LA ADORACIÓN
LA ADORACIÓN
La primera vez que se encuentra la palabra “adorar” en la Biblia es en Génesis 22:5. Abraham les dijo a sus siervos: “Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros”.
DIOS DIJO A ABRAHAM QUE ADORARA EN UN LUGAR ESPECIAL
- Primeramente, Dios dirigió a Abraham: “Vete a tierra de Moriah” sobre uno de
los montes que él le diría (Génesis 22:2).
- Fue un viaje de tres días a ese “lugar” (Génesis 22:4).
- Cuando se acercaban al “lugar”, Abraham les dijo a sus siervos que esperaran allí
mientras él y el muchacho se fueron “hasta allí” para adorar (Génesis 22:5).
- Abraham no debía adorar “en cualquier sitio”, sino solamente en el “lugar”
especial a donde Dios le había dirigido.
DIOS TAMBIÉN ESCOGIÓ UN LUGAR ESPECIAL PARA LA ADORACIÓN
DURANTE LA ERA DE MOISÉS
Dios dijo a Moisés: “No haréis así a Jehová vuestro Dios, sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas; y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido” (Deuteronomio 12:4-7).
“Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová. Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que habite en vuestras poblaciones; por cuanto, no tiene parte ni heredad
con vosotros. Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Deuteronomio 12:11-14).
DIOS TAMBIÉN DIRIGIÓ A DAVID A UN “LUGAR” ESPECIAL PARA ADORAR
“Y el ángel de Jehová ordenó a Gad que dijese a David que subiese y construyese un altar a Jehová en la era de Ornán jebuseo” (1 Crónicas 21:18).
ERA ESTE MISMO “LUGAR” DONDE SALOMÓN EDIFICÓ EL TEMPLO
“Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en un lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo” (2 Crónicas 3:1).
Es muy probable que el templo judío fue edificado en el mismo “lugar” donde se le dijo a Abraham que sacrificara a Isaac muchos años antes.
FIESTAS OBLIGATORIAS
Había tres fiestas anuales a las cuales todos los israelitas estaban obligados a asistir. ¡Note! “Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año,
cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor” (Éxodo 23:14-17).
SE CELEBRARON ESAS FIESTAS EN JERUSALÉN
Como ya hemos señalado, los judíos tuvieron que adorar solamente en el “lugar” que Dios había elegido para poner su nombre (Deuteronomio 12:13 y 14). Dios eligió poner su nombre en Jerusalén donde Salomón edificó el templo. Por eso, cuando la iglesia comenzó, había judíos en Jerusalén de todas las naciones bajo el cielo para celebrar la fiesta de Pentecostés. “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo” (Hechos 2:5).
EL TEMPLO VIEJO FUE DERRIBADO
El templo en Jerusalén era el “lugar” donde los judíos iban a adorar. No obstante, el Señor Jesús predijo que el templo judío en Jerusalén sería derribado. Note: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:1 y 2). De hecho, esto sucedió en el año 70 d. de C. cuando el templo judío fue completamente destruido por el ejército romano. Ya nadie podía adorar allí.
Como sabemos, el arca del testimonio estaba en el templo. El arca del testimonio era el lugar donde Dios se reunía con su pueblo: “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel” (Éxodo 25:22).
Hoy, Dios ha instituido un nuevo concepto revolucionario de adoración. Él puso fin al templo viejo y nos dio un templo nuevo. También puso fin al antiguo pacto y lo reemplazó con un nuevo pacto. Como sabemos, el antiguo pacto estaba ubicado en el templo viejo. Por lo tanto, fue lógico que el nuevo pacto estaría ubicado en el nuevo
templo. ¡Nuestros cuerpos son los nuevos templos! Dios ha escrito su nuevo pacto en los corazones y en las mentes de los creyentes. “Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:16 y 17). ¡El nuevo pacto ahora está ubicado en el cuerpo de todos los creyentes!
AHORA NUESTROS CUERPOS SON TEMPLOS DEL ESPÍRITU SANTO
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintos 3:16).
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19 y 20 ).
