Boyce Mouton
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JUDÍOS, GENTILES, Y LA IGLESIA DE DIOS

Boyce Mouton · 12 pages · 5,165 words

JUDÍOS, GENTILES, Y LA IGLESIA DE DIOS

El apóstol Pablo, por inspiración, dividió a toda la humanidad en tres categorías: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32).

  • Los judíos incluyen los descendientes de Abraham, Isaac, Jacob, y los que se han

convertido al judaísmo.

  • Los gentiles son cualquiera que no sea judío.
  • La iglesia de Dios se compone de todas las personas salvas, judíos y gentiles.
  • Por eso, toda la humanidad puede ser clasificada en uno de estos tres grupos.
  • ¡Gracias a Dios, podemos elegir a ser salvo y a pertenecer a su iglesia!
  • ¡Este estudio breve ayudará a proporcionarle una idea general del plan de Dios

para salvar al mundo!

DIOS QUIERE QUE TODOS SEAN SALVOS

¡Saber que Dios ama al mundo y quiere que todos sean salvos es a la vez importante y muy alentador! Las Escrituras que siguen son sólo algunas acerca de este tema.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16 y 17).

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

¡Realmente, Dios ama al mundo!

EL SEÑOR JESÚS FUE DESTINADO A MORIR ANTES DE LA CREACIÓN

La muerte del Señor Jesús por nuestros pecados no era una idea tardía, sino fue planeada por Dios antes de la creación. Dios eligió redimir a la humanidad con la sangre preciosa del Señor Jesús antes de que Adán y Eva pecaran en el huerto de Edén.

“Sabiendo que fuisteis rescatados de nuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:18-21).

EL SEÑOR JESÚS VINO AL MUNDO POR MEDIO DE UNA MUJER

Enviar a Cristo al mundo era céntrico en la estrategia de Dios. El diablo se enteró de esto en el huerto de Edén. Después de que Dios maldijo a Satanás, prometió que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente (Génisis 3:15). Así comenzó la larga batalla entre Satanás y Dios. Esto nos ayuda a entender por qué Satanás se dedica a la destrucción de familias y la matanza de bebés. Esto también explica la razón por la cual Dios estaba decidido a preservar la familia y salvar a los bebés. La protección a las familias y a los niños era algo esencial para Cristo en el mundo. Hay muchas listas genealógicas en la Biblia que nos permiten documentar a la familia del Señor Jesús. Por ejemplo, en Lucas 3:23-38 hay una lista que se remonta de José, el padre legal del Señor Jesús, hasta Adán que fue el hijo de Dios. Estas genealogías son evidencia de que el Señor Jesús es el Mesías, esperado por tanto tiempo, y predijo por los profetas.

EL SEÑOR JESÚS SERÍA TAMBIÉN LA “SIMIENTE” DE ABRAHAM

Abraham era hebreo y así que los hebreos son descendientes de Abraham. Como sabemos, “Abraham” (padre de multitudes) al principio fue llamado “Abram” (padre

exaltado). Dios cambió su nombre antes del nacimiento milagroso de su hijo Isaac (Génesis 17:5). Abraham provino de una familia de idólatras (Josué 24:2-4). Por eso, para proteger a la familia de Abraham de esa corrupción, “Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3).

Esa nómada desconocida hizo lo que Dios le mandó y llegó a ser uno de los hombres más famosos de la historia. Como sabemos, es honrado por judíos, cristianos, y musulmanes. ¡Sí! “Todas las naciones de la tierra” han sido benditas por Abraham. Es también un hecho histórico que el Señor Jesús era la simiente de Abraham. La promesa que Dios bendeciría a “todas las familias de la tierra” por medio de la simiente de Abraham se repite varias veces en las Escrituras. Por ejemplo, note lo que el ángel del Señor dijo a Abraham después de que él estuvo dispuesto a ofrecer a Dios a su hijo Isaac como sacrificio: “Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:15-18).

La “simiente” de Abraham en este pasaje es una referencia directa a Cristo. El apóstol Pablo confirmó esto al escribir estas palabras inspiradas a los gálatas: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3:16).

El Señor Jesús no es sólo la “simiente” de Abraham, sino también es la “simiente” de la mujer prometida por Dios en el huerto de Edén (Génesis 3:15).

EL PLAN ETERNO DE DIOS INVOLUCRA SALVAR

A LOS JUDÍOS Y A LOS GENTILES

¡Recuerde! ¡Todos los que no son judíos son gentiles! La promesa de Dios que “todas las familias de la tierra” serían benditas por medio de Abraham, obviamente incluye a los judíos y a los gentiles. Por favor, considere:

“Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación que me fue declarado el

misterio, como antes los he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:1-11).

