LA COMUNIÓN
LA COMUNIÓN
“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16 y 17).
La “comunión” de que Pablo escribió fue instituida por Jesús durante la última cena, justo antes de su crucifixión. Mateo lo dice así: “y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mateo 26:26- 29).
Marcos lo documentó así: “Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios” (Marcos 14:22-25).
Lucas lo documentó así: “Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Este es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre que por vosotros se derrama” (Lucas 22:14-20).
Note, por favor, que Jesús no sólo comió el pan y bebió de la copa esa noche con sus apóstoles, sino ¡también prometió hacerlo otra vez con ellos en el reino de su Padre!
Juan dice que mientras Jesús comía la última cena con sus discípulos, les explicó que iba a dónde ellos no podían seguirlo en aquel entonces (Juan 13:36). Pero no iba a abandonarles ni dejarles como huérfanos. Aunque Jesús iba a irse, volvería pronto como el Espíritu Santo. Note: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador,
para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:16-20).
JAMÁS DEBEMOS OLVIDAR QUE JESÚS DEMOSTRÓ SU AMOR PARA CON NOSOTROS EN UNA CRUZ: “EN ESTO HEMOS CONOCIDO EL AMOR, EN QUE ÉL PUSO SU VIDA POR NOSOTROS; TAMBIÉN NOSOTROS DEBEMOS PONER NUESTRAS VIDAS POR LOS HERMANOS” (1 JUAN 3:16).
- Durante tres años Jesús había caminado delante de ellos y les había mandado:
“síganme”. Ahora, Jesús prometió nunca dejarlos, y aunque iba a irse por un tiempo, él y su Padre volverían y harían su morada con ellos. No los abandonaría como huérfanos. Jesús prometió “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23).
- Por favor, ¡no se preocupe! ¡Jesús ha prometido nunca desampararnos ni
dejarnos! (Hebreos 13:5).
- Además, Jesús no sólo está con nosotros, como individuos, sino también ha
prometido en una manera especial estar con nosotros cuando estamos reunidos para adorar: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
- La palabra “iglesia” se deriva de la palabra griega ekklesia que se refiere a una
asamblea. Donde solamente dos o tres se reúnen en su nombre, Jesús está allí. Consecuentemente, los creyentes no debemos dejar de congregarnos con los santos para exhortar y animar unos a otros a ser fieles (Hebreos 10:25).
- Jesús también prometió estar con nosotros de una manera especial en la cena del
Señor. La palabra traducida como “comunión” se deriva de la palabra griega koinonia que se refiere a una “asociación” o una “confraternidad”. Cuando comemos el pan en memoria de su cuerpo, y bebemos el “fruto de la vid” en memoria de su sangre, estamos demostrando nuestra “asociación” con Jesús (Marcos 14:22-25).
- Así que la iglesia primitiva dio prioridad a la doctrina de los apóstoles, al reunirse
juntos, al partimiento del pan, y a las oraciones (Hechos 2:42).
- “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan
en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:46 y 47).
- Por supuesto, cuánto más “comunión” que tenemos con Jesús, más seremos
como él (2 Corintios 3:18).
UNA PALABRA DE ADVERTENCIA
Cuando Caín mató a su hermano, Dios le advirtió: “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Génesis 4:7). La palabra hebrea traducido como “deseo” es teshugah. Esta palabra se encuentra solamente tres veces en la Biblia. Keil y Delizsch en un comentario sobre Génesis afirman que se refiere a un deseo tan fuerte que es casi como una enfermedad. Viene de una palabra raíz que quiere decir “un anhelo violento”.
La lección es que Satanás está obsesionado en enviarnos al infierno. Él está pacientemente “a nuestra puerta” deseando derrotarnos. Él es tan serio con respecto a esto que hará cualquier cosa y dirá cualquier cosa para engañarnos. ¡Recuerde! Adán y Eva eran personas perfectas en un ambiente perfecto. ¡Si Satanás pudo engañarlos a ellos, obviamente él podría engañarnos a nosotros!
Pablo advirtió a los corintios: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:2 y 3).
Todo lo que Dios creó era “bueno en gran manera”: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Esto incluía el “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:17). Satanás aún usó ese árbol especial para traer el pecado al mundo. Como sabemos, la muerte vino por medio del pecado (Romanos 5:12).
