¡HÁGALO!
¡HÁGALO!
“Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:5).
Conocemos la historia.
- El Señor Jesús y sus discípulos asistían a unas bodas en Caná de Galilea (véase
Juan 2: 1-11).
- Se quedaron sin vino.
- La madre del Señor Jesús le pidió ayuda.
- Ella dijo a los que servían: “Haced todo lo que os dijere”.
- El Señor Jesús les dijo a los sirvientes que llenaran 6 tinajas de agua.
- Cuando lo ”hicieron”, milagrosamente, el Señor Jesús convirtió esa aqua en vino.
•
Juan escribió: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (Juan 2:11).
¡Hagámoslo sencillo! No fue necesario que los sirvientes entendieran “por qué” el Señor Jesús les mandó llenar las tinajas de agua. No obstante, fue necesario para ellos “hacerlo”.
BOGUE MAR ADENTRO
He aquí, otra historia que la mayoría de nosotros conoce (véase Lucas 5:1-11).
- Pedro, Andrés, Jacobo, y Juan eran pescadores.
- Habían trabajado toda la noche y no pescaron nada.
- Ya habían lavado las redes y estaban listos para ir a sus casas y descansar.
- El Señor Jesús les dijo: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”.
- Cuando lo “hicieron”, encerraron tan grande cantidad de peces que llenaron dos
barcas de tal manera que se hundían.
¡Otra vez, hagámoslo sencillo! No fue necesario que esos pescadores entendieran “por qué” el Señor Jesús les mandó bogar mar adentro, pero sí fue necesario que lo “hicieran”.
HACED DISCÍPULOS A TODAS LAS NACIONES
El principio de “hacerlo” se puede aplicar universalmente. Cada vez que el Señor Jesús dice “hacer” algo, tenemos que “hacerlo”. ¡Siempre es sabio obedecer a Dios! Mientras los discípulos del Señor Jesús obedecieron a Cristo durante los años de su ministerio terrenal, adelantemos a la gran comisión que les dio antes de ascender al cielo:
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado, y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:18-20).
Otra vez, no fue necesario que supieran “por qué” debían hacer discípulos a todas las naciones, sino fue necesario que lo “hicieran”.
- No obstante, por varios años, no lo “hicieron”. Pedro y los demás apóstoles
predicaban solamente a los judíos (Hechos 11:19). Eso no fue lo que el Señor Jesús les había mandado “hacer”.
- Aproximadamente 10 años más tarde, Dios dio a Pedro otra oportunidad.
- Pedro estaba en una azotea en Jope cuando Dios le dio una visión (Hechos 10:1-
48). (Como un punto de interés, Jonás también estaba en Jope cuando partió en una nave rumbo a Tarsis para evitar “hacer” lo que Dios le había mandado: predicar a los de Nínive) (Jonás 1:3).
•
En la visión que Dios dio a Pedro, había todo tipo de criaturas que para Pedro eran inmundas. Entonces vino una voz que le mandó que se levantara y matara y
comiera. Entonces Pedro dijo: “Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” y se negó “hacer” lo que Dios le mandó “hacer”.
- Fue repetida la visión tres veces y cada vez Pedro negó “hacer” lo que la voz le
había mandado.
- Entonces, el “Espíritu” dijo a Pedro que Dios había enviado a tres hombres y que
estaban abajo esperándole. Debía irse con ellos sin vacilar. Afortunadamente, el lo “hizo”.
- Esos hombres llevaron a Pedro a la casa de un centurión gentil llamado Cornelio.
- Fue entonces cuando Pedro finalmente “hizo” lo que Dios le mandó y predicó a
los gentiles.
•
Cuando “hizo” lo que Dios le había mandado, se dio cuenta que no debía llamar a ningún hombre común o inmundo (Hechos 10:28). Por fin, Pedro reconoció que Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
- Hay un sentido en que “hacer” viene antes de “enseñar”. El Libro de los Hechos
comienza al señalar que Lucas ya había escrito un libro acerca de lo que el Señor Jesús empezó a “hacer y enseñar” (Hechos 1:1). Por supuesto, el Libro de los Hechos se relaciona con lo que el Señor Jesús “continuaba haciendo” y “enseñando””.
•
La mayoría preferiría “conocer” antes de “hacer”, pero el Señor Jesús lo puso al revés. Él dijo: “Él que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17).
La cosa es: Cualquier cosa que el Señor Jesús nos dice que hagamos, “hagámosla”. A veces, como en el caso de Pedro, si desobedecemos, o no entendemos, Dios nos dará otra oportunidad.
