Boyce Mouton
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LA CAUTIVIDAD BABILÓNICA

Boyce Mouton · 6 pages · 1,953 words

LA CAUTIVIDAD BABILÓNICA

Las Escrituras enseñan que no hay nadie como Dios, que sabe el principio y el fin y desde la antigüedad, lo que aún no ha sido hecho (Isaías 46:10). El capítulo 28 de Deuteronomio provee uno de muchos ejemplos donde Dios predijo el futuro. En este pasaje, la Biblia predice lo que pasaría con la nación judía cientos de años antes de que sucediera.

  • Si obedecieran al Señor y cuidadosamente siguieran sus instrucciones, serían

bendecidos (Deuteronomio 28:1-14). La Biblia registra muchas veces cuando se hizo realidad esta promesa.

  • Si no obedecieran al Señor, serían malditos (Deuteronomio 28:15-68). La Biblia

también provee muchos ejemplos cuando esta promesa se hizo realidad.

Un caso específico se relaciona con nuestro estudio de hoy. Dios prometió a los hebreos que si lo desobedecieran, serían tomados cautivos por una nación extraña “Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra” (Deuteronomio 28:36).

Esta predicción se hizo realidad en los días de Jeremías, el profeta. Jeremías menciona tres instancias cuando el pueblo de Dios fue tomado cautivo a Babilonia: “Este es el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: En el año séptimo, a tres mil veintitrés hombres de Judá. En el año dieciocho de Nabucodonosor él llevó cautivas de Jerusalén a ochocientas treinta y dos personas. El año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzaradán capitán de la guardia llevó cautivas a setecientas cuarenta y cinco personas de los hombres de Judá; todas las personas en total fueron cuatro mil seiscientas” (Jeremías 52:28-30).

Los judíos fueron llevados a la cautividad tal como el Señor había dicho. Vivieron en esa tierra pagana por setenta años. Para poder sobrevivir, aprendieron el lenguaje y las costumbres de los babilonios. Usaron la moneda babilónica y la terminología babilónica. No obstante los corazones de los piadosos estaban en Jerusalén. Podrían haber estado en la ciudad corrupta de Babilonia, pero sus corazones estaban en Jerusalén, la ciudad santa. Anhelaban el momento en que volverían a casa donde pertenecían.

El exilio del pueblo de Dios a Babilonia es muy significativo, porque ilustra lo que los cristianos estamos experimentando en el mundo de hoy. Nosotros también estamos viviendo como cautivos en un mundo donde no pertenecemos. Cada gobierno humano nos parece extraño porque somos ciudadanos del cielo. Podemos hablar un idioma del mundo y usar su dinero y adoptarnos tanto como sea posible a sus leyes, pero nuestro hogar está en los cielos con el Señor Jesús. Somos solamente extranjeros y peregrinos aquí. Anhelamos el día cuando seremos librados de esta esclavitud y estaremos en casa con el Señor Jesús.

La cautividad babilónica se menciona tres veces en la genealogía del Señor Jesús (Mateo 1:11, 12 y 17).

LA HISTORIA DE BABILONIA

Se le ha llamado a Babilonia “la cuna de la raza humana”. Algunos creen que el huerto de Edén estaba cerca. Una razón por esa creencia es que el río Éufrates fluía por Babilonia y también salía del huerto de Edén (Génesis 2:10-14). Adán, Noé, y Abraham vinieron de esa región.

Originalmente, la ciudad se llamaba ”Babel”. Fue fundada por un guerrero poderoso que se llamaba “Nimrod” (Génesis 10:8-10). El nombre “Babel” literalmente quiere decir “puerta a Dios”.

Fue en Babel que algunos rebeldes decidieron edificar una formidable torre. No era una torre de vigilancia, sino iba a ser una torre a los cielos (Génesis 11:1-9). Esa torre fue una manifestación de rebeldía en contra de Dios. Dios quería que su gente se disperse y que llene la tierra. No obstante, esa torre fue diseñada para evitar esa dispersión. Esos hombres perversos querían ser famosos y no dispersados por toda la tierra (Génesis 11:4).

Dios los impidió edificar la torre al confundir su lenguaje. Cuando no podían entenderse unos a otros, dejaron de edificar la torre y fueron dispersados por toda la tierra. Todos los idiomas distintos de la tierra resultaron de lo que Dios hizo en Babel.

En esa época, la palabra “babel” tenía otro significado. Llegó a significar “confusión”. El proyecto original que fue destinado para ser la puerta a Dios, llegó a ser el símbolo mismo de confusión.

Sin embargo, la ciudad de Babel no dejó de existir. En realidad, llegó a ser una gran ciudad con mucha influencia que impacta nuestro mundo moderno de muchas maneras.

He aquí algunas de las cosas que damos por sentado en nuestro mundo moderno que se originaron en Babilonia.

  • El sistema sexagésimo (es decir que se basa en 60) que divide un círculo en 360

grados, un grado en 60 minutos, y un minuto en 60 segundos.

  • La división del día en 24 horas, con horas de 60 minutos y minutos de 60

segundos.

  • La calculación del año solar que consiste de 365 días, 5 horas, 49 minutos y 30

segundos.

