En nuestra última carta reflexionamos en el nuevo pacto. El Antiguo Pacto estuvo escrito
Estimado hno. Pedro y la iglesia que se reune en su casa:
En nuestra última carta reflexionamos en el nuevo pacto. El Antiguo Pacto estuvo escrito en piedra, pero el nuevo pacto está escrito en nuestras mentes y nuestros corazones. Como Ud. ya sabe, el nuevo pacto es tan distinto del antiguo que tenemos que nacer de nuevo para que lo sintamos.
Hno. Pedro, Ud. tiene un nombre maravilloso. Ud. fue nombrado por un gran apóstol. Cada vez que se menciona los apóstoles en la Biblia, el nombre de Pedro está a la cabeza de la lista. Cuando el apóstol Pedro ya era un hombre viejo, miró atrás a los años que pasó con Jesús y se acordó de un acontecimiento en particular. Era ese acontecimiento que hizo que Pedro entendiera la realidad del cristianismo. Estudiar esto nos ayudará entender qué significa nacer de nuevo y experimentar el nuevo pacto.
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; “ (2 Pedro 1:16-19)
El evento de que Pedro se acordó era cuando Jesús se “transfiguró” en el monto santo. Esta historia se encuentra en Mateo 17:1-13, Marcos 9:2-13, y Lucas 9:28-36. La palabra traducida como “transfigurado” en Mateo 17:2, y Marcos 9:2, es la palabra griega “metemorphothe”, de la cual viene nuestra palabra “metamorfosis”. La palabra significa literalmente “cambiar a otra forma”. Usamos esta palabra para describir lo que pasa cuando una oruga se cambia a una mariposa.
Jesús pasó por una metamorfosis. Mientras Pedro miraba, se cambió. Se resplandeció su rostro como el sol y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Era el mismo Jesús, pero era tan distinto como una mariposa es de una oruga.
Precisamente, esta es la palabra que se usa para describir los que han nacido de nuevo. El antiguo pacto, escrito en piedra, obligaba a la gente que obedicieran por temor del castigo. ¡Fracasó! Dios puso reparos al antiguo pacto y se decidió a escribir un nuevo pacto. Sin embargo, esta vez lo escribió dentro de nosotros. El nuevo pacto no nos conforma, sino nos transforma. Las Escrituras lo dice en esta manera: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por pedio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. (Romanos 12:2)
La experiencia de conversión es tan dramática que está descrita en lad Escrituras como una “nueva creación”. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. (2 Corintios 5:17)
CONVERSION Y TRANSFORMACION
Cuando obedecemos al Evangelio, inmediatamente somos perdonandos. Esta es la manera en que comenzó la iglesia. Pedro predicó el Evangelio a los hombres responsables por la crucifixión de Jesús. Cuando se dieron cuenta de su srror, se compungieron de corazón, y dejeron a Pedro y a los otros apóstoles: ¿qué haremos? Pedro les dieron el mandato: “Arrepentíos, y bauticese cado uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. (Hechos 2:38) Ese mismo día 3000 personas obedecieron al Evangelio y fueron salvadas. (Hechas 2:41) (Nótese que 3000 personas perecieron cuando el antiguo pacto fue dado - Éxodo 32:28)
La salvación viene inmediatamante, pero la transformación es un proceso. La oruga no llega a ser una mariposa inmediatamente. Nuestra transformación comienza después de nuestra conversión y continúa hasta que moramos y encontremos al Señor cara a cara. El nuevo cristiano es semajante a una nueva criatura que necesita crecer a la madurez. Esto se hace clara en 2 Corintios 3:18Ñ “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu de Señor”. Nuestra transformación a la imagen de Cristo viene de gloria en gloria por el poder de Su Espíritu.
Nótese estas palabras de Pedro mismo:
“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor”. (2 Pedro 2:1-3)
“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. “ (2 Pedro 1:5-10)
“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén. “ (2 Pedro 3:18)
DOS CREACIONES
Dios no es el autor de confusión. (1 Corintios 14:33) El universo físico funciona como un reloj gigante. Todas las estrellas y los planetas están en una posición precisa. El universo es armonioso y constante. Cuando Dios creó animales y el hombre, ellos también vivián en armonia. No se derramó sangre el principio, todas las criaturas comieron plantas verdes. (Génesis 1:29-30)
El diablo es el autor de la confusión. Cuando el pecado entró al mundo, ambos animales y hombres comenzaron a matarse.
