GOZO
GOZO
“Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1 y 2).
- ¿Está Ud. desanimado?
- ¡Si Ud. es cristiano, no tiene que estar desanimado!
- ¡Si Ud. pone los ojos en el Señor Jesús, su desaliento puede ser convertido en
gozo!
La palabra “gozo” en la Biblia se deriva de la palabra griega chara. Se refiere a la felicidad sobrenatural que viene del Espíritu Santo. De hecho, el “gozo” es el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22). Así como el hombre no puede producir “fruto”, tampoco puede producir “gozo”. ¡El gozo es un regalo de Dios!
Note que “gozo” vino al Señor Jesús porque sufrió la cruz. Mientras sufría afuera, el interior de su corazón estaba lleno de gozo. Gozo se refiere a la satisfacción interior que experimentamos cuando hacemos la voluntad de Dios. ¡La Biblia tiene mucho que decir acerca del gozo!
- Al ver la estrella, los magos se regocijaron con gran gozo (Mateo 2:10).
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El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, el cual un hombre halla, y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo (Mateo 13:44).
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Las mujeres en sepulcro del Señor Jesús estaban llenas de gran gozo cuando se dieron cuenta que él había resucitado de los muertos (Mateo 28:8).
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Cuando somos rechazados en la tierra, podemos gozarnos porque tenemos un gran galardón en el cielo (Lucas 6:22 y 23).
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Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento (Lucas 15:7).
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La noche antes de la crucifixión del Señor Jesús, él habló a sus discípulos acerca del gozo:
- “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y
vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).
- “De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraaréis y lamentaréis,
y el mundo se alegrará: pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza, pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo” (Juan 16:20-22).
- “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y
recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:24).
- También el Señor Jesús oró por sus discípulos en aquella noche. Dijo: “Pero
ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Juan 17:13).
- No entendemos la paz que viene de Dios al buscarla en un diccionario. El
mundo no conoce ni entiende lo que es paz verdadera. El Señor Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).
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¡PODEMOS EXPERIMENTAR ESTE GOZO Y PAZ SI PONEMOS NUESTROS OJOS EN EL SEÑOR JESÚS!
El apóstol Pablo sabía esto y expresó su propio enfoque en Cristo en su carta a los filipenses. Escribió: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegue a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:7-11).
Aunque Pablo escribió esta carta de la cárcel, aún es una carta acerca de “gozo” y “regocijar”. Chara es un nombre que se traduce como “gozo”. Chairo es un verbo que se traduce como “regocijar”.
- “En todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros” (1:4)
- “Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad
Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún” (1:18).
- “Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos
vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe” (1:25).
- “Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor,
unánimes, sintiendo una misma cosa” (2:2).
- “Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de
vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo” (2:17 y 18).
- Con respecto a Epafrodito: “Así que le envió con mayor solicitud, para
que al verle de nuevo, os gocéis, y yo esté con menos tristeza. Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él” (2:28 y 29).
- “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor” (3:1).
- “Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía,
estad así firmes en el Señor, amados” (4:1).
- “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (4:4).
- “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido
vuestro cuidado de mí” (4:10).
- ¡Recuerde! Pablo estaba encarcelado cuando escribió esta carta. Porque puso los
ojos en el Señor Jesús, no se desanimó, sino estaba lleno de “gozo” y “regocijaba”.
Como ya hemos dicho, “gozo” verdadero no puede ser producido por el hombre porque es el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22). Por favor, note que “el fruto del Espíritu” se manifiesta en nueve maneras distintas. El verbo en este versículo es singular. La Biblia no dice “frutos del Espíritu son”, sino “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad fe, mansedumbre, templanza”. Estas nueve manifestaciones del Espíritu están tan interrelacionadas que son una. Cuando morimos a nosotros mismos y nos rendimos totalmente a Dios. su Espíritu Santo nos permite producir fruto hermoso que se manifiesta en muchas maneras. Nosotros no producimos el fruto, sino el Espíritu del Señor Jesús lo hace. El Señor Jesús dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4). Cuando “permanecemos” en el Señor Jesús, él nos provee gozo. Paradójicamente, los que buscan la paz y el gozo no los encuentran. La paz que el Señor Jesús da no es como la que el mundo da (Juan 14:27). Viene como resultado de servir a Dios. El Señor Jesús es nuestro ejemplo. Él no estaba buscando el gozo cuando fue crucificado. Estaba tratando de agradar a Dios. Cuando se olvidó de sí mismo, y se enfocó en hacer la voluntad de Dios, el gozo lo encontró a él. En la misma manera, cuando nos olvidamos de nosotros mismos, y nos enfocamos en hacer la voluntad de Dios, nosotros también podemos estar llenos “con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). De hecho, descubriremos que “el gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10).