¡POR SUPUESTO, ESTA GRAN SALVACIÓN INVOLUCRABA

UNIR A LOS JUDÍIOS Y A LOS GENTLES!

¡Debemos estar preocupados por nuestra propia obediencia a Dios, porque tenemos en nuestro derredor una gran nube de testigos! (Hebreos 12:1). Estos testigos no sólo incluyen a Dios y a Cristo, sino a muchos miles de ángeles y espíritus de hombres justos, hechos perfectos (Hebreos 12:22-24). Los principados y las potestades en los lugares celestiales están muy interesados en lo que sucede en el mundo. Con respecto a esto, el plan de Dios es que “sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:10 y 11).

¡Note, por favor, que el propósito eterno de Dios es mostrar su multiforme sabiduría por medio de la iglesia! Si Ud. no participa en ella, podría y debería tomar parte en ella!

LA IGLESIA ES EL CUERPO DE CRISTO

¡Como sabemos, la iglesia es el cuerpo de lo cual Cristo es la cabeza! Por favor, considere: “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:18-20).

“Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15 y 16).

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13).

Por lo tanto, ¡decir que somos “uno” en la iglesia es lo mismo que decir que somos “uno” en Cristo! “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).

El que está en Cristo está “revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:10 y 11).

UNIR A LOS JUDÍOS Y A LOS GENTILES NO ERA FÁCIL

Por tres años, el Señor Jesús envió a sus discípulos para predicar solamente a los judíos. Por favor, considere: “A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10:5 y 6).

No obstante, predicar solamente a los judíos fue temporal. Después de ser resucitado, el Señor Jesús específicamente envió a sus discípulos al mundo entero para predicar a todas las naciones. Este mandamiento se conoce como “la gran comisión”. Se encuentra en los cuatro evangelios y también en el libro de los Hechos (Mateo 28:18- 20; Marcos 16:15 y 16; Lucas 24:45-49; Juan 20:21-23; Hechos 1:8).

En el día del Pentecostés, Pedro, inspirado, predicó: “Porque para vosotros es la promesa, para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39). Obviamente, esto incluía a los gentiles, aunque Pedro no entendió lo que estaba diciendo. Pasaron varios años y se necesitó una serie de milagros antes de que Pedro, de mala gana, predicara a los gentiles. Esta historia, con más detalles, se encuentra en Hechos, capítulo 10 y otra vez en Hechos, capítulo 11.

El primer gentil que entregó su vida a Cristo, sin primero convertirse al judaísmo, era un centurión devoto llamado Cornelio. “Había en Cesarea un hombre

llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar” (Hechos 10:1-6).

Por favor, lea cuidadosamente Hechos 10 y 11 y descubrirá que Dios salvó a los gentiles en precisamente la misma manera en que salvó a los judíos.

  • Primero, Pedro predicaba a los judíos y después a los gentiles. Nadie puede decir

que los gentiles fueron presentados a Cristo por algún predicador desconocido.

  • Cornelio vivía en Cesarea donde vivía también Felipe el evangelista (Hechos

8:40; 21:8). Hubiera sido fácil para Felipe predicar a Cornelio, pero fue importante que Cornelio venga a Cristo en precisamente la misma manera que los judíos. Por lo tanto, el ángel de Dios mandó a Cornelio que envíe a Jope para que viniera Simón Pedro. Jope está ubicado 63 kilómetros de Cesarea.

  • Es interesante notar que Pedro recibió la visión de predicar a los gentiles en Jope.

Esta es la misma ciudad a donde Jonás huyó de su responsabilidad de predicar a los gentiles de Nínive (Jonás 1:3).

  • ¡Note también, que el Espíritu Santo llegó a los gentiles de la misma manera en

que llegó a los judíos! “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:44-46).

  • Cuando Pedro predicó en el día de Pentecostés, los que creyeron su mensaje

fueron bautizados en agua el mismo día (Hechos 2:41). Lo mismo sucedió con la familia de Cornelio: “Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10:47 y 48).

  • Cuando Pedro fue criticado por entrar en la casa de un gentil y por comer con

gente incircuncisa, les explicó con mucho detalle su visión y lo que sucedió cuando predicaba a los gentiles. Concluyó al decir: “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también

el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida” (Hechos 11:15-18).

LOS CRISTIANOS DE JERUSALÉN AÚN PREDICABAN SOLAMENTE A LOS JUDÍOS

Después de citar a Pedro, que Dios había dado arrepentimiento para vida aun a los gentiles, el versículo que sigue afirma “Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos” (Hechos 11:19).

