ISMAEL E ISAAC
ISMAEL E ISAAC
“Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres (Sara y Agar)
son los dos pactos” (Gálatas 4:24).
La palabra “alegoría” se deriva de las palabras griegas allos, que significa “otro” y agoreuo que significa "hablar en una asamblea”. Fue una herramienta para enseñar, usada por oradores públicos. Una historia sencilla, que era fácil recordar, se usó para ilustrar un concepto que era profundo. El diccionario Webster define una alegoría como “una descripción de una cosa, bajo la imagen de otra”. Los gálatas estaban confundidos acerca de su propia relación con la ley y la gracia. Por eso, Pablo usó una alegoría para enseñarles la verdad de Dios.
Ismael e Isaac eran hermanastros. Tuvieron el mismo padre, pero madres distintas. Eran similares en muchos sentidos. Abraham engendró a los dos cuando ya era viejo. Dios habló a ambas madres y habló del futuro de sus hijos. Ambos fueron circuncidados. Ambos llegaron a ser naciones grandes. Ambos vivían en la misma parte del mundo. Ambos ayudaron a sepultar a su padre. Ya que los dos tenían el mismo padre, es muy posible que sus aspectos eran similares. Podemos también asumir que ambos se vistieron igual, comieron la misma comida, y que tuvieron el mismo estilo de vida. Al verlos a la distancia, sería fácil confundir el uno con el otro.
No obstante, eran muy distintos. No solamente distintos, sino radicalmente distintos. La palabra “radical” se deriva del latín radix que quiere decir “raíz”. Esos hermanos eran radicalmente diferentes. Eran tan distintos como negro y blanco, amargo y dulce, y día y noche.
Pablo enseñó que esos hombres y sus madres eran alegorías (Gálatas 4:21-31). Eran como dos pactos distintos, o dos enfoques distintos a Dios. Uno era carnal, y el otro espiritual. Uno era según la carne y el otro según la promesa. Uno produjo esclavitud y el otro produjo libertad. Uno era como una organización y el otro como un organismo. Uno fue caracterizado por “obras muertas” y el otro por “servicio al Dios vivo” (Hebreos 9:14). Un pacto representó al judaísmo y el otro al cristianismo.
El judaísmo y el cristianismo también eran similares en muchos aspectos. Los dos, judíos y cristianos, se unieron cada semana y estudiaron las Escrituras. Ambos evitaron tener contacto con ídolos. Ambos tenían estándares altos de conducta moral. Ambos pusieron énfasis en la importancia de la oración. Ambos tuvieron ancianos y diáconos. Ambos eran evangelísticos. Ambos bautizaron por inmersión. Vistos de lejos, sería fácil confundir uno con el otro.
No obstante, el judaísmo y el cristianismo eran radicalmente distintos. Nunca podrían ser combinados. Intentar hacerlo, sería como poner vino nuevo en odres viejos,
o tela nueva en un vestido viejo. El pacto antiguo y el pacto nuevo no pueden ser combinados. El pacto antiguo fue escrito en piedra. Era frío, rígido, inflexible, y sin misericordia. El pacto nuevo es el opuesto al viejo. Está lleno de amor, flexibilidad, emoción, y compasión. No está escrito en piedra o papel, sino en las mentes y en los corazones de los creyentes (Hebreos 8:7-10).
AGAR E ISMAEL
Antes de tratar a Agar y a su hijo Ismael, repasemos brevemente las promesas de Dios. Entre otras cosas, Dios prometió a Abram que tendría un hijo.
- Dios hizo las promesas a Abram cuando vivía en Mesopotamia (Hechos 7:2).
- Se repite esas promesas cuando Abram vivía en Harán (Génesis 12:1-4).
- Después, cuando Lot se había separado de Abram, se repite una vez más las
promesas (Génesis 13:14-18).
- Después de que Abram dio diezmos a Melquisedec, se repite otra vez las
promesas (15:1-21).
- Abram creyó a Dios y le fue contado por justicia (Génesis 15:6).
Por lo visto, Sarai, la mujer de Abram, no creía que esas promesas eran para ella. Ella siempre había sido estéril. No creía que era posible tener un hijo. Por eso, ella animó a Abram que tuviera un hijo con Agar, su sierva egipcia. Agar concibió y dio a luz a Ismael (Génesis 16:1-16).