UN NUEVO CONCEPTO DE ADORACIÓN
Durante miles de años el pueblo tuvo que viajar a un “lugar” especial para adorar, pero ahora la adoración puede tomar lugar en cualquier lugar mientras que sea “en espíritu y verdad” (Juan 4:24).
La mujer samaritana dijo al Señor Jesús: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:20-24).
COMO YA HEMOS DICHO, ¡LOS CRISTIANOS PODEMOS AHORA ADORAR A DIOS EN CUALQUIER MOMENTO Y EN CUALQUIER LUGAR, MIENTRAS NUESTRA ADORACIÓN ES EN ESPÍRITU Y EN VERDAD!
- También, en cierto sentido, todo lo que hacemos es adoración ya que “Todo que
hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).
- No tenemos que “ir” a un templo para adorar porque somos “templos” (1
Corintios 6:19 y 20).
- No tenemos que “ir” a un sacerdote para adorar porque “somos sacerdotes”. De
hecho, somos “Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).
- El nuevo pacto de Dios no está en un “edificio”, sino que está en nuestro “cuerpo”
(Hebreos 8:7-13).
- No tenemos que “ir” a un lugar especial para encontrar a Dios y al Señor Jesús,
porque ellos han elegido hacer su morada en nuestros corazones (Juan 14:23). Además, el Señor Jesús ha prometido que no nos dejará (Hebreos 13:5).
¿POR QUÉ DEBEMOS CONGREGARNOS PARA ADORAR?
Si podemos adorar a Dios en cualquier momento y en cualquier lugar, ¿por qué es necesario congregarnos para adorar?
- Primeramente, nos congregamos porque Dios nos manda hacerlo. “No dejando
de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhor- tándonos y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).
- He aquí, algunos pensamientos adicionales para considerar.
- Si adoramos solos, no podemos “exhortarnos” los unos a los otros.
- Mientras Dios está con nosotros como individuos, él nos ha prometido estar con
nosotros de un manera especial cuando nos congregamos; “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
- Salomón dijo: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de
su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:9-12).
- La iglesia es un “cuerpo” hecho de muchos miembros. “Además, el cuerpo no
es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios 12:14-20). Si el cuerpo entero no se congrega, la iglesia hasta cierto punto esta discapacitada.
- La iglesia en Jerusalén puso un buen ejemplo para nosotros: “Y perseverando
unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:46 y 47).
- Por lo menos cuatro cosas sucedían en sus reuniones: “Y perseveraban en la
doctrina de los apóstoles, en la comunión uno con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).
LA IMPORTANCIA DE LA CENA DEL SEÑIOR
El Señor Jesús instituyó la cena del Señor cuando comío con sus discípulos en el aposento alto durante la fiesta de los panes sin levadura: “Y mientras que comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. Y cuando
hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos” (Mateo 26: 26- 30).
La iglesia tomó la cena del Señor cuando se congregaba para adorar.
Se dice que la iglesia en Troas se congregaba el primer día de la semana para “partir el pan” (Hechos 20:7). Mientras también hicieron otras cosas en sus reuniones, la razón que se congregaban involucraba “el partimiento del pan”. Como sabemos, esto es una celebración del milagro de la encarnación. No hay ningún hecho más significativo que el hecho de que el bebé en el pesebre en Belén era realmente “Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Este hecho era el enfoque principal de su adoración. Verdaderamente, “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19) y según el Señor Jesús, la cena del Señor es la manera en que deberíamos recordar ese hecho.
Participar en la cena del Señor en una manera indigna trae juicio sobre una persona. Por favor, considere: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indigna- mente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:23- 32).
CONCLUSIÓN
“Cantad a Jehová toda la tierra, proclamad de día en día su salvación. Cantad entre las gentes su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza, y de ser temido sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; mas Jehová hizo los cielos. Alabanza y magnificencia delante de él; poder y alegría en su morada. Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová gloria y poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad. Temed en su presencia, toda la tierra; el mundo será aún establecido, para que no se conmueva. Alégrense los cielos, y gócese la tierra, y digan en las naciones: Jehová reina” (1 Crónicas 16:23-31).