Boyce Mouton
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LA ENTRADA TRIUNFAL

Boyce Mouton · 14 pages · 4,266 words

LA ENTRADA TRIUNFAL (Un acontecimiento histórico con significado profundo.)

La historia de la entrada triunfal a Jerusalén se encuentra en los cuatro Evangelios: (Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-11; Lucas 19:28-44; y Juan 12:12-19). Se llama “triunfal” porque la multitud gozosamente le dio la bienvenida a Jesús como su rey. También se llama el “Domingo de Ramos” porque dieron la bienvenida a Jesús agitando ramas de palmeras. Este acontecimiento es tan significativo que fue predicho por el profeta Zacarías siglos antes de que sucedió: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador; humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9). El tiempo exacto de este acontecimiento también fue predicho por Daniel, siglos antes de que sucedió (Daniel 9:24-27). Tal como el nacimiento de Jesús dividió los años de la historia en antes de Cristo y después de Cristo, ¡la muerte de Jesús también pagó por todos los pecados cometidos antes y después de ella! He aquí un resumen breve de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén:

  • Cuando Jesús y sus discípulos se acercaron a Jerusalén, llegaron a Betfagé en el

Monte de Olivos.

  • Entonces Jesús envió a dos de sus discípulos al pueblo delante de ellos. Allí

encontrarían un asno con su pollino y traerían estos animales a Jesús.

  • Si alguien les cuestionara, debían meramente responder que “el Señor los

necesita”.

  • Marcos y Lucas afirman que ese pollino nunca había sido montado (Marcos 11:2; Lucas 19:30).
  • Una gran multitud tendió sus mantos en el camino y otros cortaron ramas de

árboles y las pusieron en el camino.

  • La multitud daba voces diciendo: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el

nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! (Marcos 11:9 y 10).

  • Algunos días más tarde estas mismas personas gritaban: “Sea crucificado! . . .

Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27:22- 25).

  • Algunos de los fariseos de la multitud dijeron: “Maestro, reprende a tus

discípulos”, pero Jesús respondió: “Os digo si estos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:39 y40).

  • “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo:

¡Oh, si tu también conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:41-44).

  • La pregunta es: “¿Por qué entró a Jerusalén el Rey Jesús, presentándose como si

fuera débil y vulnerable?”

  • ¡La respuesta involucra el hecho de que Jesús entraba a Jerusalén para morir por

los pecados de la humanidad!

  • El hecho de que Jesús era débil y vulnerable no fue por casualidad ni fue un

error. Isaías predijo siglos antes que Jesús “como cordero fue llevado al matadero” (Isaías 53:7).

EL SIMBOLISMO DE UN POLLINO

  • Cuando el rey de Asiria quería destruir a Jerusalén, usó miles de caballos para

demostrar su poder. De hecho, tenía tantos caballos que ofreció 2,000 a Ezequías, el rey de Judá, con la conclusión de que él no tendría jinetes suficientes para ellos (2 Reyes 18:23). ¡Él nunca hubiera aparecido sobre un pollino que no había sido montado!

  • Los caballos son símbolos de fortaleza y poder y están mencionados más de 150

veces en las Escrituras.

  • Job pensaba en los caballos como causa de terror, escarbando la tierra y saliendo

al encuentro de las armas (Job 39:19-25).

  • Jeremías advirtió de muchos caballos del enemigo y el “bufido” y los “relinchos”

de ellos al venir para destruir y devorar la tierra (Jeremías 8:16).

  • Ahogar a los caballos de Faraón simbolizó su derrota (Éxodo 14:23-28).
  • Sisera entró a la batalla con 900 carros de hierro y sus caballos (Jueces 4:13-15).
  • Salomón tenía 1,400 carros y 12,000 caballos (1 Reyes 10:26).
  • Acab murió en su carro en la guerra con Ramot de Gilead (1 Reyes 22:34-37).
  • Jehú viajó rápidamente en un carro de guerra para matar a Joram y Ocozías (2

Reyes 9:14-29).

  • Cuando Adonías desafió el derecho de Salomón de ser el rey en Jerusalén, Sadoc

y Natán pusieron fin a su traición al montar a Salomón en la mula del rey David como una muestra de fuerza (1 Reyes 1:38).

