LA BENDICIÓN DE OBEDECER
LA BENDICIÓN DE OBEDECER
(Por Boyce Mouton)
“Sí sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).
Note que el Señor Jesús conectó el “saber” y el “hacer” con ser bendecido por Dios. ¡SI QUEREMOS SER BENDECIDOS, HAY ALGUNAS COSAS QUE DEBEMOS HACER!
El Señor Jesús habló estas palabras a sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su crucifixión. En ese momento, no se sentían bendecidos. En realidad estaban muy tristes. Había una disputa entre ellos con respecto a quién de ellos sería el mayor (Lucas 22:24-27). En ese momento el Señor Jesús empezó a “hacer” algo. Puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos (Juan 13:2-17). El Señor Jesús fue bendecido por lo que hacía, y quería que sus discípulos fueran bendecidos en la misma manera. En el mundo, el mayor “se sienta” y los demás “sirven”. En la iglesia es lo opuesto; los mayores son los que sirven. El Señor Jesús es nuestro ejemplo. Él estaba entre nosotros como uno que servían. Si los discípulos quisieran ser bendecidos, ellos también tendrían que ser siervos. Es importante recordar que deberíamos tener la “mente” de Cristo. Deberíamos pensar como él pensaba y actuar como él actuaba. Con respecto a esto, tenemos que recordar que el Señor Jesús mismo aprendió a “obedecer” (Hebreos 5:8). No quedó pasivo en el cielo, sino vino a la tierra y llegó a estar activamente involucrado en hacer la voluntad de su Padre. Al hacer esto, llegó a ser “obediente” aun hasta la muerte en una cruz (Filipenses 2:8). Si el Señor Jesús fue “obediente”, nosotros también deberíamos ser “obedientes”.
La idea de que las personas obedientes son bendecidas no es nada nuevo, es el tema central de toda la Biblia. Adán y Eva fueron bendecidos cuando obedecieron a Dios, y fueron maldecidos cuando lo desobedecieran. Moisés prometió bendiciones para los que obedecieran a Dios y maldiciones para los que lo desobedecieran (Deuteronomio 28). El Señor Jesús también prometió bendiciones para los que hicieran la voluntad de su Padre. Él dijo que no todos los que le llamaban Señor entrarían al reino del cielo, sólo los que “hacían” la voluntad de su Padre en el cielo. Dijo que los que obedecen a Dios son como los que edificaron sus casas sobre la roca, y los que desobedecieron a Dios son como los que edificaron sus casas sobre la arena (Mateo 7:21-27). Algún día seremos juzgados por lo que hemos “hecho” (Mateo 25: 31-46; 2 Corintios 5:10; Apocalipsis 20:12, etc.).
¡AQUÍ ESTÁ EL DILEMA!
Sabemos que la salvación es por gracia por medio de la fe y no por obras.
- “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8 y 9).
- “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,
sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
Pero al mismo tiempo también sabemos que la fe sin obras está muerta.
- “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”
(Santiago 2:20).
- “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin
obras está muerta” (Santiago 2:26).
AUNQUE LA SALVACIÓN ES POR LA FE, ¡HAY ALGUNAS COSAS QUE DEBEMOS “HACER ” SI QUEREMOS RECIBIR LA BENDICIÓN DE DIOS !
UNA LECCIÓN DE CAÍN Y ABEL
La historia bien conocida de Caín y Abel puede ayudarnos a entender la diferencia entre “obras muertas” y “obras de fe”. Ambos “hicieron” algo, pero solamente Abel fue bendecido (véase Génesis 4:1-16). Estoy seguro que usted recuerda la historia. Caín ofreció a Dios algunos de los frutos de la tierra y Abel trajo las porciones grasosas de los primogénitos de su rebaño. Como sabemos, Dios miró con favor a Abel y a su ofrenda, pero no a la de Caín. ¿Qué fue la diferencia? ¡LA FE! “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín” (Hebreos 11:4).
Caín trabajó duro, y en la superficie, parecía que estaba haciendo precisamente lo que Dios quería que haga. Cuando pecó Adán, Dios dijo: “maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19). En este pasaje, Dios no dijo nada acerca de tener ovejas, solo cultivar la tierra, y Caín fue un obrero que “cultivaba” la tierra.
Como hemos señalado, la diferencia entre estos 2 hermanos y sus ofrendas nos es revelado en el libro de los Hebreos: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Hebreos 114). Es obvio que Abel trajo su ofrenda por fe, y su hermano no lo hizo.