Es importante notar la naturaleza carnal de esa relación. Nada acerca de ella era espiritual o sobrenatural. El pensamiento original en la mente de Sarai era carnal y no vino de Dios. La relación que Abram tuvo con Agar era carnal. El nacimiento de Ismael, también era carnal. Como se sabe, Abram no era estéril. Después de la muerte de Sara, se casó con Cetura y tuvo seis hijos adicionales (Génesis 25:1 y 2). El pacto antiguo, hecho una alegoría por Agar e Ismael, fue conocido como “la ley del mandamiento carnal”(Hebreos 7:16).
ISMAEL FUE HOMBRE FIERO
Después de concebir Agar, un ángel del Señor le dijo que su hijo sería llamado “Ismael”, porque Dios había oído su aflicción (Génesis 16:11). El nombre Ismael significa “Dios oye”. Además, el ángel predijo que Ismael sería “hombre fiero”. La versión NVI lo traduce como “asno salvaje”. Esa frase se refiere a una bestia que es terco y difícil de dominar. Así sería Ismael. Sería una fuente continua de controversia y división: “Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará” (Génesis 16:12).
Un repaso breve de la vida de Ismael nos ayudará a comprender su naturaleza combativa. Por casi 14 años tenía toda razón de creer que heredaría los bienes de su padre. Durante ese tiempo, no solamente era el “hijo primogénito” de Abram, sino era “el único hijo” de Abram. También era muy amado por su padre. Para probar esto, cuando se informó a Abraham que Sara tendría un hijo, él exclamó a Dios: “Ojalá Ismael viva delante de ti” (Génisis 17:18). Pero esto no iba a suceder.
Cuando nació Isaac, una cosa increíble sucedió. Ismael, el primogénito y amado hijo de Abram fue expulsado y desheredado. Con razón, él estaba enojado. Debería de haber reclamado justicia de Dios, como hizo su madre años antes. Sus peticiones a Dios proveen otra perspectiva por qué era llamado “Ismael”.
Por supuesto, esta es una alegoría que nos ayuda a comprender la naturaleza de la ley. La esencia misma de la ley es litigiosa y pendenciera, tal como Ismael. Lo que está escrita en piedra nunca cambia. Pero nuestro entendimiento sí cambia. Consecuentemente, nuestro entendimiento de la ley está siempre cambiando. Los seres humanos casi nunca están al mismo nivel de conocimiento y comprensión. A veces abandonamos posiciones previas de las cuales teníamos confianza en el pasado. Esta es una razón por qué la ley antigua, escrita en piedra, siempre será controversial.
Por ejemplo, considere el mandamiento de guardar el día de reposo para hacerlo santo. Los eruditos han debatido sobre el significado de estas palabras por más de 3,500 años, y aún no están de acuerdo. Los juicios legales son muy a menudo apelados, y las librerías legales tienen cientos de libros con conclusiones diversas. La misma naturaleza de la ley es litigiosa y pendenciera, tal como Ismael.
Quizás esta es una razón que Dios encontró defectos en el viejo pacto (Hebreos 8:7). Era una fuente constante de controversia. Era severa, como estar encarcelado (Gálatas 3:23). Sus mandamientos y sus ordenanzas eran “carnales” (Hebreos 7:16, 9:10). Era “débil y de rudimentos pobres” (Gálatas 4:9). Pedro lo llamó “un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar” (Hechos 15:10). Los que basaban su relación con Dios en el viejo pacto eran como Ismael. Siempre buscaban un remedio
legal. Siempre estaban listos para argumentar o debatir. Por eso, estaban siempre divisivos y divididos. La religión carnal aún es una fuente de controversia y división. Los involucrados en ella, constantemente se quejan y son críticos, tal como Ismael.
SARA E ISAAC
Trece años después del nacimiento de Ismael, Dios apareció otra vez a Abram y renovó sus promesas. Esta vez las promesas fueron dadas en relación con el pacto de la circuncisión y el cambio de nombres. Abram (padre exaltado) fue dado el nombre Abraham (padre de multitudes). Sarai (la mujer noble) fue dado el nombre Sara (princesa).