  • ¡MONTAR UN POLLINO QUE NUNCA HABÍA SIDO MONTADO NO ES UN

SÍMBOLO DE FUERZA; ES UN SÍMBOLO PROFUNDO DE SUMISIÓN!

  • Pero Pablo nos recuerda que “lo insensato de Dios es más sabio que los

hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:25).

  • David lo dijo así: “Estos confían en carros, y aquellos en caballos; más

nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (Salmo 20:7).

  • ¡Es importante que confiemos en Dios aún cundo no lo entendamos!
  • Job lo dijo mejor: “Aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).

EL PLAN ETERNO DE DIOS

Antes de la creación del mundo, Dios planeó la muerte de Jesús y determinó que seríamos redimidos por su sangre. Note: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:18-21).

El padecimiento y la muerte de Jesús no eran una derrota, porque fue por su muerte que “él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).

Isaías lo dijo así: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros

pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-6).

  • ¡No se puede expresar con palabras la importancia de que Dios planeó redimir a

la humanidad antes de que fue creada, con “la sangre preciosa de Cristo”!

  • ¡Recuerde! Desde el principio mismo, Dios enseñó que el hombre pecaminoso

haga sacrificios de sangre y enfatizó que: “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22).

  • Pero al mismo tiempo, Dios también hizo claro que: “la sangre de los toros y

de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4).

  • ¡La humanidad solamente puede ser salva por la sangre de Jesús!
  • ¡Derramar la sangre de millones de animales fue para preparar para el “único

sacrificio” que Jesús haría en el Calvario!

  • ¡El primer sacrifico de sangre fue hecho por Dios mismo cuando hizo vestidos de

cuero para cubrir a Adán y Eva (Génesis 3:21).

  • Dios miró a Abel con favor cuando él ofreció a Dios las porciones grasosas de los

animales de su rebaño (Génesis 4:4). Ya que esa ofrenda fue hecho “por fe” (Hebreos 11:4), asumimos que Dios lo ordenó a hacer ese sacrificio de sangre porque la fe viene por oír y el oír por la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

  • La sangre es tan significativo para Dios que cuando Abel fue matado por Caín, su

sangre llamó al Señor desde la tierra (Génesis 4:10).

  • Por la fe, cientos de altares fueron construidos y manchados con sangre por los

patriarcas. Por la fe, millones de animales fueron sacrificados por los sacerdotes levíticos. Pero todo esto fue diseñado por Dios para enfocarnos en el único sacrificio hecho por Jesús cuando entró a Jerusalén montado en un pollino. “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:24-26).

  • Como ya hemos dicho, el poder asombroso de la sangre de Cristo se extendió en

dos direcciones. Primero, ¡se remontó a Adán y Eva para que Jesús muriera como un rescate por todos los pecados cometidos bajo el primer pacto! (Hebreos 9:15). Segundo, ¡el poder asombroso de la sangre de Jesús se extendió hacia adelante hasta los fines del mundo! Porque después de hacer ese “sacrificio único” por todos los pecados, Jesús se sentó a la diestra de Dios, esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (Hebreos 10:12 y 13).

LAS PUERTAS DEL HADES

Note que Jesús no les dijo a sus discípulos acerca de su muerte inminente hasta el tercer año de su ministerio público. Hasta ese tiempo ellos creían que Jesús iba a ser un rey terrenal como David. Entender la naturaleza espiritual de su reino no sería fácil. Por eso, ¡antes de decirles acerca de su muerte, primeramente les reveló su identidad verdadera!: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti le daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:13-21).

  • Solamente después de claramente establecer su identidad, Jesús les dijo acerca

de su muerte venidera en Jerusalén.

  • Jesús, siendo el Hijo del Dios viviente, es la fundación sobre la cual sería

edificada su iglesia (1 Corintios 3:11).

  • ¡Pero no debían preocuparse por las puertas del Hades, porque no prevalecerían

contra él!

  • Las Escrituras son claras que Jesús fue al Hades después de morir (Hechos 2:27).
  • No obstante, como Jesús prometió, las puertas del Hades no prevalecieron.
  • “El Hades” y “el infierno” son distintos. Todos los que mueren van al Hades, pero

solamente los inconversos van al infierno,

  • W. E. Vine, escribiendo en sus estudios de palabras bíblicas, indica que la palabra

“hades” se deriva de a y eido que significan “invisible” o hado que significa “recibe a todos”. ¡Las dos posibilidades son verdaderas! Todos los muertos continúan existiendo, pero ya no son visibles, Semejantemente, el Hades “recibe a todos” los que mueren.