OBRAS MUERTAS U OBRAS DE FE
Entonces hay una diferencia entre “obras muertas” (Hebreos 6:1, 9:14), y “obras de fe” (1 Tesalonicenses 1:3; 2 Tesalonicenses 1:11). Caín trabajó duramente pero no fue bendecido. Ganó la vida por “el sudor de su frente”, pero no fue bendecido. Trajo una ofrenda al Señor pero no recibió una bendición. Al contrario, Abel trajo su ofrenda “por la fe”. “Por la fe” ofreció un sacrificio más excelente, y “por la fe” fue encomendado como un hombre justo.
La parte más importante de esta historia es que “por la fe”, Dios consideró que Abel era un hombre justo. Por supuesto, ¡Abel no fue justo! ¡Nadie es! “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Las Escrituras cuidadosamente señalan aunque no era justo, por fe fue “encomendado” como un hombre justo. Esto nos ayuda a entender la salvación. Abraham tampoco era justo, pero su fe le fue contado como justicia (Génesis 15:6). Es emocionante darnos cuenta que aunque somos injustos y pecadores, nosotros también podemos ser declarados justos por Dios.
Pero nuestra justificación por fe no puede estar separada totalmente de lo que hacemos. Aunque Abel fue justificado por su fe, también trajo una ofrenda al Señor. También Abraham no sólo fue bendecido por lo que creía, sino también por lo que hizo. Considere, por favor:
LA FE DE ABRAHAM
- “Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:3-6).
LAS OBRAS DE ABRAHAM
- “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:20- 23).
Note que la fe de Abraham vino primero y que fue su fe que habilitó a sus obras para ser aceptables a Dios.
EL CAPÍTULO DE LA FE
1 Corintios 13 es conocido como “el capítulo del amor”. 1 Corintios 15 es conocido como “el capítulo de la resurrección”. Hebreos 11 es conocido como “el capítulo de la fe”.
Note cuántas veces en este último capítulo que el pueblo de Dios manifestó su fe por lo que hizo.
- Por la fe, Noé construyó el arca (Hebreos 11:7).
- Por la fe, Abraham fue a un lugar que más tarde heredaría (Hebreos 11:8).
- Por la fe, Isaac bendijo a Jacob y a Esaú (Hebreos 1:20).
- Por la fe, Abraham bendijo a los hijos de José (Hebreos 11:21).
- Por la fe, José dio instrucciones acerca de sus huesos (Hebreos 11.22).
- Por la fe, los padres de Moisés lo escondieron por 3 meses (Hebreos 11:23).
- Por la fe, Moisés rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón (Hebreos 11:24).
- Por la fe, el pueblo de Dios pasó el Mar Rojo por tierra seca (Hebreos 11:29).
- Por la fe, cayeron los muros de Jericó después de que el pueblo de Dio los rodeó
por siete días (Hebreos 11:30).
- Por la fe, la ramera Rahab dio la bienvenida a los espías (Hebreos 11:31).
- Etc.
- La fe verdadera se manifiesta en las buenas obras. Note: “Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
EL EJEMPLO DEL SEÑOR JESÚS
El Señor Jesús no era simplemente un hombre de fe, sino también era un hombre de acción.
- Como ya hemos señalado, el Señor Jesús no se quedó en el cielo, sino se humilló,
bajó a la tierra, y se hizo siervo. Mientras servía en la tierra, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:5-11).
- Pedro señaló que el Señor Jesús anduvo haciendo bien y sanando a todos los
oprimidos por el diablo (Hechos 10:38).
- A veces el Señor Jesús estaba tan ocupado que no tomó tiempo para comer
(Marcos 3:20).
- Se cansó tanto que durmió durante una tempestad en un barco que estaba por
hundirse en las olas del mar (Marcos 4:37-41).
- El Señor Jesús dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me
envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).
- Aunque el Señor Jesús era el Hijo de Dios, “por lo que padeció aprendió la
obediencia” (Hebreos 5:8).
- El Señor Jesús no sólo “hizo” cosas en la tierra, sino aún ahora está “haciendo”
cosas: “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:22-25).
- Si queremos ser semejantes al Señor Jesús, nosotros también debemos expresar
nuestra fe con acciones.
LA IMPORTANCIA DE LA OBEDIENCIA Y EL TIEMPO
- Dios envió ángeles para librar a Lot en el tiempo propicio. Un poco más tarde y
Lot habría sido destruido junto con las ciudades de Sodoma y Gomorra (Génesis 19: 1-17).
