
yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
- Cuando nacemos de nuevo, Dios escribe sus leyes en nuestras mentes (Hebreos
8:10).
- Entonces “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en
Cristo Jesús” (Filipenses 2:5).
- Cuando tenemos la mente de Cristo, nos comportaremos como Cristo (1 Corintios
2:16).
SOMOS RESPONSABLES POR NUESTROS PROPIOS PECADOS
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Porque tenemos control sobre nuestras mentes, ¡nunca podemos culpar a ningún otro por lo que decidimos hacer!
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“El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ezequiel 18:20).
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Cuando Adán pecó, trató de culpar a Eva (Génesis 3:12). Cuando Eva pecó, ella trató de culpar a la serpiente (Génesis 3:13). ¡No tuvieron éxito! Adán y Eva fueron creados a la “imagen” y la a “semejanza” de Dios y fueron totalmente responsables por sus propios pecados.
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Como ya hemos dicho, el hecho de que somos creados a la “imagen” y la “semejanza” de Dios, lo hace imposible que culpemos a ningún otro por las decisiones que hemos tomado. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).
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El hijo pródigo tenía razón cuando dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:21).
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Nosotros también somos responsables por nuestros pecados y no podemos culpar a ningún otro por las decisiones que tomamos!
BUENAS NOTICIAS
- “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
- El cambio de nuestra manera de pensar es tan dramático que es como “nacer de
nuevo” (Juan 3:1-17). Nacer de nuevo requiere que permitamos que el Señor Jesús tome control de nuestras mentes.
- Cuando esto sucede, el Señor Jesús perdona todos nuestros pecados y habla al
Padre por nosotros (1 Juan 2:1 y 2).
- “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús” (Romanos 8:1).
- Cuando el Señor Jesús controla nuestras mentes, querremos que otros sean
salvos: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:20 y 21).
- “Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me
he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Corintios 9:22).
- Ya que somos creados a la “imagen” y “semejanza” de Dios, no estamos obligados
a hacer nada. ¡No estamos obligados a reconciliarnos con Dios! Podemos elegir rechazar a Dios y ser echados al lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41).
- Por favor, cambie de opinión y deje de rechazar a Dios!
“¡OS ROGAMOS EN NOMBRE DE CRISTO:
RECONCILIAOS CON DIOS!”