  • La palabra hebrea para “hades” es sheol que se traduce a veces como el sepulcro.

No todos van al cielo pero todos van al sepulcro: “Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos.” (Eclesiastés 9:2 y 3).

  • La palabra bíblica en español para “infierno” es gehena. Esta palabra no se

refiere a un sepulcro, sino a un lugar de tormento donde el gusano no muere y el fuego no se apaga (Marcos 9:43-48). La palabra “puertas” se refiere a fuerza. Así como la cadena no es más fuerte que su eslabón más débil, en las Escrituras, una ciudad no era más fuerte que sus puertas.

  • ¡SÍ! JESÚS PROMETIÓ QUE IBA A JERUSALÉN PARA MORIR. PERO

TAMBIÉN PROMETIÓ QUE EL PODER DE LA MUERTE NO PREVALECERÍA.

  • TAL COMO JESÚS PREDIJO, DESPUÉS DE TRES DÍAS ÉL RESUCITÓ DE

ENTRE LOS MUERTOS PARA NUNCA JAMÁS MORIR OTRA VEZ!

EL MONTE DE LA TRANSFIGURACIÓN

Cuando Jesús dijo a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y morir: “Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:22-24).

Cuando Dios manda a sus hijos que hagan algo que parece contrario al sentido común, a veces da señales para validar sus mandamientos. Recuerde:

  • Dios dio señales milagrosos a Moisés (Éxodo 4:1-17).
  • Dios dio señales milagrosas a Gedeón (Jueces 6:36-40).
  • Dios dio una señal milagrosa a Jeroboam (1 Reyes 13:3).
  • Dios dio una señal milagrosa a Ezequías (2 Reyes 20:8-11).
  • Juan documentó las señales hechas por Jesús para que la gente creyera (Juan

20:30 y 31).

  • Pero la señal principal sobre el cual el reino de Cristo se mantendría o caería fue

la resurrección de Jesús. Él dijo: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:39 y 40).

Entonces, “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él” (Mateo 17:1-3).

Jesús llevo consigo solamente a Pedro, a Jacobo y a Juan porque ellos iban a ser pilares de la iglesia (Gálatas 2:9).

En el monte, Lucas explicó que: “entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén” (Lucas 9:29-31).

¡ Fue importante para los discípulos hablar con Moisés y Elías acerca de la muerte de Jesús para que tuvieran la certeza que esto estaba en armonía con la ley y los profetas!

¡Esa experiencia en el monte sagrado tuvo un efecto profundo en Pedro, convenciéndole que lo que dijo Jesús era cierto!: “Porque no hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en monte santo. Tenemos también la palabra

profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:16-19).

Mateo y Marcos dicen que Jesús fue “transfigurado” en su presencia (Mateo 17:2; Marcos 9:2). La palabra “transfigurado” se deriva de la palabra griega metamoforoo de la cual viene la palabra en español “metamorfosis”. Se usa esta palabra para describir como una oruga llega a ser una mariposa. Este es el cambio dramático que observaron Pedro, Jacobo, y Juan.

También es la misma palabra usada para describir el cambio dramático que sucede cuando los pecadores nacen de nuevo. He aquí las únicas otras dos ocasiones que esta palabra se encuentra en la Biblia. De este modo la palabra se encuentra cuatro veces en la Biblia. Dos veces se refiere a la transfiguración de Jesús, y dos veces se refiere a nuestra transformación:

  • “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la

renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

  • “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un

espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Cuando primeramente observamos a los nuevos conversos, aparecen como luces en un lugar oscuro. Entonces el día aclarezca y la estrella de la mañana aparece en nuestros propios corazones. La palabra de los profetas se hace más clara cuando nos damos cuenta de la realidad del nuevo nacimiento.

Pedro estaba presente con Jesús desde el principio de su ministerio hasta su ascensión al cielo tres años después. Jesús hizo muchas señales milagrosas durante esos tres años, pero prometió a Pedro que él haría obras mayores que esas, porque iba a regresar a su Padre: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12).