- Dios envió un ángel para ayudar a Agar e Ismael en el momento propicio. Un
poco más tarde y habrían muerto de sed (Génesis 21:14-19).
- Un ángel llamó a Abraham en el momento propicio. Un poco más tarde y habría
sacrificado a su hijo Isaac sobre el altar (Génesis 22:15).
- Dios envió un ángel para ayudar a Elías en el momento propicio. Estaba tan
desanimado que quería morir (1 Reyes 19:4-8).
- Dios envió un ángel para matar a 185,000 asirios en el momento propicio. Un
poco más tarde y la ciudad de Jerusalén habría sido destruida (Isaías 37:35-37).
- Dios envió un ángel en el momento propicio para salvar a Sadrac, Mesac, y Abed-
nego. Un poco más tarde y habrían muerto en el horno de fuego ardiendo (Daniel 3:28).
- Dios envió un ángel en el momento propicio para cerrar la boca del león y salvar a
Daniel (Daniel 6:22).
- Dios envió un ángel en el momento propicio para advertir a José que Herodes
quería matar al niño Jesús (Mateo 2:13).
- Dios envió un ángel en el momento propicio para quitar la piedra del sepulcro
del Señor Jesús (Mateo 28:2).
La Biblia está llena de muchos ejemplos de lo que los ángeles han hecho en el momento propicio. ES IMPORTANTE RECORDAR QUE LOS ÁNGELES OBEDECEN A DIOS INMEDIATAMENTE. En cada uno de los ejemplos de arriba, el tiempo fue importante. Por ejemplo, si el ángel que llamó a Abraham hubiera demorado cinco minutos, Isaac habría estado muerto.
DIOS QUIERE QUE SE HAGA SU VOLUNTAD EN LA TIERRA,
COMO SE HACE EN EL CIELO
Recuerde que el Señor Jesús nos enseñó a orar: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). Cuando Dios da una orden, necesitamos obedecerle inmediatamente tal como los ángeles. Por favor, considere estos ejemplos de cómo la obediencia inmediata trajo bendiciones:
- Noé obedeció a Dios y construyó un arca. Él juntó a criaturas vivientes para
poner en ella. Parece que el proyecto demoró unos 120 años (Génesis 6:3). Noé completó el proyecto una semana antes del diluvio (Génesis 7:4). Si Noé hubiera demorado, el diluvio podría haber llegado antes de completar la construcción del arca.
- Cuando Dios mandó a Abraham a ofrecer a su hijo Isaac en la tierra de Moriah,
salió temprano la mañana siguiente (Génesis 22:3). Era un viaje de tres días (Génesis 22:4). En precisamente el momento propicio, Abraham vio a un cordero trabado en un zarzal por sus cuernos. Si Abraham hubiera esperado, quizás el cordero ya se habría ido.
- Dios dijo a su pueblo precisamente cuándo matar al cordero de la Pascua y poner
su sangre en los dos postes y en el dintel de las casas (Éxodo 12:1-30). Si hubieran demorado un día más, sus primogénitos habrían muerto.
- Cuando el Señor Jesús quería observar la Pascua, envió a dos de sus discípulos a
Jerusalén. Les dijo que encontrarían a un hombre llevando un cántaro de agua y que debían seguirle (Marcos 14:13). Si los discípulos no hubieran salido inmediatamente, no habrían encontrado al hombre.
- Cuando el ángel de Dios mandó a Felipe que fuera al sur a un camino desierto
entre Jerusalén y Gaza, se fue inmediatamente. El momento fue perfecto. Felipe llegó en el momento propicio para oír al eunuco leer las palabras de Isaías (Hechos 8:26-39).
- Cuando el ángel dijo a Cornelio que enviara por Pedro, lo hizo inmediatamente.
Otra vez era el momento propicio. Los mensajeros llegaron cuando Dios dio a Pedro una serie de visiones (Hechos 10:1-23). Es inconcebible que Dios mandara a un ángel para hacer algo y el ángel no lo haría inmediatamente. Si la voluntad de Dios debería ser hecho en la tierra como en el cielo, nosotros también deberíamos obedecer inmediatamente.