LA PARÁLISIS DEL ANÁLISIS
El mundo de los teólogos está profundamente dividido sobre una amplia gama de temas. Desde hace siglos que los creyentes devotos han debatido sobre la elección, el libre albedrío, la obra del Espíritu Santo, los dones espirituales, el bautismo, la cena del Señor, la segunda venida, y muchos otros temas demasiado numerosos para mencionar. Alguien ha inventado la expresión: “La parálisis del análisis” para describir a los que están tan enredados en controversia que no “hacen” nada. Debatir sobre lo que no está claro, no es tan importante como “hacer” lo que sí está claro.
Alguien ha dicho: “No es lo que no entiendo acerca de la Biblia que me preocupa, sino es lo que sí entiendo”.
El propósito de este artículo breve es animar a los creyentes para que obedezcan a los mandamientos bíblicos que son claros e inconfundibles.
¡Cuando tenemos un entendimiento claro de algo que el Señor Jesús quiere que “hagamos”, “hagámoslo”!
EL EJEMPLO DE PABLO
“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Timoteo 1:15 y 16).
- Ananías fue el hombre que bautizó a Pablo. (Hechos 22:12-16). Como sabemos,
antes Pablo fue conocido como Saulo de Tarso.
- Ananías no quería asociarse con Saulo debido a todo el daño que había “hecho” a
los santos en Jerusalén (Hechos 9:10-19).
•
El Señor dijo a Ananías:”Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15).
- Ananías pudo haber hecho excusas, pero no las hizo. “Hizo” lo que fue mandado
a “hacer”. ¡La obediencia a Cristo no es una opción, sino es esencial! Nadie puede llamar a Cristo “Señor” si no “hace” lo que él manda (Lucas 6:46).
- Entonces, ¡hagámoslo sencillo! No se enrede en matorrales teológicos. ¡Si el
Señor Jesús quiere que predique a alguien, “hágalo”! Aun si esa persona es un pecador blasfemo como Saulo de Tarso.
- No sólo Ananías fue obediente a Cristo, sino lo fue también Pablo. Cristo mandó
a Pablo que llevara su nombre a los gentiles, a los reyes, y a los hijos de Israel (Hechos 9:15). Pablo “lo hizo”. Más tarde, explicó al rey Agripa que no fue rebelde a esa visión celestial (Hechos 26:19). ¡Tampoco nosotros debemos ser rebeldes!
- Es fundamental a su éxito tremendo el hecho de que durante toda su vida
cristiana, Pablo “hizo” lo que Cristo le dijo que “hiciera”.
- Quizás uno de los mandatos más difíciles de obedecer para Pablo fuera “Amad a
vuestros enemigos” (Mateo 5:44).
•
No obstante, el Señor Jesús dejó un ejemplo para Pablo cuando oró por los que iban a crucificarle diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
- Con la ayuda del Espíritu Santo, Pablo “lo hizo”. Amaba a sus enemigos tanto
que deseaba ser anatema, separado de Cristo para que ellos se salvaran (Romanos 9:1-5).
DIOS AMA A TODOS
•
Dios no quiere que ninguno perezca. No solamente ama a la gente buena del mundo, sino también ama a los pecadores. Pablo lo dijo así: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
- Marcos nos cuenta del encuentro de Cristo con un joven rico. Era pecador, pero
el Señor Jesús aún le miró y le amó (Marcos 10:21). Como sabemos, ese hombre no “hizo” lo que Cristo le mandó “hacer” y se fue triste. ¿Quería decir eso que el Señor Jesús ya no lo quería?
- Entender que Dios amó al mundo y que Cristo murió para todos era una
influencia en la vida de Pablo. De hecho, fue el amor de Cristo que lo constriñó a servir (2 Corintios 5:14). ¡Recuerde! Es la benignidad de Cristo que nos lleva al arrepentimiento (Romanos 2:4).
- Amar a los pecadores no fue solamente para Cristo y sus apóstoles. Pablo oró que
todos los creyentes llegarían a conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento (Efesios 3:19).
•
Juan escribió: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).
•
Él continuó: “En este consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
- En realidad, no es para nosotros determinar a quién Dios ama o no ama.
Debemos predicar a todos y dejarlo a Dios decidir si él los ama o no.
- El Señor Jesús vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10) y
debemos hacer lo mismo.
- “”Hagámoslo!”
EL HECHO DE QUE DIOS AMA A ALGUIEN NO QUIERE DECIR QUE ES SALVO
- Los teólogos a veces reaccionan negativamente a la premisa de que Dios ama al
mundo. Quizás tengan miedo que tal idea promoverá la idea falsa de que todos serán salvos sin tomar en cuenta la manera en que han vivido. Otra vez, ¡hagámoslo sencillo! Es nuestro trabajo predicar el Evangelio a todos y que Dios sea el que decide quién se salvará y quién no se salvará. No obstante, sólo el hecho de que Dios ama a alguien no asegura que será salvo en el día del juicio.