La cena del Señor es buena, pero Satanás puede engañarnos para causar divisiones entre los hermanos en cuanto a cómo deberíamos celebrarla. Benaía, uno de la guerreros de David, mató a un egipcio con su propia lanza (2 Samuel 23:21). Esto es lo que Satanás quiere hacer con nosotros. Las Escrituras son “la espada del Espíritu” (Efesios 6:17), y Satanás quiere que nos “matemos” unos a otros con la Biblia. Cada división en el cuerpo de Cristo se puede atribuir a la astucia de Satanás.
Por ejemplo, el bautismo y la cena del Señor son mandamientos de Jesús. Ellos han sido reconocidos como dos ordenanzas básicas de la fe cristiana. Dios quería que el bautismo y la cena del Señor nos unan: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” ( 1 Corintios 12:13). Con respecto a la cena del Señor, Pablo escribió: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16 y 17). Tristemente, hay literalmente miles de divisiones en la iglesia de Jesucristo por causa del bautismo y la cena del Señor.
Por ejemplo, Martín Lutero era un reformador en Alemania y Huldrych Zwingli era un reformador en Suiza. Los dos dejaron la Iglesia Católica y los dos creían en “la autoridad de las Escrituras”. Pero estaban divididos en la interpretación de ellas. La cena del Señor era un tema de desacuerdo violento. Lutero pensaba que se debe tomar literalmente las palabras de Jesús “Esto es mi cuerpo” y Zwingli pensaba que eran simbólicas. Lutero se negó a trabajar con Zwingli porque pensaba que hacerlo “resultaría en la condenación del cuerpo y alma”. Lutero pensaba que como el ejército de Josué fue detenido por un pecador como Acán, la reformación sería detenida por un pecador como Zwingli.
Pero como ya hemos dicho, ¡la cena del Señor debería unirnos!: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:17). “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:12 y 13).
Los siguientes pensamientos con respecto a la cena del Señor son la opinión de un solo hombre! Por favor, ¡no deje que el diablo le engañe a discutir y a causar divisiones sobre opiniones!
¿POR QUÉ DEBEMOS PARTICIPAR EN LA CENA DEL SEÑOR?
- ¡Primero, Jesús nos dijo que debemos hacerlo! ¡Lo que Jesús nos dice hacer, debemos hacerlo! Cuando Jesús instituyó su cena, dijo a sus discípulos: “Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19).
- Por supuesto, ¡debemos obedecer a Jesús! No podemos llamarle Señor si no hacemos lo que él nos manda (Lucas 6:46).
- Jesús instituyó su cena mientras comía la cena de la Pascua. Dios mandó la participación en la Pascua para que su pueblo nunca olvidara su liberación de Egipto. Jesús instituyó su cena para que nunca olvidemos su crucifixión.
- “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).
- ¡Cuando participamos de la cena del Señor, también proclamamos su promesa de volver! “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26).
- La idea de que el Dios que creó el universo moriría en una cruz para salvarnos es única. ¡Ningún dios pagano jamás había hecho tal cosa! Cada vez que participamos en la cena del Señor, nos hace recordar ese milagro magnífico que está más allá de la comprensión humana: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).
¿QUIÉNES DEBEN PARTICIPAR EN LA CENA DEL SEÑOR?
- Ya que la cena es del Señor, es él que da la invitación. ¡Todos los que afirman que
Cristo es su Señor están invitados tener comunión con él!
- Pero por favor, considere esta advertencia: “De manera que cualquiera que
comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:27-32).
- ¡Nadie debe participar de la cena del Señor que se niegue a arrepentirse!
- David, un hombre conforme al corazón de Dios, dio un buen ejemplo para todos
cuando oró: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:1-3).
- Ananías y Safira eran cristianos que se acercaron a Dios de una manera indigna y
ambos murieron por mentir al Señor (Hechos 5:1-11).
- El rey Herodes murió porque negó dar la gloria a Dios (Hechos 12:20-23). ¡No
debemos ser orgullosos como Herodes!