La esencia misma del nacimiento de Isaac involucró lo sobrenatural. Desde el punto de vista humano, Sara ya no podría tener un bebé. A Sara, le había cesado ya la costumbre de las mujeres (Génesis 18:11). Ella estaba “fuera del tiempo” (Hebreos 11:11), y su matriz era estéril (Romanos 4:19). Ella había querido tener un bebé toda su vida de casada y había fallado. La idea misma que podría concebir después de la menopausia era absurda. Como sabemos, esa habilidad no proviene del hombre, sino de Dios.
El nombre Isaac quiere decir “risa”. Abraham se rió de la idea del nacimiento de Isaac (Génesis 17:17), y también Sara (Génesis 18:12). Isaac debía haberse reído cuando heredó todo lo que Ismael esperaba. Este hecho de la heredad de Isaac se menciona explícitamente en las Escrituras. Cuando murió Abraham, las Escrituras afirman claramente que Isaac recibió todo lo que su padre tenía (Génesis 25:5). El hijo de la esclava no era heredero junto con el hijo de la mujer libre (Gálatas 4:30). Como sabemos, esa herencia de Isaac es semejante a la herencia de los cristianos. Es milagrosa y a la vez, no merecida.
Mientras Ismael estaba discutiendo y quejándose, Isaac se reía. Esta ciertamente es una alegoría conmovedora de los dos pactos. La iglesia en Corinto se reunía al lado de la sinagoga (Hechos 18:7-17). Esto lo hizo fácil comparar la diferencia entre la adoración judía y la adoración cristiana. Los cristianos estaban enfocados en el amor, los unos a los otros, pero los judíos estaban enfocados en azotar a Sostenes, el principal de la sinagoga.
ISAAC TRANSCENDIÓ LA LEY
Hay que recordar que aunque Abram vivió mucho tiempo antes de Moisés, aún obedeció leyes. Dios dijo: “por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26:5). Como sabemos, la ley de Moisés fue dada 430 años después (Gálatas 3:17). No obstante, el nacimiento de Isaac trascendió la ley. Nunca había habido un nacimiento como el de Isaac. La naturaleza única de su existencia lo puso fuera de la jurisdicción de
la ley de la naturaleza, la ley de los patriarcas, y la ley de Moisés. No hubo precedente para un juicio legal. La naturaleza de Isaac era espiritual. Trascendió las leyes terrenales.
En los años recientes, nuestras mentes han sido expandidas por la exploración espacial. Los astronautas no reciben citaciones por exceso de velocidad. Están fuera de la jurisdicción de la ley terrenal. Ellos viajan en el cielo. En la tierra cosas sueltas “caen”. Los objetos soltados en el espacio “flotan”. Los que están en el cielo están en un ambiente distinto. Están más allá de los efectos limitantes de la tierra y su ambiente. Isaac era semejante a esto. Él también estaba fuera del reino de la ley terrenal. ¡No es de extrañar que estaba tan feliz! Ni Ismael, ni cualquier otro podría condenar o desheredarle. Él es semejante a una alegoría hermosa del cristianismo. Nada puede separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 8:37- 39). Pablo lo dijo sucintamente: “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gálatas 5:18). ¡No es de extrañar que nosotros, los cristianos, estamos tan felices!
LA APLICACIÓN DE ESTA VERDAD POR LOS APÓSTOLES
Abram y Sarai estaban tan ansiosos de acelerar las promesas, que ellos mismos tomaron el asunto en sus propias manos.. No “esperaron” al Señor, sino lo adelantaron. Dejaron de tratar de “transformar” al mundo, y se “conformaron” a él. Su enfoque era “carnal”, no “espiritual”. Parecía dar buenos resultados. Produjo resultados visibles, pero no produjo salvación.
Pablo enfrentó el mismo problema. Algunos perdieron de vista a la naturaleza espiritual del cristianismo y llegaron a ser carnales. Hicieron “negocio” del Señor Jesús como vendedores engañosos. De hecho, esto fue precisamente lo que Pablo los acusó cuando escribió: “no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios” (2 Corintios 2:17). Hizo una distinción clara entre su ministerio y el de ellos. La palabra traducida como “corrupto” es kapeleu. Se refiere a un vendedor ambulante o un engañador. Eran engañadores, pero Pablo no era. El método de Pablo de enseñar el cristianismo era espiritual. Los engañadores harán casi cualquier cosa para vender algo. Algunos predicadores harán casi cualquier cosa para “hacer crecer” la iglesia. ¡Pablo no lo hizo!