Dios también creó el universo espiritual. Cuando nacemos de nuevo, formamos una parte
de esta nueva creación. Hay tanta armonía entre los creyentes que somos llamados un solo cuerpo. Jesús es la cabeza de Su cuerpo que es la iglesia, y nosotros somos miembros de Su cuerpo. Cuando hacemos lo que Jesús quiere que hacemos, actuamos como uno. Nosotros:
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Nos amamos unos a otros. (Juan 13:34)
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Somos todos miembros los unos de los otros. (Romanos 12:5) #
Nos amamos los unos a los otros. (Romanos 12:10)
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Nos prefirimos los unos a los otros. (Romanos 12:10) #
Nos edificamos los unos a los otros. (Romanos 14:19) #
Nos amonestamos los unos a los otros. (Romanos 16:16) #
Nos preocupamos los unos por los otros. (1 Corintios 12:25) #
Somos benignos unos con otros y nos perdonamos unos a otros. (Efesios 4:32) #
Nos sometemos unos a otros. (Efesios 5:21)
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Nos alentamos los unos a los otros. (1 Tesalonicenses 4:18) #
Nos exhortamos los unos a los otros. (Hebreos 3:13)
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Nos confesamos nuestras ofensas unos a otros. (Santiago 5:16) #
Tenemos compasión los unos por los otros. (1 Pedro 3:8) #
Nos hospedamos los unos a los otros. (1 Pedro 4:9)
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Nos ministramos los unos a los otros. (1 Pedro 4:10)
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Nos sujetemos unos a otros. (1 Pedro 5:5)
Cuando haya confusión en el cuerpo de Jesucristo ¡no proviene de Dios!
TENEMOS MOTIVO PARA ESTAR CONFIADOS
La mariposa monarca comienza su ciclo anual de vide en Méjico y últimamente se va al norte hasta Canadá. Una oruga no es capaz de soportar el invierno canadiense o el viaje de regreso a Méjico. Pero cuando la oruga “nace de nuevo” se convierte en una mariposa. Dios le da una nueva mente, nuevos apetitos, y nuevas habilidades. N o solo sabe volar, sino sabe navigar toda la distancia de regreso hasta Méjico. Se puede confiar que la mariposa lo hará, porque fue creada por Dios con esta habilidad.
Las Escrituras del Nuevo Testamento contienen muchas referencias a la confianza que tiene el cristiano.
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Seremos confirmados hasta el fin e irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. (1 Corintios 1:8)
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Seremos presentados irreprensibles si seguimos en la fe. (Colosenses 1:22)
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Nuestros corazones serán afirmados, irreprensibles en santidad delante de Dios en la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 3:13)
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Todo nuestro ser, espíritu, alma, y cuerpo, será guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23-24)
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Haremos lo que nos han mandado. (2 Tesalonicenses 5:23-24)
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Esta confianza viene por medio del Señor. (Gálatas 5:10)
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Tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de nuestra fe. (Efesios 3:12) #
El que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Filipenses 1:6)
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Etc.
No tenemos confianza en la carne (Filipenses 3:3) sino en el Señor Jesucristo y el poder de Su Espíritu. Somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó (Romanos 8:37), y todas las cosas nos ayudan a bien, pordque somos llamados conforme a Su propósito. (Romanos (.28)
Pedro quería que sus lectores prestaran atención a las Escrituras en la misma manera en que prestaran atención a una luz en un lugar oscuro, hasta que el día amaneciera y la estrella de la mañana amaneciera en sus corazones. Yo quisiera que Ud. haga los mismo, hno. Pedro. Muy a menuda vemos la verdad de Dios como una velita en una noche ocrura. Damos gracias por la luz y ella nos ayuda hacer varias cosas sin tropezar. ¡Entonces el día amanece! Y algo sucede que hace las cosas más claras. Es como el amanecer de un nuevo día y la estrella de la mañana amaneciendo en nuestro propio corazón.
Hno. Pedro, pienso de Ud. siempre y me acuerdo de Ud. en mis oraciones. Ojalá que algún día tdenga la oportdunidad de conocerles a Ud., su familia, y la iglesia que se reune en su casa.
“Y a aquel que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amen.” (Judas 24-25)
Su amigo en Cristo,
Boyce