Entonces nos dice en Hechos 11:20-30 que:

  • Los hermanos en Antioquía comenzaron a predicar a los griegos.
  • Un gran número creyeron y se entregaron al Señor.
  • Esta noticia llegó a Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía.
  • Entonces Bernabé fue a Tarso para traer a Saulo.
  • Durante un año entero, se congregaron con la iglesia y enseñaron a un gran

número de personas.

  • A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
  • Un profeta llamado Agabo vino de Jerusalén y predijo que habría una gran

hambruna en todo el imperio romano.

  • Los discípulos de Antioquía enviaron dinero a los hermanos en Judea por medio

de Bernabé y Saulo.

  • Los hermanos en Judea necesitaban ayuda especial, porque al principio de la iglesia, habían vendido sus bienes para ayudar a los hermanos pobres (Hechos 2:44 y 45; 4:34-37).

PABLO FUE NOMBRADO APÓSTOL A LOS GENTILES

  • Saulo de Tarso se entregó a Cristo alrededor del año 33 d. de C., o sea aproximadamente tres años después del principio de la iglesia. Ya que los apóstoles originales no obedecieron a la gran comisión, Dios usó a Pablo como ejemplo para ellos. Él era el instrumento elegido por Dios para llevar el Evangelio a los gentiles.
  • El Señor Jesús dijo a Saulo en el camino a Damasco: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,

librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:15-18).

  • Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le llamó en una visión para sanar la ceguera de Pablo. Cuando Ananías dudó de hacerlo, “Le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15).
  • Pablo escribió a los gálatas: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días” (Gálatas 1:15- 18).
  • ¡Note! La palabra “apóstol” se refiere a alguien que es enviado. Hay tres

categorías de apóstoles mencionados en la Biblia. (1) El Señor Jesús fue enviado por Dios y por lo tanto es el “el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión” (Hebreos 3:1). (2) Los doce y Pablo eran apóstoles enviados por Cristo. (3) Hombres como Bernabé y Epafrodito y otros eran apóstoles enviados por la iglesia (Hechos 14:14; Filipenses 2:25; etc.). Hoy los que son enviados por la iglesia son llamados “misioneros”.

  • Pablo era un apóstol enviado por Cristo como Pedro y otros. Pablo comenzó su carta a las iglesias en Galacia escribiendo “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” (Gálatas 1:1).
  • Pablo explicó que no consultó con ningún hombre y no fue a Jerusalén,

sino fue inmediatamente a Arabia, volvió a Damasco y después de 3 años fue a Jerusalén (Gálatas 1:15-18). Considere, por favor, que Pablo pasó los tres años con el Señor Jesús, como hicieron los otros apóstoles. Ya que el monte Sinaí está en Arabia (Gálatas 4:25), es posible que los tres años con Cristo tuvieron lugar donde Moisés recibió la ley.

  • Mientras no podemos ser dogmático con respecto a las fechas, aparentemente, Pablo estuvo en Arabia desde el año 33 d. de C. hasta el año 36 d. de C.
  • Parece que Pablo estuvo en Tarso desde el año 37 d. de C. hasta el año 44 d. de C.
  • Bernabé trajo a Pablo desde Tarso a Antioquía alrededor del año 45 d. de C.
  • Esta cronología es importante para entender la unificación en Cristo de los judíos y los gentiles.

EL CONCILIO DE JERUSALÉN

En el año 50 d. de C. el mundo cristiano estaba dividido en dos grupos. Los que aceptaron a los gentiles fueron representados por la iglesia de Antioquía. Los que aceptaron solamente a los judíos fueron representados por la iglesia de Jerusalén. Dos grupos es un grupo demasiado porque en Cristo hay solamente “un cuerpo” (Efesios 4:4). ¡Esta división era un problema serio!

  • Pablo había estado predicando a los gentiles por muchos años, pero los de la

iglesia de Jerusalén continuaban predicando solamente a los judíos (Hechos 11:19). Note que esto sucedió después de que Pedro había predicado a Cornelio (Hechos 10).

  • Recuerde, había miles de judíos en Jerusalén que creían; no obstante, seguían

siendo celosos de la ley (Hechos 21:20). Cuando Pedro vino a Antioquía, comió con los gentiles hasta que vinieron “algunos de parte de Jacobo”. En ese momento “se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gálatas 2:12 y 13). Pablo se opuso a Pedro en persona por esta hipocresía porque Pedro estaba equivocado (Gálatas 2:11).

  • Estas diferencias resultaron en desacuerdos agudos cuando Pablo y Bernabé

regresaron de su primer viaje evangelístico: “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto” (Hechos 15:1-6).

  • La decisión del concilio de Jerusalén fue un paso grande en traer la unidad entre

los judíos y los gentiles. Esta carta del concilio refleja su decisión: “Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, nos ha

parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os obtengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien hacéis. Pasadlo bien” (Hechos 15:23-29).