Los astutos ven las cosas desde un punto de vista humano. Pablo no lo hizo (2 Corintios 5:16). Ya que tuvieron mentes carnales, dependían de cartas de recomendación carnales, pero Pablo no lo hizo (2 Corintios 3:1). Constantemente, trataron de impresionar a los hombres, pero Pablo no lo hizo. Él escribió a los gálatas que si él tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo (Gálatas 1:10). Pablo acusó a esos engañadores de “andar con astucia” y de “adulterar la palabra de Dios” (2
Corintios 4:2). Al contrario, la predicación de Pablo no “procedía de error ni de impureza, ni fue por engaño” (1 Tesalonicenses 2:3).
Dios no piensa como nosotros pensamos. Sus pensamientos son más altos que nuestros pensamientos (Isaías 55:8 y 9). En su sabiduría infinita, Dios no eligió muchos sabios según la carne. Deliberadamente, él pasó por alto a los poderosos y a los nobles. Al contrario, eligió a los que el mundo consideraba necios, para que avergonzara a los sabios. Eligió a los “débiles” para confundir a los “poderosos”. Eligió Dios lo vil del mundo y lo menospreciado. Una razón que lo hizo fue para que la carne no pudiera gloriarse en su presencia (1 Corintios 1:24-31).
Como sabemos, los doce apóstoles originales no tuvieron credenciales humanos, ni dinero, ni poder, ni prestigio. Muchas iglesias de hoy los considerarían calificados solamente para hacer labor manual. No obstante, Dios los vio como fundamental al futuro de un nuevo tipo de reino. Pablo era una excepción. Él tuvo una educación excepcional y muchas otras cosas carnales acerca de las cuales jactarse. Pero en vez de ayudarle, sus credenciales humanos eran un obstáculo. Él escribió a los filipenses: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:7). Pablo abandonó los logros terrenales como basura para que conociera a Cristo y al poder de su resurrección.
Note su dependencia total en el poder de Dios: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:1-5). En su segunda carta, él hizo la misma confesión con estas palabras: “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:5).
El cristianismo, como Isaac, está totalmente dependiente de Dios. No había una ley humana a que Isaac pudo apelar para que recibiera la herencia de su padre. Los jueces humanos y los abogados humanos no pudieron, ni entendieron lo que había sucedido.
¿UNA INSTITUCIÓN O UN ORGANISMO?
El pacto viejo creó una institución. Por supuesto, era una institución divina. Fue creado por Dios mismo. No obstante, Dios no lo hizo para glorificar a la religión
institucional. La ley era un ayo para llevarnos a Cristo para que seamos justificados por la fe (Gálatas 3:4).
Note la naturaleza carnal de la religión del pacto viejo. Por ejemplo, las calificaciones del sumo sacerdote eran calificaciones carnales. Primero, tuvo que venir de la tribu de Leví y la familia de Aarón. Su entendimiento espiritual, o su madurez, no fueron factores. Además, no podía tener algún defecto “físico”. Se nombran algunos de esos “defectos” en Levítico, capítulo 21: “Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado, o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado. NINGÚN VARÓN DE LA DESCENDENCIA DEL SACERDOTE AARÓN, EN EL CUAL HAYA DEFECTO, SE ACERCARÁ PARA OFRECER LAS OFRENDAS ENCENDIDAS PARA JEHOVÁ. HAY DEFECTO EN ÉL; NO SE ACERCARÁ A OFRECER EL PAN DE SU DIOS” (Levítico 21:18-21).
Si un hombre reunía esas calificaciones físicas, podía servir como sumo sacerdote, aún si era corrupto espiritualmente. Caifás y Anás probaron esto en los días de Cristo. Ambos estaban tan corruptos espiritualmente que contrataron a testigos falsos y jugaron un papel activo en la crucifixión ilegal de Cristo.
No obstante, los dos servían como sumos sacerdotes. Aunque sus corazones estaban lejos de Dios, él honró el oficio en lo cual ellos servían. Por ejemplo, veamos las palabras de Caifás en Juan 11:50. En este versículo, Caifás dijo que: “nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Juan 11:50). Entonces Juan, el profeta inspirado, dijo estas palabras. Explicó: “Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:51 y 52).