- ¡También algunos en Corinto murieron y otros se debilitaron y estuvieron
enfermos porque comieron la cena del Señor de una manera indigna! ¡Recuerde! “Escrito esta también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).
- Por eso, “todos debemos examinarnos antes de comer el pan y beber la copa”.
¿CUÁNDO DEBEMOS TOMAR LA CENA DEL SEÑOR?
- ¡Las Escrituras no nos dicen!
- Las Escrituras sí nos dicen que; “Así, pues, todas las veces que comiereis
este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26).
- Parece que la iglesia en Jerusalén celebraba la Cena del Señor todos los días “Y
perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:46 y 47).
- La iglesia en Troas se reunía el primer día de la semana para partir el pan
(Hechos 20:7). Pablo estaba apurado para llegar a Jerusalén (Hechos 20:16), pero se quedó en Troas por siete días. Aparentemente, llegó a Troas demasiado tarde para reunirse con los hermanos y tuvo que esperar por siete días para partir el pan con ellos (Hechos 20:6).
- Note, por favor, que “partir el pan” fue aparentemente la razón primaria por su
reunión. ¡Estamos libres para tener comunión con Cristo cuando queramos!
¿QUÉ COMEMOS Y BEBEMOS EN LA CENA DEL SEÑOR?
- Jesús instituyó su cena con pan sin levadura cuando comían la cena de la Pascua.
- Algunos creen que la iglesia primitiva tuvo “fiestas de amor” durante las cuales
comían la cena del Señor (Judas 1:12).
- La iglesia en Corinto también tuvo comidas juntas con la cena del Señor (1
Corintios 11:20-22). Ya que abusaban el propósito de estas comidas, Pablo escribió: “Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio (1 Corintios 11:33 y 34).
- El pan de la Pascua fue hecho de trigo, avena, cebada, o centeno, sin levadura.
- Pero en muchos lugares del mundo, no hay estos granos y se hace el pan de otra
cosa. Pero esto no les impide observar la cena del Señor.
- El “fruto de la vid” para la Pascua fue hecho de uvas.
- Pero en muchos lugares del mundo, no hay uvas.
- Se puede vivir sin trigo y uvas, pero no se puede vivir sin algo qué comer y beber.
Pienso que la gente de la selva y la gente del ártico pueden tener comunión con Dios al usar lo que hay.
- Una tribu en la selva de Papua Nueva Guinea fue convertida a Dios por Juan y
Bonita Pryor. Los miembros de la tribu bebían solamente el agua después de haber sido destetados del pecho de sus madres. Ya que hay muchas tribus en su alrededor, no hay la posibilidad de recibir suministros de otras partes del mundo. Así que recuerdan el cuerpo de Jesucristo con pan hecho de camote y recuerdan su sangre tomando agua.
- Tristemente, el mundo religioso está dividido sobre “el fruto de la vid” que Jesús
bebió. Algunos dicen que no fue fermentado ya que cualquier cosa con levadura fue prohibida en la Pascua. Como sabemos, sin refrigeración, es difícil evitar que el fruto de la vid se fermente.
- Pablo reprendió a la iglesia en Corinto por emborracharse en la cena del Señor
(1 Corintios 11:17-22). No está mal beber un poco de vino, pero siempre está mal emborracharse.
- El versículo 17 dice: “Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor”.
- Los versículos 18 y 19 dicen: “Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya divisiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados”.
- La palabra traducida como “divisiones” es la palabra para “herejía”. Tal como el cuerpo humano tiene la habilidad de deshacerse de los venenos, así también el cuerpo de Cristo. Los “aprobados” se aferran a Jesús, y los “herejes” se aferran a algún otro.
- El versículo 20 dice: “Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor”. No importaba cuales fueron sus intenciones, su reunión era tan corrupta que no era comer la cena del Señor.
- El versículo 21 dice: “Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga”.
- El versículo 22 dice: “Pues que, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os daré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo”.
- Después de reprenderlos por sus errores, Pablo continuó: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed, este es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo también tomó la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:23-26).
LA ADORACIÓN SIN RITUALES
- Bajo la ley mosaica, solamente el sumo sacerdote podía entrar a la presencia de Dios en el lugar santísimo. Solamente pudo hacerlo un día al año, observando los rituales más estrictos.