  • Las doce constelaciones del zodiaco.
  • La división del año en 12 meses basado en estas constelaciones.
  • Los días de la semana, día del sol, día de la luna, etc.
  • La adoración de la diosa Ishtar que llegó a ser nuestra Pascua moderna.
  • La observancia del solsticio de invierno que ha llegado a ser nuestra Navidad

moderna.

  • Astrología, quiromancia, y adivinación.
  • Fabricación de ladrillos.
  • Etc.

Babilonia era una ciudad muy importante. Se menciona Babilonia 286 veces en la Biblia. Isaías predijo que la ciudad de Babilonia sería destruida y nunca reedificada.

“Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios. Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni levantará allí tienda el árabe, ni pastores tendrán allí majada; sino que dormirán allí las fieras del desierto, y sus casas se llenarán de hurones; allí habitarán avestruces, y allí saltarán las cabras salvajes. En sus palacios aullarán hienas, y chacales en sus casas de deleite; y cercano a llegar está su tiempo, y sus días no se alargarán” (Isaías 13:19-22).

La ciudad fue destruida tal como Isaías predijo y nunca ha sido reedificada. No obstante, la palabra “Babilonia” no se refiere solamente a una ciudad física, sino se usa en la Biblia como un símbolo de corrupción mundano y confusión. Por ejemplo, considere estas referencias a Babilonia en el libro de Apocalipsis. La ciudad física había

sido destruida por siglos, pero el espíritu de Babilonia vivía aún en Roma. Tal como Babilonia había perseguido a los judíos, Roma perseguía a los cristianos.

Por lo tanto Juan escribió que:

  • Babilonia era esa gran ciudad que hizo beber a todas las naciones del vino del

furor de su fornicación (Apocalipsis 14:8).

  • Dios dará a Babilonia el cáliz del vino del ardor de su ira (Apocalipsis 16:19).
  • Un misterio: Babilonia es llamada la madre de las rameras y de las

abominaciones de la tierra (Apocalipsis 17:5).

  • Ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de

todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible (Apocalipsis 18:2).

  • En una hora vendrá el juicio de la gran ciudad de Babilonia (Apocalipsis 18:10).
  • La gran ciudad de Babilonia será derribada con violencia y nunca más será

hallada (Apocalipsis 18:21).

JERUSALÉN

Tal como Babilonia llegó a ser un símbolo de corrupción y confusión, la ciudad de Jerusalén llegó a ser un símbolo de verdad y de justicia. La ciudad se llamaba “Salem” en los días de Abram. Abram vino a este lugar para pagar sus diezmos a Melquisedec. Melquisedec era el rey se Salem y el sacerdote del Dios Altísimo (Génesis 14:18). Su sacerdocio existió cientos de años antes del sacerdocio de Aarón y era muy superior al sacerdocio de él. Como sabemos, el Señor Jesús era un sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:1-21).

Como ya hemos dicho antes, el pueblo de Dios debía adorar en un solo lugar durante los días de la dispensación mosaica (Deuteronomio 12:4-14). Ese lugar era Jerusalén. Fue allí que Dios dirigió a Salomón a edificar el templo. Sin importar dónde vivía el pueblo de Dios, tenía que viajar a Jerusalén para adorar. Por ejemplo, el libro de Hechos registra que en el día de Pentecostés, cuando la iglesia fue formada, había judíos que habían venido a Jerusalén para adorar de todas las naciones bajo el cielo (Hechos 2:5).

Isaías recibió una visión con respecto a Judá y Jerusalén:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos; caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:2-4).

Así como personas perversas serían simbolizadas por Babilonia, las personas piadosas somos simbolizadas por Jerusalén.

La palabra Jerusalén aparece 811 veces en la Biblia. Así como los judíos consideraron a la Jerusalén terrenal como su lugar de adoración, nosotros los cristianos nos identificamos con la Jerusalén “celestial” o “espiritual”.

  • Pablo identificó a la Jerusalén terrenal con el judaísmo, pero llamó al

cristianismo la Jerusalén de arriba (Gálatas 4:25 y 26).

  • El autor de Hebreos dijo que los cristianos adoran en Jerusalén la celestial

(Hebreos 12:22).

  • El libro de Apocalipsis describe a la “nueva Jerusalén” (Apocalipsis 3:12).
  • Juan dijo que la nueva Jerusalén descendería del cielo dispuesta como una

esposa ataviada para su marido (Apocalipsis 21:2).

  • Juan fue llevado en el espíritu para ver descender la santa Jerusalén del cielo

(Apocalipsis 21:10).

  • La condenación se representa como ser arrancado de las bendiciones de la “santa

ciudad” (Apocalipsis 22:19).

LOS CRISTIANOS SOMOS SEMEJANTES A EXTRANJEROS

Y PEREGRINOS EN ESTA TIERRA

En los tiempos del Antiguo Testamento, el pueblo judío era “el pueblo escogido”. Dios lo escogió para ser su pueblo. Le prometió una tierra en la cual fluía leche y miel. Dios le permitió estar en Babilonia debido a su pecado, pero no quería que se quedara allí para siempre. Prometió traerlo de nuevo a la tierra prometida.

Hoy, los cristianos somos el pueblo escogido de Dios. Pedro escribió: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó

de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Pedro 2:9-12).

Pablo lo dijo así: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20 y 21).

¡Toda forma y manifestación de Babilonia será destruida, más la nueva Jerusalén durará para siempre!