- No hay duda de esto. Note que Dios amaba a Israel, pero no todos los israelitas
fueron permitidos a entrar a la tierra prometida, y no todos los israelitas fueron salvos por la predicación del Evangelio.
•
¡Claro! ¡Dios amó a Israel! Recuerde las palabras de Moisés a Israel: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (Deuteronomio 7:7 y 8).
- No obstante, como sabemos, la mayoría de los hebreos adultos murieron en el desierto y solamente Caleb y Josué entraron a la tierra prometida (Números 14:26-30).
- Pablo se refirió a los que murieron en el desierto y dijo que ellos nos proveyeron un ejemplo que no debemos seguir para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron (1 Corintios 10:1-13).
- Dios dio a Israel la elección entre la vida y la muerte y tristemente, la mayoría eligió la muerte (Deuteronomio 30:19 y 20).
•
El Señor Jesús era israelita de nacimiento y de la tribu de Judá y la casa de David. No obstante, el hecho de que Dios amó a la nación de Israel no significó que recibieran al Señor Jesús. ¡Ellos no lo recibieron! “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).
•
El Señor Jesús dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis” (Juan 5:43).
- Los judíos eligieron salvar a Barrabas y crucificar al Señor Jesús (Mateo 27:21).
- Dios especialmente amó a Jerusalén y eligió poner su nombre allí. Aun requirió
de su pueblo que no hiciera sacrificios en ningún otro lugar, salvo en Jerusalén (Deuteronomio 12:1-14 y Salmo 122:1-5).
•
No obstante, esto no significó que todos los de Jerusalén serían salvos. Al contrario. El Señor Jesús dijo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).
- “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:41 y 42).
•
“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:17 y 18). Aunque Dios no envió al Señor Jesús al mundo para condenarlo, los que rechazan al Señor Jesús serán condenados. “Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará” (Mateo 21:44).
¡HÁGALO!
Salomón dijo: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Eclesiastés 9:10).
“Obra”, “trabajo”, “ciencia”, y “sabiduría” incluyen una gran variedad de actividades humanas. Esta palabras abarcan trabajo, invenciones, educación, y decisiones que tendrán un impacto eterno con respecto a nuestra vidas. La cuestión es, si estamos soñando hacer algo para el Señor, “hagámoslo ahora” porque cuando estamos muertos, será demasiado tarde.
El Señor Jesús contó la historia de un hombre rico que murió y se fue a un lugar de tormento.(véase Lucas 16:19-31). En medio de su sufrimiento, empezó a pensar en sus prioridades de manera distinta. Mientras estaba en la tierra, aparentemente estaba tan ocupado ganando dinero que no tenía tiempo para su familia. No obstante, ahora su familia era más importante que el dinero, la ropa, o cualquier otra posesión terrenal. Por lo tanto, rogó que Lázaro se levantara de los muertos para testificar a sus cinco hermanos. Abraham le recordó que tenían a Moisés y a los profetas para darles guía. Aparentemente, el hombre rico sabía que sus hermanos no tenían ningún interés en las
cosas espirituales. No obstante, él pensaba que si Lázaro se levantara de los muertos, oirían a él.
En ese momento, Abraham dijo:
“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31).
¡POR FAVOR, MEDITE EN ESTAS PALABRAS DE LAS ESCRITURAS!
Obviamente, hay una conexión entre el respeto por Moisés y los profetas, y nuestro destino eterno. Si los hermanos del hombre rico no tenían ningún respeto por Moisés y los profetas, tampoco tendrían respeto por el Señor Jesús, aun cuando él había resucitado de los muertos.
Esto lleva a la conclusión que en realidad, hay algo peor que morir e ir al infierno. Es malo morir e ir al infierno, pero es aun peor llevar consigo a sus seres queridos. Nadie se va al cielo solo, y nadie se va al infierno solo. Inevitablemente, influimos a otros para que “hagan” lo que “hacemos”.
Por eso es tan importante escuchar cuidadosamente lo que dice Cristo, y “hacer” lo que él nos manda.
Con oración, por favor considere estas palabras del Señor Jesús: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa: y cayó y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:21-29).
¡RECUERDE! ¡LO QUE EL SEÑOR JESÚS NOS DICE “HACER”, “HAGÁMOSLO”! __________
(Este estudio fue escrito por Boyce Mouton y puede ser utilizado en su totalidad o en parte para la gloria de Dios.)