- Algunos de los muchos rituales se encuentran en Levítico 16:1-34. Por ejemplo, si el sumo sacerdote se olvidara de poner incienso en el fuego delante del Señor, moriría (Levítico 16:13).
- Cuando Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño ante el Señor, murieron (Levítico 10:1-3).
- Pero cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó en dos; “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron” (Mateo 27:50 y 51).
- Por la sangre de Cristo, podemos entrar con confianza a la presencia de Dios sin un ritual: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió, a través de velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos, con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:19-23).
- El día 22 de marzo del año 1951, el misionero J. Russell Morse fue arrestado y encarcelado por los comunistas chinos. Lo mantuvieron en confinamiento solitario por 15 meses. Le dieron muy poca comida; fue torturado, azotado, y estaba preparado para morir por su fe. No sabía qué día era. Solamente le dieron arroz y agua. Pero cada día celebró la cena del Señor comiendo arroz para hacerle recordar al cuerpo de Cristo, y bebiendo agua para representar su sangre.
- Aquí hay entrevistas en inglés con el hermano Morse y su hijo Eugenio:
https://vimeopro.com/wotruth/venture-in-faith/video/110859073
https://vimeopro.com/wotruth/venture-in-faith/video/110859074
DISCIPLINA EN LA IGLESIA
- “Y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5 y 6).
- Había un hombre en la iglesia de Corinto que fornicaba con la mujer de su padre; “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombre entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:1-5).
- El término teológico para esta disciplina “excomulgar”. Esto quiere decir “quitar alguien de la hermandad”.
- En los siguientes versículos (1 Corintios 5:9-12), Pablo explica que en la sociedad tenemos que asociarnos con pecadores para ganarlos para Cristo. Pero en la iglesia es distinto: “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11).
- Un padre amoroso no disciplina a su hijo para salvarse a sí mismo, sino para salvar a su hijo que ama. Similarmente, ¡el motivo para disciplinar a un hermano en Cristo es su salvación y no la nuestra!
- En esta instancia, la disciplina tuvo buenos resultados y el hombre pecaminoso se arrepintió. Entonces Pablo escribió; “Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él” (2 Corintios 2:6-8).
- David tuvo un hijo impío llamado Absalón que usurpó el trono. Pero aún David amaba a su hijo impío. Cuando David oyó que Absalón había muerto, dijo: “¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” (2 Samuel 18:33).
- ¡Esta es la manera en que Dios nos ama! “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
EL ENCUENTRO DE LOS DISCÍPULOS CON JESÚS
Después de que Jesús resucitó de los muerto, estuvo con sus discípulos durante 40 días y les habló acerca del reino de Dios (Hechos 1:3). En algunos de esas ocasiones Jesús apareció sin aviso previo. Por ejemplo, una semana después de su resurrección, de repente Jesús se apareció a ellos en el aposento alto aunque las puertas estaban cerradas (Juan 20:26)
Pero sí, hizo un arreglo para reunirse con ellos en Galilea. Cuando Jesús se apareció a un grupo de mujeres, dijo: “No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán” (Mateo 28:10).
Algunos versículos más adelante, se nos dice: “Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado” (Mateo 28:16).
Fue en ese encuentro que Jesús les dio la gran comisión diciendo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:18-20).
Jesús también habló de otro encuentro con sus discípulos:: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
Como se sabe, Jesús hizo otro arreglo para reunirse con ellos: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mateo 26:26-29).
¡ALABADO SEA DIOS! ¡JESÚS TAMBIÉN HA HECHO ESTOS MISMOS ARREGLOS CON NOSOTROS!
¡CUANDO NOS REUNAMOS CON DOS O TRES CREYENTES EN EL NOMBRE DE JESÚS, ALLÍ ESTARÁ ÉL!
CUANDO PARTIMOS EL PAN EN MEMORIA DE SU CUERPO, Y BEBEMOS DE LA COPA EN MEMORIA DE SU SANGRE, ALLÍ ESTARÁ ÉL.
¡JESÚS HA PROMETIDO QUE NO NOS DESAMPARARÁ NI NOS DEJARÁ! POR FAVOR, ¡NO DEJE LA COMUNIÓN CON ÉL!