- Recuerde la historia del hombre nacido ciego (Juan 9:1-34). El Señor Jesús
escupió en el suelo e hizo lodo, y lo puso en los ojos del hombre ciego. Entonces
le envió al estanque de Siloé para lavarse (Juan 9:7). Cuando lo hizo, Dios le bendijo al darle la habilidad de ver. Dios también puede darnos bendiciones cuando “hacemos” lo que él nos manda. Dios se acordará de la obra de nuestra fe, y del trabajo de nuestro amor.
EL DECIR NO ES LO MISMO QUE EL HACER
- El Señor Jesús dijo: “Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al
primero le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mateo 21:28- 31).
- “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad
del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:15-17).
- El Señor Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo
que yo digo?” (Lucas 6:46).
LO QUE HEMOS HECHO SERÁ EXAMINADO EN EL JUICIO FINAL
- Las cinco vírgenes sabías fueron bendecidas por lo que hicieron; las cinco
vírgenes necias fueron condenadas por lo que no hicieron (Mateo 25:1-13).
- El hombre con cinco talentos fue bendecido por lo que hizo. El hombre con un
talento era malo y negligente y fue condenado porque no hizo nada (Mateo 25:14- 30).
- Cuando se reúnan todas las naciones ante el Señor Jesús en el juicio, recibirán
bendiciones eternas los que obedecieron al Señor Jesús. Entonces: “El Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis, estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y me vinisteis a mí” (Mateo 25:34-36).
- “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios, y los libros
fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:12 y 13).
DIOS ES PACIENTE
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno pereza, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
- Es importante recordar que Dios nos ama y quiere que seamos salvos. Cuando
pecamos, o cometemos un error, Dios aún quiere que seamos salvos. Dios es paciente y espera que su pueblo haga lo correcto.
- Dios es tardo para la ira y tiene abundante amor y misericordia (Éxodo 34:6).
Dio al pueblo hebreo más de una oportunidad de hacer lo correcto.
- Dios esperó pacientemente en los días de Noé (1 Pedro 3:20). La sabiduría
convencional indica que Dios esperó por 120 años para que el pueblo se arrepienta. Dios no quiere condenar al mundo, sino quiere que el mundo sea salvo (Juan 3:16-18).
- Dios tuvo paciencia con Abraham. Le dijo que saliera de su nación, su pueblo, y
la casa de su padre (Génesis 12:1). Aparentemente, Abraham no entendió esto y llevó consigo a Harán su padre y a su sobrino. Cuando su padre murió, aún llevó consigo a su sobrino. Finalmente, Abraham y su sobrino Lot fueron separados porque que no había suficiente pasto para sus animales (Génesis 13:5-13). Después de que Lot se separó de Abraham, Dios hizo un pacto con él acerca de la tierra de Canaán (Génesis 13:14-17).
- Dios fue paciente con Ezequías. Él recibió una sentencia de muerte de Dios, pero
cuando oró y lloró, Dios le dio quince años más de vida (2 Reyes 20:5 y 6).
- Dios también fue paciente con Pedro:
- Pedro negó a Cristo tres veces, pero le dio otra oportunidad.
- Se le dijo que fuera a todo el mundo y predicara el Evangelio a todas las naciones (Mateo 28:18-20). Pero Pedro no lo hizo, y Dios le dio otra oportunidad.
- De hecho, por muchos años ninguno de los discípulos obedeció al Señor Jesús y no llevaron el Evangelio a todas las naciones. Cuando la iglesia primitiva fue esparcida por la persecución, predicaron solamente a los judíos. Note: “Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino solo a los judíos” (Hechos 11:19). Pero Dios era paciente y les dio otra oportunidad.
- Finalmente, Dios dio a Pedro una visión para ayudarle a entender (Hechos 10:9-14). Pedro no entendió la visión, pero Dios le dio otra oportunidad.
- Dios le dio a Pedro la visión por segunda vez (Hechos 10:15). Aún Pedro no entendió, pero Dios le dio otra oportunidad.
- Entonces Dios le dio la visión por tercera vez (Hechos 10:16). Mientras Pedro pensaba en la visión, el Espíritu Santo le dijo: “He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado” (Hechos 10:19 y 20).
- Finalmente, Pedro entendió el mensaje: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34 y 35).
- Si tenemos un corazón bueno y honesto, Dios también será paciente con nosotros hasta que entendamos y hagamos su voluntad.
EMPECEMOS
- Es importante recordar que los mandamientos de Dios no son gravosos: “Pues
este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). Dios es nuestro Padre amoroso y sólo nos manda a hacer las cosas que son buenas para nosotros. ¡SEREMOS BENDECIDOS CUANDO HAGAMOS LO QUE DIOS MANDA!