La religión institucional aún es la misma. Individuos, con credenciales carnales, pueden servir en la institución sin tomar en cuenta la condición de sus corazones. Al contrario, el cristianismo se describe en las Escrituras como un “cuerpo”. No es una organización, sino es un “organismo”. Cada miembro del cuerpo tiene que estar vivo para que funcione. Estar “desligado” de Cristo es ya no ser parte de su cuerpo. Esta persona “ha caído de la gracia” (Gálatas 5:4).
El Señor Jesús usó una alegoría similar la noche antes de su crucifixión: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:5 y 6).
El hombre no puede producir “fruto”, sino sólo Dios! Los laboratorios pueden producir algo parecido al fruto, y que tenga el sabor de fruto, pero no es fruto verdadero. El fruto verdadero, producido por Dios, tiene vida dentro de él. La semilla del fruto verdadero crecerá y se reproducirá si es sembrado correctamente.
Como en el caso de Ismael e Isaac, a veces es difícil distinguir entre lo carnal y lo espiritual. Por ejemplo, Ananías y Safira parecieron ser cristianos verdaderos, pero no eran. Obviamente, no estaban ligados a Cristo y por eso, no pudieron reproducir fruto. En una iglesia institucional, nunca habrían sido descubiertos. Por afuera, parecían espirituales. Pero por dentro, sus corazones estaban lejos de Dios. Consecuentemente, fueron condenados (Hechos 5:1-11). Los pámpanos muertos no deben quedarse en un árbol vivo.
¿ESTABLECER IGLESIAS O HACER DISCÍPULOS?
Hay una tentación constante para los discípulos de hoy de ser como Ismael. Por ejemplo, hay una diferencia entre “hacer discípulos” y “plantar iglesias”. Al riesgo de ser mal entendido, el Señor Jesús no mandó a sus discípulos a “plantar iglesias”, sino les dijo que hagan discípulos (Mateo 28:18-20). Mientras estos dos conceptos parecieran similares, son tan distintos como Ismael e Isaac. El hombre puede hacer una institución carnal tal como Abraham pudo ser padre de un hijo carnal. Pero sólo Dios pudo traer al mundo a Isaac. Similarmente, solamente Cristo puede edificar su iglesia (Mateo 16:18). Solamente el Señor Jesús puede crear un cuerpo vivo y espiritual. Como un punto de interés, las Escrituras nunca se refieren a “miembros de la iglesia”, sino a “miembros del cuerpo”.
Note estas Escrituras. El Señor Jesús prometió que edificaría su iglesia (Mateo 16:18). Una vez edificada, le añadió los que estaban siendo salvos (Hechos 2:47). Se afirma explícitamente que el Señor Jesús es la cabeza de su cuerpo, la iglesia (Colosenses 1:18), y que él es la cabeza de todas las cosas relacionadas a la iglesia (Efesios 1:22). Él es el que pone las personas en posiciones de liderazgo en su cuerpo, que es la iglesia (1 Corintios 12:28). La iglesia del Señor Jesús no es una organización, sino es un organismo vivo. El hombre puede ser la cabeza de una organización, pero sólo el Señor Jesús es la cabeza de su iglesia.
Como en el caso de Abram y Sarai, es fácil adelantarse a Dios. Hay una tentación constante de hacerse cargo de las cosas nosotros mismos, para asegurar que algo suceda. Si somos obreros pagados, la presión de producir es aún más grande. Consecuentemente, tenemos que recordar siempre que la naturaleza del cristianismo es espiritual. La iglesia del Señor Jesucristo es una casa espiritual, edificada de piedras vivas (1 Pedro 2:5). Debemos tener cuidado con respecto a cómo edificamos sobre Cristo (1 Corintios 3:10). La obra de cada hombre será probada por fuego para ver si es genuina (1 Corintios 3:13). En el análisis final, solamente Dios puede dar vida. Solamente Dios puede añadir miembros a su cuerpo. Una persona puede plantar la semilla, y otra regarla, pero solamente Dios puede dar el crecimiento (1 Corintios 3:7).