Por favor, recuerde que las señales que Jesús hizo eran temporales. Jesús sanó a los enfermos, pero aún todos ellos murieron. Jesús alimentó a las multitudes, pero otra vez tuvieron hambre. También Jesús resucitó a los muertos, pero finalmente ellos murieron.

Pero cuando Pedro llevó a personas a Cristo, ¡su transformación fue para la eternidad! ¡El milagro de la conversión no es temporal! ¡El milagro de la conversión durará para siempre en la eternidad, porque en el cielo no habrán lágrimas, ni tristeza, ni enfermedades, ni muerte!

JESÚS NOS DEJÓ UN EJEMPLO

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cundo le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Padre y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2:21-25).

  • Jesús es Dios manifestado en la carne (1 Timoteo 3:16).
  • En Jesús habita corporalmente la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9).
  • Jesús se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, y nos dio un ejemplo para

seguir sus pisadas (Filipenses 2:6 y 7).

  • Jesús fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4:15).
  • Como Dios, Jesús nunca moriría. Entonces se convirtió en hombre para que

conociera la muerte como nosotros (Hebreos 2:9).

  • Para la humanidad, la muerte es la clave de la vida abundante. Jesús dijo: “De

cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24).

  • Como Pedro dijo: “quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo

sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 Pedro 2:24).

  • Pablo lo dijo así: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo

yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

  • La muerte de nuestra vida vieja y nuestra resurrección a una vida nueva es

simbolizado bellamente por el bautismo: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En

ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:1-14).

  • Dios prometió a Adán y Eva que si comieran del fruto prohibido seguramente

morirían! (Génesis 2:17). ¡Lo hicieron! El mismo día que pecaron, fueron separados de Dios. Pablo advirtió que la mujer que vive para el placer, está muerta mientras vive (1 Timoteo 5:6).

  • Por el contrario, los que hemos salido del agua después de ser bautizados, nunca

moriremos. Esto es, ¡nunca estaremos separados de Dios!

  • Jesús hizo esto muy claro a Marta, la hermana de Lázaro: “Le dijo Jesús: “Yo

soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25 y 26).

  • ¡QUÉ HERMOSO! Cuando nos entregamos a Cristo como nuestro Señor y

Salvador, nunca tendremos que estar separados de él otra vez. Nunca nos desamparará ni nos dejará (Hebreos 13:5). ¡Aun cuando andemos en valle de sombra de muerte, él estará con nosotros a cada paso! (Salmo 23:4).

CRUZANDO EL JORDÁN TRIUNFANTEMENTE

En 1 Corintios 10:1-13, parece que Pablo usa el viaje de los hebreos de Egipto a Canaán como una alegoría de nuestro viaje al cielo. ¡La esclavitud en Egipto es como nuestra esclavitud al pecado! Pasando por el Mar Rojo era semejante a nuestro bautismo. Lo que sucedió a ellos en el desierto es un ejemplo para guardarnos de poner nuestros corazones en cosas malvadas como ellos hicieron. En esta ilustración, el río Jordán representa la muerte. Es lo que experimentamos para llegar a nuestra tierra prometida. Es importante notar que el arca del pacto, que representa la presencia de Dios, iba delante de los hebreos y causó que las aguas se secaran hasta que la nación entera hubiera cruzado (Josué 3:14-17). Verdaderamente, Dios estará con nosotros cuando pasemos por el valle de la sombra de muerte,

He aquí un cántico compuesto por Tomás Ramsey y Carlos E. Durham. Nos recuerda que cuando crucemos el Jordán, y hagamos nuestra entrada triunfal al cielo, Jesús estará con nosotros y no tendremos que estar solos.

EL JORDÁN SOLO NO CRUZARÉ

Verso 1

Cuando esté en las riberas del Rio Jordán, Y que el mar tempestuoso esté, Me estará esperando mi Cristo allá; Y el Jordán solo no cruzaré.

Verso 2

Muchas veces me siento olvidado al mirar Mis amigos que tanto estimé; Pero hay Uno que siempre conmigo está, Y el Jordán solo no cruzaré.

Verso 3

Aunque sufra tristezas, dolor y pesar, Sé que Cristo no me dejará;

Y al fin de mi vida gozoso veré, Que el Jordán solo no cruzaré.

Coro El Jordán solo no cruzaré, Mi Jesús redimió ya mi ser; Las tinieblas huirán, que combaten mi ser, Y el Jordán solo no cruzaré.