- El Señor Jesús dijo que el mandamiento más importante de la Biblia es:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30). Véase también Mateo 7:12, 22:39, y Lucas 10:27).
- El Señor Jesús dijo que el segundo más importante mandamiento es semejante:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos” (Marcos 12:31). Véase también Mateo 7:12, 22:39 y Lucas 10:27. “El mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13).
- El amor es un ingrediente esencial para el evangelismo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).
- Si amamos a Dios, guardaremos sus mandamientos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
- “Más el fruto del Espíritu es amor” (Gálatas 5:22).
- “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene” (1 Corintios 16:22).
- ¡SEREMOS BENDECIDOS CUANDO AMAMOS A DIOS Y A NUESTRO VECINO!
- Las Escrituras también nos mandan a CONFESAR nuestra fe en el Señor Jesús: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Romanos 10:10). La confesión no es algo que hacemos una vez, es una manera de vivir. Necesitamos confesar a alguien diariamente que creemos en el Señor Jesucristo. Jesús dijo: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32 y 33). ¡SEREMOS BENDECIDOS CUANDO CONFESEMOS A JESUCRISTO!
- Las Escrituras también nos mandan a ARREPENTIRNOS! El Señor Jesús mandó a sus discípulos que “se predique el arrepentimiento y el perdón de pecados en su nombre en todas las naciones” (Lucas 24:47). “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Arrepentirse significa dejar de hacer lo malo y comenzar a hacer lo bueno. Aun se les manda a las iglesias a arrepentirse (vea Apocalipsis 2:5, 16, 21,22; 3:3, 19). ¡SEREMOS BENDECIDOS CUANDO NOS ARREPENTIMOS!
- ¡Las Escrituras también nos mandan a BAUTIZARNOS! El Señor Jesús dijo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amen” (Mateo 28:18-20). El mandamiento de ser bautizado es el único mandamiento en la Biblia dado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cuando la gente en el día de Pentecostés quería saber qué hacer, Pedro les dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38). ¡SEREMOS BENDECIDOS CUANDO SEAMOS BAUTIZADOS!
He aquí algunos otros mandamientos que también podrían traernos bendiciones:
- Estudiar la Biblia – Mateo 4:4; Salmo 119:105; 2 Timoteo 2:15, 3:16, etc.
- Orar – Lucas 18:1; 1 Tesalonicenses 5:17; 1 Timoteo 2:8; Santiago 5:13-16, etc.
- Asistir a las reuniones de la iglesia – Hechos 2:42; Hebreos 10:25.
- Participar en la cena del Señor – 1 Corintios 11:23-34.
- Diezmar y ofrendar – Malaquías 3:8-12.
- Ayudar a los necesitados – Mateo 25:34-40.
- Hay muchas más Escrituras acerca de este tema. Recuerde que ¡DIOS NOS AMA
Y SOLAMENTE NOS MANDA A HACER LO QUE ES BUENO PARA NOSOTROS!
AUNQUE SEREMOS BENDECIDOS POR HACER TODAS ESTAS COSAS, AÚN ES IMPORTANTE RECORDAR QUE SOMOS SALVOS POR GRACIA, POR MEDIO DE LA FE, Y NO POR LAS OBRAS.
El Señor Jesús dijo: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírvame hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:7-10).
Sin importar cuánto “hacemos” para Cristo, debemos confesar que somos “siervos inútiles” que solamente hemos hecho lo que debíamos hacer.
Pero no se encuentra en las Escritures la idea de que podríamos ser salvos sin hacer algo. Se considera que Salomón era el hombre más sabio del mundo, y fue inspirado a recitar 3,000 proverbios y cantar 1005 cánticos. Además del libro de Proverbios, también escribió dos otros libros de la Santa Biblia: Eclesiastés y Cantares. El libro de Eclesiastés describe su lucha para encontrar el sentido de la vida y de entender precisamente qué Dios quería que él hiciera. Al fin del libro, nos da su conclusión inspirada: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:13 y 14).
UNA ADMONICIÓN FINAL DEL SEÑOR JESÚS
Por favor, considere con oración estas palabras del Señor Jesús: “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:47-50).
“SI SABÉIS ESTAS COSAS, BIENAVENTURADOS SERÉIS SI LAS HICIEREIS” (Juan 13:17).
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Se puede reproducir todo este estudio o partes, sin cambios, y sin dar crédito al autor, para la gloria del Señor Jesús y el avance de su reino.