Personas inconversas pueden establecer organizaciones, y edificar estructuras. De hecho, el templo para Jehová más grande y más adornado no fue edificado por Salomón, sino por Herodes el Grande. Él era el mismo déspota cruel que trató de matar
al niño Jesús. Herodes inició la construcción del templo en el año 19 a. de C. y no fue terminada hasta el año 64 d. de C. Josefo describió su grandeza con los términos más elocuentes. Su marfil pulido reflejaba el sol con tanto brillo que fue difícil distinguir el reflejo del mismo sol. Los discípulos se acercaron al Señor Jesús “para mostrarle los edificios del templo” (Mateo 24:1). El Señor Jesús no estaba impresionado. Al contrario, él les advirtió que el día venía cuando el templo sería destruido. Él dijo: “¿Ves todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada” (Mateo 24:2).
Al contrario, los cristianos primitivos no tenían nada físico de que jactarse. Como la sal de la tierra, ellos silenciosamente penetraban y preservaban al mundo antiguo. Como la levadura escondida en tres medidas de harina, hicieron su trabajo sin descansar hasta que la harina fuera leudada.
El día 29 de diciembre del año 1967, hablando en el Foro de Hartford, el difunto hermano W. Carlos Ketcherside describió la obra espiritual de la iglesia primitiva con estas palabras: “Ningún poder terrenal podía detener su procesional triunfante. Invadieron toda la tierra. y penetraron todo nivel de la sociedad. Eventualmente, sacaron de sus tronos a los Césares tiránicos, y la cruz que había sido el emblema de vergüenza, llegó a ser el símbolo de su conquista. El corazón lata más rápido mientras uno contempla sus valientes hazañas en las fronteras de la vida. Las lágrimas fluyen y la visión llega a ser borrosa cuando uno lee de la manera en que enfrentaron la muerte. Y la admiración crece y el asombro se aumenta cuando se da cuenta que sus logros asombrosos fueron logrados sin las maquinaciones consideradas esenciales para promover y procurar nuestros débiles éxitos. Él ejército primitivo de liberación no tenía sus propios edificios. No había ningún catedral, ni edificio, ni capilla en las afueras de las ciudades con jardines bien mantenidos, ni había ventanas con vidrio de colores, ni con asientos acolchados. Se reunían en las casas pequeñas de los miembros, en aposentos altos, en cuevas y catacumbas, y en guaridas en la tierra. No tenían ningún letrero iluminado con un mensaje, ninguna prensa, ni ningún periódico, No podían distribuir porciones de las Escrituras ni ejemplares del Nuevo Testamento. No podrían citar capítulos y versículos. No había revistas, ni folletos, ni libros de inspiración, ni ninguna librería cristiana, ni copias de la lección. No había televisores, ni estaciones de radio, ni teléfonos celulares para comunicarse los unos con los otros. No había automóviles, ni autobuses, ni trenes, ni aviones para conectar los lugares lejanos del imperio. No tenían cuentas bancarias, ni presupuestos, ni dotaciones, ni inversiones, ni bonos que acumulaban intereses, ni anualidades. No establecieron ninguna institución, ni formaron ninguna organización, ni orden fraternal. No había escuelas ni institutos bíblicos para enseñar las Escrituras, ni cursos de hermenéutica o oratoria sagrada, ni ninguna sociedad misionera para enviar a la gente al campo misionero y para sostenerla, ninguna convención para redactar resoluciones para los César o sus procuradores, ninguna junta de la iglesia, ni ningún concilio, ni ninguna otra agencia. No había secretarias de promoción, ni ningún director de cruzadas, ni ninguna sede en la tierra. No buscaron el prestigio al mostrar al mundo los políticos, los profesionales, y los actores entre ellos. No había ninguna solicitación al púbico pagano por medio de acciones sensacionales, sofisticación o fabricación. . .”
Alguien bromeó al comparar la iglesia primitiva con la nuestra: “Si hicieron lo que hicieron con lo que tenían, piense en lo que nosotros pudiéramos hacer con lo que tenemos, si tuviéramos lo que ellos tenían”.
Como sabemos, la iglesia primitiva fue sostenida por la sencillez que está en Cristo. Eventualmente, abandonó su énfasis en lo espiritual y llegó a ser una institución con gran riqueza y muchos bienes. Pedro no tuvo plata ni oro (Hechos 3:6), pero la iglesia institucional tuvo oro, plata y piedras preciosas en abundancia. Esa iglesia hizo negocio con los reyes de la tierra. No obstante, esta opulencia y riqueza no fue una ventaja. Juan, en Apocalipsis 17:1, describió este tipo de iglesia como “la gran ramera” .