- A los romanos Pablo escribió: “Y el Dios de esperanza os llene de todo
gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).
- A los tesalonicenses Pablo escribió: “Y vosotros vinisteis a ser imitadores
de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 1:6).
- Santiago escribió: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os
halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2- 4).
- Pedro escribió: “No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha
sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:12 y 13).
- Juan escribió: “Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos
y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oir que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan, versículos 3 y 4).
- Judas escribió: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y
presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” (Judas, versículos 24 y 25).
PONGAMOS LOS OJOS EN EL SEÑOR JESÚS
Recordamos que el Señor Jesús una vez alimentó a 5000 mil hombres, además de las mujeres y los niños, con solamente 5 panes y dos peces. El alimentar a los 5000 es el único milagro que se encuentra en los 4 Evangelios, aparte de la resurrección. Cuando las multitudes se dieron cuenta que el Señor Jesús podía alimentarlos, querían apoderarse de él y hacerle rey (Juan 6:15). Inmediatamente, el Señor Jesús hizo entrarse en una barca a sus discípulos e irse a la otra ribera, mientras él despidió a la multitud (Mateo 14:22). Después de despedir a la multitud, el Señor Jesús subió al monte para orar.
La barca en la que estaban los discípulos estaba siendo azotada por las olas porque el viento era contrario. Durante la cuarta vigilia, el Señor Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Los discípulos se turbaron pensando que era un fantasma. El Señor Jesús dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mateo 14:27).
Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
“Y el dijo: Ven.”
“Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.”
“Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!”
“Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:28-31).
¿Lo ve? Mientras Pedro ponía los ojos en el Señor Jesús, tenía poder sobrenatural. Cuando dejó de poner los ojos en el Señor Jesús, desapareció el poder sobrenatural y él comenzó a hundirse.
Se puede aprender una lección similar de Israel en el desierto. Ellos querían que Dios los libertara de la esclavitud en Egipto, pero cuando lo hizo, se quejaron de Dios y Moisés y dijeron: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano” (Números 21:5).
¡RECUERDE! A DIOS NO LE GUSTA QUEJAS. “Y Jehová envió entre el pueblo serpientes, que mordían al pueblo: y murió mucho pueblo de Israel” (Números 21:6).
Cuando se arrepintió el pueblo y pidió oración de Moisés “Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta: y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta: y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía” (Números 21:8 y 9).
Basado en el hecho de que Israel tenía 603,550 hombres de guerra (Números 1:46), creemos que su población superó a las 2,000,000 de personas. Su campamento estaba formado de 3 tribus en el este, 3 tribus en el sur, 3 tribus en el oeste, y 3 tribus en el norte (Números 2:1-34). El tabernáculo estaba en el centro. La distancia de la tienda más lejos era alrededor de un kilómetro. Eso fue un viaje del día sábado. El asunto es, que si una persona estaba muriendo después de ser mordida por una serpiente, tenía que caminar una distancia larga para llegar a la serpiente de bronce. Mientras el veneno de la serpiente quitaba la vida de la persona, mirando a la serpiente de bronce la restauraría. Es muy probable que esos israelitas que estaban muriendo pusieron la mirada en esa serpiente y rehusaron dejar de mirarla hasta que fueran completamente sanados.
El Señor Jesús hizo referencia a esa serpiente de bronce mientras hablaba con Nicodemo. Él le dijo: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-16).
Poner los ojos en el Señor Jesús, no es fácil. Se necesita dedicación y consagración. El Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá: y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:23-25).
Entonces “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1 y 2).