  • Los apóstoles aceptaron a Pablo y a su ministerio a los gentiles: “(pues el que

actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer” (Gálatas 2:8- 10).

LA PREOCUPACIÓN DE PABLO

Mientras Pablo entregó el decreto del concilio de Jerusalén, también recibía dinero para los pobres de Judea. Como ya hemos mencionado, ellos tuvieron necesidades especiales dado que habían vendido sus bienes para alimentar a los pobres al principio de la iglesia.

  • “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo” (1 Corintios 16:1-4).
  • Las iglesias de Macedonia también participaron en esa ofrenda para los santos de Judea (2 Corintios 8 y 9). No sólo dieron su dinero, sino se dieron a sí mismos (2 Corintios 8:5). No obstante, Pablo no estaba seguro que los hermanos judíos en Judea aceptarían ese dinero de los gentiles. Por favor, considere esta solicitud por oración para los hermanos en Roma (escrita alrededor del año 57 d. de C.): “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta” (Romanos 15:30 y 31).
  • Estas dos preocupaciones fueron muy reales. Como sabemos, cuando Pablo llegó a Jerusalén, más de 40 judíos habían juramentado bajo maldición,

diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo (Hechos 23:12-14).

  • Tampoco estaba seguro Pablo que los judíos devotos aceptarían dinero de los gentiles. Por ejemplo, dinero de Corinto podría haber sido considerado demasiado corrupto debido a la idolatría y perversión sexual allí.

LA ORACIÓN DE PABLO FUE CONTESTADA

La respuesta a la oración de Pablo se revela en su carta a los efesios (alrededor del año 62 d. de C.). No obstante, antes de considerar esa carta, repasemos brevemente lo que sucedió a Pablo en Jerusalén.

Aunque Pablo estaba perseguido constantemente por los judíos, los amaba tanto que quería que él sea separado de Cristo, si ellos pudieran ser salvos (Romanos 9:1-5). Cuando llegó a Jerusalén, Jacobo y todos los ancianos le recomendaron que tomara parte en el rito de purificación de cuatro judíos que habían hecho un voto, y también pagar sus gastos. Cuando lo hizo, algunos judíos de la provincia de Asia lo acusaron de traer un efesio griego llamado Trófimo al templo. Esto resultó en un alboroto, ya que toda la ciudad estaba turbada y buscaban matar a Pablo (Hechos 21:17-32).

Como resultado de ese alboroto, Pablo fue injustamente encarcelado por dos años (probablemente los años 59-61 d. de C.). Debido al complot de más de 40 judíos de matar a Pablo, fue llevado de noche de una cárcel en Jerusalén a una cárcel en Cesarea. Para su seguridad, fue acompañado por 2 centuriones, 200 soldados, 70 jinetes, y 200 lanceros (Hechos 23:23 y 24). El hecho de que se necesitara tantos soldados para proteger a Pablo, revela la magnitud de las fuerzas judías que querían matarle. El gobernador Félix sabía que Pablo había llegado a Jerusalén con una gran cantidad de dinero, y esperaba recibir un soborno de él (Hechos 24:24-26). Cuando Félix fue reemplazado por Porcio Festo, Félix quería congraciarse con los judíos y dejó preso a Pablo (Hechos 24:27).

Cuando los judíos querían traerlo de nuevo a Jerusalén para juzgarlo, Pablo sabía que lo matarían, y como ciudadano romano, apeló a Roma (Hechos 25:1-12). Asombrosamente, Festo no conocía ninguna ley que Pablo había violado (Hechos 25:27) y él habría sido suelto si no hubiera apelado a Roma (Hechos 26:32).

Mientras estaba encarcelado en Roma, Pablo escribió cuatro cartas inspiradas: Efesios, Filipenses, Colosenses, y Filemón (probablemente alrededor del año 61 d. de C.).

COMO YA HEMOS DICHO, ¡APRENDEMOS EN LA CARTA A LOS EFESIOS QUE LAS ORACIONES DE PABLO POR LA UNIDAD DE LOS JUDÍOS Y DE LOS GENTILES HABÍAN SIDO CONTESTADAS!

Cuando Pablo escribió su carta a los romanos cuatro años antes, no estaba seguro de que los judíos y los gentiles eran uno en Cristo. Mientras toda la carta se dedica a la unidad, el pasaje que sigue debería ser suficiente para probar el punto. Por favor, considere: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles

en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:11-22).

La iglesia de nuestro Señor Jesucristo ahora está dividida sobre muchas cosas, pero gracias a Dios, la división entre los judíos creyentes y los gentiles creyentes no es una de ellas. Oremos que todas las divisiones en el cuerpo de Cristo serían resueltas como fue esta. Seamos “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:3-6).