PERSECUCIÓN
“Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora” (Gálatas 4:29)
Es interesante notar que tal como Ismael trató de destruir a Isaac, la religión institucional trató de mantener su poder por medio de la persecución. Esto fue cierto en los tiempos del Antiguo Testamento, como en los días de Cristo y sus apóstoles. El Señor Jesús dijo que los hombres sabios y los profetas serían constantemente perseguidos por los líderes religiosos de aquellos días. “Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar” (Mateo 23:34-36).
Esto también fue cierto en los tiempos del Señor Jesús. Él envió a sus discípulos como ovejas en medio de lobos. Les advirtió que los que los matarían, pensarían que estaban sirviendo a Dios (Juan 16:2). Como sabemos, el Señor Jesús no fue perseguido por líderes políticos como Pilato y Herodes. Fue perseguido por los de la religión institucional. Pilato quería soltarle, pero los judíos contestaron: “Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir” (Juan 19:7).
Esto fue cierto también a través de la edad apostólica. Esteban no fue apedreado por los líderes políticos, sino por los líderes religiosos. Saulo, el perseguidor, llegó a ser Pablo, el perseguido. Como tal, entendió los pensamientos de los que trataron de matarle. Recordó a Timoteo de la persecución y las aflicciones que recibió en Antioquía, Iconio, y entonces declaró: “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). Eventualmente, la gran ramera estará embriagada con la sangre de los santos (Apocalipsis 17:6).
POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÁN
El Señor Jesús los advirtió de los líderes religiosos que eran como lobos vestidos como ovejas. Sin su dirección, sería difícil distinguir los líderes buenos de los líderes malos. Pero el Señor Jesús lo hizo sencillo. Él enseñó que no se determina la naturaleza verdadera de los maestros religiosos por medio de su apariencia, ni por lo que dicen, sino se los discierne por lo que producen. El Señor Jesús dijo que los conocerían por sus frutos.
Ismael e Isaac puedan haber parecido iguales, pero produjeron frutos distintos. Ismael produjo división. Dios predijo que su mano estaría contra todos los hombres, y la mano de todos los hombres estaría contra él (Génesis 16:12). La Biblia Nueva Versión Internacional confirma esta profecía al decir que los descendientes de Ismael “se establecieron en franca oposición a todos sus hermanos” (Génesis 25:18). Los descendientes de Isaac tuvieron un futuro distinto. Dios prometió que dondequiera que fueran, serían un bendición. El que los bendijera sería bendecido y el que los maldijera sería maldito. Eventualmente, por medio de Isaac, todo el mundo será bendecido (Génesis 12:1-3).
A veces es difícil determinar la naturaleza de un árbol por sus hojas, o por la hebra de su madera. Pero es fácil conocer un árbol por su fruto. No se recogen uvas de espinas, ni higos de los cardos. En este respecto, es fácil distinguir entre Ismael e Isaac. Uno produjo controversia y división, mientras el otro produjo bendición.
Pablo escribió que las obras de la carne fueron “manifiestas” o “obvias”. Incluían iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias. . .” Gálatas 5:20 y 21). Dios no crea celos amargos y contención. “Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:14-16).
Al contrario, la obra cristiana se conoce por: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22 y 23). “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:17 y 18).
¿QUÉ DE USTED?
Nuestra relación con Dios últimamente e invariablemente es personal: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo” (Ezequiel 18:20). Cuando nos presentamos ante Dios, todos seremos juzgados como individuos.
Por ejemplo, la iglesia de Tiatira era una iglesia mala. Permitía a una mujer, Jezabel, enseñar y seducir a los siervos de Dios para que fornicaran y comieran cosas sacrificadas a ídolos (Apocalipsis 2:20). No obstante, no todos los de Tiatira fueron condenados, sino fueron juzgados como individuos. El Señor dijo: “Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han
conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga” (Apocalipsis 2:24 y 25).
No importa que hagan o no que hagan otros. Podemos ser salvos y tener una relación maravillosa con Jesucristo, nuestro Señor. Podemos hacer tesoros en el cielo y regocijarnos de las perspectivas de un galardón eterno en el futuro. No obstante, ¡nuestro trabajo será más productivo y efectivo espiritualmente, si somos como Isaac y no como Ismael!